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domingo, 4 de diciembre de 2011

Primer domingo de diciembre en la montaña

La lesión de algunos miembros del equipo, el trasnoche de otros, en fin, la libertad de todos, nos invitó a optar por el amable y conocido Guayacán, con sus suaves pendientes y bello paisaje: este cerro fiel nos acoge cada vez que lesiones o noches de juerga nos inclinan por elecciones más amables; el Guayacán es como aquellas fieles mujeres que luego de una larga desaparición de sus hombres, los reciben de regreso, pobres, maltrechos y enfermos, sin preguntar nada. El silencio … ese fiel y discreto compañero …

Verónica Tagle, Francisco, Pancho, Isabel y Lucho Latorre (el autor)
El punto de partida fue aquel “museo” de automóviles americanos de los años 40; esta vez cambiaré la voz “museo” por “hospicio”, pues sin duda que su dueño, por viejos, simplemente los abandonó.

Fuimos 8: Pancho Balart, Gabriel Bunster, Alfredo Lea-Plaza, Francisco Valdivieso e Isabel Eguiguren (la Princesa), más dos bellas y encantadoras amigas de Alfredo: Marisol Rozas y Verónica Tagle, a quienes se suma quien escribe, Lucho Latorre.

Lucho, Pancho, Verónica, Isabel, Francisco
Una buena mañana fue el marco de este magnífico paseo. La conversación de subida, con el vívido e ilustrado relato de Francisco (Valdivieso) acerca de su reciente incursión por el lejano oriente: Viet Nam (Hanoi y Saigón, hoy Ho Chi Min), Mianmar, Tailandia, Cambodia ... Las Mil y Una Noches en la narración de un sube cerros.

Ciertamente, aprendimos muchísimo de él: las costumbres, la geografía, algo de política (la cruel dictadura de Pol Pot). La belleza notable y singular de las vietnamitas (no confundir con “las camboyanas”, que no necesariamente provienen de Camboya, tampoco han de ser asiáticas). Los masajes personalizados de la Tailandesas, una cura para todos los males, en fin, una narración magnífica y matizadas con anécdotas sabrosas … empero, como telón de fondo, surgía --una y otra vez-- desde el alma, el comentario relacionado con la belleza de las vietnamitas y su don de grandes damas. Ante la probable posibilidad de que algún lejano amigo de esas remotas comarcas visite este blog, no puedo resistirme a la tentación de calificarlas, en su lengua vernácula, como las “hoa vàng” de nuestro criollo Manquehue.

Lucho y el descanso plácido de Pancho en la canaleta
Esta vez Francisco no vio a Rambo: sin embargo, entre los sube cerros, suele vérsele.

Pancho (Balart) nos regaló su personal y fundado punto de vista sobre la crisis en la Zona Euro, las prevenciones que debieran tomar otras economías occidentales, en fin, un robusto análisis de aquello.

descenso en fila india
En la cima del cerro y en el clímax del paseo, junto a la canaleta y el cautivante murmullo del agua, cobijados bajo una generosa sombra, hicimos un buen descanso, donde, escuchándolas, pudimos conocer mejor a nuestras amigas Marisol y Verónica mientras reparábamos fuerzas con los líquidos de rigor, más las naranjas de Pancho y las galletas de champagne que, rechazadas al principio, terminan finalmente siendo aceptadas con algo de recelo.

sesión de fotos
El retorno, luego de ¾ de hora de descanso, fue por la misma ruta de ascenso. No hubo queja de los lesionados, por lo que consideramos que la elección de esa fiel montaña fue la correcta. Alguien insinuó que la próxima subida podría ser el jueves en reemplazo o además, del domingo 11, pues algunos fallarán ese domingo a propósito de una semana con un feriado de por medio. Lamentablemente no se planteó, por lo que tal vez en esta instancia y por este medio podamos resolverlo.

Marisol, Gabriel y Verónica
A la bajada nos esperaba, esta vez como ciclista, Caco Salazar, con su amabilidad y caballerosidad clásicas.

Entretanto y a la espera de ese encuentro, seguiremos cada cual marchando por el sendero de la vida que cada cual tiene preparado.

Nota: el autor de este relato fue Lucho Latorre.

Francisco Valdivieso contando su viaje a Vietnam y países aledaños

domingo, 27 de noviembre de 2011

Sacando la rabia en la curva 32 camino a Farellones

Estoy afónico, algo, mientras escribo estas líneas. Ya sabrás porqué, pues su origen viene de un momento en el cerro, esta mañana.

