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martes, 17 de marzo de 2015

Dos solitarios, uno al Pochoco y el otro al Potrerito

El domingo recién pasado, amanezco y noto que mi computador tiene una hora distinta, una hora anterior que mi celular, Que cosa más rara y por sensación de tiempo, le creo a mi celular y le cambio la hora al computador y según ese horario me voy al punto de encuentro.

No hay nadie, ni nadie llegará hasta 15 minutos pasada la hora. Me bajo del auto y le pregunto al bombero de la estación de servicio, por la hora. Me da mi misma hora. ¡Qué raro!

cartel de Ugo Ravera
Bueno, decido irme al Pochoco, mi viejo clásico, que nadie en general desea subir cuando somos varios. Llego allá, me estaciono y me preparo. En ese momento, hay otros que también se preparan. Iremos varios grupos, unos mas adelantes, otros mas atrás.

Hay esa cosa competitiva, que me impulsa a no despintar. Resoplo; mi estado físico y sobrepeso, se hacen sentir. Pero le doy.

Poco más arriba, a medio camino de la primera cumbre, alcanzo a un viejo conocido, de mayor edad que yo, que va con un amigo más joven. Él es de origen asiático, muy cordial. Me detengo a conversar con él un rato.

una foto que tomé camino a la cumbre
Me cuenta que tuvo unas operaciones por mordedura de su propio perro; en el brazo. Me muestra las cicatrices. Que cosa mas rara. Lo que pasa, cree él, es que el vecino tenía a su perra en celo; y esa parece ser toda la explicación. Bueno, el perro fue sacrificado ,,, por desubicado.
Sigo dándole y llego bastante cansado al mirador, a medio camino de la cumbre. Ahí me instalo, a descansar, a contemplar el paisaje y básicamente, a estar ahí. Disfruto. Estiro el tiempo y decido llegar hasta ahí.

Después de un buen rato y haber tomado abundante agua, inicio mi retorno.

Me llama por teléfono la Andrea, mi mujer. Ah, antes había llamado, desde el mirador, a Pancho. Y me responde desde Madrid. Guau, eso sería todo. Pancho hasta se disculpa de no poder ir al cerro. Genial.

mi nieto Beltrán
Bueno, me llama mi mujer para decirme que estábamos invitados a almorzar, a casa de mis consuegros, donde estaríamos con mi nieto, hijo y madre. Apuré el tranco.

Y eso fue.

Eso no es todo. José, llegó más tarde y también subió solo. Y me mandó este texto:

Del vigor a la calma en el Potrerito

Llego puntual a las 08:30 según mi teléfono pero no hay ninguna cara conocida, solo algunos nerviosos asistentes a vuelos  en parapente tandem que fuman y se reparten entre varias camionetas VIP

Luego de esperar 10 minutos, bruscamente termino de despertar y veo que son las
9:40 en el reloj del Jeep, plop ! al mas puro estilo Condorito, estoy muy atrasado, sin mas reproches salgo con destino al Potrerito.
   
A la altura del estacionamiento oficial, una frágil niña con una evidente barriga de embarazada me hace dedo, va a su casa, tiene solo 17 años, cursa 4to. medio, es una especie de regalona del curso y de su pequeño colegio, todos la cuidan, su rostro brilla de alegría al hablar de su pronto baby shower, ropa de bebé, de sus amigas y amigos que son 'demasiado tiernos' repite una y otra vez, seguro que tiene menos edad que la señalada, su vocabulario infantil la delata pero no para de hablar y reír hasta que se baja muy feliz en el Paradero 6

Grata sorpresa al tomar el camino hacia la mina, esta todo recién asfaltado, me acompaña un persistente olor a bitumen propio del destilado petrolero. Estaciono raudo y enfilo rumbo al lugar donde se presentó por primera vez Fernando Saavedra, apuro el paso antes que el sol se suba a la mochila    

