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domingo, 17 de mayo de 2015

De tranque a tranque por la canaleta de Las Varas

Tengo que reconocer que hoy me levanté solo por el hecho de que nos encontramos con la Marisol Rosas en la semana y quedamos que la pasaba a buscar a su casa el domingo en la mañana para ir al cerro. Últimamente y con esto de que la noche es más larga, se hace más difícil subir cerros. Llegamos poco después de las 8.30 y estaba Víctor Bunster, con quien conversamos cortito hasta que llegó José Salinas. Decidimos ir a Las Varas y propuse recorrer a lo largo de la canaleta, desde el tranque chiquito que hay casi mirando a Santiago hasta el tranque grande, la laguna Elfie, que está completamente seca.


Partimos en el auto de Víctor conversando de autos.....cilindradas, motores, etc. Así que apenas comenzamos a caminar, después de pagar la entrada correspondiente, las mujeres nos quedamos atrás y nos pusimos al día en amena conversa con la Marisol. Trabajo, oficina, planes para este año, etc.

Linda caminata a lo largo de la canaleta,
José Salinas, Marisol Rosas y Víctor Bunster.
El camino mostraba bastantes cambios, yo no me acordaba mucho cómo llegar al tranque de arriba, pero los demás no lo conocían, así que mirando y mirando llegamos al punto donde se cruza un cerco y llega el agua de la canaleta al tranque. Habían tubos, caminos recién hechos, luego de algunos intentos encontramos de nuevo ese precioso sendero que bordea la canaleta.

Comenzamos una preciosa caminata bordeando la canaleta, que tuvimos que compartir con algunos ciclistas que seguían en dirección a San Carlos de Apoquindo. La canaleta y el ruido del agua cayendo pendiente abajo, nos hizo caminar bastante rato en silencio, mientras el sol pegaba fuerte y una fresca brisa por el otro lado hacían de nuestra mañana, una agradabilísima salida de Subecerros. 

Victor y la Marisol Rosas ya volviendo
Al final, ya bajando en franca pendiente hacia la laguna Elfie, encontramos un árbol seco, probablemente recién caído, que sirvió de escenario para una simpática foto. Llegamos a las 13.15 perfectamente a tiempo para volver a casa después de una espléndida mañana de tranque a tranque en Las Varas.

Marisol, José y Victor
Yo, en el árbol muerto.

martes, 31 de julio de 2012

Precioso y concurrido último domingo de julio

Diez éramos hoy bien temprano en el punto de encuentro. Yo llegué la última y ya estaba decidido subir el Manquehue por La Dehesa. ¡Gran paseo! Me encanta esa subida. Estaban Pancho Balart, Javier Cox y Eugenio Lagos rodeados de féminas: La Consuelo, Francisca, Jeannie, Jannet, Manena, Marisol y Paty, amiga de la Marisol, paisajista, vestida completamente de rojo.

Pancho Balart daba instrucciones para encontrarnos en la Petrobras de Los Trapenses y partió el grupo, cual caravana de funeral, hacia el lugar determinado. Linda mañana, fresca, despejada que a medida que subíamos el sendero, nos íbamos sacando la ropa por el calor que hacía.

La Francisca y Javier con la Jeannie partieron raudos en primera y dejaron a los demás bastante atrás. Pancho Balart venía a la cola con la Manena, hasta que se dió cuenta que varias nos habíamos equivocado de camino, queriendo llegar antes, quizá. Pero no, seguíamos a la mujer de rojo, que con mucho ímpetu consideraba que cualquier espacio entre los arbustos era un sendero. Pero si esto es un camino, exclamó, cuando escuchamos el grito de Pancho, por allá abajo, insistiendo en que bajáramos inmediatamente. UNos minutos más tarde, habíamos bajado todas menos ella.  Paty!! Paty!! gritábamos con fuerza, porque ella no contestaba, por un segundo la dimos por perdida al otro lado del cerro. Una vez recuperada nuestra amiga en el verdadero sendero, continuamos nuestro caminar, por supuesto los primeros ya estaban llegando a la cumbre.


Las conversas fluyen de un grupo a otro, como torrentes de agua fresca. El paseo a Isla Negra dio el punto de partida, la Peña en el Peperchase al que fuimos algunos esta semana, invitados por Pancho Valdivieso, donde para sus amigos somos los escaladores. La llegada de la Andrea de Europa, un posible viaje a Mallin Colorado a fin de año, ofertas de Lan, etc. Personalmente el establecimiento de Jeannie en Santiago, en su departamento, con sus cosas después de siete años vagando por la India, me resultó lejos de lo más interesante. Eso de abrir cajas y encontrarte con tus cosas de antes, de instalar todo en el nuevo lugar donde vives, de incluso comenzar a trabajar como terapeuta, toda una aventura, ahora local, para la Jeannie. "Estoy agotada, reconoce,  por eso no he venido al cerro últimamente". Lo bueno es que gozaremos de su presencia, tan positiva y llena de vida. 