Nos reunimos en nuestro punto de encuentro, Pancho, Lucho, la Rebeca y la Isabel, aparte de quien habla, Gabriel.
No se porqué se me ocurrió esto de la curva 32 del camino a Farellones, pero fue adonde las emprendimos los 5 que éramos, en el mercedes de Pancho, yo manejando.

Lucho Latorre con las últimas curvas a Ferellones detrás
El paisaje precioso, los cerros verdes, con manchones de flores por aquí y por allá. Quien diría que en esta época del año esta zona se pone tan hermosa. Aparte del aire traslúcido por la altura y las amplias vistas a cerros y fondos cordilleranos.

Estacionamos el auto después de un andar lento, tanto por la disposición general a contemplar el paisaje, por un par de mareados del grupo, como por la buena música y la buena conversación que queríamos prolongar.

Rebeca, detrás la Isabel y luego Pancho (más atrás venía Lucho)
Es una huella casi plana, subiendo y bajando suavemente; pero de repente Pancho y la Rebeca que iban adelante, las emprenden cerro arriba, que al percatarnos, arremetimos también el resto.
Se ve claramente que a estas alturas, unos 2.000 mts sobre el nivel del mar, el resople es mayor que más abajo donde solemos andar.


Vamos a lo de la afonía. Veníamos ya bajando cuando un comentario de la Isabel denota una cierta rabia con la tarifas que le dije cobraba Wilson Araya, el gran Wilson Araya, por sus sorprendentes consultas, desde un don suyo muy poco frecuente.
Y nos pusimos a hablar de la rabia, esa emoción que prácticamente todos incubamos, por una u otra razón en nuestro interior, y que nos puede hacer malas pasadas. Propuse hacer un ejercicio que ya habíamos hecho en otra ocasión en los cerros, que consistía en ponerse frente a un acatilado, estábamos frente a unos estupendos y gritar a todo pulmón nuestra rabia en el lenguaje que surgiera, cualquiera este fuera.
Y eso hicimos, dos veces, con consecuencia insospechadas como esta semi afonía en que ando y otros efectos indistinguibles a simple vista, salvo esa sensación de quedar como suavecitos después de la descarga desde la punta del acantilado.

sacando la rabia frente al acantilado
Corría una brisa fresca, nunca nos dio calor, que en un momento me sacó el gorro, el que se elevó por los aires y cayó poco más arriba de donde íbamos ascendiendo. Tuve que apretar una cuerda corredera que me lo aprieta a la cabeza para que esto no volviera a suceder.

Isabel, Pancho, Rebeca y Gabriel
Otra situación cómica de esta subida, que refleja la confianza instalada, fue que una persona del grupo sabía el origen de la frase "pegarse un polvo"  y nos la contó. Una de las preguntas fue acerca de la certeza que ella tuviera que ver con que antiguamente el tabaco venía en polvo, y los hombres en las minas salían a hacerse un cigarro y fumárselo afuera, cosa que derivó en salir con alguna mujer y lo que pasaba afuera no era solo el fumarse el susodicho cigarro.
Bueno, a continuación cada uno contó que pensaba que podría ser el origen de esta frase, "echarse un polvo", y la diversidad de las historias contadas nos sorprendió y vuelve a alegrarnos la belleza de la diversidad. (una búsqueda en Google del tema)

Nos instalamos en una cumbre desde donde teníamos a la vista un amplio espectro de la cuenca de Yerba Loca, mientras unos cóndores se elevaban a cierta altura, nos comíamos las naranjas de Pancho y los que no estaban a dieta, las galletas de Lucho.

vista de Yerba Loca desde lo alto
Otro tema que conservo en mi retina, pero este ya más en el auto a la vuelta, fue un caso de un colegio que estaba, producto de las tomas y paros de clases, literalmente quebrado. Los padres, al menos muchos de ellos habían pagado sus mensualidades, los alumnos no habían recibido el servicio educativo y el colegio junto a padres, habían optado por pedir ayuda a la municipalidad, sin muchos resultados.
La historia venía de una madre afligida por la catástrofe que todo esto estaba significando para ella y sus planes de educar a sus hijos y la no menor inversión que ello le significaba. Esta había pedido ayuda al MEO cuyas respuestas e inoperancia la habían dejado perpleja.

Pancho, Rebeca, Isabel y Lucho
Este problema no es solo de ese colegio, sino de muchos colegios. Y me quedé pensando en el manso tete que esta dimensión del problema educacional podría acarrar. Si incluso contaron que en los colegios que andan bien están apareciendo letreros que dice "no insista, no hay cupos", claro reflejo de padres desesperados que buscan resolver su problema, siendo que los que lo desencadenaron fueron sus mismos hijos, por las tan loables causas.
¿Qué lío, no?

