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domingo, 24 de junio de 2012

La contienda es desigual al Pochocón

Día despejado, de invierno. Alguien nombra a estos días, "veranito de San Juan". El día está exquisito.

La Paula me pasa a buscar, pues tengo mi auto en el garaje, por el choque de la Emilia, mi hija. Si, ha pasado más de un mes y recién la semana pasada empezaron los trabajos. Las Cías de Seguros, son otro poder enorme que bastante abusa. Abrazo la resignación apreciando el operar con los servicios públicos de transporte, que pienso debieran ser el futuro, por todos los temas de contaminación y crisis energética.

un alto en el camino
En el punto de encuentro brota las frase, "la contienda es desigual", al vernos tres hombres parados frente a siete mujeres. La frase denota la subliminal cultura de la guerra de los sexos. Asunto que debiéramos superar. (el de la frase en todo caso fui yo)

La Paula pregunta por el cerro de destino. Yo propongo el Pochocón y el Pochocón fue.

Voy en el auto de Andrea Schiappacasse, amiga de la Marisol, junto a Martín Wielandt y la Isabel.
En el otro auto va Eugenio Lagos manejando, junto a la Chepa y su hermana, la Alicia y la Paula.

en los cerros exhibimos nuestras mejores expresiones; si o no?
El grupo avanza raudo, rápido, por el camino, hasta el plano previo el último empeñón a la cumbre, que no hicimos.

Íbamos en grupos de dos o tres en animada conversación; muy animada. Las dos horas hasta la meta se nos pasaron volando.

Mis temas rondaron por los avances de Martín en su campo y un posible paseo con subida de cerro a esas latitudes.

descanso en la cumbre, con vista a un Santiago bastante limpio
Con la Marisol, psicóloga, y la Andrea, los temas anduvieron nuevamente por el lado de la pareja, una institución en crisis acordamos, que requiere urgente la inventiva necesaria para crear un nuevo "contrato social de la pareja". Ya este me parece un tema recurrente.

Son tantos los cambios de la generación de nuestros padres a la generación de nuestros hijos, que uno de nosotros nos catalogó a nosotros como la generación "sándwich".
La reglamentaciones que gobernaban las relaciones de nuestros padres, en el caso de nuestros hijos, ya no existen, pues todas las autoridades se fueron al tacho.
Mujeres que ya no son lo que eran, ahora autónomas, sexualmente exigentes y además con bastante desarrollo personal en el cuerpo; frente a hombres que en estas materias se ha dejado estar, hacen un caldo de cultivo de relaciones poco duraderas.

todos comiendo
Mucha pareja casada que no seduce como modelo a nadie, en definitiva la necesidad de un nuevo orden, donde el desarrollo de la persona sea un ingrediente muy importante y desde ahí una comunicación franca y adulta.

En el descenso, el grupo se dividió en dos. Martín, la Paula, la Isabel y yo, Gabriel, nos fuimos por la ruta dura y el resto se volvió por la misma ruta por donde subimos.

Los temas de conversación del descenso, no se pueden repetir aquí (una pista), pero lo que está claro, hicimos muchas detenciones para aclarar puntos, avanzar en el tema, lo que fuera, que en definitiva el otro grupo, de la ruta larga, llegó mucho antes a los autos, y Eugenio tuvo que esperarnos para transportarnos a los autos que nos esperaban en el punto de encuentro.

Un día glorioso, de un animado grupo, que celebró las vistas de la cumbre y los alimentos compartidos.

Marisol

domingo, 10 de junio de 2012

Una incursión al Alto del Naranjo

el grupo en El Alto
Fiesta, eso es lo que tengo la noche anterior. Con orquesta en vivo, de las buenas, intensa. La cumpleañera cumple 50 años, así que la música es la mía, que tengo 60. Bailamos, nos transportamos, nos dejamos llevar por las sensaciones; disfrutamos. Esto hasta las 1:30 de la mañana.