Cruzo la seca planicie, sorteando la enorme cantidad de guaridas de liebres y al poco llego al  objetivo pero no me detengo, curioso para saber que hay mas allá sigo caminando mientras silbo una canción de la época Scout tan antigua que ya no recuerdo la letra. Al cabo de un rato, se pierde la huella, hay varias opciones y sin mucho planificar sigo camino derecho hacia arriba, por donde  encuentre pie firme, jadeo y transpiro profusamente, hace rato dejé de cavilar sobre el pasado, solo siento el latir del corazón que vigorosamente me acompaña en el esfuerzo, casi puedo sentir el stent coronario que se aferra contra el torrente oxigenado de aire puro, puf., no doy mas, es hora de parar, volveré otro día, mas temprano y con mas agua

José despertando después de una larga siesta
Al fin quieto bajo un pequeño árbol como, bebo y descanso hasta quedarme dormido, no se cuanto rato, despierto solo por la incomodidad de las piedras y las  espinas de un improvisado refugio que bien vale su precio por la quietud que disfruto profundamente, me quedo un buen rato mas, quizás una hora guardando en los sentidos el silencio, la brisa el cielo azul

Vuelvo a  casa por la autopista sin control, autobahn chilena sin límite de velocidad aparente, varios jóvenes choferes se cruzan y me encierran pidiendo una justa estilo rápido y furioso, es un gran logro para ellos vencer a un modelo clásico con potente motor de 4 litros, pero no engancho, no me importa, tengo calma para toda la semana....

lunes, 9 de marzo de 2015

Quebrada seca, nuevamente

Vuelvo a los cerros en este segundo domingo de marzo, después de varias ausencias por el periodo de vacaciones.
Llego al punto de encuentro, donde está ya Dirk estacionado con su vehículo de transporte escolar. Diviso a la Consuelo que viene cruzando la calle.
Saludos y festejos por mi nueva condición de abuelo que se ha materializado el jueves 5 de marzo.

la guarida del ermitaño
Llega luego la Anne Marie. Decidimos volver a ir a la Quebrada seca. Lo hacemos en el vehículo de Dirk.

el recepcionista en casa del Charol
Al llegar allá nos alcanza José en su auto. El Charol sale a pedirnos que nos estacionemos un poco más atrás, pues sacarán el camión que está estacionado adentro y aprovecha de decirnos que esta es la última vez que nos dejará pasar, pues el dueño del fundo, el Señor Maira, le ha prohibido siga haciéndolo.

nuestra posición de cumbre
Día soleado. Emprendemos la marcha por una ruta sombreada, fresca, grata.
Anne Marie valora la belleza del sendero.
Pasamos el pequeño bosque, que Fernando Saavedra, quien nos enseñó esta ruta, ha llamado de la Caperucita Roja.

Anne Marie, Dirk, José y Consuelo
La ruta es suave con algunos ascensos más empinados que nos hacen resoplar. Sin parar llegamos a la casa del ermitaño, que nuevamente no está, pero sí todos sus animales, que son abundantes. Hay gallinas, chanchos, muchos, ovejas, una cabra, un caballo. Todo en un desorden donde los animales campean por todas partes,
Los animales se ven flacos y sucios. Las moscas y las chaquetas amarillas abundan.

hermosa flor solitaria
Seguimos, hasta un punto más allá, donde hacemos nuestro alto "de cumbre".
Varios traen frutos secos que comparten y alguno, mandarinas.

Conversa animada, irreproducible.

Consuelo, Gabriel, Dirk y José
Cerca de las 12 iniciamos la vuelta. Al llegar a la propiedad del Charol, lo vemos arriba del cerro, amarrando tambores de agua, a los que nos confirma les está llegando agua en forma adecuada.
Un tema, la escasez de agua. Se nota aquí, en esta ruta y comentamos es hecho relevante a lo largo de buena parte de Chile. Preocupante.

