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sábado, 17 de enero de 2015

Salida del domingo 11 de enero por la ruta de Antawaya

El que escribe, Francisco Toyos, llega puntualmente al sitio de reunión, cosa no acostumbrada en él. Por supuesto encuentra estacionado el auto de Pancho Balart y al interior de la cafetería esta Consuelo. A los pocos minutos llega Victor Bunster.

Los cuartro se reúnen a planificar la salida, piensan que será el contingente final... Pero no... aparece un nuevo vehículo que porta a José Manuel Salinas, Lili Reginatto y Annemarie Jacob.

José Manuel y Lili, Consuelo, Víctor
Los siete emprenden rumbo a La Hermita, mas precisamente al Rio Molina. A la entrada, en vez del habitual cobro de mil pesos, encuentran a un señor que les comunica que ya no se puede entrar al recinto sin traer un papel de autorización que entre otras cosas implica un pago de cuatro mil pesos por persona. Según el, se quiere controlar el acceso, en especial evitar la entrada de pescadores. Finalmente como excepción acepta el ingreso, sin cargo.

río Molina
Los autos entran por el camino de tierra hasta donde esta el letrero de madera Antawaya. Allí ingresan, bajan, cruzan el Estero Covarrubias, suben, pasan por el lado del recinto Antawaya y llegan hasta el final del camino.

Desde allí en grata caminata, entre calor del sol y refrescante sombra de los arboles se cruzan con una culebra, que hace que el grupo se detenga y se entretenga por largo rato. Luego la caminata continua hasta que cruzan el Rio Caroca y llegan a unos lindos potreros que son el punto final de la caminata.

Lili y José Manuel
Annemarie saca su radio y el grupo baila alegremente una danza del Paneuritmia. José Manuel sentado a la sombra de un árbol observa al grupo que alegremente danza.

Luego el grupo se dirige al punto donde el Rio Caroca desemboca en el Rio Molina. Allí comparten alimentos y algunos se bañan en las frías pero exquisitas aguas.

culebra
El reloj es un tirano, hay que volver a almorzar a las casas. Con mucho pesar el grupo deja ese idílico lugar y camina hacia los autos. El día es caluroso pero hay viento y con zonas de sombra... el caminar resulta muy grato.

El grupo se despide ¡¡¡hasta la próxima!!! un muy entretenida salida

domingo, 4 de enero de 2015

Paseo con chapuzón por Antawaya

Éramos cuatro hombres en el punto de encuentro. Ya pensábamos que seriamos solo nosotros y llegó la Anne Marie y equilibró las energías.
Dirk, Victor, José y yo, Gabriel; más la Anne Marie.

en el punto de partida, Dirk, Victor y la Anne Marie
Nos fuimos a la ruta de Antawaya, entrando por la Ermita. Pagamos luca por persona, que intentaron fueran dos lucas.
Dejamos el auto a la entrada; la puerta del desvío a Antawaya estaba con candado.

Anne Marie, Dirk, José y Víctor
El estero traía menos agua que la vez anterior; poca agua. El río que empezamos a bordear, desde cierta altura, traía un buen caudal, En la ruta empecé a soñar con un baño en ese río.

José en la delantera, Víctor y Dirk
Anduvimos rápido. Iba en la delantera con José, conversando de los tejes y manejes de la industria farmacéutica.
Parábamos cada cierto tiempo a esperar a los demás, que venían un poco más lento.
Las vistas al río allá abajo, eran hermosas.

Dirk en lagua
Dirk me mostró como este sendero nos acercaba a la cumbre del Colorado. Excelente opción en esta época del año, especialmente por lo que haríamos después.
Llegamos al punto donde la vez anterior nos habíamos sentado y comido nuestras viandas. Y en vez de sentarnos, nos fuimos a buscar una ruta al río.


Con la ayuda de mis tijeras de podar, cortando por aquí y por allá, las zarzas que bloqueaban o dificultaban el camino, logramos finalmente llegar al río.
Caudal abundante, como para darnos un chapuzón.

La Anne Marie se fue aguas abajo y los cuatro varones, nos fuimos a buscar un buen lugar para bañarnos, aguas arriba. Lo encontramos y procedimos con los preparativos desnudatorios.

dinner room
El primer ingreso al agua fue doloroso incluso, por lo heladas de las aguas. El método fue entrar y salir. Recuperar el calor y volver a entrar. Desde la segunda en adelante, sumíamos completamente el cuerpo en las aguas, cabeza incluida.
Fue un deleite; un refresco impagable.