Al día siguiente despierto a las 8:33. Suena el teléfono. Es Andrés Reutter que reclama mi presencia, ahí donde ya hay 8 personas de "mi grupo", dice. Esa conversación me activa. Está Andrés, que no va nunca, así que acelero y más tarde lo llamaré para saber adonde arrancaron.

Reutter, LL, Eugenio, Isabel y Consuelo
Estamos en la base del Alto del Naranjo, pagando los $1.500 por persona. Lucho te dejará anotado y pagado (gracias Lucho). Para allá voy echo una zumba por Kennedy.

Llego, aviso que llegué en la guardia y arranco cerro arriba, más rápido quizás de lo recomendable, después de un último mes con fiebres extrañas, que me han botado a la cama unas tres veces por un día.

todos en el Alto
Cuando llego a la primera canaleta, los veo. Chiflo dos veces. No escucho nada de vuelta. Pero se quedan en ese mirador que está en la parte alta de esa vista y es ahí donde los alcanzo, cuando retoman la caminata.

Están Andrés, Lucho, la Isabel, la Consuelo, la Francisca, Javier, la Marisol y Eugenio Lagos. Saludo y me estaciono el último de la fila de ascenso.

Lucho va contando de sus clases en la universidad, de un tipo de empresas llamadas SPA, que son una mezcla de cosas, que para explicar a sus alumnos las compara con el ornitorrinco. Un animal que no es ave pero pone huevos, da pecho, no se, una serie de rarezas.

La Marisol me pondrá consciente de cuanto voy ahí, subiendo el cerro, y cuanto voy en la chicharra. Esto con la pregunta que recomienda hacerse con frecuencia "¿qué te saca del aquí y ahora?".
Me gusta este ejercicio, de traer la consciencia al momento presente. Se lo saludable que es.

Hacemos un alto en la canaleta, donde nos sentamos y conversamos. Javier va a la canaleta a llenar una botella con agua.
Andrés me ofrece de su termo un té chai que disfruto y que siento me energiza.
Partimos. Sigo atrás.

cuando los logro alcanzar
Nos cruzamos con un tipo bastante especial. Se llama Patricio Mella. Lleva un gorro con un cacho amarrado en la parte delantera. Aparte, unos collares de piedras, seguro hechos por él. Y en la mano llevaba dos piedras del tamaño justo para tomarlas con las manos bien abiertas. Son para decorar, incluso astronaves.

Muy especial el tipo, compartiremos con Lucho.Pero llano al diálogo y buena onda.

Pato Mella con sus piedras
A un tercio de la ruta entre el Alto y la canaleta, decido llegar hasta ahí. Me despido de Lucho y la Consuelo que iban atrás conmigo y me instalo a descansar y comerme una galletas que me dejó Lucho. No había tomado desayuno en el apuro.

qué estarán mirando?
Después inicio mi camino de retorno.
Pasada la canaleta, me encuentro nuevamente con Pato Mella. Me instalo a conversar y esta vez le saco un par de fotos.Había trabajado en LanChile y en Cristalerías Chile. Casado con tres hijos. Ama a su mujer. Me cayó bien.

Isabel, Lucho y Consuelo
Decidimos seguir juntos el descenso. Pero va lento y se detiene a recoger cosas. Le pregunto porque lleva ese raquet de tenis en la espalda. Me dice que es para practicar haciendo swings, para ejercitar la muñeca.

Me despido pues iré más rápido. Un afectuoso saludo de despedida.

en la ruta
Llego abajo como a la una. Registro mi retorno y sigo mi viaje a casa, después de comentar con el guarda parques, acerca de una increíble moto que estaba ahí estacionada.

Feliz de haber ido al cerro, cosa que al despertar y ver el reloj, había decidido no hacerlo.

llegando de vuelta, Lucho y la Consuelo
Más fotos.

martes, 5 de junio de 2012

El liderazgo ejercido desde la distancia...

