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lunes, 18 de noviembre de 2019

Morro Guayacán por Las Varas

Escribe César Masihy

Luego de varios años de ausencia vuelvo a participar de una salida junto a este agradable grupo. Estamos todos casi iguales  :)  Fue un agrado reencontrarme con los antiguos compañeros de ruta y recordar tantas jornadas similares en las que compartimos buenas conversaciones y ricas meriendas en la naturaleza. Fue un lindo reencuentro con los antiguos compañeros y amigos de cerro que llegaron ayer: Gabriel Bunster, Pancho Balart, Francisco Toyos y Anne. También llegaron Soledad y Víctor a quienes no había tenido el placer de conocer.
Luego de tomarnos un cafecito en la bomba, partimos rumbo al Morro Guayacán. Los invité a ir en mi auto y partimos todos juntos en la Grand Carnival a la que luego quisieron bautizar como vehículo corporativo  :)

La de ayer parecía naturaleza muerta y no me refiero al género pictórico sino más bien a la real mortandad de arbustos, árboles y seguramente no poca fauna producto de la dura sequía que estamos viviendo. Ver todo tan seco da pena y preocupa.

Al llegar a la cumbre nos encontramos con unos bikers bien pro, que luego de pedirnos que les tomáramos una foto, conversando les dijimos que nosotros solíamos subir cerros. Les indicamos la sierra de Ramón y les comentamos con cierto orgullo que la habíamos recorrido completa tras lo cual nos dijeron que ellos habían subido al San Ramón en helicóptero para descender en bicicleta todo el cerro por el largo camino hasta El Manzano !

Compartimos comida, conversamos un rato y retornamos pronto para poder llegar a una hora prudente a los almuerzos familiares.
Espero nos sigamos viendo.

En el cafecito matinal. 


Todos en la van rumbo a la hacienda Las Varas

Soledad y César

Los primeros en llegar

Los intrépidos bikers en la cumbre.

Francisco, Anne, Pancho, Víctor, Gabriel y Soledad

martes, 20 de agosto de 2019

Añorando la lluvia - domingo 18 de agosto

Ya nos parece sospechoso que nuevamente llegamos solo José Salinas y yo, Soledad, nos preguntamos ¿será que están todos juntos en otra parte? Pero igual los cerros nos llaman y esta vez la Católica, con sus variados senderos que en un día nublado destacan el color de las montañas.

A la entrada ahora hay una caseta donde cobran, piden varios datos y avisan que debemos hacer check out para confirmar que volvemos sanos y salvos. Este verdadero parque es un lugar muy acogedor, la amplitud permite cruzarse sin estorbo con ciclistas, niños, vacunos, paseantes por el día y otros que vuelven de haber pernoctado en el Provincia.

Soledad y José Manuel
La antes fuente de agua, donde está el desvío al morro Guayacán, otrora vertiente, luce seca, con muros de piedra que reflejan su pasado. Nosotros seguimos el camino y llegamos hasta un portezuelo más allá de la cancha de carrera, por donde otros caminantes seguían hasta Alto del naranjo, pero nosotros después del descanso en la vereda oriente, resguardado del viento frío, emprendimos el descenso.

José contó sus subidas a estos mismos cerros hace unos años, en que acampaban a campo
travieso, también de sus nuevos emprendimientos de arriendo de campers y entre los dos nos
preguntábamos si los colores café amarillento de las hojas del bosque esclerófilo era signo de
stress hídrico, lo que confirmé al leer ese mismo día en un periódico, que efectivamente así es.
Parece afectar más a unas especies que a otras, pues los litres más pequeños se veían fuertes y
verdes.

Pienso y pido o alucino que este año sea recordado como un año seco, que afectó e hizo
temer un cambio climático irreversible, pero fue transitorio y volvió a llover, ojalá Dios nos
escuche este pedido, ese Dios en el que todos queremos creer.

lunes, 17 de junio de 2013

Amplia vuelta por el Guayacán el día del padre

El día estaba gris, nublado. La noche anterior me asomé por la ventana de mi depto en el piso 14 y la neblina era espesa; no prometía nada bueno para el día siguiente.

