domingo, 15 de septiembre de 2013

Un Pochoco frío de pre primavera

Día frío, hoy domingo. Nublado, de nubes bajas. Llegan al punto de encuentro solo Pancho, la Consuelo y yo, Gabriel. El resto andará por otras partes del territorio nacional, en la próximidad de las fiestas dieciocheras.

Propongo Pochoco y para allá arrancamos, sin total acogida de la Consuelo. Bueno ya.

Pancho y Consuelo
Mientras esperábamos por si alguien más llegara, ya sentiamos frío, así que la opción del Pochoco, que es dura desde el prinicipio, nos ayudaría en lidiar con el frío. Y así fue.

Ir al Pochoco es ir a una especie de romería; mucha gente va para allá.

bajando
En el camino, un grupo de tres hombres y dos mujeres, una de ellas entradita en carnes, arrastraba casi, a la segunda mujer. Primera vez que subía y con zapatillas de tenis; pobrecita. El marido y posiblemente hermano, no la dejaban rendirse.
En el mirador metimos la cuchara. Si es primera vez y se queja de dolores ya, mejor lleguen hasta aquí nomás. Sino, no vendrá más. Los hombres en silencio.
La cosa es que partieron pronto de nuestra cercanía y no los vimos más hasta bien arriba. Parece que le aplicaron picana fuerte a la pobre, más bien dócil, que ya cerca de la cumbre la vi reirse más bien, cosa que interpreté como la estrategia de si no puedes, te haces la loca mejor.

Pancho y detrás la Consuelo
Bueno, llegamos a la cumbre, nos sentamos donde siempre y nos comimos una naranja cada uno, de las de Pancho. Y partimos lueguito, pues el frío empezaba a calar los huesos.

Lo divertido es que en la última parte, optamos por seguir derecho y eludir la bajada clásica, ya tan deteriorada. Y venían detrás el grupo ese de las dos mujeres, que parece eran todos medios nuevos en este cerro, pues nos siguieron a cierta distancia.

Gabriel y Consuelo
No fue tan fácil la bajada, que además carece de senderos bien marcados. Bajamos un tramo y luego viramos a la derecha para ir al encuentro de la ruta clásica habiendo eludido la parte más dura. Lo logramos sin muchas dificultades.
Ya en la ruta normal veo como el grupo que nos seguía venía por allá arriba, disgregados en dos grupos, lidiando con el terreno sin caminos y perdidos totalmente. Nos causó alguna risa.

Pancho, menos abrigado ya, en la travesía a la ruta clásica
Finalmente llegamos abajo, con el cansancio propio de un buen ascenso.
Comentamos con Pancho que si no hubiera habido toda esta gente y estas situaciones antes descritas, probablemente habriamos llegado hasta el primer mirador y hubiéramos bajado.

Ah, al ir bajando, el día abrió, salió el sol y la cosa se puso hermosa, pues ya la primavera empieza a dar sus primeras señas. Aire limpio, fresco, sino frío, verde por todos lados, con flores que empiezan a campear.