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lunes, 4 de junio de 2018

Caminando sobre la helada de las Caballerizas

Hoy, 3 de junio, a las 8.30 llegamos al punto de encuentro la Annemarie, la Soledad,
Michael y yo, Andrea, pero faltaba Pancho y con el la orientación y naturalmente hubiéramos
echado de memos las refrescantes naranjas que forman importante elemental de nuestras
excursiones. Discutimos la ruta, la Dehesa. Y en este momento llegó Pancho, y también
votó por nuestra propuesta.

Michael, Pancho. Annemarie y Soledad
Partimos cada uno en su coche Michael y yo con la Soledad hasta el estacionamiento del
Lider. El estacionamiento estaba cerrado, esperamos un cuarto de hora.....y al final nos
marchamos y aparcamos en una calle lateral y seguimos,en el auto de Pancho.....

cinco sombras
Hace frío, un cielo brillante azul, un día perfecto para caminar! Saludamos a un
burro muy pacifico, a caballos, con elegantes caballeros.

Para hacer buen ejercicio, subimos muy rápido.

helada
En El Camino nos tropezamos con un grupo de jóvenes recitando un texto, con voces muy
expresivas dirigidas al valle, con conciencia de su propio valor.
Nuestra pausa, "en la mesa“ en frente de la virgen, como siempre, descansando.

burro
El día se nos presentó con diferentes extremos, la savanna seca, el suelo congelado con
cristales brillando en el sol, los cactus, el quisco, con sus frutos que se llaman quillay, muy
rico, la Annemarie, la Soledad y yo las comen!

quisco / cactus
Los móviles como siempre diferían en la longitud del camino Andrea ganó con 11 km y
Michael solamente llegó a 8,2 km pero 122 pisos.
En esta época un camino muy agradable.

(texto de Andrea Brueck)

domingo, 27 de mayo de 2018

Cinco caminan por los senderos de Las Varas

Día despejado; 27 de mayo; no llueve, desde hace meses. Llego al punto de encuentro y ahí están, parados en la vereda, Andrea y Miguel, esta pareja de amigos alemanes, que se han hecho habituales en nuestro grupo.
Al poco rato llega Víctor Bunster es su gran camioneta, que sería nuestro medio de transporte colectivo. Y finalmente Pancho.

Pancho, Víctor, Andrea y Miguel
Todos coincidimos en Las Varas como destino y para allá arrancamos. Pagó la entrada de todos Miguel; un regalo.

Y tomamos la ruta clásica de los últimos tiempos, ir adonde termina la canaleta e irnos aguas arriba, hasta donde nos cruzamos con esa ruta que tomábamos para llegar a una cumbre, poco más arriba.

pasando por el costado de una vaca
Siempre la caminata por la orilla de la canaleta es un deleite. Pendiente suave, agua a la vista y la compañía de su sonido, que acaricia nuestros oídos. Vegetación que produce espacios de sol y espacios de sombra.

Victor; atrás Andrea; la polera de Pancho
La conversa en pequeños grupos, sino pares, es permanente. Un tema que sonó fuerte es la crisis de la iglesia; tremenda crisis. Y las opiniones diversas. Hay varios en el grupo de asistencia habitual los domingos a misa; no todos.
Una situación preocupante sin duda, pues sin donde congregarnos como la iglesia, mucho quedamos al descampado, territorio donde quizás estamos hace rato.

No paramos nunca hasta el descanso de cumbre, sentados al borde de la canaleta, antes de emprender ya el descenso. Comimos de las naranjas de Pancho y frutos secos de varios. Y chocolates, muy ricos, que ofreció la Andrea.
La vista desde ese asiento, embriagadora. Y el gusto de estar ahí y no en ninguna otra parte.

tranque en las últimas
El descenso fue más en silencio, pues cada uno iba en lo suyo, separado por varios metros del siguiente. El tranque, ya a punto de secarse completamente. La sequía en verdad tremenda. El polvo de la tierra se levanta a nuestro paso y la vegetación reducida, como yesca, sufriente.

Disfrutamos el sentarnos en los mullidos asientos del auto, después de sus buenas horas de caminata por los cerros. Y a casa, después de despedirnos afectuosamente.

domingo, 13 de mayo de 2018

Una corta a Las Varas en el día de la madre

El día amanece nublado. Y hay cambio de horario. Las 8:30 son las 9:30 del día anterior.
Llego al punto de encuentro y veo varios autos, pero nadie en la calle, ni adentro de los autos.
Los voy a buscar a la cafetería de la bomba y ahí estaban, en animada conversación, Pancho, la Soledad y nuestros amigos alemanes, Miguel y Andrea.