Llegamos dos hombres, Pancho y yo, y tres atractivas mujeres: Marisol, Antonia y Clara López Solar (nueva).
Pochoco? por lo nublado. No, muy pesado para la Clara; vamos mejor al Guayacán, que es más liviano. Y nos vamos a la derecha, para cambiar lo típico, dirá Pancho. Y eso hicimos.

Marisol, Antonia, Clara y Pancho
Dejamos los autos en la calle aledaña y nos fuimos los cinco en el auto de Pancho.

Ah, era día del padre; así que hagámosla corta, por los compromisos en tierra firme de la ciudad.
Resultó justo el contrario.

Tomamos siempre a la derecha, siguiendo un hermoso camino, que cuando empezamos a bordear las casas, rabiosos perros ladraban y nos amenazaban insistentemente. Avanzamos un poco más rápido.

el cielo y la neblina abajo
Nos desviamos a ver el anfiteatro, que hoy miraba hacia una neblina cerrada.
Ahí salió a colación, los talleres de teatro de Ian Contreras, de los que hablé de mi experiencia en ellos (link a mi posteo al respecto) y algunas mostraron interés en asistir.

Seguimos hasta el punto donde termina la canaleta y donde esta se desvía a un gran estanque. Poco más allá arremetimos cerro arriba, siguiendo las huellas más bien de ciclistas.
Un grupo de tres pasaron cerro abajo, en sentido contrario al que íbamos nosotros, a velocidades que nos dejaron perplejos por los riesgos inminentes que corrían.

en la cumbre del día
Finalmente llegamos a una cumbre, donde hicimos el alto y comimos de las cosas que traíamos: Pancho naranjas y Antonia, almendras y pasas.
Varios ciclistas que venían de San Carlos de Apoquindo, pararon ahí mismo y algo conversamos con ellos.

Después de un rato, en conversación dividida, tomamos la ruta que supuestamente daría la vuelta por detrás del cerro alto que teníamos al frente y llegaríamos a la canaleta y a la ruta de bajada tradicional nuestra.

Todos - foto tomada por un ciclista
Seguimos andando con la sensación que la ruta se alejaba más y más de nuestras suposiciones. Dudamos de seguir y casi dividimos al grupo en dos, pero optamos por seguir adelante todos.
La vuelta fue bastante larga. Nos elevamos muchísimo en relación a las alturas habituales por las que andábamos por ese circuito y finalmente, al llegar a una cumbre, vimos el camino de vuelta y la mansa vuelta que habíamos dado.

la llegada a la cumbre
Me preocupaba la Clara, nueva en estas lides, que más bien parecía, tenía un bastante buen estado físico.
Mas dañada quedó la Marisol, que iba más silenciosa que lo habitual. Sus rodillas se resintieron.
Yo llegué bastante cansado a casa, así que sospecho que todos quedaron mas bien molidos. Ya sabremos.

El día desde cierta altura se abrió y Santiago se veía sobre un mar de nubes, con la punta del Manquehue a la vista. El resto eran nubes altas hacia la cordillera, las que nos cubrían. Y despejado hacia la costa.
Un día templado para frío, pero que el movimiento nos mantuvo bien temperados.

retorno
Buena conversa, diversa, graciosa, íntima de a ratos, con la oportunidad de escuchar como las mujeres hablan entre ellas, para algún nivel de sorpresa mía.

Un bello, largo y aventurado paseo. Espero se repita.

Nos cobraron a la vuelta, con alguna trifulca y la aclaración que la hora de entrada es a las 9:00 aquí.

martes, 27 de marzo de 2012

Tres mosqueteros conversan en la ruta del Guayacán

Tres hombres serán los que suban en el día de hoy el Guayacán. Ausencia completa de mujeres ¿qué habrá pasado?

Dos de ellos venían de un matrimonio y el otro de un cumpleaños-almuerzo que terminó a las 9 de la noche.
Partieron tres cuerpos pesados, trasnochados. El cerro será santo remedio.

Primer descanso en el tranque. A la vuelta sacaremos una foto que registre el bajo nivel del agua.

Pancho y Gabriel; detrás tranque poca agua
Más adelante sacaremos una foto de lo seca que está la vegetación, incluso la de hoja perenne, esa que no se cae en invierno. Sequía, calores.

sequedad de la vegetación de hoja perenne
La conversación será animada y en algunos pasajes, emotiva.