Gabriel, Dirk, José y Consuelo
Quisimos meditar en nuestra detención, pero no fue posible por la cantidad de moscas y chaquetas amarilla. El grupo era propicio.

Un agradable paseo, ejercicio y conversación.

Saludos a los ausentes.

martes, 3 de marzo de 2015

A la Quebrada Seca en día post tormenta

Llegué al punto de encuentro (Eugenio) y ya estaba la María Elena del Valle, Dirk y la Isabel, al poco rato apareció la Consuelo que hacía tiempo no participaba, así que pensamos que seríamos cinco.
María Elena quería un entrenamiento para su próximo viaje a Nepal donde hará buenos trekings y la Isabel quería algo "piola" porque dice está fuera de training. Pensamos entonces ir al Potrerito.

José, Isabel, Consuelo, María Elena y Dirk
Nos subimos todos en la liebre escolar en que llegó Dirk pues tiene su auto en reparaciones. Entonces, como escolares, subimos las mochilas y nos encaramamos al minubús amarillo. En el camino Dirk nos propuso hacer la ruta de la Quebrada Seca que algunas semanas antes habían recorrido con Fernando Saavedra, así que ahí mismo paramos. Estábamos estacionando cuando apareció José Salinas en su Jeep Cherokee rojo, que nos vio por casualidad, así que en definitiva seríamos seis esta vez.

Isabel y detrás José
Cruzamos por la casa del "Charol" pero no vimos a nadie. El día estaba exquisito pues había llovido después de la tormenta de truenos y relámpagos del viernes. El suelo estaba mojado y todos los árboles y arbustos habían lavado sus hojas, el aire estaba fragante, con olores a pastos, tierra mojada  y hierbas.

María Elena y detrás Dirk
A poco andar nos encontramos con el Charol que venía ya de vuelta en su caballo, pues había subido a arreglar la manguera que lleva el agua hasta su casa y que se había tapado por la lluvia reciente. Son 2 mil metros de manguera los que tuvo que instalar para proveerse de agua de alguna vertiente. Nos contó Charol que está preocupado por la poca agua caída y especialmente por la poca nieve, también nos dijo que ha tenido algunos problemas de salud, está con diabetes hace algún tiempo y le está causando molestos calambres en las piernas. Dirk se ofreció a buscarle ayuda con eso.

Dirk, María Elena, Consuelo, Isabel y José
La subida estaba exquisita, todos felices con lo rico que estaba el aire, la humedad, el brillo de las hojas, las gotas de agua que todavía retenían y que el sol empezaba a calentar apareciendo vapores que subían lentamente desde el suelo y desde los arbustos.
Dirk nos impresionó con el dato del aumento en el consumo de azúcar, había leído que en 1900 el consumo promedio era de 5 kg/persona al año y ahora esa cifra alcanza a 75 kilos, ya que a una gran cantidad de los alimentos procesados se le agrega azúcar y uno ni sabe. Eso, según nos decía Dirk, ha disparado las diabetes que ahora son mucho mas comunes.

casa del ermitaño con sus chanchos
El paisaje nos tenía a todos conmovidos, los cerros rocosos, lo limpio del cielo, la temperatura tan agradable y la humedad del suelo fueron un verdadero regalo en este día 1 de marzo.

Chancha amamantando y chanchos haciendo cola
Llegamos al lugar donde vive el ermitaño Pablo con sus animales, él no estaba o quizá no se dejó ver. Muchos chanchitos recién nacidos, otros enormes, hartas gallinas, algunas cabras, ovejas y una mula acompañan a este hombre que vive en ese paisaje precioso pero con una precariedad que impresiona. No vimos ningún lugar que pudiera reconocerse como una vivienda para un ser humano, como será eso en invierno, con nieve y frío.

chancha amamantando
Seguimos subiendo por el sendero que está bastante marcado hasta que nos detuvimos como a las 11:15 a la tradicional compartida de "colaciones". La María Elena le preguntaba con mucho interés datos prácticos a la Isabel que ya estuvo en Nepal e India, así que recibió varias recomendaciones y "tips" para su viaje.

