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| el grupo en El Alto |
Fiesta, eso es lo que tengo la noche anterior. Con orquesta en vivo, de las buenas, intensa. La cumpleañera cumple 50 años, así que la música es la mía, que tengo 60. Bailamos, nos transportamos, nos dejamos llevar por las sensaciones; disfrutamos. Esto hasta las 1:30 de la mañana.
Al día siguiente despierto a las 8:33. Suena el teléfono. Es Andrés Reutter que reclama mi presencia, ahí donde ya hay 8 personas de "mi grupo", dice. Esa conversación me activa. Está Andrés, que no va nunca, así que acelero y más tarde lo llamaré para saber adonde arrancaron.
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| Reutter, LL, Eugenio, Isabel y Consuelo |
Estamos en la base del Alto del Naranjo, pagando los $1.500 por persona. Lucho te dejará anotado y pagado (gracias Lucho). Para allá voy echo una zumba por Kennedy.
Llego, aviso que llegué en la guardia y arranco cerro arriba, más rápido quizás de lo recomendable, después de un último mes con fiebres extrañas, que me han botado a la cama unas tres veces por un día.
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| todos en el Alto |
Cuando llego a la primera canaleta, los veo. Chiflo dos veces. No escucho nada de vuelta. Pero se quedan en ese mirador que está en la parte alta de esa vista y es ahí donde los alcanzo, cuando retoman la caminata.
Están Andrés, Lucho, la Isabel, la Consuelo, la Francisca, Javier, la Marisol y Eugenio Lagos. Saludo y me estaciono el último de la fila de ascenso.
Lucho va contando de sus clases en la universidad, de un tipo de empresas llamadas
SPA, que son una mezcla de cosas, que para explicar a sus alumnos las compara con el
ornitorrinco. Un animal que no es ave pero pone huevos, da pecho, no se, una serie de rarezas.
La Marisol me pondrá consciente de cuanto voy ahí, subiendo el cerro, y cuanto voy en la chicharra. Esto con la pregunta que recomienda hacerse con frecuencia "¿qué te saca del aquí y ahora?".
Me gusta este ejercicio, de traer la consciencia al momento presente. Se lo saludable que es.
Hacemos un alto en la canaleta, donde nos sentamos y conversamos. Javier va a la canaleta a llenar una botella con agua.
Andrés me ofrece de su termo un té chai que disfruto y que siento me energiza.
Partimos. Sigo atrás.
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| cuando los logro alcanzar |
Nos cruzamos con un tipo bastante especial. Se llama Patricio Mella. Lleva un gorro con un cacho amarrado en la parte delantera. Aparte, unos collares de piedras, seguro hechos por él. Y en la mano llevaba dos piedras del tamaño justo para tomarlas con las manos bien abiertas. Son para decorar, incluso astronaves.
Muy especial el tipo, compartiremos con Lucho.Pero llano al diálogo y buena onda.
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| Pato Mella con sus piedras |
A un tercio de la ruta entre el Alto y la canaleta, decido llegar hasta ahí. Me despido de Lucho y la Consuelo que iban atrás conmigo y me instalo a descansar y comerme una galletas que me dejó Lucho. No había tomado desayuno en el apuro.
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| qué estarán mirando? |
Después inicio mi camino de retorno.
Pasada la canaleta, me encuentro nuevamente con Pato Mella. Me instalo a conversar y esta vez le saco un par de fotos.Había trabajado en LanChile y en Cristalerías Chile. Casado con tres hijos. Ama a su mujer. Me cayó bien.
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| Isabel, Lucho y Consuelo |
Decidimos seguir juntos el descenso. Pero va lento y se detiene a recoger cosas. Le pregunto porque lleva ese raquet de tenis en la espalda. Me dice que es para practicar haciendo swings, para ejercitar la muñeca.
Me despido pues iré más rápido. Un afectuoso saludo de despedida.
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| en la ruta |
Llego abajo como a la una. Registro mi retorno y sigo mi viaje a casa, después de comentar con el guarda parques, acerca de una increíble moto que estaba ahí estacionada.
Feliz de haber ido al cerro, cosa que al despertar y ver el reloj, había decidido no hacerlo.
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| llegando de vuelta, Lucho y la Consuelo |
Más fotos.