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domingo, 2 de septiembre de 2012

Caballerizas, primavera y mermeladas

Tuvimos que adelantar los relojes una hora anoche, así que no me extrañaría que alguno llegará al punto de encuentro en horario antiguo.
Llegamos a la bomba de bencina que empieza a abrirse, al menos a la vista, los siguientes: Pancho Balart, la Jeannie, la Consuelo, Dirk Holz (nuevo; amigo mio) y yo, Gabriel.

la Consuelo en la arremetida inicial
Dirk está convaleciente de una lesión a la columna, así que optamos por algo suave que inicialmente sería Las Varas y finalmente fue las caballerizas a las que fuimos la otra vez, por el lado de La Dehesa.
Dejamos todos los autos ahí y los cinco nos arrimamos en el auto de Pancho.

la Jeannie
Los cerros están de un verde intenso, producto de recientes lluvias. El día despejado, primaveral, templado. Igual partimos todos con nuestros polerones o abrigos, pues a esta hora temprana (eran las 7:30 antiguas) estaba frío. Al poco andar esos polerones figuraban en nuestras mochilas.

Intentamos hacer el mismo camino o ruta de la vez pasada, pero al revés. Partimos subiendo por el sendero de las bicicletas, hasta su cumbre, o por lo menos lo que nos parecía era su tope máximo. Nos topamos con algunas bicicletas que iban de ascenso y quizás una o dos de bajada.

Dirk, Consuelo, Jeannie y Pancho
Cuando alcanzamos el estero, que sería por donde buscaríamos la ruta de regreso, vimos un sendero bien marcado, que seguimos por un rato. Hasta que nos dimos cuenta que no era de retorno sino de continuación hasta la cumbre que se divisaba.
Fue ahí cuando nos detuvimos, nos sentamos y nos comimos las naranjas de Pancho. Era nuestro summit del día.

Desde ese lugar lo que más, al menos a mi, me daba ganas de hacer, era guardar silencio y contemplar el bello paisaje de ese día. Aparte del abundante ruido de pájaros de este cajón fecundo. Un bello paisaje.

Dirk
Iniciamos el retorno, cruzamos el estero y llegamos a una zona de zarzamora, donde el sendero se transformaba en un bajo túnel de espinas. Yo arremetí y avance bastante, de forma que cuando levanté cabeza el resto prefirió buscar otro camino.
Yo seguí adelante por intrincados vericuetos, hasta que di con la ruta que de sendero poco transitado, se tranformaba en uno más transitado, hasta una calle hecha y derecha por donde hasta autos pasaron por mi lado.

Dirk descansando a la sombra
Llegué una media hora antes que el resto al lugar de la caballerizas. Ahí me enfrasque en animada conversación con un hombre de los caballos y terminé en el Club House comiéndome una empanada, hasta que recibí el llamado de Pancho cuando ya habían llegado.

Dirk, Consuelo, Jeannie y Pancho
El tema para conservar fueron los secretos de como fabricar mermeladas que a viva voz compartían la Jeannie con la Consuelo, ambas amantes de este tipo de producciones y la Jeannie aseguraba que este año volvería a hacerlas.
Tres cuartos de kilos de azúcar por cada kilo de frutas. Jamás echarle agua. Hervir hasta que el jugo puesto en un platito, prácticamente no escurra; pensaban en el escurrimiento de la mermelada cuando se le echa al pan. Que unas de las buenas mermeladas es la de guindas ácidas, pero la operación de sacarle los cuescos es una lata. Recomendable la de frutillas con arándanos, la de moras. Y, ningún preservante, salvo hervirlas un poco más después de estar a punto el jugo y luego darlas vueltas y dejarlas patas para arriba y así guardarlas ...

se anuncia la primavera

domingo, 19 de agosto de 2012

Un frío Alto del Naranjo hasta la canaleta

El día amaneció nublado; después de que ayer estuvo maravilloso, soleado, aire limpio, después de unas deseadas y buenas lluvias.
Pasé a echar bencina camino al punto de encuentro y el bombero me dijo "con que rapidez se ha echado a perder el clima! no se ha fijado".

Eugenio, Paula, Pancho, Isabel, Marisol y Paty
Tomás Izquierdo, mi cuñado, me llama para hacer lobby de manera de influir a que fuéramos al Alto del Naranjo. Va con toda su familia, que incluye mujer y tres niños. Acepto.

Francisca Valenzuela
Sometemos a votación el destino en el punto de encuentro y nuestra acción fue apabullante: Alto del Naranjo. Incluso Tomás ofreció auspiciar a dos, aparte de pagar a toda su familia.

