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domingo, 21 de agosto de 2022

Primavera bollante en los cerros

Salgo antes de la casa para pasar a echar bencina. $ 63.000 llenar el estanque, cuando no hace mucho tiempo gastaba unos $ 42.000. La cagó.
Llego un poco antes de la hora donde Pancho y después de un rato sale él.
Luego llega la Soledad Tagle y al poco rato Víctor Bunster.
Nos vamos altiro, en dos autos.


Nuevamente está en la puerta de entrada el mismo joven, con ganas de ficharnos y con el que tengo una breve conversación. Me dice que es su trabajo y debe pedir esa información. Pero que nos entiende, especialmente si llevamos años subiendo cerros, sin controles ni nadie que "nos cuide".
Confirma que pondrán una caseta con una puerta y cobrarán entrada.

El día precioso. El suelo verde intenso, de abundante pasto nuevo. Los arbustos y vegetación, con abundantes hojas nuevas. Muchos árboles vemos que sacrificaron en la sequía parte de sus ramas, porque los brotes no salen de todas las ramas.
Cielo despejado, calorcito, que hace que al poco andar nos saquemos los polerones.
En la cumbre, incluso sentiremos calor.


Ascendimos a la cumbre de los últimos fines de semana, por la misma ruta por la que bajamos el domingo pasado. Bella ruta; nueva para muchos de nosotros. 

Larga permanencia en la cumbre. Comiendo y conversando.
Santiago, relativamente claro, en cuanto a smog.
Aire traslúcido a la altura en que estábamos. Se veía hermosa la cordillera nevada.


Bajamos por la ruta habitual, cruzándonos con gente que venía en sentido contrario. Intercambiamos palabras con algunos de ellos. Le pregunté la edad a unos niños, pues había pensado traer a mis nietos que alojaron anoche en mi casa, que tienen 5 y 3 años. Casi no pude venir por ese hecho, pero al hacerla corta, que es esta cumbre, pasé sin problemas.

Llegamos a los autos, nos despedimos y todos los demás se fueron en el auto de Víctor, camino a la casa de Pancho, donde la Soledad había dejado el auto.

domingo, 14 de agosto de 2022

Cinco subimos, seis bajamos

Llego a la casa de Pancho y ya estaba ahí Víctor Bunster. No se sacó la mascarilla hasta bien andada la caminata. Dijo que le abrigaba. Era el único con esa protección a esta altura del partido.
Salió Pancho y al poco rato aparecen Francisco Toyos y la Anne Marie.
Partimos en los tres autos.

A la entrada había dos tipos, sí, eran los mismos de la vez pasada. Nos podrían dar sus nombres ? NO, les dije, rotundo. Y pasé por su lado mirándolos. No es obligación, nos dicen. 
Seguro que es porque nos quiere proteger. Recordé de inmediato el libro que leo Estupidocracia de Marcos Eguiguren, en que dice que tengamos mucho cuidado con las personas que vienen a protegernos, porque de seguro después te pedirán plata. 


El piso barroso de la semana pasada, se había endurecido. Fantástico. 
Deberías haberle dicho Rechazo en vez de un simple NO, me dice alguien.
El día está con nubes altas, frio, con pronósticos de lluvia, más tarde, cosa que nunca ocurrirá.
El verdor del piso ha aumentado. Las hojitas de arboles y arbustos, también han crecido. Los pájaros no cantan, gritan. Debe ser porque están felices.

Llegamos a nuestra mini cumbre y ahí estaba sentado alguien. Oye, le digo, este es nuestro lugar. Yo llegué primero, me dice. Bueno, hagámonos amigos entonces y me senté cerca suyo.
Después llegó Francisco Toyos y los saludó como a un viejo amigo.
De nombre Cesar Roa. Amistoso, locuaz, mucho mas subecerros que nosotros; sube dos veces a la semana. Bueno, aquí hay un par que están en ese ritmo.


Bajamos por una nueva ruta, que nos sugirió Cesar, por detrás. Ruta clara, mas suave, incluso bella por la cantidad de vegetación.
Llegamos temprano a los autos y llego poco pasados las 12 a mi casa.
Si, estamos flojetes. Será la pandemia, que nos dejó más arrastrados. Algo habremos de hacer.

domingo, 7 de agosto de 2022

Día maravilloso en los cerros

Necesitaba salir a los cerros. Anoche había llovido y los pronósticos para hoy eran de lluvia.
Pero amaneció despejado. Avisé que partía por el chat.
Llego a la casa de Pancho y está él esperándome al lado fuera de su casa. 
Antes de partir llamamos a Eugenio y a Víctor, los cuales confirmaron su no asistencia.
Y partimos, los dos solos.