Me siento con ellos y Pancho me va a buscar un café. Nos enteramos que la Andrea está de cumpleaños, así que la felicitamos.
Ellos, Miguel y la Andrea, nos cuentan, habían ido el día anterior al ventisquero colgante del Morado, con un guía. Les tomó desde las 8 de la mañana hasta la diez de la noche. Y Miguel nos dice que quedó hecho polvo.
Bueno, eso nos llevó decidir una subida relativamente suave (ir y volver a la canaleta de Las Varas), aparte por los festejos ese día, del día de la madre.

José. Soledad, Miguel y Andrea
Nos vamos todos en el auto de la Soledad. En el momento que partíamos llega José Salinas, el que trabaja con Pancho, que se nos une. Él seguirá solo, hasta el Alto del Naranjo, pues no tiene apuro en llegar a su casa.

Hacemos un breve alto en el tranque, el que está subiendo a la izquierda, llamándonos la atención lo mucho que ha bajado el nivel del agua. Claramente hacen falta las lluvias. Las plantas y el suelo se ven resecos.

Miguel, Andrea y Soledad
Pancho irá adelante. Le hago notar la diferencia de cuando va adelante a cuando va atrás; es otro. Andas mucho más rápido adelante, incluso alejándote por delante.
Y llegamos a la canaleta muy rápido, sin ninguna detención. Esto a las 10:45

Pancho y José Salinas
Al borde de la canaleta nos sentamos a conversar y a comer, las naranjas de Pancho y frutos secos de varios. Ah, la Andrea sacó una rica caja con finos chocolates, de su cumpleaños, que se los hicimos samba canuta (no quedó ninguno).
Y a observar el paisaje, que ese día nos había tenido absortos, pues en un momento pareció que seriamos cubiertos por la neblina que se arrastraba por las cumbres de más abajo, pero luego todo reculó y retrocedió hasta la ciudad misma, que en la parte baja siguió siempre cubierta por una baja neblina.

tranque
Abajo se veía mucho smog, que se metía por las quebradas, en particular por donde sube el camino a Farellones. Mucho smog en la ciudad en los barrios altos.
Donde nosotros estábamos el aire era traslúcido y quizás ese contraste nos hacía apreciar la transparencia y visibilidad de los cerros al frente.

última vuelta antes de llegar al auto
Pancho dio el vamos para la partida y sin parar llegamos a los autos. Yo me fui atrás conversando con Miguel de su profesión y la diferencia de las leyes entre Chile y Alemania.

Pagamos, al auto y a casa. Volvimos a hacer nuestro habitual paseo, ejercicio, contacto con la naturaleza, disfrutando las vistas de las alturas, felices de la grata conversación y compañía.

domingo, 6 de mayo de 2018

Por una nueva ruta en la zona de la Ermita

Ahí estaba ya la Soledad cuando llego.
Detrás llega Eugenio y más tarde Pancho. Cierran el grupo Andrea y Miguel, nuestros amigos alemanes, que vienen llegando de una visita a uno de sus hijos que los dejó Opa y Oma, o abuelos, por primera vez.

la Soledad muy concentrada
Alguien propone ir a la Ermita y para allá partimos, sin mucha claridad de la ruta que tomaríamos.
Nos vamos en dos autos (éramos seis), el de la Soledad y el mío.

Miguel y detrás su mujer Andrea; por suerte no pasó nada
Intentamos una ruta frecuente, pero nos encontramos con una nueva puerta, con cerrojo. Y una casa más abajo, claramente habitada, con perros sin duda, pues veíamos su casa (la del perro).
Retrocedimos y nos fuimos a tomar el paso por la ruta de los tubos.

Pancho feliz, arriba en la bocatoma
El puente estaba casi inexistente, por lo que la cruzada no estuvo exenta de riesgos.
Pasamos sin problemas, pero el sendero estaba prácticamente borrado. Claramente el poco tráfico había hecho sus efectos.
Nos salimos varias veces de la ruta, pero siempre la volvíamos a encontrar. No sin ciertas dificultades llegamos arriba, a la bocatoma.
Un pensamiento era no volver por esa misma ruta.

subiendo Eugenio, la Soledad y Pancho
Después de la bocatoma, seguimos por encina de camino pavimentado que era la tubería del agua de acceso a la central, ex central, hidroeléctrica.
Un camino peligroso, pues la vegetación de los lados ha crecido mucho sobre esta ruta y en los bordes muchas veces la altura era grande y una caída era no recomendable. Iba yo muy consciente, en el presente, dando mis pasos con cuidado. Imaginaba a todos en la misma.

zona de Bernabé
el río
Mucho más allá de lo que yo pensaba, Pancho indica un camino de ascenso. Lo tomamos y era tan claro que al llegar arriba les dije, asumo que este mismo camino continua de bajado por el otro lado. Dicho y hecho y ese camino tomamos para llegar al valle mismo, donde están los potreros y los campos que era nuestra ruta original.

bajando al río
el río
Caminamos más abajo en travesía por esos bosques de baja altura que ya conocemos, paralelo a unos canales. Hasta que encontramos la ruta de bajada, esta vez bordeando el potrero por el que muchas veces habíamos transitado.
Y llegamos abriendo como tres puertas, hasta la casa de Bernabé. Conversé con él preguntándole si había visto a Fernando Saavedra. Hacía tiempo que no lo veía pasar por ahí y que si lo llamaba o lo veía, que le diera sus saludos, los de Bernabé (ahí recordé su nombre).