Luego de sortear rocas y más rocas y piedras resbalosas, llegamos a la cumbre habiéndonos ganado el sobrenombre de escaladores, como decían los amigos de Valdivieso en el Peperchase. Con tantos subecerros,  los pic nics están bien abundantes últimamente, miramos un Santiago despejado y precioso, no parecía el último Domingo de julio,  desde el rinconcito donde siempre nos sentamos y disfrutamos de ricas nueces, manices, damascos secos, naranjas y mandarinas. Echamos de menos las galletas de Lucho...perdón, echamos de menos a Lucho.  Sabemos que es una semana complicada, pero estás muy presente entre  nosotros, Lucho, te queremos y esperamos que salga todo bien. A Francisco Valdivieso, Gabriel y la Isabel los esperamos el próximo domingo, sin falta!!!


La bajada, un agrado, temprano, nos topamos con los traspirosos que van recién subiendo a las 12 del día. Nuevamente la Francisca y Javier se nos adelantan, pero nos esperan en los autos. 



lunes, 17 de octubre de 2011

Algo más que dedales de oro...

El domingo amaneció con cielo azul, ni una nube en el cielo, así que decidí vestir la manga corta. Al llegar al punto de encuentro, éramos cinco en el grupo, con un interesante acompañante nuevo, esta vez Hernán Varela nos acompañaría a subir cerros. Partimos en el auto de Lucho Latorre, la Isabel, la Rebeca y yo, además de los mencionados. Nos estacionamos en la entrada de La Varas y comenzamos la caminata sencilla de los ciclistas hacia el bosquecillo de eucaliptus.

Lucho, Paula, Hernán e Isabel
En grata conversa acerca del sur, del contraste con el ritmo de vida en la gran ciudad, fuimos subiendo con nuestro nuevo integrante, que además es propietario en Chiloé. Miles de aventuras puede contar Hernán de sus incursiones chilotas, todas entretenidas y bien únicas. Las chiquillas en un momento también nos apartamos un poco para ponernos al día de nuestras propias copuchas, el momento femenino, que tanto disfrutamos en el cerro.


Isabel y Lucho
El cerro estaba particularmente decorado por los famosos "dedales de oro", que con sus pétalos de intenso naranjo coloreaban el paisaje a manchones. Aparecieron las tallas de los dedales de oro, Lucho Latorre volvió sobre sí mismo y defendió su punto de la vez anterior, pero también aceptó la moción de que somos algo más que dedales de oro en el campo. Ya verán por qué.


Llegamos al bosquecillo de eucaliptus y la vista sobre Santiago era espectacular. Hernán Varela gozaba como niño chico, tratamos de ubicar dónde estaba cada cosa, el estadio, la universidad, el monasterio, el mall, etc. Efectivamente era el lugar perfecto para que un arquitecto sensible como Hernán gozara del momento que estaba viviendo. Sacamos naranjitas, agua, y las ya clásicas galletas de champaña de Lucho en ese momento. Era temprano, sonaban las campanas del monasterio benedictino a las 10.20 para la Misa de 10.30 hrs.

Añadir leyenda
Seguimos nuestra incursión en medio de los ciclistas hacia el mirador, una casita de madera media destartalada que hay construida en altura al otro lado de los eucaliptus. Más meditación, más admiración de la ciudad, Hernán de nuevo como niño chico arriba de la casita bajo el fuerte sol de la mañana.

Isabel, Rebeca y la Paula
Pensando que ya volveríamos, las mujeres tomamos el mando y sugerimos volver por la canaleta. Yo la había recorrido en alguna oportunidad en invierno con nieve y había sido precioso. Ahora con calor, pensamos, debe ser muy rico caminar por el borde del aguita fresca. Con todas sus dificultades, la caminata fue muy fluida, excelente pendiente, el paisaje precioso, los dedales de oro por doquier y la conversa amena e interesante. A esas alturas ya íbamos las mujeres al mando del buque, Lucho y Hernán buscaban salir de ahí e inventaban que la bajada  tenía que ser por alguna parte, que a dónde íbamos a llegar, etc. Pacientemente seguimos y seguimos caminando y dp. de una hora y media, tipo 12 del día llegamos al final de la canaleta, donde hay un puentecito y comenzamos a bajar.

Buena conversa, con gusto a despedida por mi parte, precioso día, excelente grupo, una vez más los Subecerros comenzamos el domingo de la mejor forma posible.