No hay duda, Pancho Balart y Gabriel Bunster son líderes natos: prueba de ello, la alta convocatoria, pese a sus ausencias. Amigos, su siembra ha sido fecunda.

Once fuimos esta vez los que subimos a un cerro, cuya reiteración hace innecesario nombrarlo: baste decir que don Lucho nos pidió con esa forma ladina y oblicua de nuestro hombre de campo, que le enviáramos la foto que con él nos tomamos; en efecto, deslizó una simpática frase:

"(...) pero si las fotos nunca llegan ...."

la de la izquierda es la Rosmarie Hucke, la de las fotos
Estimamos que se justificaba esta subida fácil porque la última  fue muy dura. De hecho al despedirnos, surgió entre las mujeres (Jeannie, Paula, Isabel, entre otras) la idea de que se programara la subida de un domingo para el siguiente. La moción quedó en tabla para tratarse el próximo domingo, en presencia de PA
ancho y Gabriel.

el festejado del día, Lucho Latorre
Un grupo magnífico, liderado esta vez por Francisco (Valdivieso) e integrado además por la Princesa (Isabel Eguiguren); Alicia Hameau; Marisol Rosas; Paula Christensen; Francisca Alcalde; Jeannie Rowe; la nueva y magnífica debutante, Rose Marie Hucke, encantadora y dulce como su apellido; J(X)avier Cox, experto en cerros pero tuvo la gentileza de adaptarse a nuestro más modesto ascenso y más aún, "fletar" su magnífico Jeep, cargándolo sin reservas;  muy entretenido y amistoso Javier, se agradece; Eugenio Lagos y  finalmente "EQE", el que escribe, un servidor, Lucho Latorre.

Grupo completo
El ascenso comenzó poco antes de las 9 y llegamos a la parte más alta del cerro innombrable alrededor de las 10:30: lo hicimos sin descanso, pasando raudos por la canaleta.

Lo más notable era observar cómo unas nubes evidentes, explícitas y con olor a tales, como acertadamente nos hizo notar Jeannie, se nos iban cruzando alternativamente por el camino: diríamos que imprudentemente nos interrumpían, jactándose de su inmaterialidad cargada de agua: un espectáculo verdaderamente maravilloso ... pronto las dejamos abajo.

Paula
Al llegar a la cima, me permití noticiar a mis amigos que el 1º de setiembre iniciaba una nueva vida laboral, luego de más de 42 años de trabajo casi siempre empleado, y más de 33 con mi Gran actual empleador, para dedicarme a actividades independientes. Reaccionaron con un cariño verdaderamente emocionante y me permitieron celebrar con ellos este golpe de timón en el mar de la vida, al mismo tiempo que quisieron escuchar mis proyectos. ¡Muchas gracias!.

Rose Marie nos ilustraba acerca del mundo de la pesca y sus productos, en especial, el aceite de pescado y sus múltiples usos, narración muy interesante que complementaba Eugenio, que sabe de todo ...

Rosmarie Hucke, Isabel
La Princesa, hacía vívidos recuerdos de aquel último ascenso tan singular, especialmente "el descenso". Nos reímos de buenas ganas.

Una mañana redonda, con la compañía de nuestro ya conocido Cachupín, aquel perrito negro, bajito y largo, que nos señaló el camino de bajada, ciertamente que sin pedigree pero que sin complejo lucía un collar rojo que le daba la dignidad de la pertenencia o de la membresía: como las insignias que llevábamos en los ojales en los años 50 y 60.

Cachupín
Nuevamente concluyo estos paseos con una inmensa sensación de gratitud por esta amistad, a la que se han sumado otros amigos; un bálsamo para enfrentar una nueva semana, un sano e intenso ejercicio pero matizado con la conversación y las experiencias de los demás, entregada sin recelos, con confianza...

