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lunes, 9 de noviembre de 2015

Anuncio: cambiamos el horario de los encuetros para las 8:30 !! 7 al Covarrubias

Amaneció nublado, pero con reflejos de sol en los bordes cordilleranos. Así, en el punto de encuentro estaba completamente despejado. Sería un delicioso día despejado con una permanente brisa fresca, que lo hizo inmejorable.

Anuncio ! : acordamos cambiar el horario del encuentro de las 9 a las 8:30 !!

Siete nos encontramos para subir: la Soledad, que llegó con Francisco (Kiko) Schmidt, Pancho, Dirk, Victor, José y yo, Gabriel.

apeándonos
Decidimos irnos a la Ermita, entrar en auto, llegar al río Covarrubias y subir por el borde izquierdo del río, aguas arriba.
Nos fuimos todos juntos en el transporte escolar del tío Dirk.
Buena onda genera, esta conexión con ser un poco niños ya pasados, algo chacoteros con el tío Dirk al volante.

Cruzamos el río, que parece mojó algo en la cablería del motor, cosa que después aparecería.

Pancho saltándo; Dirk ayudando
El afluente del Covarrubias traía su resto de agua, por lo que su cruce, fue una maniobra. Algunos requirieron ayuda.

cactus en flor
La ruta es relativamente suave, subiendo y bajando. El paisaje lleno de flores, con todo el pasto verde y crecido, como en los mejores tiempos primaverales.
Varias detenciones para contemplar y apreciar el río allá abajo, con sus atractivos posones para más adelante en el verano.

la Soledad salta, ayudada por Dirk
Hay un punto habitual hasta donde llegamos y donde bajamos al río. Bueno, nos pasamos; su resto.
Cuando quisimos bajar al río, consideramos que lo mejor era retroceder y buscar nuestro habitual punto de descenso.
Lo hicimos pero la bajada no estaba muy fácil. Bajé yo primero y detrás siguió Víctor, que en una parte lo vi deslizándose peligrosamente literalmente de espaldas. Los demás vieron esto y nadie más quiso bajar.

flor roja
En el río fuimos solo dos y el resto figuraba literalmente vertical sobre nuestras cabezas. Pancho nos tiró dos naranjas, una de las cuales dio bote en la espalda de Víctor.
Bueno, disfrutamos del descanso, sentir y ver el río a nuestros pies y comer algunas cosas.

Subimos con alguna dificultad y nos reunimos con el grupo, para tomar nuestro camino de vueltas.

Soledad, Quico y Dirk
De repente vi que nuestro nuevo integrante, Francisco, no se veía atrás. Le dije al grupo que siguiera y me quedé esperándolo.
Apareció y nos fuimos juntos una buena parte del camino, con el resto bastante mas adelante, en animada conversación. Si hasta un proyecto elucubramos.

Víctor, Dirk y José
En el afluente nos esperaban algunos del grupo, que nos observaron saltar las aguas.
Llegamos juntos al auto, pero antes unos niños nos dijeron que habíamos dejado las luces prendidas.
Estaba Dirk al volante y Pancho al lado y le dijimos a Dirk que hicieran andar el motor. Y efectivamente, estaba totalmente muerto; ninguna luz se prendía al dar contacto. Dirk palideció.

a empujar se ha dicho
A empujar se ha dicho, con comentarios e intervenciones a nivel de batería y motor, de los mas avezados.
Primer intento; segundo intento. Nada.
Plan B. Un par salió a pedir ayuda a unas personas que estaban al otro lado del río, sin éxito.
Fue José, que se metió en los cables e interruptores, el que logró que la corriente circulara mejor, y en el siguiente intento de empujar, partió !
Aleluya ! Todos arriba y nos fuimos muy contentos.

flores amarillas
Ya en la carretera, avisamos a nuestras casas del atraso, pues llegaríamos cerca de las 3 a nuestras casas. En los autos nos despedimos rápidamente y salimos soplados, cada uno para su lado.

lunes, 13 de octubre de 2014

Florido paseo por el río Covarrubias

Escasas nubes de altura que más hacían parecer al día como despejado. Aire tibio, primaveral. Empiezo a pensar en usar mis pantalones cortos.

bajándonos del auto
Siete nos encontramos en el punto de encuentro: Martín Wielandt, Anne Maríe, Pancho Balart, Pancho Bilbao, Dirk, Isabel y yo, Gabriel.

Pancho ayudando a la Isabel
Destino, la Ermita, dejamos ahí un auto y nos subimos todos a la camioneta Mahindra de Martín, para, pagando luca por persona (que las pagó Martín), entrar hasta el río, cruzarlo y dejar el auto estacionado al otro lado. Y de ahí, bordeando el río Covarrubias que va justo por detrás del Provincia, hacia el sur.

Martín, Isabel, Anne Marie, Gabriel, Dirk y Pancho
Al poco andar, unos tipos acampando. Pasamos por el medio de su campamento, mientras preparaban unas carnes para el desayuno.

amarillo intenso
Luego cruzamos un río, cuyo cruce tuvo algunos mínimos bemoles, por el agua que traía en esta época del año.

cascada
Puse el tema del perdón, un tema del que tengo un posteo a medio avanzar y el grupo nuevamente actuó como un verdadero think-tank, que me aportó varias perspectivas. El posteo, mas tarde, terminó así.

campamento de cumbre
Estamos en plena primavera y con ello las flores abundan. La Anne Marie que iba delante mio, paraba a cada rato, maravillada con las flores. Les saqué un par de fotos.