Han amenazado con caseta y cobro de entrada. Solo había un cartel, que era un mapa.
Y había un piño de terneros y vacas por todos los lados, justo ahí en la puerta de entrada. Había una vaca joven y dos terneros, al lado fuera del cerco. Con Pancho logramos arrear a la vaca y al ternero más pequeño del lado del cerro. Pero tiranos la esponja con el ternero mayor; muy idiota, nunca entendió la idea.


Es época de nacimiento de terneros, pues había mucho ternero chico. Y en el suelo, poco pasto.
A la vuelta conversamos con dos huasos bien vestidos, con poncho, gorro y espuelas, que nos dijeron que los animales eran de ellos y que les daban fardos porque aun el pasto era insuficiente, pero promete.


Sí Víctor, el barro en algunas partes era excesivo. Nuestros zapatos se llenaban de barro en la base y era como caminar con pies de plomo. Difícil, pero la adhesión al piso mejoraba. No se si tanto el equilibrio, pues Pancho a la bajada, por este problema de exceso de barro en los zapatos, cayó sentado .. en el barro.


No nos topamos con nadie, en la subida. Nos fuimos a esa pequeña cumbre donde tenemos a los arboles apadrinados, que con las lluvias hemos abandonado.
La vista de Santiago, sin smog, cielo entre despejado y con hermosas nubes, maravillosa.
Se estaban formando nubes gordas y bajas, que confirmaban posibles lluvias no mucho mas tarde.
Bajemos mejor dice Pancho, no mucho después de comernos sus naranjas y mis manís con miel y castañas de cajú. La verdad creo que el único que comió fui yo.


Íbamos bajando y viene subiendo un tipo. Lo abordamos y le dijimos que era la primera persona que veíamos ese día, que hasta teníamos gana de abrazarlo (cosa que no hicimos). Fue divertido.
Poco más adelante, otro. Misma cosa, le dijimos que era el segundo con el que nos topábamos ese día. Recuerdo que le pregunté qué opinaba de un tema que llevábamos con Pancho: piensas como nosotros que lo que más atrae a las mujeres es la ternura ? Si, dijo. Y seguimos nuestro camino, con una sonrisa en la cara.


Barro, harto barro, en la bajada. El cielo se fue nublando de bella forma. La mezcla de despejado con nubes es fantástica. El suelo húmedo, verde y pasto saliendo por todos lados. Se fue la sensación de sequía permanente, dijimos.
Hojas nuevas en todos los arboles y arbustos. Ruido de pájaros. Que bella es la naturaleza.


Y nos fuimos encontrando con más gente y el piño de animales con que nos habíamos topado al partir, ahora estaba en otro lado, desplegado. Pasamos lento por entre ellos, apreciando a los terneros tan chicos algunos.


Llegamos al auto y a sacarnos el barro de los zapatos y a sacarnos los zapatos, los dos. Y nos fuimos comentando lo bueno que había sido, aparte de la tarea hecha.
Ah, le dije en un momento a Pancho, porque no hacíamos una junta de los subecerros históricos en su casa, un asado, más cargado para septiembre, octubre. Feliz, me dijo. Ya, yo seré el articulador, para que eso pase. Buena onda.

domingo, 17 de julio de 2022

Primer contacto con la nieve

Me vestí con abrigo extra. Sabía que haría frío pues la cordillera estaba nevada hasta bastante abajo. Cosa rara en periodo de sequía, en que se supone estamos.
Llegan a la casa de Pancho, Víctor, la Soledad y yo. En los estacionamientos del cerro, aparecen Francisco y la Anne Marie.


Un par de cabros parados después de "la puerta", nos indican que instalarán una caseta e iniciarán el control, para el cuidado de todos nosotros. Les dijimos que llevábamos cuarenta años sin control ni cuidado y andábamos muy bien. No, dijeron, lo que quieren cuidar es a la naturaleza, a los pajaritos. Bull shit.


Tomamos la ruta habitual y al llegar casi a la altura de nuestra cumbre habitual, Francisco influye para desviar al grupo hacia la izquierda, hacia la nieve.
Yo que venía último, dudé de seguir. Pero la marcación al hombre que me hizo Francisco, me hizo seguir con el grupo.