(Este texto es creación de Lucho Latorre)

lunes, 28 de mayo de 2012

Domingo con lluvia, no hubo cerro


Parto al punto de encuentro a pesar de la lluvia. Voy con mi cortavientos nuevo, para ver si es efectivo que es impermeable. Llueve suavemente mientras recorro Vespucio y luego Kennedy.

Llegó al punto de encuentro y me estaciono al frente, donde están los locales comerciales. De punta. para ver desde dentro del auto si alguien aparece. Solo hay un tipo que parado bajo la lluvia hace dedo. Somos solo él y yo.

Adentro del auto pienso en que haré si nadie llega. Podría ir al Pochoco, es una opción que barajo.

Prendo mi celular y me voy al botón de TED.com y me pongo a ver este video:


No puedo creer lo que veo. Me río de buena gana. Lo empiezo a ver por segunda vez. 

Me detengo. Ya son 20 minutos pasada la hora y toca resolver que haré. La sorpresa, la risa, quizás el hecho de haber estado enfermo en cama el martes, me hacen desistir de subir y decido volver a casa.

En mi casa, en el computador recorro imágenes de Tumblr y Pinterest , donde aparto esta foto que me conecta con los cerros.



miércoles, 23 de mayo de 2012

Al Pochocón, mañana otoñal

Llegamos cinco al punto de reunión en una linda pero fría mañana de otoño, la convocatoria se redujo seguro por fin de semana largo. Nos reunimos Pancho B., Luis, Isabel, Francisco V., y Eugenio. Había indecisión acerca de que cerro abordar, el grupo se dejó guiar por la experiencia de Pancho quien propuso subir al Pochocón a través de un camino nuevo para varios de los participantes.

La conversación partió en el punto de encuentro a raíz de una carta publicada ese mismo día en El Mercurio firmada por Francisco Balart, que resultó ser un homónimo del original que estaba con nosotros ese día y que no conocía la carta aludida.

Llegamos al pie del cerro y empezamos a subir por un antiguo camino en desuso que abandonamos en una curva para internarnos directamente al cerro por senderos que nuestro experimentado guía supo distinguir, lo que nos llevó a trepar por laderas bastante empinadas con algunos pasos con rocas y matorrales que hacían pensar a algunos en lo difícil que sería la bajada por esas mismas laderas. La subida fue ardua y el esfuerzo físico hacía difícil la conversación, pero se compensaba con detenciones que nos permitían admirar la altura a la que nos encontrábamos y la vista extraordinaria hacia el cajón del río, los cerros mas lejanos y la ciudad hacia el poniente, envuelta en su permanente capa de bruma-smog. A medida que fuimos subiendo podíamos ver el tranque del cerro del frente al que se llega por Las Varas, la canaleta, la planicie, el cerro Guayacán que subimos la semana pasada y varios otros hitos a los que nos hemos ido acostumbrando en subidas anteriores y que ya nos son familiares.

Seguimos subiendo y ya empezaban a llegarnos algunos rayos de sol los que sumados al esfuerzo hacían que necesitáramos desabrigarnos y tomar agua de nuestras botellas.

Pancho
Finalmente llegamos a una cima intermedia en la que observamos a un par de motoristas que ubicábamos por el ruido y la estela de polvo que dejaban detrás de ellos, habían llegado muy arriba, casi a la cima, luego no volvimos a escucharlos.

Nos detuvimos un rato a disfrutar la vista, compartimos naranjas, galletas, frutas secas y a conversar de temas varios.

A esa altura se apreciaban nítidamente las construcciones ubicadas al oriente del puente de La Dehesa, las casas de Valle Escondido, mas cerca las de el cajón de El Arrayán y por supuesto los cerros que nos rodeaban, en especial los de exposición norte que estaban siendo alumbrados por el sol en forma directa. Notamos la cantidad de senderos, caminos, construcciones, torres de electricidad y toda clase de muestras de la intervención del hombre en estos cerros cercanos a la ciudad, como habrán sido estos parajes hace algunos años, cuando la ciudad estaba mas lejana y los medios de transporte mas lentos y menos masivos, sin duda estarían mas arbolados, probablemente mas húmedos y con mas vegetación.