Pancho nos cuenta de una experiencia que tuvo, donde aparecen ellos, su empresa, financiando un video didáctico en relación al consumo de agua que requieren los distintos alimentos que consumimos (ver link).
Me llamó la atención que dijo que un kilo de carne de vacuno requería 7.000 lts de agua. Una cifra alarmante y una buena razón completamente de otro lado que justificaría al menos reducir su consumo.
Y preferir los productos de mar.


Lucho, Pancho y la buena onda
Otra historia, esta vez de Lucho, tocó nuestras fibras más sensibles.
Todo parte un día en que él transitaba por el centro, en una paseo a comprar un libro, en que se tropieza con una muchacha de unos 8 años, en silla de ruedas, de mirada perdida en la distancia. La acompañaba en esa posición donde pedían limosna, su padre, un hombre pobre, frágil.

Lucho que exhibe una de las negritas con que nos regaló
Esta niñita captura la atención de Lucho y en una conversación posterior, pues empieza a frecuentarla, descubre que tiene exactamente la misma edad que su hija, incluso con el cumpleaños el mismo día.
Bueno, para hacer el cuento corto, hoy, esa niñita, Beatriz Loyola, vive en una casa donde la cuidan mucho mejor que en la casa de sus padres, y una vez al año, Lucho, su familia y algunos funcionarios del banco donde trabaja (BCI), llevan a varios de estos niños con sillas de ruedas, a ver la parada militar, donde han conseguido ubicaciones privilegeadas gracias al alto mando del ejercito.

Pancho y Gabriel, haciendo grandes esfuerzos abdominales
Escuchaba esta historia que Lucho contaba, caminando en fila india, él detrás mío, yo emocionado, sintiendo que este Lucho tenía de santo más que yo y Pancho juntos, así que nos ayudaría de seguro a entrar al cielo cuando fuera el momento. Gran tipo este Lucho.

partiendo, con dificultad
Bueno, un paseo masculino, donde la conversación fluyó como agua que baja por las pendientes cordilleranas.

lunes, 19 de marzo de 2012

Domingo al Guayacán y trabajo en equipo

La Ex Terpel estaba llena de gente a las 8:00 pero no eran de los "nuestros". Entre los “nuestros”, la convocatorio fue baja y extrañamos a los integrantes que siempre permanecen fiel al grupo, como la Consuelo, Gabriel y Lucho. A pesar de esto, el ánimo no faltó e iniciamos un entretenido acenso entre Pancho Balart, Isabel Eguiguren y Claudia Villar. Elegimos el Gauyacán para ir acostumbrando al cuerpo después de 2 meses de merecidas vacaciones.

Claudia e Isabel
La conversa, como siempre, fue abundante y entretenida, viajamos a varios lejanos lugares.

Isabel nos permitió recorrer con ella India y Nepal, pudimos sorprendernos del templo de la ratas, de sus viajes en camello y elefante. Sin darnos cuenta, llegamos a China, como las cataratas de Iguazú, Machu Pichu y Choquequirao (otras ruinas del Perú de reciente descubrimiento), pasando por París, España y China. Los bellos parajes de Costa Rica también fueron aludidos... cada uno contando entretenidas experiencias.

Pancho e Isabel
Exquisitos y jugosos duraznos nos esperaban en el que llamamos campamento base.

Felicitamos a Pancho por su tremendo aporte al ahorro de agua con su reciente creado WC que ocupa sólo 2,8 litros de agua en cada descarga, innovación que creemos que debe ser reconocida como un gran a aporte para el cuidado de la tierra y sus recursos. Nos motivamos con sus próximos viajes de China y su nuevo proyecto de traer cerámicas… gran emprendedor¡¡¡

También estuvimos conversando de la diferencia de la crisis de los 50 entre hombres y mujeres.

Escuchamos un entretenido y interesante relato que hizo la Claudia sobre el tema al que se dedica la empresa en la que trabaja, el estudio del impacto ambiental en lo que se refiere a la flora y fauna de lugares donde se llevan a cabo distintos proyectos.

Hablando también del liderazgo y de la importancia del trabajo en equipo, entonces decidimos hacer este relato éntre los tres... gracias a la tecnología... se pudo concretar...