Soledad, Pancho y Eugenio
Caminábamos ya de vuelta, llamándome la atención un cerco nuevo, que impedía el acceso al río, ahí a dos pasos. Recinto privado decía en alguna parte. Se veían instalaciones de camping y parrillas para asados. Alguien se apropio del borde del río y lo comercializa. Dudo de que ello sea legal.
Cuando terminó el cerco, poco más allá, bajamos al río y en una zona de arenas nos instalamos a comernos las cosas que teníamos para nuestra cumbre habitual. Naranjas de Pancho, varias cajas con frutos secos y mandarinas de la Soledad.
Veíamos al agua del río correr bajo unos sauces, una muy bella vista.

en el ágape de cumbre
pelando naranjas
Nos trepamos cerro arriba, eludiendo la nueva casa, cuando aparece un tipo en auto, increpándonos por no irnos por la calle y entrar por la portería como correspondía. Y que un perro .. Pancho lo confrontó y seguimos apuraditos, no fuera a ser que apareciera por arriba, perro en mano.
No fue así. Llegamos prontamente al camino y de ahí a los autos y a casa.

firmando un formulario de la Central de la Disputada que se llevaba Miguel
Un buen grupo, un buen día soleado, fresco al empezar, con una ruta inesperada, que al menos yo nunca había hecho.

lunes, 23 de abril de 2018

Sigue el estudio de los moscos en Las Varas

Solo dos llegamos al punto de encuentro, a las 8:30; Pancho y yo, Gabriel.

Quiero ir a ver a mis moscos, le dije a Pancho, a las Varas. Listo; y para allá partimos en su auto.

Llegamos y los estacionamientos estaban algo completos. Justo llegamos con la cobradora, así que pagamos altiro y le dimos.
Flojos nos sentíamos en la largada. Quizás porque ambos habíamos estado la noche anterior en matrimonios, o por la falta de compañía y en particular de la femenina, que concluimos, siempre nos activa un delta más.

Pancho en la zona de posibles escaladas
La conversación de dos buenos amigos nos acompañó, especialmente hasta la llegada a nuestra cumbre del día, la canaleta antes de empezar a bajar.

Mucho ciclista, tanto en la primera parte, después que llegamos al tranque de término de la canaleta, como cuando estábamos sentados antes de bajar. Muchos.

el plateado del agua me llamó la atención
Día despejado, de temperatura más fresca que en verano y con una brisa suave, especialmente cuando bajábamos.

Un bello cóndor nos sobrevoló cuando comíamos las naranjas de Pancho y mis almendras tostadas.

Pancho en el descanso
No encontramos un piño de moscos como la vez anterior. Pero sí un grupo menos compacto, donde nos instalamos a mirarlos con Pancho.
Ningún movimiento de esos que buscábamos pasaba, hasta que algo dije y como que todos brincaron al unísono.
Aaa dije, en la dirección de los moscos. Y saltaron, todos dieron un brinco al unísono. Eee, misma cosa. Iii, lo mismo. Bbb, también.
Y todos daban el brinco espacial al llegarles el sonido. Parecía la vibración de un parlante cuando los sonidos suenan.
Estos tipos no son sordos, le digo a Pancho. Ese fue nuestro aprendizaje de ese día, en relación a este estudio que le estamos haciendo a los moscos que sobrevuelan la canaleta.

Gabriel
Cansaditos llegamos al auto y nos fuimos satisfechos de haber venido a estos parajes, hecho ejercicio y sostenido buenas conversaciones.

miércoles, 18 de abril de 2018

Domingo 15 de Abril

Iniciándose el otoño la vegetación llora sin lágrimas por una lluvia que al fin refresque este largo
verano que nos recuerda que el cambio climático no es cuento del tío.

Consuelo y Soledad
Llegamos Pancho, la Consuelo y yo Soledad, que decidimos partir a la travesía de las caballerizas
subiendo por la ruta difícil, solo nos topamos con un caminante en el ascenso, ¿será que los
ahuyenta el calor? ¿Será que trasnochan y suben más tarde? Esta parece ser una respuesta
correcta pues al bajar nos encontramos con varios ciclistas raudos y avezados.