Y llegamos a la nieve, por un sendero cada vez mas barroso y al final con nieve, que a la bajada produciría varias caídas.
Llegamos a un mirador rocoso y ahí hicimos nuestra cumbre, donde comimos de las naranjas de Pancho y frutos secos de varios. Lo mejor fue un termo con chocolate caliente que tenía la Anne Marie, que todos apreciamos gracias a su generosidad.


La bajada fue al principio, del terror. Pancho dos veces llegó al piso, lo mismo Víctor. 
Nos cruzamos con varias personas, de ida y de vuelta, y yo me encontré con mi sobrino, Francisco RuizTagle, gerente general de la Papelera, que iba con una sobrina suya, psicóloga. Conversamos brevemente.


El día estaba nublado, frío, con cielo azul hacia la costa, que produciría una bellísima puesta de sol en la tarde.
Llegamos a los autos como a las 13:30 y nos despedimos habiendo hecho un trayecto como el doble del habitual, con varios bastante cansados, yo entre ellos.

domingo, 5 de junio de 2022

Aire limpio, bellas vistas, de la lluvia al sol

Iba con el limpiaparabrisas andando en forma intermitente, camino al punto de encuentro. Lluvia tenue, in crescendo. Al llegar a la casa de Pancho ya estaba la Soledad. Al poco rato sale Pancho y otro poco y llega Víctor.
La Anne Marie y Francisco Toyos nos encontrarán al partir en el cerro. El atraso es su norma.


Dia nublado, amenazante. Pero en vez, se fue abriendo. En la cumbre nos pegó de lleno el sol.
El piso, mojado. Poco barro. No llevé agua para mi arbusto apadrinado; si había llovido recién. Otros llevaron igual.

La muerte del padre de la Anne Marie, fue tema en la partida. Ella, bien, tranquila. 


La ciudad de Santiago, completamente despejada de smog. Una bella vista a la ciudad.

La María Elena amenazó con ir, pero al final no fue. La echamos de menos. Lo mismo a los Molina.

Conversamos harto, de diversos temas. Yo escuchaba a algunos que hablaban del futuro plebiscito y sus posiciones de su contenido, con a veces mucha emoción, incluso pena escuché a uno decir.


Yo de repente me vi explicando cosas del feminismo a partir de cosas que había aprendido de la lectura del libro de la Judith Butler. La revuelta es mayor; quieren modificar todo el sentido común, hegemónico, patriarcal, heterosexual. Y quieren que ser homosexual, lesbiana o bisexual, sean alternativas tan validas como las de la normalizada heterosexualidad. Si hasta el probar el lesbianismo entre las jóvenes se está haciendo habitual.


Nos pasaron dos mujeres jóvenes, tratándose de ida y de vuelta de "huevonas". Las alcanzamos más arriba descansado y yo las abordé y les pregunté porque se trataban de huevonas. Se rieron y no supieron contestarme. Es la moda diría después Víctor.


Estuvimos mucho rato en la cumbre compartiendo una amena conversación y comiendo las naranjas de Pancho, almendras, pasas y nueces con miel, damascos y kiwis secos, etc. Y disfrutando de la vista tanto a la ciudad como de las altas cumbres nevadas.


Llegamos a los autos como a las 12:30; temprano. Fue un grato encuentro, de ejercicio y caminata por la naturaleza.

domingo, 29 de mayo de 2022

Grato domingo frío y despejado para caminar por los cerros

Llego un poco atrasado. Ya estaban ahí Pancho, Víctor y la Soledad Tagle. Al poco rato partimos. Ya no se pregunta adonde vamos; vamos siempre adonde mismo.

Cielo despejado, bastante frío. No me saqué nunca el polar. 
Buscábamos el sol, para calentarnos. 
El aire limpio se valoraba especialmente, porque la ciudad de Santiago se veía tremendamente llena de smog. Es una pena.


Cuento que tengo un hijo en Puerto Varas y dos más se las empluman a vivir por esas tierras. Diego a Puerto Varas y mi hija Andrea a Frutillar. Ya tiene a los hijos aceptados en dos colegios distintos en Puerto Varas. No fue fácil. 
Arrancan de esta ciudad infesta.