José Salinas, Víctor Bunster, Anne Marie y Dirk Holz
Buena parte del tiempo figurábamos sentados a la orilla, en piedras o simplemente de pie, observando el agua y conversando, bromeando.

Subimos a las mesa donde comimos un delicioso menú, que incluyó un exquisito melón que llevé yo, que repartí en delgadas lonjas.
Comimos además guindas de Víctor, frutos secos de la Anne Marie, naranjas de Dirk.

Como a las 12:05 emprendimos la vuelta. Si no fuera por la brisa que nos acompañó, habría sido un día abrazador, con sus 33 grados pronosticados.

estos dos pasaron a pata pelada el estero, poco antes del auto
Llegamos al auto y agradecimos los avances tecnológicos. Fue un verdadero deleite snetarnos en los mullidos asientos y a la sombra. Rápidamente José hizo funcionar el aire acondicionado y ya estábamos totalmente de vuelta en la civilización.

José, entero, después del largo paseo
Finalmente llegué como a las 3 de la tarde a mi casa con las 8 empanadas que me habían encargado.
Qué te pasó? me preguntó mi hija al entrar.
Nada le dije y me fui a duchar.

domingo, 28 de diciembre de 2014

Descubriendo la Quebrada seca

Paso a buscar a Fernando Saavedra a las 8 en punto. Llegamos a la Shell como 20 minutos antes, así que pasamos a comernos algo al local de la estación de servicio.
Ahí estábamos sentados y vimos llegar a José, luego la Jeanie y a Dirk.

el Charol, Fernando Saavedra, Dirk
Al ir a su encuentro, la Jeanie nos dijo que ya estaba el destino decidido. Fernando le hizo una propuesta que la Jeanie no pudo rechazar: quería llevarnos a una ruta nueva, en el km 8,5 del camino a Farellones, que llamó "Quebrada seca".

ascenso en fila india; Fernando liderando
Para allá partimos en el auto de José, un Jeep Cherokee rojo. Cuando habíamos llegado, recibo llamado de mi hija Andrea y su pareja Pablo, que venían detrás de nosotros. Los esperamos y con ellos completamos el grupo de 7 que seriamos.

hay un punto desde donde se ve el manchó verde del
Vallecito y justo arriba, el Alto del Naranjo
Para tomar esta ruta hay que pasar por la casa del Charol o Charola, no lo se bien. Fernando tiene una larga relación con él y fuimos presentados formalmente, para poder acceder en el futuro por ahí.
El Charol, que vive ahí con su familia, nieto incluido, nos acogió amablemente. Conversamos con él un rato y luego iniciamos la caminata cerro arriba, por esta estrecha quebrada.

manchón amarillo
En la primera parte, muros de rocas de gran altura nos rodeaban. En algún punto, nos elevamos por una subida empinada y pasamos a algo mas suave, tanto en el ascenso, como en la geografía alrededor nuestro.

jardín multicolor
Fernando iba en la delantera; él nos había traído aquí y por lo tanto íbamos a su ritmo. A sus 83 años, no podía ser muy rápido; para mi estaba bien, pues disfrutaba mirando alrededor.

la Jeanie en la delantera, Dirk detrás
Efectivamente era un ascenso más bien sombreado, cosa que Fernando había augurado, especialmente por la vegetación en que andaríamos. Si hasta por el bosque de Blanca Nieves anduvimos; una bella y breve formación boscosa.

lo primero que atrapó mi atención en la casa del ermitaño
Pablo, es este lechoncito alimentándose de su mamá
El sendero era firme y claro, nos enteramos que la razón era que más arriba vivía un ermitaño, Pablo, rodeado de chanchos, cabras, corderos y gallinas.
Efectivamente a su casa llegamos, pero él no estaba. Ni para mediaagua daba, en un estado bastante deplorable y lleno de animales tirados por todos lados; chanchos más que nada.

corral con caballo, en la casa de Pablo, el ermitaño
En un momento, la Jeanie, Dirk, José y yo, pasamos adelante y arremetimos a un ritmo de verdadero ejercicio para nosotros. Pasamos la casa de Pablo y seguimos un tanto más adelante, donde bajo una sombra hicimos nuestro habitual pic-nic y comimos frutos secos de Jose y Dirk.
Echamos de menos las naranjas de Pancho, por supuesto.