Martín genera estos espacios de carcajadas
El sendero corre subiendo y bajando, a cierta altura del río, que se ve con sus vueltas, cascadas y posones, siendo un deleite para paseos veraniegos.

sentados a la orilla del posón
Llegamos a un punto, poco mas allá de donde había llegado una vez anterior y ahí hicimos campamento de cumbre.

fila india
Comimos naranjas, mandarinas, frutos secos diversos. Con la Anne Marie y Dirk, terminamos sentados a la orilla del agua, en una correntada donde los pescados se veían a cada rato, en sus pesquisas de alimento y nos dimos un tiempo de meditación y conexión contemplativa de la escena que teníamos al frente. Un verdadero deleite.

Martín
La vuelta, que también tiene subidas y bajadas, la disfrutamos contemplando las diversas vistas, bajo una exquisita brisa y el ruido permanente de río allá abajo.

Francisco Boilbao y media Isabel
Llegamos al río, lo saltamos y poco más allá habían otros campistas, que preparaban un asado de cordero que nos detuvimos a admirar. Ya nos ofrecían mate y quedarnos a compartir el asado que había en abundancia para todos. Asombrados de esta generosidad chilena, nos despedimos contentos.

casa de los que nos cobran al entrar
Con Pancho Bilbao nos fuimos atrás en la camioneta parados, disfrutando de las vistas y el viento.

lunes, 5 de mayo de 2014

Nueve al río Covarrubias

Cuando llegamos a la Shell la Isabel y yo solo estaba el auto de Gabriel, que nos saludó de inmediato al acercarnos.  Nos contó que venía la Paula Christensen, que puso fin a su período de aislamiento en Mallín Colorado. Al poco rato vimos a Mireya, nueva integrante, y luego fueron llegando la Anne Marie, Francisco Toyos, Víctor Bunster, Cristián Estay y finalmente la Paula, seríamos nueve en un domingo que se presentaba con una atmósfera inusualmente transparente con un cielo azul intenso contrastando con los cerros secos, aunque los mas altos y distantes mostraban un poco de nieve. Extrañamos que no haya estado esperando Pancho, como siempre; Francisco nos dijo que seguramente se había ido a Isla Negra, después sabríamos que a pesar de haberse vuelto de la playa para ir al cerro no pudo hacerlo porque amaneció con fiebre. Mejórate pronto Pancho!!

Cristian Estay y Mireya en primer plano
Cristián sugirió tomar el camino de "la quesería" que no sabemos aún si existe o es mitológica, al final del recorrido que hiciéramos unas cuantas semanas atrás por el borde del río metiéndonos desde la Ermita. Consultamos con Francisco Toyos, gran conocedor de todos los senderos, quebradas, cerros y ríos de la zona y nos planteó otras alternativas a partir del mismo camino, así que enfilamos hacia allá en la van de Vítor y el Mercedes de Mireya manejado por Gabriel. Mientras el resto de los autos nos esperaba en la calle de siempre.

el cajón del Covarrubias
Llegamos a la Ermita y nos metimos por un camino de tierra que está interrumpido por un portón, luego de que nos cobraran luca por cabeza seguimos avanzando hasta que llegamos a unas pozas de agua que no quisimos arriesgarnos a cruzar en auto, entonces los dejamos e iniciamos la caminata dirigidos por Francisco.

Mireya y Cristián
La idea era adentrarnos por el río Covarrubias, afluente del Mapocho, por este camino nos comentaba Francisco, se puede llegar hasta el cajón del Maipo en una jornada larga o en dos alojando entremedio.

Sii, es la Paula !
El paisaje, los contrastes, el color del cielo, todo estaba como intensificado por el aire tan diáfano. Distinguimos con toda claridad un par de cóndores que se dejaban mantener relajados en el aire por las corrientes ascendentes.

Anne Marie y Francisco Toyos
A poco andar tuvimos que desabrigarnos, la mañana empezaba a sentirse calurosa. El sendero por el que nos condujo Francisco subía para hacerle el quite a unos pasos rocosos que caían muy empinados al río, entonces desde la altura podíamos ver preciosos pozones y algunas cascadas que se generaban entre las rocas. Muy bonito.

animada conversa a la orilla del Covarrubias
En el sendero nos topamos con un piño de vacas que luego de quedársenos mirando, nos cedieron amablemente el paso encaramándose por el cerro. 
Cuando ya llevábamos un buen rato caminando tomamos un desvío del sendero que bajaba hacia el río, buscando un lugar para sentarnos a la conversa y la comilona habituales. Estábamos tan cerca del río que, a pesar de que varios tenían que volver temprano, bajamos a la orilla y Francisco no aguantó y se sumergió en un pozón bastante profundo y seguro mas helado....salió feliz de haberse dado el chapuzón, nadie mas lo imitó, el resto disfrutamos las tradicionales naranjas y frutos secos que se comparten. 

Mireya, en primer plano; detrás la Isabel y se alcanza a ver la cara de Anne Marie
Toyos y Eugenio en los flancos
Luego de un rato emprendimos la vuelta. Aproveché de conversar con la Paula, que nos contó que está en proceso de cambiarse de departamento y a cada rato se declaraba feliz de haber venido al cerro y también por su situación personal. Muy bien.

Víctor Bunster y Cristián Estay
Bajamos caminando rápido tratando de no atrasar a los que tenían compromisos, al llegar al río nos topamos con un grupo de motoqueros de esos de trial, que venían del cajón del Maipo por la ruta que nos había contado Francisco, claro que en moto es otra cosa...

en la ruta de vueltas
Un paseo que nos dejó a todos felices por haber descubierto un sendero nuevo, por el día de aire tan limpio y por el ejercicio que,  todos comentaron, nos cambia y revitaliza la semana.  

Gabriel, en primer plano
(texto de Eugenio Lagos)