Íbamos adelante con Pancho. Víctor y la Soledad se distancian bastante. Porque vienen tan lento, nos preguntamos con Pancho. Me parecía escuchar sus voces. Seguimos adelante y llegamos a la cumbre.
Al poco rato llegaron por otra vía. Habían tomado un atajo. Víctor viene mareado, nos dice la doctora Soledad. Es una baja de presión, nos señala Víctor. Eso lo había afectado, debilitándolo y aportándole esa sensación de mareo. Sentado se recuperó.


Apenas llegué me fui con mis dos chuicos a mi arbolito. Volví a buscar mi bastón para picar la tierra un poco. Y vacié los dos chuicos generosamente. Tengo una sensación que ello es muy buena cosa para él. Pero insisto, no noto diferencias.

Comimos naranjas de Pancho, ricas pasas de la Soledad y maní del verdadero, de Víctor. Mientras descansábamos y contemplábamos la vista enorme del valle y la cordillera. En la cresta del San Ramón se veía un poco de nieve espolvoreada. La nada misma. La sequía es un tema.

Temprano estamos llegando a los autos. Temprano llegué a mi casa.

lunes, 23 de mayo de 2022

Grato día para caminar por los cerros este Domingo 22 de mayo

Me llama Dirk, que quiere ir el domingo al cerro. Tiempo que no aparecía.
Llego el primero al punto de encuentro y al poco rato llega Dirk. Se baja del auto, lo saludo animosamente y veo que otra persona se baja de su auto; es la Daniela, su hija, que viene a acompañarlo y a cuidarlo.

Veremos más adelante, que Dirk no está al 100%. Ha estado con dolencias al corazón, incluso a punto de ser operado del corazón y algunas secuelas de presión. Ha estado más tranquilo y la musculatura se ha resentido. Viene a fortalecer musculaturas.


Además estuvimos Pancho, Víctor y yo, Gabriel. Partimos a donde siempre, atraídos quizás por el compromiso con nuestros arboles apadrinados.

El día estaba nublado, ni frío ni caluroso; muy agradable para pasear por los cerros.
Se veía pastito verde por aquí y por allá. Algunos arbustos habían echado hojas verdes nuevas en algunas ramas. Otras ramas fueron sacrificadas. Increíble como la naturaleza administra la adversidad de la sequía.


No se habló nada de política ni de los temas con la nueva Constitución. Fue un agrado.

La Daniela pololea con mi ex cuñado, Jorge Hurtado. Lo estuvimos pelando un poco y quedé con ganas de llamarlo. En su tiempo fuimos buenos amigos, que con la separación de mi hermana, nos distanciamos.


Vacié mis dos recipientes de agua en mi arbolito y me lo quedé mirando detenidamente. Qué árbol será, me pregunté. No me animé a preguntárselo a otro grupo que merodeaba por ahí, porque asumo que nadie de mi grupo lo sabe. Tiene pastito verde a sus pies. Pero sigo sin notar diferencia con arbustos vecinos similares. Un poco de gratitud al menos, pensaba yo.


Caminar por los cerros es algo que el cuerpo y el alma agradecen. Y caminar con buenos amigos, qué mejor. Nunca paramos de conversar, pero cuando trato de acordarme de los temas, no me acuerdo o no son para contarlos por aquí.

Hicimos la vuelta de siempre y Dirk no tuvo mayores dificultades.
Llegamos como a las 12 a los autos y llegué a buscar a mi madre media hora antes de lo planeado. Teníamos almuerzo familiar en mi casa.


Nota: Ese mismo día, Francisco Toyos y la Anne Marie, subieron hasta la cumbre de las Ñipas y mandaron estos recuerdos.


martes, 10 de mayo de 2022

Domingo 8 de mayo, neblina cerrada

Amanece con neblina cerrada. Dudo de partir al cerro. Pero había dicho que iría y eso me lanza fuera de casa.
Llego y ya están Pancho y Víctor Bunster.
Nos íbamos yendo y llegan Francisco Toyos y la Anne Marie.
Destino, donde siempre, a alimentar a nuestros arbolitos.


Casi no habían autos en el estacionamiento. Claramente no había sido yo el único que dudó en partir al cerro. Además era el día de la madre.

Subimos hasta nuestra cumbre habitual, sin toparnos con nadie; algo realmente excepcional.
Lo primero que hice al llegar fue ir a mi arbolito y vaciar mis dos recipientes de agua que le traía.
No noto cambios en mi árbol desde que empecé esta atención. Lo que si percibo es ese pastito verde abajo.