Claudia e Isabel

domingo, 11 de marzo de 2012

11 de marzo en el Guayacán: un anticipo del otoño

Este domingo, en el que pareciera que el verano comienza su retirada, fuimos 6 los autoconvocados a la Ex Terpel: Francisco (Valdivieso), Gabriel, Alejandro Melo, Consuelo y Ana María, además de quien escribe, Lucho Latorre. El destino consensuado, el Guayacán accediendo por la Hacienda Las Varas.

Lucho Latorre, Consuelo y Francisco Valdivieso
Tardó esta vez en salir el sol, pues en el embalse, aún no asomaba, pero el clima era magnífico, notándose velada la cadena de cerros hacia el oriente, por una tenue bruma.
Alejandro, debutaba con señalado éxito: sin prisa pero sin pausa logró junto a todos, la cima.
Entretenida su conversación acerca del mundo de los libros, desde la perspectiva de las editoriales: Francisco, que acumula un sinnúmero de experiencias laborales y de emprendimientos, ciertamente que conocía tal mundo, recordando con sabrosas anécdotas, las editoriales de muchos años atrás.

El ascenso fue muy rápido, por lo que agregamos algunos grados de dificultad llegando hasta más allá de lo previsto inicialmente.

Francisco, Ana María y Alejandro, Lucho Latorre
El descanso bajo una tupida sombra fue magnífico, con el refrigerio compartido, especialmente unos bloques de cereales aglomerados con que nuestra querida Ana María nos sobrealimentaba generosamente. Prosiguió la entretenida conversa, con temas del día, otros del espíritu, en fin, no estuvieron ausentes los recuerdos a nuestros amigos y amigas ausentes: Rebeca, Alejandra, Isabel (quien está poniendo su principesco cetro en grave riesgo, no por merecimientos, que le sobran, sino que por sus rebeldes y consecutivas ausencias), Paula, en fin, Verónica, Marisol y tantas otras, sin perder de vista a uno de nuestro líderes, Pancho.

Consuelo, Lucho y Francisco
Mi ya cuestionada condición rambística una vez más fue objeto de oprobio por mis compañeros, al ofrecerles entusiastamente un poderoso bloqueador que al comienzo fue rechazado, empero, al narrarles la historia de un querido amigo que por una lesión seguramente de origen solar en una oreja terminó con un cáncer generalizado, se aprestaron a volver sobre sus pasos y con su dignidad algo resentida, aceptaron mi ofrecimiento: "soldado que arranca, sirve para dos guerras".

Ana María y Alejandro Melo
La sequía se ha dejado sentir en esta yesca tierra, lo que dificultó para algunos el descenso, pues a ratos era francamente resbaloso este paraje habitualmente tan amable. Eché de menos nuestros invernales ascensos, cuando la nieve de la cordillera nos tendía su alba alfombra: ¡que maravilla estos climas que contemplan estaciones diversas y nos sacan de la rutina ! ... bien, por este lesionado Santiago.

descanso en la cumbre
Así concluyó un paseo más, un dominical encuentro de deporte y por sobre todo de amistad bajo el amparo de la naturaleza. Un envío amistoso y cálido para que la entrada al mundo de las obligaciones sea más iluminado. Una vez más, mi gratitud por estas horas inolvidables ...

la caída de Lucho Latorre
Nuestro cantautor, Francisco Valdivieso

(Este texto es creación de Lucho Latorre)

domingo, 26 de febrero de 2012

Nuevamente el fiel Guayacán aguardaba por nosotros

Sólo Gabriel y yo (Lucho Latorre) llegamos a las 8:00 a.m. a la Ex Terpel: era de suponer, considerando que aún estamos en febrero, empezando una semana que ya huele a marzo...