paisaje
La Consuelo y la María Elena se pusieron a recordar y contarnos de un viaje al norte que hicieron hace algún tiempo donde pudieron conocer varios poblados del altiplano chileno en las cercanías de Arica, impresionadas por las iglesias que tenía cada caserío, algunas estaban siendo reconstruidas, otras abandonadas habían sido convertidas en guardaderos de alimento para animales. Escuchando estos relatos a todos nos daban ganas de partir al norte, así que salieron varios datos como el contacto que previamente habían hecho con la Fundación Altiplano, organismo que está promoviendo la reconstrucción de dichas iglesias.

Isabel
Después de la "colación" emprendimos la bajada, algún chancho nos siguió un rato. Todos seguíamos comentando lo acertado de haber parado en este lugar y lo agradable del paseo.
Llegamos como a la una a la liebre de Dirk, buena hora para llegar a las respectivas casas al almuerzo dominguero.

/texto y fotos de Eugenio Lagos)

lunes, 16 de febrero de 2015

Diseñando tours en la ruta al cerro Las Papas

Llegué (Eugenio) un par de minutos pasadas las 8:30 al punto de encuentro y ya estaba Víctor y la Paula. Esperamos por si llegaban mas hasta las 8:50, pero seríamos solo los tres en este domingo que prometía altas temperaturas pero algo menos que los dos o tres días previos en que hubo hasta 37° en Santiago.

Víctor y Paula
Decidimos buscar un camino con algo de sombra así que partimos al cerro Las Vizcachas por la entrada de la UC.
Seguimos a Víctor que es ducho en tomas las calles apropiadas para acortar camino y estacionamos frente a las pesebreras en el estadio San Carlos de Apoquindo.
Ahí nos inscribimos, pagamos y partimos por el sendero ya algo conocido para Víctor y para mí pero nuevo para la Paula.

Paula y Eugenio
La conversa se fue por el lado de la experiencia de la Paula de vivir un verano en Santiago y con tiempo libre, ya que hace mucho tiempo los pasaba en Mallín Colorado y ahora con el administrador que contrataron pudo quedarse acá. La subida es suave y con bastante sombra así que no se hacía pesada, nuestro objetivo era el cerro de Las Papas, desde el cual se puede seguir al Las Vizcachas, pero íbamos a tranco lento y conversado. Víctor iba fascinado con su nuevo sombrero que según nos contó no lo acalora ya que es tejido y pasa el aire entremedio.

Paula, le sigue Víctor
Hay varias bifurcaciones en el camino, algunas señalizadas otras no, mucho sendero de ciclistas, otros caminantes -pocos- que se dirigían al Alto del Naranjo.

Seguimos subiendo hasta que llegamos a la parte mas empinada donde buscamos una sombra para la conversa y el picoteo. Víctor compartió un par de duraznos y yo los típicos frutos secos y almendras.

Eugenio y Paula
La Paula nos contó se sus nuevas ideas para sacarle provecho a tanto extranjero que se dirige al sur o al norte pero que pasa por Santiago y muchas veces no se le ofrece algo atractivo.

Ella está pensando en tours temáticos, como un recorrido por los hitos arquitectónicos más relevantes, o por sitios de interés para los amantes de la historia, o a los que se interesen por la naturaleza, o la fotografía de aves o de árboles, etc. Suena muy interesante así que la entusiasmamos a que lo llevara adelante.

Paula y Eugenio
Como a las 11:40 emprendimos la bajada que fue bastante corta.