Quintral
En los descansos siguen molestando las chaquetas amarillas, los cactus quiscos con el tradicional
quintral florido han dado paso al fruto del quintral, pequeño, redondo, rosado casi transparente,
parecen globitos, comestibles que saben a tuna, este parásito no tiene hojas, solo flores y frutas y
sus “ramas” están dentro del quisco, por eso lentamente lo van embelleciendo, pero a la vez
debilitando hasta secarlo. Las flores también son comestibles, podrían recolectarse para adornar
ensaladas y de paso evitar que los pájaros sigan propagando este parásito.

En el portezuelo, un pajarito que salía al paso por primera vez, nos hizo perder el rumbo cual
caperucita, se trataba de una bandurrilla, rápida y esquiva y no alcanzamos a fotografiar, por eso
pego una de Internet….

Consuelo nos cuenta de la exposición de grandes esculturas del holandés Theo Jansen “algoritmos
al viento” que se exponen en Cerrillos, lástima que por poco viento, el desplazamiento se
recomienda verlo en Internet o en videos que se exhiben.

Al bajar nos encontramos con una caravana de jinetes, 42 caballos seguidos por 3 mulas cargadas
de víveres, supusimos que con suficiente carne y vino para un asado. Nosotros los miramos de
lejos y seguimos a nuestros almuerzos familiares, dando un rodeo por los nuevos barrios de La
Dehesa.

Consuelo y Pancho
(texto de Soledad Tagle; las fotos son de Pancho Balart)

domingo, 1 de abril de 2018

Moscos juegan con nosotros en las Varas

Esperaba en el punto de encuentro, abierto a la posibilidad de que no llegara nadie, por ser fin de semana largo, por semana santa.
De repente miro para atrás y hay un auto. Nos bajamos al mismo tiempo y era la Soledad Tagle; tiempo que no la veía.
Al poco rato llega Pancho, para mi sorpresa, pues me había dicho que se iba para la playa. Bueno, fue, pero se volvieron ayer, para venir al cerro. Que tal ?

Pancho y la Soledad
Cuento que tengo un magno evento al almuerzo en mi casa, toda mi familia se reúne, completa, incluidos los de Puerto Varas. Y debo pasar a buscar, después del cerro, a mi suegra. No se me puede olvidar.

Bueno, las Varas es la mejor solución, concluimos. Y para allá partimos en mi chiche nuevo.
Aun no llegaba la cobradora, así que pasamos de largo, camino al tranque donde termina la canaleta.

buena vista; el Plomo desapareció en el contraluz
Vamos en animada conversa. La Soledad estuvo por Nueva Zelanda y Australia, con dos de sus hijos. Nos contó por menores. Disfrutó, mucho. Su marido atendía por estas tierras asuntos de cosechas.
Recordamos que mandó una foto de una subida de cerros por allá (al final de este posteo está).

Compartimos impresiones de la estupenda serie Merlí que tanto la Soledad como yo vemos en Netflix.

parásito o partner decorativo ?
Hay un momento, en que figuramos los tres quietos, mirando un piño de moscos, sobre el canal, con el sol iluminándolos y una zona sombría detrás para poder verlos con claridad. Volaban todos en el mismo lugar, dando vueltas aleatorias, cada uno por su cuenta. Cuando de repente, todos al mismo tiempo hacen como un mismo paso de baile: siete centímetros hacia arriba y tres para abajo. Guau ! cómo se coordinan ? Lo hacen cada cierto rato, sin previo aviso. Cómo lo hacen ? nosotros asombrados, admirando la escena, la maravilla. Pancho piensa que puede ser un viento. No, le digo. Pienso más bien, que nuestra manera de ver occidental de todo compartimentalizado, los ve como un grupo de individualidades. Imagínate que son una unidad, un organismo, que al vernos viéndolos, se divierten haciéndonos esos pasos de bailes, conectando con nosotros.
Una maravilla, asombrosa.

pasando la parte difícil
Les cuento que deben ver la carrera Volvo Ocean Race, que está ocurriendo en este momento, de veleros oceánicos de distintas nacionalidades. Acaban de pasar por el Cabo de Hornos y se dirigen a un punto de Brasil. Han tenido algunos tropiezos, como rotura de velas y mástiles, en las zonas de tempestades del pacífico sur. Y a un barco se le fue hombre al agua y no fueron capaces de recuperarlo después de horas de búsqueda. Simplemente desapareció en el mar.
Vale la pena seguirlo por el sitio web del que dejé link más arriba.

Parada en una sombra cerca de la canaleta, a descansar y comer algunas almendras y naranjas, tanto de Pancho como de la Soledad. A las 11:30 las emprendimos para abajo.

gente acampando en el tranque; incluso los vimos bañándose
En una hora estábamos en el auto, después de haber recorrido casi nueve kilómetros, según indicadores del celular de Pancho.

Tarea cumplida. Ejercicio realizado, en contacto con la naturaleza y en muy buena compañía. Y de vuelta a casa.