Una incansable sinfonía de ladridos de perros que se oían quizá amplificados por el cajón del río nos acompañó en forma casi permanente lo que nos hizo compadecernos de los pobres vecinos de esos ruidosos animales.

Empezamos a bajar fácilmente y con entretenidas conversaciones. Sin darnos mucha cuenta bajamos sin avanzar suficientemente hacia el oriente, de manera que nuestro guía nos hizo ver que tendríamos que corregir el rumbo, cosa que hicimos no sin algunos tropiezos dado lo escarpado del cerro y los acarreos de piedras con que nos encontramos, en uno de ellos Pancho lamentablemente se torció un tobillo que empezó a molestarle, esperamos que no tenga consecuencias. Ante esto Francisco fascinado con descender mas rápido se adelantó a buscar el auto para acercarlo mas al punto por donde estábamos bajando, donde llegamos algunos algo magullados por los arbustos y bien entierrados por las muchas veces que tuvimos que deslizarnos sentados ladera abajo.

Finalmente todos contentos con un paseo diferente, aventurero, con mucha tierra y bastante adrenalina. Pancho con su tobillo bien adolorido recibió variados consejos para superar la situación.

(Texto de Eugenio Lagos)

lunes, 14 de mayo de 2012

Arañando cuesta arriba, en el día de la Madre!

Un grupo bien numeroso con caras nuevas partimos este domingo una vez más a La Varas. Esta vez nuestro guía Gabriel quizo hacer variaciones en el camino y sin darnos ni cuenta, a poco andar figurábamos todos sin excepción arañando el cerro cuesta arriba entre espinos y cactus. Pinchuda mañana de domingo, buena para quitar dolores de cabeza y hachazos después de regados carretes con que llegamos algunos.


Sin muchas posibilidades de hacer comentarios sobre estas subidas off road, y tratando de mantener una buena conversación, el grupo llegó jadeando a una media altura donde pudimos apoyar los pies sobre una superficie derecha, es decir plana y amplia, cosa que después de tanto trepar por el risco, fue un descanso natural. ¿Nos quedamos, seguimos??


Había sido tan intensa y agotadora la subida, que ya no queríamos más. Pero al ver que eran las 10 de la mañana recién, decidimos hacer un breve arito y seguir al menos hasta la canaleta. Tuvimos desde el principio a nuestro fiel acompañante, el negro Cachupín, que llegó junto con nosotros hasta el final. Todos llegamos directo a sentarnos en el borde de la canaleta, cada uno fue buscando su rinconcito y comenzaron a aparecer exquisitos ingredientes para una excelente pausa en el camino. Naranjas, chocolate, frutos secos, galletas de champagne, cereales, etc. 


Una bellísima mañana de domingo, día de la Madre, entretes conversas y la siempre agradecida alegría de compartir con un grupo variado e interesante tan sana actividad. Me pregunto si no habrá cerros cercanos que no tengan tanto espino ni tanto cactus, a ver si en el futuro nos aventuramos un poquito más lejos y a nuevos destinos. ¡Parece que echo de menos el verde!!

Otro tema digno de mencionar fue la masiva asistencia del grupo a la comida mexicana organizada la semana pasada por la Andrea en la casa de los Balart.
Fue una velada inolvidable,  conversaciones sin parar, donde se van gestando amistades y nuevos contactos. Gozamos esa noche además de regias fotos de la última estadía de la Jeanni en la India, con anécdotas personales que siempre hacen la vida mucho más interesante.

Es mi segunda subida al cerro después de volver de la Patagonia y no pienso dejar de venir. 

domingo, 6 de mayo de 2012

Once al Guayacán en día cerrado de neblina

El día amanece con neblina cerrada. Ninguna duda en partir. Las dudas son si encontraré a alguien en el punto de encuentro.