Un paseo muy agradable, buena conversación y el lugar bien apropiado para días calurosos, nos faltó el agua porque Víctor llevaba hasta traje de baño...

domingo, 8 de febrero de 2015

Tres a la curva 32

Llegamos al punto de encuentro, Pancho, José y Gabriel.
Decidimos ir por la ruta de Antawaya, con la idea de un baño refrescante al final.
Pero nos encontramos con una camioneta a la entrada, de la cual se bajó un tipo, carpeta en mano, que nos dijo que las condiciones habían cambiado y que ahora costaba $ 3.000 por persona y si íbamos a pescar, $ 25.000,-
No aceptamos las nuevas condiciones, dimos media vuelta y nos fuimos a la curva 32, del camino a Farellones.

Pancho y José
Nos fuimos conversando y disfrutando del paseo. Día despejado, sin nubes al llegar. Aire fresco, casi frío en la primera sensación al bajarnos del auto.

Pancho
Nos fuimos por las partes mas altas y no por el sendero tradicional. Idea de Pancho, que se fue a la ida liderado.

Pancho y José
Vistas maravillosas. A medida que transcurría la mañana, nubes fueron apareciendo por las altas cumbres, hasta casi estar completamente nublado sobre nosotros a llegar al auto.

José y Gabriel
Tres hombres solos no podían dejar de hablar de temas económicos, del mundo tomado por el anhelo voraz de ganancia, a veces sin límite, con ricos haciéndose cada vez más ricos y una clase nueva, de los hiper ricos, que se espera en el 2020 sean dueños del 50% de la riqueza del mundo.
Nos gusta la libertad de emprendimiento, pero la falta de valores, la ambición extrema, no han podido ser controlados. Poner limites, bajo qué concepto, cuando las instituciones morales también han sido tomadas por los excesos. Estamos un poco a la buena de Dios, me quedó la sensación.

Pancho
Me llamó la Alejandra Cambiazo para desearme un feliz cumpleaños un día atrasado y aprovechó de mandarle saludos a todos los amigos del cerro. Ella con mucho trabajo de anfitriona del Explora de San Pedro de Atacama.

bajando, José y Pancho
En la ruta de vuelta pasamos a la Ermita a comprar empanadas, donde yo me comí una exquisita de queso champignon, que terminé en la ruta, sentado adelante, en la camioneta de José en la que subimos.

José y más atrás Pancho

sábado, 17 de enero de 2015

Salida del domingo 11 de enero por la ruta de Antawaya

El que escribe, Francisco Toyos, llega puntualmente al sitio de reunión, cosa no acostumbrada en él. Por supuesto encuentra estacionado el auto de Pancho Balart y al interior de la cafetería esta Consuelo. A los pocos minutos llega Victor Bunster.

Los cuartro se reúnen a planificar la salida, piensan que será el contingente final... Pero no... aparece un nuevo vehículo que porta a José Manuel Salinas, Lili Reginatto y Annemarie Jacob.

José Manuel y Lili, Consuelo, Víctor
Los siete emprenden rumbo a La Hermita, mas precisamente al Rio Molina. A la entrada, en vez del habitual cobro de mil pesos, encuentran a un señor que les comunica que ya no se puede entrar al recinto sin traer un papel de autorización que entre otras cosas implica un pago de cuatro mil pesos por persona. Según el, se quiere controlar el acceso, en especial evitar la entrada de pescadores. Finalmente como excepción acepta el ingreso, sin cargo.

río Molina
Los autos entran por el camino de tierra hasta donde esta el letrero de madera Antawaya. Allí ingresan, bajan, cruzan el Estero Covarrubias, suben, pasan por el lado del recinto Antawaya y llegan hasta el final del camino.

Desde allí en grata caminata, entre calor del sol y refrescante sombra de los arboles se cruzan con una culebra, que hace que el grupo se detenga y se entretenga por largo rato. Luego la caminata continua hasta que cruzan el Rio Caroca y llegan a unos lindos potreros que son el punto final de la caminata.

Lili y José Manuel
Annemarie saca su radio y el grupo baila alegremente una danza del Paneuritmia. José Manuel sentado a la sombra de un árbol observa al grupo que alegremente danza.