Pueden apreciar en las fotos lo cerrado de la neblina, en todo el trayecto.
Recuerdo al principio que empiezo a escuchar un zumbido, que me pareció un dron que estuviera volando en la vecindad, pero cómo sería posible, en esa neblina.
No, me dice alguien, son las líneas de alta tensión bajo las cuales vamos pasando. Pero yo nunca había oído ese ruido. Será por la neblina ?


Me doy cuenta por la conversación que llevábamos, que yo no había planeado nada con la Andrea para el día de la madre, salvo que nuestros hijos irían a tomar té a la casa.
Se me ocurre invitarla a almorzar a algún buen restaurante, pero me dicen, olvídate de encontrar mesas disponibles.
Pido anteojos a Pancho y me pongo a buscar sin éxito el teléfono de Olivo Limón que queda cerca de mi casa. Pancho me sugiere pasar antes de llegar a mi casa y hacer la reserva presencialmente. Y eso es lo que terminé haciendo.

Llegamos a los autos habiéndonos cruzado, en la bajada, con dos grupos de personas subiendo. Sería todo lo que vimos.
Día gris, donde solo los patriotas, como nosotros, fueron al cerro. Igual lo pasamos bien, departimos, me pasaron el dato de la aplicación Shazam para saber que música es la que están tocando en la radio, que ya bajé y probé con total éxito. E hicimos ejercicio, cosa que el cuerpo siempre agradece.

domingo, 1 de mayo de 2022

Paseo por los cerros después de una lluvia

 A las 8 de la mañana parto a dejar a la Andrea a Pudahuel, pues iba a pasar unos días en Puerto Varas, con su hijo y tres nietos. Y a colaborar en esa casa, en que la señora de Cristóbal anda de viaje con amigas.

A las 9:30 me bajé del auto, me puse los zapatos e inicié la marcha por los cerros, en la ruta habitual de los domingos, con mis amigos de los subecerros. Debiera decir y amigas ?
Calculé que iba media hora detrás de ellos, si es que habían optado por nuestra ruta habitual.


Me fui a buen tranco. Tuve que parar un par de veces, exhausto, para recuperar el aire. Lo hacía por poco rato, pues quería alcanzarlos. Y cada vez que tenía el espacio para mirar a lo lejos, los buscaba con la mirada.

Nunca los vi. Vi a otra gente. Iba llegando a la cumbre, convencido de que seria una ida solitaria al cerro.
Y ahí estaban, sentados en la cumbre, los tres que esperaba fuera el número de congregados, que había detectado por el chat. 
Si, eran tres, pero no los tres que yo pensaba. En vez de Víctor Bunster, estaba el Quique Molina. Y Pancho y la Soledad Tagle.


Fue una alegría encontrarlos. Que bueno verte en los cerros, Soledad, después de tu pasada por los hospitales ! Estaba muy bien, sonriente.
Rápidamente Pancho me estiró un par de sus jugosas naranjas, que de inmediato me senté a pelar y disfrutar.

El Quique traía un tiesto con frutos secos, en medio de los cuales, había unos trozos de manjar blanco duro. Me entero que los hace su polola. Me entero que está pololeando desde el verano. Que bueno.
Casi al final, distraído por la animada conversa, me acuerdo de mi arbolito apadrinado. Me pongo de pie, saco las dos botellas de agua extra que traía y me voy a vaciarlas a los pies de mi arbolito.
Ahora que escribo pienso que debiera saber el nombre de esa especie. Lo preguntaré.


Pancho cuenta que está viudo de otoño, pues su Andrea se fue a ver a su hija a Francia. Somos dos le digo, pues mi Andrea estará hasta el viernes en el sur. Y me invita a almorzar, altiro, hoy, a su casa.
Después recibirá un convite ineludible y dejamos lo nuestro para dentro de la semana.

Bajamos y Pancho y la Soledad, se fueron adelante y yo más rezagado, con el Quique. Buena y sostenida conversación. Significativa.

Los cerros, son siempre un momento de muchas satisfacciones. En el plano social; el cuerpo que agradece que lo saque a hacer ejercicios; la naturaleza, que figuraba mojada y compacta, después de la lluvia de la semana pasada.

domingo, 24 de abril de 2022

Visita ilustre de nuestro nieto Silvestre y su madre, Elisa

Hoy fue un día muy especial. Fue mi nuera (la recientemente operada) y mi nieto Silvestre, de un año y 7 meses. Los acompañó mi consuegro, José Manuel Salinas.
Nos encontramos donde Pancho, donde además de Pancho, llegaron Víctor Bunster, y los hermanos Molina, la Marcela y el Quique. Y yo, Gabriel. Éramos 8.