Me encuentro con un llamado perdido de la Paula a la que procedo a llamar de inmediato. Claramente la he despertado. Dos palabras y acordamos que en 10 minutos la recojo en la esquina de Vespucio con presidente Riesco.

Llegamos más de 10 minutos atrasados y oh sorpresa, nueve personas nos esperan ya en el punto de encuentro. Seremos once.

De izq a der: Lucho, Alfonso, Manena, Chepa, Jeannie, Francisco
Gabriel, Eugenio, Isabel y Pancho
(fotógrafa: Paula Christensen)
Guayacan gana democráticamente. Nos movemos a dejar algunos autos por ahí y reducir el movimiento vehicular al punto de partida.

Es un grupo rico en individualidades que conversan y conversan. Hay muchos temas al parecer. Será de ida y de vuelta un grupo que conversa, en pares, tríos o grupos mayores.

Pancho y la Isabel puntuando
atrás Alfonso, Eugenio y Lucho (se aprecia la niebla del fondo)
Hay un tema que se me queda y es el de personas de nuestra edad, mayoritariamente pasados los 50, que se quedan sin pega y concluyen que hace falta un esfuerzo no menor de re-inventarse laboralmente. Un tema que es causa de angustias en algunas casos y una buena razón para que ese proceso sea apoyado por amigos en grupos como este o incluso de otro tipo, más enfocado a ello.

Miro la foto que acabo de poner, la primera y no puedo dejar de reírme al saber que Pancho y yo hacemos claros esfuerzos por entrar la guata para la foto.

con la nube abajo nuestro
Otro tema será la Paula Christensen, que inaugura su temporada Santiaguina con esta subida de cerros, con este grupo que tanto aprecia, contando sus peripecias con los líos de Aysen, que afectaron gravemente el fluir de su negocio turístico de Mallín Colorado.
Bueno, igual se le ve positiva y con ánimos de seguir y seguir su propia vida.

Francisco, Eugenio, Manena, Lucho y ..
Las historias de Lucho Latorre, dan para cuento o blog aparte. Veremos si a este escritor y ocurrente nato, aparte de tener buena pluma, lo podemos sacar del closet. Nadie piense mal de este rambo venido a menos, pero rambo al fin.

Nuestro tema de re-diseñar la pareja, tema iniciado en subidas anteriores, no dio para re tomarlo, a pesar de haberse insinuado, yo creo, por lo difícil de la materia. Y sin solución quizás.

Manena y Lucho Latorre
Claro, efectivamente, tuvimos a media subida, el apetecido aparecer del cielo azul tan anhelado en esta fría mañana. Santiago figuraba cubierto bajo un manto blanco matinal de espesa neblina, que veíamos de ahí en adelante, allá abajo.
La vista hacia el Plomo se veía especialmente bella esta mañana, lo que me hizo, a mi y a otros pocos, situarnos en nuestro asiento de cumbre, mirando hacia el interior de la cordillera y no hacia Santiago, como se pusieron la mayoría.

foto de cumbre
El grupo luego de ponerse de pie para partir, se percató que no quería bajar aun y ahí nos quedamos de pie, mirándonos las caras un buen rato, conversando y bromeando, y lo que salió fue el acuerdo de un encuentro grupal para ver fotos de viajes y paisajes sureños. La organización quedó semi asignada, con casa asignada, mailing asignado y la Manena distribuirá el que lleva cada quien.

Finalmente emprendimos el regreso, en lento y distanciados, grupos, pares, de animada conversación.

Alfonso
Este grupo es un deleite, en todo sentido. Un saludo especial a la Chepa, nuestra increíble nueva amiga que aparte de haberse tirado en paracaídas, volado en parapente, es piloto de avión vigente, que opera en su tierra Chillán.

Ojo, que en esta ocasión tuvimos fotógrafa profesional, que fue Paula Christensen.

foto artística (equipo de Gabriel)