la casa del ermitaño Pablo, con bandera chilena
Al volver, pasamos por la casa de Pablo y ahí estaban todos los faltantes. Pablo, el pololo de la Andrea, mi hija, muy dedicado a la fotografía.

chancho macho, la hembra al lado y el hijo al otro lado
El paseo muy bello, con mucho verde, brisa que sube por la quebrada, que nos refrescó en este día totalmente despejado, con una temperatura presupuestada de 32 grados; aparte de lo boscosa de la ruta. Muy recomendable para esta época del año.

el gallo que nos recibió donde el ermitaño Pablo
De los temas, uno fue la recomendación de una experta en golfing, un tratamiento moderno para dolores extraños de por aquí y por allá. El dato es Paulina Cordova, su fono es el 7-9687186 y su mail es paulina7000@gmail.com, atiende para Rolfing y Pilates en Colon 7000, un local en el primer piso.(Dirk's) ...
partiendo del punto de cumbre, Dirk, Jeanie y José
Y con la Jeanie, buenas conversas más elevadas, de los vedantas, escuela de la que sabe bastante, y de cuyas fuentes me respondió a la inquietud histórica mía, de porqué es malo mentir.
La mentira es una acción del Ego, que busca engañar. Los vedantas solo atienden al desarrollo y mirada interior. De ahí la meditación y tener el órgano de observación del propio interior lo más limpia posible, y tanto la mentira como la duda, nos señaló la Jeanie, pervierten la mirada verdadera y desinteresada, necesaria para el desarrollo interior.

La Jeanie dicta unos talleres de estos temas, que bien vale la pena darse una vuelta.

jueves, 25 de diciembre de 2014

P.V.E. al Pochoco con llovizna

Cuando llegué (Eugenio) estaba solo Pancho, en el camino pensé que por la neblina y llovizna quizá no llegaría nadie y tendría que volver a mi casa a inventar algo que hacer a esa hora, sin embargo estaba el siempre fiel Pancho y al poco rato apareció Víctor (P.V.E.).

Pancho y Eugenio
Un poco dudosos de si llegaría la lluvia, partimos en el auto de Pancho hacia el Manquehuito, sin embargo con solo acercarnos constatamos que estaba mucho mas cerrado y llovía francamente, entonces decidimos volver a los autos un poco decepcionados. Apreciamos que estaba levemente mejor hacia el cajón del Arrayán así que decidimos irnos al Pochoco, esta sería mi primera subida a este cerro resistido por muchos subecerros por lo resbaloso.

Pancho y Víctor
Aprovechamos el largo trayecto en auto para que Víctor nos contara de su reciente paseo a la patagonia donde recorrió lugares tan lindos como deshabitados y se nota que volvió con las pilas muy cargadas. Al escuchar su relato uno se pregunta por que no viajar mas si hay tanto por conocer y maravillarse de la naturaleza, en el caso de Víctor, como nos contó, el viaje fue organizado por un primo, que lo denominó "mistery tour" ya que todo fué sorpresa para los participantes.

vista de la niebla
En el Pochoco la visibilidad era muy poca y la neblina mojadora, así emprendimos la subida,  con la humedad se había apretado un poco el suelo. Pienso que las plantas deben agradecer mucho esa humedad en esta época del año.

pájaro
El primer tramo fue bastante silencioso porque la subida es pesada, mucha gente con perros que dejan sus regalos por todo el camino y que hay que cuidarse de no pisar..., mucho sendero que se divide, es un cerro muy transitado, aún con el tiempo malo habrían fácilmente unos veinte autos en la entrada.
Llegamos hasta un peñón rocoso que, de acuerdo a lo informado por Pancho en como la mitad de la subida, ahí nos paramos. No se veía nada hacia abajo, la visibilidad era de unos 10 metros.

Pancho y Eugenio
En ese punto nos encontramos con un abuelo y sus nietos, el abuelo portaba uno de esos bastones de Ugo Ravera, similar al que usa Gabriel, así que estuvimos conversando de este personaje que se ha transformado en el alma del Pochoco.

Después del breve picnic y conversa, empezamos a bajar, a ratos nos mojaron los chubascos y no faltaron los resbalones. En cerro está realmente muy erosionado.

Al llegar cerca de los autos notamos como la neblina había ido cediendo y la visibilidad aumentado.
Volvimos a los autos temprano para los respectivos almuerzos familiares.