Samuel y Tomás Izquierdo ayudando a su hija Sara
Eramos doce, con el grupo de Tomás que eran 5. Sus hijos Samuel, Lucas y Sara, no tuvieron ningún problema para encaramarse por los cerros, destacando de entre ellos Samuel, que se molestó porque en la canaleta decidimos volver, por el frío y el inminente mal tiempo que se venía, que al final de cuentas no fue.

Isabel, Paty, Lucar y la Paula
De repente el tiempo empeoró, con ventiscas, nubes bajas que corrían por las laderas de los cerros por los que íbamos, cerrando incluso, de a ratos toda la visual. Esto nos hizo desistir de seguir a la altura del canal.

Pancho Balart, Eugenio Lagos, la Isabel, la Paula, la Marisol y su amiga la Paty Bustos, más el grupo de Tomás conformamos el equipo.

adelante va Tomás con sus hijos Clara y Lucas
La ruta del Alto del Naranjo, incluso en un día como este, destaca por el alto tráfico de gente. A mi este aspecto no me desagrada, pero las conversaciones, las buenas conversaciones, no se dan o no se dieron con tanta facilidad.

Pancho
Igual disfrutamos del ejercicio y del panorama, pues algo de invierno nos hacía falta.

En la canaleta, las infaltables naranjas de Pancho, los frutos secos de Eugenio, las galletas de los niños, una mandarina de la Paty, hicieron mi particular festín.

Isabel, Pancho y Eugenio, en medio de la niebla
La Marisol nos dejará como por un mes, pues se va a las Europas, pasando por Suecia, donde alojará en el departamento de una amiga sueca, y desde ahí espera llegar hasta San Petersburgo. Los mejores deseos para esta aventura envidiable.

Paty y Marisol, fotografiando la flor del chagual o puya
close up a la flor de la "Puya Berteroneana"

domingo, 5 de agosto de 2012

Descubrimiento de la caballerizas del Huinganal

Nos fuimos juntando en el punto de encuentro mientras los autos cargados de esquíes pasaban raudos hacia Farellones. Algo nos impulsaba a partir en el sentido contrario. Pancho propuso un destino nuevo, incierto, dateado por Francisco Toyos.

Yo estaba medio reacio y le dije: véndeselo al grupo. Se puso a hablarlo y vendió altiro, al punto que la Paula le pidió que vendiera también su Lodge Mallín Colorado (cosa que no hizo, por supuesto).

Isabel punteando, con Francisco Valdivieso detrás
El destino se llama Huinganal y queda por la Dehesa, pasando frente al Portal (donde dejamos los autos y muy probablemente será el punto de reunión el próximo domingo) y siguiendo derecho, siempre derecho, incluso entrando por un camino de tierra donde dice "Prohibido entrar, recinto privado".

Llegamos a un lugar con pesebreras, caballos y canchas de ejercicios. Dejamos los autos afuera y seguimos por un camino detrás de una puerta, bordeando una quebrada.
Llegamos a unas casas y hablando con unos ciclistas que encontramos nos recomendaron seguir por el mismo camino, siguiendo la misma quebrada.

la de rojo no es la Rebeca, sino la Paty Bustos
De repente, la cosa se transformó en sendero y la vegetación nos tenía maravillados. Parecía que anduvieramos por bosques del sur de Chile.
Día soleado, pero frío.

Cruzamos el estero, donde Francisco Valdivieso resbaló y metió una pata entera en el agua. La Paula se puso luego en posición para sacar fotos de cualquier otro tropiezo, que no lo hubo.

la  Jeannie
Este grupo, de cinco hombres y seis mujeres, se caracterizó por la conversación intensa, en pares o grupos mayores. Era tan potente esta dimensión del grupo, que de repente había que llamar al orden a algunos que o se iban adelante y se desconectaban del grupo absortos en sus pláticas, o se quedaban rezagados.

Los temas, infinitos. De las cosas de unos y de otros. También de terceros del grupo, ausentes.

Jeannie y Gabriel
Mucha buena onda, de esa que el paisaje puchas que facilita.

Ejercicio por un lugar nuevo, con subidas y bajadas, ni tan difíciles, pero en un lugar hermoso; donde incluso corría agua por el estero, por lo que sentíamos a veces más, a veces menos, su sonido tan atractivo.