Bueno, un paseo maravilloso, de no tanto esfuerzo físico, pero gran deleite estético y de relaciones humanas.

dedales de oro

Nota: Lucho Latorre nos contó este domingo que padece de alta presión, producto de lo cual tiene que tomarse una pastillita todos los días y que producto del efecto del ejercicio que le significa subir cerros todos los domingos, pudo baja la dosis a media pastillita diaria. Un dato relevante, no?

domingo, 20 de noviembre de 2011

En la playita de las rocas


 Esta vez llegamos a la ex Terpel  (¿será hora de que esta colombiana petrolera comience a reconocernos un copyright o royalty ?) Pancho; nuestras encantadoras amigas y partners  Isabel, Rebeca y Consuelo y yo (Lucho Latorre). 

Flores de variados colores enbellecen estos parajes

Iniciamos el ascenso a nuestro destino, La Playita, a las 9 en punto. Se accede a este bellísimo paraje luego de dejar el auto donde los Carabineros, en las inmediaciones de La Ermita, avanzando a pie por el camino a Farellones unos 300 metros, para luego atravesar la calzada y comenzar de inmediato la subida. Se pasa lindando una pequeña estación eléctrica de aquella disputada mina, de homónimo nombre, en cuyo terreno sendos mástiles enarbolan dos banderas con el nombre de Anglo American, precedidos de una suerte de @ (arroba).
Estación eléctrica 
 Comenzó a soplar un fuerte viento norte, presagio de mal tiempo, lo que se confirmó cuando al llegar a la cima se nubló y siguió el frío. El exquisito viento no amainó en ningún momento.
subiéndo con viento norte
 En la cumbre, teníamos a nuestra derecha unos farellones impresionantes, roca desnuda en ángulo de 90º y a nuestros pies un lindísimo valle profundo, mirando hacia el oriente. Una fugaz águila surcó el cielo, pero la amena conversación y encantadora compañía hizo que pasara desapercibida…
el descanso en la playita
 Esta vez uno de los varones concurrentes (un mínimo sentido de discreción me obliga a silenciar su nombre) ofreció fruta, ¡pero trozada y ensartada con unos caprichosos “pinchos” de madera ennegrecida,  para así  sacarla pulcramente  --quizá en exceso--  desde un tupperware! … . Hubo unanimidad en estimar que  ese singular episodio permite engrosar el Fletómetro, en las siguientes alternativas: (a) se come la fruta a mordiscos y escupe las cáscaras y pepas: mercenario; (b) se come hasta las sandías con cáscara: Rambo; (c) lava la fruta previamente y la seca: mmm… raro; (d) la pela y le habla: marica; (e) la sirve ensartada en pinchos y la lleva picada: loca de patio.
Isabel, Rebeca y Consuelo en plena conversa
Luego de una gratísima conversa, con relatos  muy entretenidos e ilustrativos de la Isabel y la Rebeca sobre sus conocimientos de Quilimarí en la IV Región,  sumados a algunas reflexiones sobre el uso y abuso del agua; luego, una experiencia magnífica de la Consuelo vinculada con la visita al mundo del arte, esta vez artesanal … iniciamos el descenso, no exento de algunas caídas menores, completando un itinerario de aproximadamente 3 horas y algo más.
Isabel y Lucho bajando velozmente
 Así, nos despedimos hasta el próximo domingo 27 a las 8:30, para decidir en la ex Terpel un nuevo destino, conscientes una vez más de haber compartido momentos simplemente inolvidables, recordando  a nuestros amigos ausentes circunstancialmente ...
Vuelta a la calle...hasta la próxima!!!

domingo, 13 de noviembre de 2011

De la Ermita al cerro de los Secretos

Un buen lote se reunió hoy en la ex YPF. Era la despedida de la Alejandra Cambiaso que migra a la zona sur, a trabajar con la Paula Christensen en el lodge Mallín Colorado. La había organizado la Rebeca que finalmente no apareció.

en el primer descanso
Con Pancho, sin mayor debate, decidimos el destino del cerro de los Secretos, dejando autos en la Ermita. Nos subimos en dos autos, dejando el resto en la calle lateral, los nueve que éramos: Alejandra, Isabel, Verónica Moggia, José Manuel Salinas, su mujer Lily y la hermana de José Manuel, la Anita; Pancho, Lucho y yo, Gabriel.

El día amenazaba con nublarse, especialmente sobre la cordillera y cerro plomo, por lo que nos acompañó una leve brisa fresca que no nos dejó estirar nuestros descansos más allá de unos pocos minutos, simplemente por el frío. En la cumbre de los Secretos la cosa fue distinta, quizás por lo abrigado del lugar, un poco por detrás de la cumbre misma del cerro.