Lucho, ya sale el sol, poco antes de la laguna
La Idea inicial era el Pochoco, pero atendidas las condiciones físicas algo desmejoradas, producto de las vacaciones, optamos por el Guayacán.

a expensas del cactus
Un día espléndido, en el que lo que más llamó a atención, fue el silencio de la gran ciudad, aún adormecida por el veraneo de muchos: ello contribuyó a que se notara la gran variedad de sonidos de pájaros que acompañaban ruidosamente nuestras breves escalas: ellos, dueños de la situación y del hábitat, lo hacían notar.

encuentro de Luchos
En una de tales escalas, nos encontramos con un campesino del lugar, en faenas de riego: una breve conversación, propia del mutismo de nuestros hombres del campo, pero amable: nos ilustró acerca del fundo Las Varas, algo de su historia. El nombre de este gentil señor, fácil de prever en nuestros campos: "Lucho". Enseguida arremetimos la etapa final para llegar a la cumbre a las 10:30, según lo anunciaba el carillón de los Benedictinos.

nueva cruz y Gabriel
La conversación, como siempre amena e ilustrativa con Gabriel: algo hablamos de las distintas instancias de la meditación, la oración y la reflexión, en una interesante diferenciación que narró Gabriel, distinguiendo una suerte de 5 estadios. Asimismo, hablamos algo sobre la afición por estas expediciones semanales a los cerros, comentando sobre aquel concepto de la filosofía escolástica, la "pasión dominante" que mueve en diferentes direcciones a los seres humanos; en el caso de esta actividad, unos al contemplar la montaña inician el ascenso con el afán exclusivo de conquistarla, en tanto que otros, nuestro grupo, privilegian el encuentro de corazón a corazón: de ahí que la conversación sincera y abierta, no por ello menos amable, sea tan importante y nunca nuestros morrales irán desprovistos de ella

Luis Latorre feliz
Por mi parte. me despido hasta el domingo 11 de marzo.

(Texto de Luis Latorre)

Gabriel en ascenso


De yapa, otro Lucho, Lucho Navarro.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Primer domingo de diciembre en la montaña

La lesión de algunos miembros del equipo, el trasnoche de otros, en fin, la libertad de todos, nos invitó a optar por el amable y conocido Guayacán, con sus suaves pendientes y bello paisaje: este cerro fiel nos acoge cada vez que lesiones o noches de juerga nos inclinan por elecciones más amables; el Guayacán es como aquellas fieles mujeres que luego de una larga desaparición de sus hombres, los reciben de regreso, pobres, maltrechos y enfermos, sin preguntar nada. El silencio … ese fiel y discreto compañero …

Verónica Tagle, Francisco, Pancho, Isabel y Lucho Latorre (el autor)
El punto de partida fue aquel “museo” de automóviles americanos de los años 40; esta vez cambiaré la voz “museo” por “hospicio”, pues sin duda que su dueño, por viejos, simplemente los abandonó.

Fuimos 8: Pancho Balart, Gabriel Bunster, Alfredo Lea-Plaza, Francisco Valdivieso e Isabel Eguiguren (la Princesa), más dos bellas y encantadoras amigas de Alfredo: Marisol Rozas y Verónica Tagle, a quienes se suma quien escribe, Lucho Latorre.

Lucho, Pancho, Verónica, Isabel, Francisco
Una buena mañana fue el marco de este magnífico paseo. La conversación de subida, con el vívido e ilustrado relato de Francisco (Valdivieso) acerca de su reciente incursión por el lejano oriente: Viet Nam (Hanoi y Saigón, hoy Ho Chi Min), Mianmar, Tailandia, Cambodia ... Las Mil y Una Noches en la narración de un sube cerros.

Ciertamente, aprendimos muchísimo de él: las costumbres, la geografía, algo de política (la cruel dictadura de Pol Pot). La belleza notable y singular de las vietnamitas (no confundir con “las camboyanas”, que no necesariamente provienen de Camboya, tampoco han de ser asiáticas). Los masajes personalizados de la Tailandesas, una cura para todos los males, en fin, una narración magnífica y matizadas con anécdotas sabrosas … empero, como telón de fondo, surgía --una y otra vez-- desde el alma, el comentario relacionado con la belleza de las vietnamitas y su don de grandes damas. Ante la probable posibilidad de que algún lejano amigo de esas remotas comarcas visite este blog, no puedo resistirme a la tentación de calificarlas, en su lengua vernácula, como las “hoa vàng” de nuestro criollo Manquehue.

Lucho y el descanso plácido de Pancho en la canaleta
Esta vez Francisco no vio a Rambo: sin embargo, entre los sube cerros, suele vérsele.