Luego el grupo se dirige al punto donde el Rio Caroca desemboca en el Rio Molina. Allí comparten alimentos y algunos se bañan en las frías pero exquisitas aguas.

culebra
El reloj es un tirano, hay que volver a almorzar a las casas. Con mucho pesar el grupo deja ese idílico lugar y camina hacia los autos. El día es caluroso pero hay viento y con zonas de sombra... el caminar resulta muy grato.

El grupo se despide ¡¡¡hasta la próxima!!! un muy entretenida salida

domingo, 4 de enero de 2015

Paseo con chapuzón por Antawaya

Éramos cuatro hombres en el punto de encuentro. Ya pensábamos que seriamos solo nosotros y llegó la Anne Marie y equilibró las energías.
Dirk, Victor, José y yo, Gabriel; más la Anne Marie.

en el punto de partida, Dirk, Victor y la Anne Marie
Nos fuimos a la ruta de Antawaya, entrando por la Ermita. Pagamos luca por persona, que intentaron fueran dos lucas.
Dejamos el auto a la entrada; la puerta del desvío a Antawaya estaba con candado.

Anne Marie, Dirk, José y Víctor
El estero traía menos agua que la vez anterior; poca agua. El río que empezamos a bordear, desde cierta altura, traía un buen caudal, En la ruta empecé a soñar con un baño en ese río.

José en la delantera, Víctor y Dirk
Anduvimos rápido. Iba en la delantera con José, conversando de los tejes y manejes de la industria farmacéutica.
Parábamos cada cierto tiempo a esperar a los demás, que venían un poco más lento.
Las vistas al río allá abajo, eran hermosas.

Dirk en lagua
Dirk me mostró como este sendero nos acercaba a la cumbre del Colorado. Excelente opción en esta época del año, especialmente por lo que haríamos después.
Llegamos al punto donde la vez anterior nos habíamos sentado y comido nuestras viandas. Y en vez de sentarnos, nos fuimos a buscar una ruta al río.


Con la ayuda de mis tijeras de podar, cortando por aquí y por allá, las zarzas que bloqueaban o dificultaban el camino, logramos finalmente llegar al río.
Caudal abundante, como para darnos un chapuzón.

La Anne Marie se fue aguas abajo y los cuatro varones, nos fuimos a buscar un buen lugar para bañarnos, aguas arriba. Lo encontramos y procedimos con los preparativos desnudatorios.

dinner room
El primer ingreso al agua fue doloroso incluso, por lo heladas de las aguas. El método fue entrar y salir. Recuperar el calor y volver a entrar. Desde la segunda en adelante, sumíamos completamente el cuerpo en las aguas, cabeza incluida.
Fue un deleite; un refresco impagable.

José Salinas, Víctor Bunster, Anne Marie y Dirk Holz
Buena parte del tiempo figurábamos sentados a la orilla, en piedras o simplemente de pie, observando el agua y conversando, bromeando.

Subimos a las mesa donde comimos un delicioso menú, que incluyó un exquisito melón que llevé yo, que repartí en delgadas lonjas.
Comimos además guindas de Víctor, frutos secos de la Anne Marie, naranjas de Dirk.

Como a las 12:05 emprendimos la vuelta. Si no fuera por la brisa que nos acompañó, habría sido un día abrazador, con sus 33 grados pronosticados.

estos dos pasaron a pata pelada el estero, poco antes del auto
Llegamos al auto y agradecimos los avances tecnológicos. Fue un verdadero deleite snetarnos en los mullidos asientos y a la sombra. Rápidamente José hizo funcionar el aire acondicionado y ya estábamos totalmente de vuelta en la civilización.

José, entero, después del largo paseo
Finalmente llegué como a las 3 de la tarde a mi casa con las 8 empanadas que me habían encargado.
Qué te pasó? me preguntó mi hija al entrar.
Nada le dije y me fui a duchar.