Rico paseo, algo mojado pero muy agradable la conversa y la compañía.

(texto y fotos de Eugenio Lagos)

lunes, 15 de diciembre de 2014

Tres al Huinganal

El día amaneció con una luz muy especial, con algunas nubes altas hacia la costa que hacían pensar que podría nublarse durante nuestra excursión.

Cuando llegué (Eugenio) ya estaba Dirk y al poco rato llegó la Jeanie, seríamos solo tres esta vez.
La Jeanie propuso ir a la ruta de la ermita y llegar hasta el fondo esta vez, sin embargo ninguno de los autos era adecuado para meterlo por ese camino, Dirk propuso el potrerito pero finalmente fuimos al Huinganal (Caballerizas).

Jeannie y Dirk
Nos encaminamos a dejar los autos en el Lider, pero estaba cerrado por huelga, así que seguimos al estacionamiento del Portal de La Dehesa y seguimos en mi auto a nuestro destino.

Había poca gente, dejamos el auto a la sombra y partimos por la huella por la que usualmente bajamos, haciendo el recorrido al revés.

Jeannie y Dirk
La conversación que había partido animada empezó a disminuir por el esfuerzo de la subida. Yo desconocí el sendero, pensaba que habíamos tomado uno diferente, sin embargo Dirk que estaba muy ubicado, me hizo notar algunos tramos que son inconfundibles, y tuve que reconocer que era yo el perdido....

La conversación se reanudó al disminuir la pendiente, Jeanie nos comentó de una charla de Rodrigo Jordán a la que asistió en la semana donde mostró con preciosas fotos los treckings mas lindos del mundo, en África, Europa, América y Asia.

flor
Después la conversa siguió con muchos temas relacionados con la psicología y en especial acerca de tomar conciencia de lo fundamental que resulta el autoconocimiento y como las culturas orientales son las que naturalmente cultivan esas disciplinas que para nosotros, educados e imbuidos en nuestra cultura occidental resultan un trabajo, muy necesario pero no libre de tropiezos e inconstancias.

Mientras subíamos nos topamos con un buen grupo de personas con números en sus poleras que bajaban el cerro corriendo mientras nosotros les dejábamos libre el paso, serían unas 30 o mas personas.

vista hacia Santiago
También conversamos harto de las experiencias de cada uno respecto al conocimiento de uno mismo, la Jeanie nos contó de la búsqueda que había animado su viaje y larga estadía en la India y de como conoció esa cultura y se empapó de una de las vertientes del Yoga (que viene de la misma raíz que la palabra yugo: unión, que en este caso se refiere a la unión de la persona, cuerpo y espíritu) Nos explicó Jeanie que el Yoga tiene en lo grueso tres grandes ramas, la primera que se enfoca en la acción (que es la que mas se conoce en occidente por las posturas y la búsqueda por alcanzar una comunicación con el espíritu a través de ellas), la segunda rama es la devocional y la tercera es la del conocimiento.

Dirk
Mientras hablábamos de todo esto - yo metí poco mi cuchara porque mas bien escuchaba lo que comentaban Dirk y la Jeanie - estaba seguro que habíamos tomado mal el sendero y que daríamos un rodeo desconocido para volver al auto, aunque Dirk insistía en que estábamos bien, en eso estábamos, los tres un poco dubitativos con la orientación y decidimos parar a descansar y repartir los respectivos menús. Dirk llevaba naranjas que reemplazaron a las que siempre lleva Pancho.

Cuando reanudamos la bajada, convencidos de que estábamos en otro sendero apareció delante de nosotros la mesa y la gruta donde tradicionalmente hacemos el pic nic, estaba siendo usada por dos ciclistas que estaban ahi por primera vez y que nos preguntaron medio angustiados cuanto faltaba para llegar abajo.

sendero
En el resto de la bajada, ya seguros de la ruta, el tema siguió por donde mismo.
La Jeanie nos habló de un libro que había leído de un autor de nombre Peter Tompkins (no el que conocemos acá) que desarrolló un método para comprobar que las plantas tienen emociones y reaccionan a tal grado en relación a ellas que son capaces de percibir un mal pensamiento.

Por su parte, Dirk nos compartió de su experiencia con la bio-danza que busca conectarse profundamente con las sensaciones y dejar de lado la cabeza.

flores
Ya  hacia el final tocamos el tema de lo esquematizada y poco auténtica que es en general la conversación, muchas veces incluso entre amigos o personas que tienen un grado de cercanía que ameritaría una comunicación mas desde el alma, se suele dar una conversación mas bien formal en que no se muestran los sentimientos.