Pancho (Balart) nos regaló su personal y fundado punto de vista sobre la crisis en la Zona Euro, las prevenciones que debieran tomar otras economías occidentales, en fin, un robusto análisis de aquello.

descenso en fila india
En la cima del cerro y en el clímax del paseo, junto a la canaleta y el cautivante murmullo del agua, cobijados bajo una generosa sombra, hicimos un buen descanso, donde, escuchándolas, pudimos conocer mejor a nuestras amigas Marisol y Verónica mientras reparábamos fuerzas con los líquidos de rigor, más las naranjas de Pancho y las galletas de champagne que, rechazadas al principio, terminan finalmente siendo aceptadas con algo de recelo.

sesión de fotos
El retorno, luego de ¾ de hora de descanso, fue por la misma ruta de ascenso. No hubo queja de los lesionados, por lo que consideramos que la elección de esa fiel montaña fue la correcta. Alguien insinuó que la próxima subida podría ser el jueves en reemplazo o además, del domingo 11, pues algunos fallarán ese domingo a propósito de una semana con un feriado de por medio. Lamentablemente no se planteó, por lo que tal vez en esta instancia y por este medio podamos resolverlo.

Marisol, Gabriel y Verónica
A la bajada nos esperaba, esta vez como ciclista, Caco Salazar, con su amabilidad y caballerosidad clásicas.

Entretanto y a la espera de ese encuentro, seguiremos cada cual marchando por el sendero de la vida que cada cual tiene preparado.

Nota: el autor de este relato fue Lucho Latorre.

Francisco Valdivieso contando su viaje a Vietnam y países aledaños

martes, 1 de noviembre de 2011

Martes 1º de noviembre en el Guayacán

A la hora señalada (cito a hollywoodense Gary Cooper), en la ex Terpel llegamos Gabriel Bunster, Caco (Carlos) Salazar y yo (Luis Latorre). He de confesar que ejercí una prudente presión para que esta vez el cerro que eligiéramos, nos ofreciera una bajada algo más amable que la del Pochoco, que experimentamos el sábado inmediatamente anterior. Cordialmente mis amigos aceptaron y fuimos al Guayacán, pero por un camino de rápido acceso.

Yo (Lucho Latorre) y Caco Salazar
Ya en "nuestro" estacionamiento, comenzó la conversa entretenida y plena de reminiscencias, cuando exploramos en el interior, los automóviles allí estacionados/abandonados: para los + entendidos, un Buick Eight, un Chevrolet Power Glide y un Ford 49. Caco hizo una afirmación inmediatamente compartida por sus contertulios: aquellos blindados americanos aún conservan el olor característico, algo de metal y de su añoso tapiz.

el ascenso
Y de ahí en adelante, transcurrió el andar y la conversa en cómo los recuerdos quedan grabados en nuestro inconsciente, para reflotar cuando acudimos a ellos: Caco, como pintor y desde su óptica plástica aludió a las combinaciones de colores, que quedan a veces almacenadas en nuestras mentes, desde niños y para siempre: aquí surgió Gabriel con una reflexión que nos dejó perplejos y meditabundos, la que inmediatamente la hicimos nuestra: los niños, no viven con las aprensiones del futuro y no guardan nostalgia de su breve pasado, ergo, viven intensamente y de manera casi abolsuta el PRESENTE, origen tal vez de su felicidad y transparencia.

Gabriel y Caco
Luego, una limpia y fresca niebla comenzó a abrazar los cerros del entorno; nuestro permanente faro y compañero visual, el Manquehue, fue súbitamente cubierto por esta sábana natural desde su base y hasta un tercio de altura, dejando a la vista su majestuosa cima, de suerte que pareció un islote simétrico en medio de ese mar albo.

primer descanso
El retormo, asimismo rápido, de manera que en 2 y media horas subimos, conversamos, descansamos y bajamos. Nuestros sempiternos dedales de oro se levantaron tarde esta vez, y lucían soñolientos, cerrados, quizá engañados por este asomo de otoño: claro está que nunca más vimos y nadie verá, unos dedales de oro albinos, como lo que descubrió e inmortalizó Gabriel.

en la canaleta, nuestro cima para ese día
Y como consuelo para quienes trabajamos mañana, pensemos que "el miércoles sólo dura un día".

Lucho Latorre en la cumbre
ya en la bajada
flor del cactus

Texto de Lucho Latorre.

Nota: poesía de Lucho Latorre