Nos detuvimos en un claro soleado, sobre un verde pasto húmedo, con algunas piedras donde sentarnos a descansar y comernos las viandas que cada uno aportaba. Bundante, como siempre está siendo. Y rico.

buena parte del grupo
Ya en la vuelta, tomamos unos senderos bien marcados que nos llevaron por otros rumbos, donde nos encontramos con un circuito de ciclistas, con los que nos encontramos en abundancia. Francisco Valdivieso, yo y Javier, reconocimos a varios amigos y parientes, entre ellos.
En la bajada, había que tener cuidado, pues aparecían por detrás a cierta velocidad. No hubo accidentes, pero hay que ir atento a lo que viene por detrás.

la Isabel cruzando el estero donde Pancho metió la pata al agua
En el último tramo yo me tiré a lo derecho hacia los autos que veía más abajo y llegué justo a un cruce del estero, tapado de zarzamoras, y llegué rápidamente a destino.
El resto recorrió mucho tramo del estero sin encontrar la pasada hasta que lo lograron, llegando unos buenos minutos más tarde.

Un estupendo destino, que repetiremos más de una vez en el próximo futuro. Así que propongo que la próxima junta sea en los estacionamientos de superficie de Mall Portal de la Dehesa, para irnos a explorar nuevamente esta zona.

close-up a la vegetación del lugar
Nota: las fotos son de la Paula Christensen

martes, 31 de julio de 2012

Precioso y concurrido último domingo de julio

Diez éramos hoy bien temprano en el punto de encuentro. Yo llegué la última y ya estaba decidido subir el Manquehue por La Dehesa. ¡Gran paseo! Me encanta esa subida. Estaban Pancho Balart, Javier Cox y Eugenio Lagos rodeados de féminas: La Consuelo, Francisca, Jeannie, Jannet, Manena, Marisol y Paty, amiga de la Marisol, paisajista, vestida completamente de rojo.

Pancho Balart daba instrucciones para encontrarnos en la Petrobras de Los Trapenses y partió el grupo, cual caravana de funeral, hacia el lugar determinado. Linda mañana, fresca, despejada que a medida que subíamos el sendero, nos íbamos sacando la ropa por el calor que hacía.

La Francisca y Javier con la Jeannie partieron raudos en primera y dejaron a los demás bastante atrás. Pancho Balart venía a la cola con la Manena, hasta que se dió cuenta que varias nos habíamos equivocado de camino, queriendo llegar antes, quizá. Pero no, seguíamos a la mujer de rojo, que con mucho ímpetu consideraba que cualquier espacio entre los arbustos era un sendero. Pero si esto es un camino, exclamó, cuando escuchamos el grito de Pancho, por allá abajo, insistiendo en que bajáramos inmediatamente. UNos minutos más tarde, habíamos bajado todas menos ella.  Paty!! Paty!! gritábamos con fuerza, porque ella no contestaba, por un segundo la dimos por perdida al otro lado del cerro. Una vez recuperada nuestra amiga en el verdadero sendero, continuamos nuestro caminar, por supuesto los primeros ya estaban llegando a la cumbre.


Las conversas fluyen de un grupo a otro, como torrentes de agua fresca. El paseo a Isla Negra dio el punto de partida, la Peña en el Peperchase al que fuimos algunos esta semana, invitados por Pancho Valdivieso, donde para sus amigos somos los escaladores. La llegada de la Andrea de Europa, un posible viaje a Mallin Colorado a fin de año, ofertas de Lan, etc. Personalmente el establecimiento de Jeannie en Santiago, en su departamento, con sus cosas después de siete años vagando por la India, me resultó lejos de lo más interesante. Eso de abrir cajas y encontrarte con tus cosas de antes, de instalar todo en el nuevo lugar donde vives, de incluso comenzar a trabajar como terapeuta, toda una aventura, ahora local, para la Jeannie. "Estoy agotada, reconoce,  por eso no he venido al cerro últimamente". Lo bueno es que gozaremos de su presencia, tan positiva y llena de vida. 

Luego de sortear rocas y más rocas y piedras resbalosas, llegamos a la cumbre habiéndonos ganado el sobrenombre de escaladores, como decían los amigos de Valdivieso en el Peperchase. Con tantos subecerros,  los pic nics están bien abundantes últimamente, miramos un Santiago despejado y precioso, no parecía el último Domingo de julio,  desde el rinconcito donde siempre nos sentamos y disfrutamos de ricas nueces, manices, damascos secos, naranjas y mandarinas. Echamos de menos las galletas de Lucho...perdón, echamos de menos a Lucho.  Sabemos que es una semana complicada, pero estás muy presente entre  nosotros, Lucho, te queremos y esperamos que salga todo bien. A Francisco Valdivieso, Gabriel y la Isabel los esperamos el próximo domingo, sin falta!!!