Llegamos al auto y bajamos felices de haber tenido una caminata tan agradable, la temperatura impecable y la conversación profunda y aportadora.

(texto de Eugenio Lagos)

martes, 9 de diciembre de 2014

Más paseos sugeridos por Fernando Saavedra

  1. Don Melchor. Camino La Ermita. Puente del Mapocho.  1+km hacia Antawaya a la derecha hay una casa de inquilino y corrales de “don Melcho” situada en una quebrada, paseo lindo, escarpado y desconocido.  Arriba, ntes de que el sendero cruce la quebrada a la sombra de un par de árboles grandes, es necesario cruzar una par de acarreos de tierra (de 30 y 10 mts) muy pendientes y peligrosos. Luego se asciende con rumbo norte por la cara del valle que mira hacia el oriente. El sendero luego gira hacia el surponiente hasta coronar en una alambrada que hay que seguir hacia el sur trepando por su lado más fácil (yo prefiero por el lado oriente). Antes de coronar en un mirador de roca muy evidente. De la alambrada,, parte hacia el poniente un sendero que, a poco andar, lleva a un lindo vallecito casi virgen con grupos de árboles y sombra  donde sentarse a descansar. No hay agua. Con don Melcho quedamos en que en los próximos días alguien aplane el sendero en los acarreos. Una vez confirmado dicho trabajo se podrá hacer el paseo sin peligro.

    Sector Farellones

  2. Blancanieves. Atravesar buena parte del pueblo de Farellones hasta el refugio (3 pisos) de la U.de Chile al lado izquierdo (norte) del camino. Antes del refugio, se baja por un desvío de tierra para dejar el auto junto a unas casitas-refugio. Una gran explanada se extiende ahí hacia el norte hasta la Quebrada de La Parva. Atravesarla en dirección nororiente. El sendero atraviesa un par de bofedales menores y baja hasta cruzar dicha quebrada y subir por el lado derecho con dirección poniente. Al coronar la nariz, en un punto que yo denomino “cruce de senderos”, tuerce hacia el norte bordeando un precipicio encima de un gran farallón donde se explotaba piedra laja. A poco andar aparece la casita de piedra que ocupaba la Blancanieves. Lo sé porque cuando la descubrí tenia 4 camarotes de 2 camas; una, de la Blancanieves y las demás, ya saben para quién. Huella de corralitos y vertiente propia. Siguiendo el sendero por la ladera hacia el nor-nororiente eventualmente se divisa y luego se alcanza el “Refugio Alemán”. Se regresa desandando el camino. Linda vista, muchas flores pequeñas. Harto ganado.

  3. Los Pinos. Algo después de “el Manzanito”, sobre el lado derecho del camino, hay un kiosko de bebidas junto a un bosque de pinos. Donde este comienza se estaciona el vehículo. Se atraviesa el bosque hasta su extremo sur, donde se pasa una alambrada y una quebradilla, para dirigirse al poniente por un sendero paralelo al de la curva 32, si bien como 100 metros más abajo, pero mucho más ameno y bonito. Topando en unos árboles el sendero se carga un poco hacia la loma a izquierda, sigue, y finalmente remata en un bosquecillo a cuya derecha hay una gran roca mirador con linda vista Desde ese punto se puede trepar la ladera hacia la izquierda (sur) para llegar a las torres grandes. También se puede seguir hacia el poniente a través del bosquecillo y, finalmente, llegar a las torres chicas.

  4. Loma del viento. Donde el sendero de la curva 32 llega al pié de las torres grandes, uno se dirige al sur por una gran explanada que termina en una barrera de piedras entre las que hay un portillo que permite seguir bajando hacia el sur. Pasado un nudo de rocas (en el sendero hay unas afloraciones de cuarzo blanco) la huella termina en una pequeña loma y unos arbolitos de sombra También se puede explorar algo hacia el poniente en dirección a un punto sobre el fundo el Toyo. antes de despeñarse sobre el rio Molina +/- a la altura del Paso de Caballos que ustedes conocen.