Lucho en la cumbre contando su secreto
Esos espacios son inmejorables para la conversación especulativa e íntima incluso. Esta vez yo conversé animadamente con la Verónica de visiones de mundo y las posibilidades comerciales de monetizar ello. Una mujer especializada en emprendimiento e innovación, que no puede ser mejor interlocutor para un hombre.

Las mujeres han cambiado y hablan de negocios y temas de platas e inversión como hacía tiempo no escuchaba. Hoy son autónomas, preocupadas de las leyes de todo tipo, partiendo por las matrimoniales, especialmente ahora que tenemos un abogado en el grupo.

el grupo escucha atenta y animadamente
Este cerro no tiene una ruta obvia, por lo que uno suele perder la ruta óptima y termina en zonas escarpadas y resbalosas por las piedras sueltas. Igual llegamos a la cumbre, en que la ruta en la última parte se suaviza bastante.

En cuanto a los secretos, bueno, estos no se pueden contar. Pero siempre tienen que ver con parejas, líos de parejas, y las consabidas diferencias de género, en como vemos la cosa. Un tema del que algo avanzamos, pero que pienso aun queda mucha tecnología por descubrir. En este sentido recomendé a algunos el libro Soul Mates (parejas del alma) de Thomas Moore.

otra vista de las confesiones de Lucho
El grupo fue muy animado por activas mujeres que concentraron la dinámica conversante. Los hombres de a ratos tomábamos palco para escuchar desde cierta distancia sus discurrimientos, desde recomendar donde comprar damascos secos de calidad, a como proceder con juicios para sacar a arrendatarios de sus departamentos.

iniciando el descenso
No se como se verán desde estar cultas miradas femeninas, nuestras discurrimientos acerca de un no tan sabido fletómetro, que mide nuestra varonilidad en distintos contextos. Hoy agregamos a ese manual la categoría de los que recomiendan cosas tan de mujeres como higos secos o manteles de cocina.

Bueno, una animada despedida para la Alejandra de un nutrido grupo heterogeneo, que pienso nadie quedó excluido ni olvidado.

en pleno descenso

La conversación en las cumbres

foto de ceca67

martes, 1 de noviembre de 2011

Martes 1º de noviembre en el Guayacán

A la hora señalada (cito a hollywoodense Gary Cooper), en la ex Terpel llegamos Gabriel Bunster, Caco (Carlos) Salazar y yo (Luis Latorre). He de confesar que ejercí una prudente presión para que esta vez el cerro que eligiéramos, nos ofreciera una bajada algo más amable que la del Pochoco, que experimentamos el sábado inmediatamente anterior. Cordialmente mis amigos aceptaron y fuimos al Guayacán, pero por un camino de rápido acceso.

Yo (Lucho Latorre) y Caco Salazar
Ya en "nuestro" estacionamiento, comenzó la conversa entretenida y plena de reminiscencias, cuando exploramos en el interior, los automóviles allí estacionados/abandonados: para los + entendidos, un Buick Eight, un Chevrolet Power Glide y un Ford 49. Caco hizo una afirmación inmediatamente compartida por sus contertulios: aquellos blindados americanos aún conservan el olor característico, algo de metal y de su añoso tapiz.

el ascenso
Y de ahí en adelante, transcurrió el andar y la conversa en cómo los recuerdos quedan grabados en nuestro inconsciente, para reflotar cuando acudimos a ellos: Caco, como pintor y desde su óptica plástica aludió a las combinaciones de colores, que quedan a veces almacenadas en nuestras mentes, desde niños y para siempre: aquí surgió Gabriel con una reflexión que nos dejó perplejos y meditabundos, la que inmediatamente la hicimos nuestra: los niños, no viven con las aprensiones del futuro y no guardan nostalgia de su breve pasado, ergo, viven intensamente y de manera casi abolsuta el PRESENTE, origen tal vez de su felicidad y transparencia.

Gabriel y Caco
Luego, una limpia y fresca niebla comenzó a abrazar los cerros del entorno; nuestro permanente faro y compañero visual, el Manquehue, fue súbitamente cubierto por esta sábana natural desde su base y hasta un tercio de altura, dejando a la vista su majestuosa cima, de suerte que pareció un islote simétrico en medio de ese mar albo.

primer descanso
El retormo, asimismo rápido, de manera que en 2 y media horas subimos, conversamos, descansamos y bajamos. Nuestros sempiternos dedales de oro se levantaron tarde esta vez, y lucían soñolientos, cerrados, quizá engañados por este asomo de otoño: claro está que nunca más vimos y nadie verá, unos dedales de oro albinos, como lo que descubrió e inmortalizó Gabriel.

en la canaleta, nuestro cima para ese día
Y como consuelo para quienes trabajamos mañana, pensemos que "el miércoles sólo dura un día".