Y nos fuimos en dirección a nuestros arbolitos apadrinados. En la zona de la universidad de Los Andes.
Silvestre, se resistía a ser amarrado con una mochila especial, en la espalda de nadie. Quería caminar por sus propios medios. 
Era muy divertido, porque pisaba fuerte, como que zapateaba. Disfrutaba de caminar en la tierra y como que quería levantar polvo. Iba feliz, de la mano de su madre por un lado y de su Tata, por el otro. Me refiero al otro Tata.

Lograron meterlo en la mochila acarrea-niños, a la espalda de la Elisa y aceptó andar así un rato.
Caminamos un rato y cuando quisieron cambiar al que lo cargaba, Silvestre se resistió en exceso, así que quedaron con él caminando en sus dos pies y ahí fue cuando el grupo se separó en dos.
José Manuel se quedó con su hija y nieto y el resto seguimos a nuestra cumbre, al ritmo habitual.

Los que seguimos éramos 5. Llegamos a la cumbre habitual y poco a poco, fuimos sacando de nuestras mochilas las aguas extras que traíamos y se las fuimos echando a nuestros arboles apadrinados.
Debo reconocer que ya me he encariñado con mi árbol, aunque no notó ningún cambio con las varias veces que le he traído agua. Claro, quisiera ver una franca diferencia, pero no la detecto.

Comimos naranjas de Pancho, yo llevé almendras y el Quique sacó una rica barra de chocolates.

Ponte un tema, le dije a Pancho, como en los viejos tiempos. Pero no emitió ningún sonido.
Los temas que están en el aire, no queremos tocarlos pues nos sacaban del estado de animo alegre y festivo en que andamos.

El día agradable, fresco; algunos no se sacaron el polar hasta la cumbre, me pareció.
Me alegré saber que hay pronósticos de lluvia para el martes. Ojalá; por el bien de todos esos arbolitos que nos rodeaban.

Bajamos lentamente en animada conversación. De momento, muchas risas. Temas irrepetibles. Me río mucho con el Quique.
Ya en los autos, nos despedidnos afectuosamente y hasta la próxima.

domingo, 10 de abril de 2022

Buen grupo, en un buen día, haciendo acciones de conexión con la naturaleza

Buen grupo se encontró hoy en los subecerros. Nueve en total. Siguen presentes los tres Molina: Marcela, la Jaji y el Quique. Viene, a su vivita anual, Arturo Kutscher. Y los habitué Pancho Balart, Víctor Bunster, Gabriel Bunster (yo), Francisco Toyos y la Anne Marie.

Cada uno se fue en su auto, pues Toyos y compañía, mas los Molina, avisaron que venían atrasados y nos encontráramos en el cerro.


Destino, la cumbre donde se encuentran los arbolitos que estamos apadrinando. Algunos deslizan una seria preocupación de lo limitante de esta iniciativa pues esto empieza a limitar nuestra flexibilidad de desplazamientos.
Es un punto, sin duda. La parte buena de esta experiencia, es que estamos desarrollando una cierta conexión con la naturaleza, un cierto apego o afecto, por un arbolito, que es una buena cosa.


Francisco Toyos encontró esta posición entre las piedras, bajo la sombra, excepcional.


Pueden ver en esta foto, cierta nubosidad, que aportó un frescor a la temperatura ambiente. Algo grato, por de pronto.


Pueden ver en esta foto a Arturo Kutscher, que nos visita a lo lejos, que no vendió la idea de usar zapatos muy blandos, para el buen trabajo de todos los huesos del pie, algo de lo que lo convenció una de sus hijas, que es quinesióloga.


Aquí están las tres mujeres del grupo de hoy. Parte clave y esencial del espíritu que reinó.


Y en esta foto, aparece un hombre atendiéndolas, ofreciéndoles frutos secos, para disfrutar.


Esta foto me la acaba de hacer llegar Francisco Toyos.


Junto a esta; muy buenas ambas.
Un grupo animado, en un día grato, de temperatura templada, haciendo ejercicio, caminando por la naturaleza, aparte de llevar agua, cada uno a su arbolito, generando con ello, conexión con la naturaleza. Qué mejor ?!