  5. Villa Paulina Mirador. El camino interior  de Villa Paulina culebrea hasta un patio sombreado con construcciones y un gran galpón. Ahí se deja el vehículo. Por la derecha (sur) se sube por un bosque de pinos hasta el camino que a pocos pasos cruza el estero de La Leonera. Antes del esterito se toma el sendero ascendente (señalizado) hacia el sur hasta cruzar la quebradilla y subir por el otro lado (nororiente) hasta un Mirador artificial, desde donde se puede seguir hacia el suroriente, y luego hacia el oriente por la quebrada de La Leonera (según el tiempo disponible) hasta unas paredes de roca donde me han sorprendido unos confianzudos picaflores (¿estarán todavía?). No hay sendero transitado y a veces la vegetación es un obstáculo, pero es paseo corto, hay tranquilidad, buen aire y belleza.

  6. Villa Paulina Refugio Alemán. Desde donde quedó el vehículo, dirigirse hacia el surponiente por el camino de autos hasta una curva que apunta hacia el oriente. Seguir al surponiente por el camino de vehículos abandonado que sube el cerro zigzagueando, pasa por un bosquecillo y llega a una planada que se puede ascender cruzándola a pié o adivinando la antigua huella caminera que la rodea hasta llegar a su esquina suroriente. Desde ahí se sigue la huella hacia el sur hasta el Refugio Alemán. Unos 300 mts hacia el sur está la colección más colorida que he podido conocer de lavanda andina (azul, beige, rosada y blanca). Antes de la actual alteración climática florecía en noviembre. El paseo es más largo y exigente.

  7. Loma del mirador. Unos 500 mts luego de la curva 15 (Santuario) hay sobre el lado derecho un mirador donde aterrizan los brasileiros. Dejando el auto ahí, se cruza la carretera y se sube hacia el oriente por la cresta de esa loma. La huella está muy lastimada por los biketrekers, pero sólo al comienzo. Hay que trepar hasta unos bosquecitos de grata sombre y seguir hacia arriba largamente hasta el “cruce de senderos”, para luego tomar hacia el norte hacia La Blancanieves. Paseo de unas 2 horas de trepada y una de bajada. Despejado. Linda vista.

lunes, 8 de diciembre de 2014

Al Pochoco en familia

Llegué al punto de encuentro, con mi hija Emilia y su pololo, el Negro (Roberto Náquira) ... y no llegó nadie más. Sorpresa.

Emilia y Negro
Propuse el Pochoco, cerro vedado para nuestro grupo, así que para allá partimos. El Negro no lo conocía y siendo un clásico, quiso conocerlo.

Emilia
No mucha gente, ni autos, la verdad. Me quedó claro que en fin de semana largo en esta época del año, la probabilidad de arrancarse fuera de Santiago es total.

Sentí pesada la primera parte, por lo escarpada, lo roto de la ruta y quizás mi estado físico con sobrepeso y un grupo que no ha estado haciendo subidas muy exigente el último tiempo.

Negro y yo
Arriba me encontré con un viejo japones, que vengo viendo de años, en el Pochoco. Algo conversamos, me dijo su nombre, que por supuesto no recuerdo y su edad, 77 años. Llegaría ese día solo hasta ahí, que es donde está el letrero de don Ugo Ravera.

Seguimos subiendo hasta un descanso más largo, en el Mirador. Ahí disfrutamos de la vista y tomamos un poco de agua.

Emilia y Negro
Seguimos subiendo y al llegar hasta el plano, justo frente a la cumbre, decidí llegar a una pequeña cumbre, pasado el escalón de rocas y dedicarme a la contemplación, descanso y meditación. Invité a la Emilia que llevara al Negro a la cumbre y me pasaran a buscar a la vuelta. Y eso hicieron.

en el Mirador
Me instalé. medité un rato y después me interné a la sombra de un arbusto donde prácticamente me tendí y dediqué a escuchar insectos y pájaros; a estar ahí.

Negro alias Roberto Náquira
Esperé hasta que volvieron Emilia y Negro de la cumbre y bajamos lentamente, en buena parte debido a que Negro subió con zapatillas planas por debajo y los resbalones eran uno tras otro.
Hubo partes en que simplemente bajó sentado, en cuatro patas.

es lo que hay nomás
Ya en el auto, nos fuimos adonde la Rosalia y nos comimos sendas empanadas. Exquisitas, a $ 1.500 cada una.
Ahí conocí a una encantadora bisnieta de la Rosalía, de unos 10 años, que jugaba en la caja con los billetes.

Roberto
Una grata subida de cerro, en familia, con total ausencia de otros subecerros.