Lucho Latorre en la cumbre
ya en la bajada
flor del cactus

Texto de Lucho Latorre.

Nota: poesía de Lucho Latorre

sábado, 29 de octubre de 2011

Al Pochoco con Lucho Latorre

Solo llegamos Lucho Latorre y yo, Gabriel Bunster.
Para donde vamos?
Vamos al Pochoco, le digo.
No lo conozco. Excelente, razón de sobra para ir, así que para allá las emprendimos.

Lucho Latorre
Bien empinado en cerro este, reclama Lucho, en la primera arremetida, mientras resoplábamos los dos; yo por mi sobrepeso y él por ser aun un iniciado.

Llegamos al mirador a medio camino y nos instalamos a descansar y a apreciar la vista, en este día despejado de primavera.
Lucho es muy sensible a los sonidos y tiene conciencia del ruido de la ciudad allá a la distancia, los perros abajo en las casas del cajón del Arrayán y los pájaros del entorno.

desierto florido
Y alguien que iba de bajada se detiene pues reconoce a la voz de su coach; se trata de José Luis Rodriguez, quien ha sacado en este mismo Pochoco fotos como esta.
Y se instala con nosotros a conversar. Dos relacionales, que se saben los nombres de todo el mundo, encuentran rápidamente vinculaciones, amigos y parientes cercanos. Eso es vivir en Chile, somos todos parientes o amigos de amigos.

Gabriel
Seguimos nuestra ruta masculina de ascenso. Nos pasan dos hermosas damas que en la línea de la conversación de EIRL y otras nomenclaturas de abogados, terminan ellas con el apelativo de "bienes muebles en movimiento". Que buena; este Lucho es un divertido; tiene cada salida.

Sacamos unas fotos en un paso hermoso del lado contrario de la ciudad, por lo que su ruido había desaparecido.

Cumbre del Pochoco a la vista
Y casi sin mayor descanso, dimos con la cumbre del Pochoco.
Ahí nos sentamos del lado de la vista hacia atrás, hacia el Plomo, Pochocón y Lomo de la Vaca.
Me eché de espaldas en el suelo, me tapé parte de la cara con el gorro, mientras Lucho pelaba manzanas de las que me pasaba lonjas que yo disfrutaba.
Después me convidó sus consabidas galletas de champaña, que suele traer.

con Marjorie Quevedo (clic en la imagen)
Nos deleitamos con el vuelo de pájaros, uno de ellos un cóndor, que sobrevolaban incluso más abajo del nivel en donde descansábamos. Vistas que tuvimos también en otros puntos de nuestro descenso y que son un verdadero espectáculo para nuestra vista.

Llegó un grupo de jóvenes, con mucho morado en sus vestimentas. Se pusiron a comer plátanos y vi volar la cáscara completa de un plátano cerro abajo y no pude contenerme de decir en voz alta mi asombro con el acto de basurear el lugar. Espero que les haya puesto en alerta y conocimiento que ese tipo de prácticas, no son bienvenidas en los cerros.

Iniciamos nuestro descenso; esta vez por detrás.
Poco más abajo, una muchacha nos pide sumarse a nuestra cordada, pues no conocía bien el camino y sus amigos la habían dejado abandonada. Resultó ser una amable estudiante en su fase final de la carrera de agronomía, que en animada plática más bien con Lucho, nos enteramos que estudiaba cultivos como las frutillas con métodos ecológicos que me parecieron geniales. Marjorie Quevedo creo que se llama. La dejamos invitada a nuestro grupo de los subecerros, así que esperamos volver a verla.


dedales de oro albinos ?
Ah, una conversación graciosa con Lucho, fue ver que ambos teníamos solo madres vivas y que los hombres se morían habitualmente antes que las mujeres.
La pregunta fue acerca de esta sabiduría popular que señala que las mujeres son el sexo débil y nosotros, los hombres, el sexo fuerte. Obviamente un discurso gestionado por los hombres.
Bueno, cuando vimos a esta mujer que venía subiendo al trote el Pochoco, decidimos iniciar el discurso que el sexo débil somos los hombres y el fuerte las mujeres y dejémonos ya de patrañas y de auto-engañarnos.

Buena; suena subida, buena conversación.


"Educación Gratis" en el Pochoco