La bajada, un agrado, temprano, nos topamos con los traspirosos que van recién subiendo a las 12 del día. Nuevamente la Francisca y Javier se nos adelantan, pero nos esperan en los autos. 



lunes, 23 de julio de 2012

¿Guayacán o Las Varas?


Son las 8:30 de la mañana y el líder del grupo brilla por su ausencia, incluso toma la precaución de apagar el celular para no ser requerido en su rol.

La mayoría del grupo debe estar durmiendo "la mona" en Isla Negra, lugar adonde se encuentran en un entretenido paseo de fin de semana.

Francisca
Solo Eugenio Lagos y yo (Francisca Alcalde) cumplimos en Santiago con la impostergable tarea de padres resultándonos imposible  ir al paseo.

A falta del liderazgo de Gabriel optamos por una ruta re conocida: Las Varas.

Eugenio y Cachupín
La conversación estuvo animada, a ratos profunda, a ratos insustancial, aprovechamos también de tirarnos flores mutuamente..... en fin, como son las cosas cuando hay confianza dada la amistad que nos une y el gran sentido del humor que compartimos.

Una mañana preciosa, nubes pasajeras, una temperatura ideal, vistas fabulosas, los primeros brotes primaverales y, sentados al borde de la canaleta, un excelente pic-nic con pocos con quien compartirlo salvo " el cachupín" que nos acompañó como ya es costumbre.

Los echamos de menos a todos, ya tendremos noticias del paseo y nos encontraremos el próximo domingo.

Eugenio
Nota: texto es de la Francisca Alcalde y las fotos de Eugenio Lagos

domingo, 15 de julio de 2012

Una experiencia primaveral en un duro Pochoco

Fin de semana largo, domingo soleado, los autos pasan raudos a la zona de canchas de esquí, mientras 5 nos encontramos, alegres y entusiastas, en el punto de encuentro.

Pancho, Manena, Janett, Gabriel y Paula

El Pochoco fue la opción seleccionada, con el Manquehue como segunda opción. Son los esquiadores que nos inhiben de entrar en su corriente y probable taco en la Ermita, donde controlan los pacos si llevan cadenas.

La cumbre en el caso del Pochoco está a la vista prácticamente todo el trayecto, y las más nuevas la ven tan alto que expresaban y pensaban que jamás llegarían. Sin embargo todos llegamos, unos más cansados que otros, pensando incluso en la buena dosis de ejercicio que era este cerro, comparado con el Guayacán, tan frecuente últimamente.


En esta foto, aparezco en el primer mirador, contemplando el smog que se ve bastante malo (ver mas). Pensar que después de este momento de buen aire, tendremos que sumergirnos en eso.

Con razón un hijo mío y un par de sobrinos, han migrado al sur, buscando mejores aires y mejor calidad de vida.


En el mirador hicimos una parada más larga, para retomar el aliento y disfrutar de la vista.

Les conté de, y recomendé, la película de Aung San Suu Kyi, la premio nobel de la Paz, que aun sigue luchando por la democracia en Birmania, que al menos en la época de la película era gobernada por un dictador, loco y criminal, como el peor. (ver Trailer)

Manena y Pancho
Llegamos a la cumbre, por el lado para que vieran las manchas pintadas blancas de la cumbre, que alguien puso ahí para poder mostrarle a algún amigo desde Santiago, cual exactamente era la cumbre que subía todos los fines de semana.

Arriba comimos nueces, frutos secos y mazapanes, que aportaron la Janett, la Manena y la Paula. Fue una merienda contundente y exquisita.

foto de cumbre
Antes de iniciar el descenso, pedimos nos sacaran esta foto de cumbre.

Bastante gente en el cerro, a pesar de ser un día de fin de semana larga. La bajada fue lenta, pues Pancho se vio afectado por el retorno del dolor de su lesión ya antigua, de esa bajada del Pochocón.
Lo acompañó en la bajada la Paula, que también se vio afectada por malestares en los pies.
Le echamos la culpa a la mala calidad de la ruta, gastada en exceso, que logró dar en el suelo con al menos dos de los que íbamos.

No es un cerro para repetir con mucha frecuencia, fue la conclusión final.


El cerro, su vegetación, está brotando por todos lados. Un botón de muestra es este brote del medio de un tronco al parecer seco. Maravilloso.