domingo, 25 de diciembre de 2011

Navidad en las alturas ...

A las 8 MET (Meridiano ex Terpel), comenzaron a llegar los entusiastas y aperrados sube cerros: ya estaba antes de esa hora nuestra encantadora Claudia Villar; pronto lo hicimos Luis A. Latorre y EQE (“el que escribe”), Lucho Latorre. No pasó mucho rato y aparecieron Gabriel, Francisco y la Princesa (Isabel) cada uno en sus automóviles, por lo que decidimos reunirnos solamente en 2 y emprender el camino al Potrerito, por el desvío a la Disputada de Las Condes.

poco antes del Potrerito
Francisco lucía un magnífico sombrero y un bastón Doite, especialísimo para estas faenas, ambos, ciertamente, regalos del viejito pascuero. Aún en la carretera, debió detenerse la alegre caravana para permitir que EQE pasara adelante en el auto, por sus ya clásicos mareos (¿estará retornando a su segunda infancia?...).

nuestro cantautor, Francisco Valdivieso
Ya iniciado el ascenso, con un calor intenso, recibimos el llamado de Pancho Balart, quien se confundió con el cambio de horario y estaba algo atrasado, con ganas de desertar, empero más pudo la persuasión de sus amigos que lo convencimos de que nos alcanzara: ello nos permitió un temprano descanso a la sombra de un generoso árbol. Su más que probada excelente condición física hizo que a los pocos minutos nos diera alcance. Y nos permitió asimismo disfrutar de su inestimable compañía.

los varones del equipo
Y desde allá, los 6 reiniciamos la marcha por paisajes verdaderamente bellos: la última vez que hicimos este ascenso, fue con una tierra tapizada suavemente por la nieve. El segundo descanso, y el primero para Pancho, fue junto al murmullante sonido de un arroyo bajo una sombra magnífica: y a contar de ese momento, Francisco (Valdivieso) comenzó a deleitarnos con sus canciones, especialmente boleros y tonadas, ejecutadas sin acompañamiento de guitarra (mucho menos de piano … como es de suponer). Luego, algunos paso dobles de singular romanticismo, como el de aquel torero que pone su capote en el suelo, para que la bella que descendía de su calesa, camino del redondel, posara con garbo su “lindo pie”, capote desde el cual el lidiador cortaría un trocito para hacerse un relicario…, ¿qué tal?. Pancho, desde sus ibéricos ancestros, lo seguía con mucha atención y no exento de emoción: nada más y nada menos que los mismísimos Churumbeles de España en el Potrerito … ¡¡¡ quiúbo…!!!.


La conversa y los cantos fluían con la misma espontaneidad con que lo hacía el agua por el cauce del manantial aquel … cristalina y sin apuro …

En la cumbre nos aguardaba un roca inmensa que nos cobijó bajo su pétrea sombra: comenzaron a saltar desde las mochilas, unas ricas aceitunas españolas rellenas, que traía la Princesa; maní salado y pasas; algunas ricas galletas de cuáquer, las naranjas de Pancho que domingo a domingo nos regala.

en el potrerito mismo
Haciendo una excepción que ameritaba el día 25, rompiendo así la acostumbrada la ley seca que se promulga en la montaña, apareció una bota vasca que contenía un vino (Santa Agustina) cabernet sauvignon el que, según los más entendidos, se dejaba tomar. Sólo algunos intentaron beberlo desde la bota, Luis A. entre otros y con señalo éxito: otro(a)s optaron por el clásico vaso, esta vez, unos rambísticos vasos decorados con las princesas de Disney.


Cuando nos aprontábamos a bajar, aparecieron antiguos sube cerros: Pía Sartorius y Andrés Reutter, pero en otra dirección: ello no fue óbice para que Francisco, instados por nosotros, con bien templada voz le dedicara a ella el paso doble El Beso, que Pía supo apreciar y agradeció entusiasmada …

Por arte de birlibirloque, la ingesta moderada del vino hizo que la bajada fuera más solvente y firme, sin pochocazos.

nos alcanzan Andrés Reutter y la Pía Sartorius
En el grupo de bajada que integré, resonaron nuevamente algunos boleros y tangos con que Francisco amenizó el descenso.

En fin, una mañana alegre y musical … una nueva jornada absolutamente inolvidable. Y junto a ello, la espera de siete días para que nuevamente describamos otra historia de cerros junto a este notable grupo que me acoge con singular simpatía y aprecio …

se nos adelantan Andrés y la Pía
EQE

Nota: este texto lo escribió Lucho Latorre

domingo, 18 de diciembre de 2011

Por la ruta de los Llanos y la variante de Pancho

Ojo: acordamos con María Elena cambiar el horario de nuestros encuentros los domingos a horario de verano, es decir, los próximos encuentros son a las 8:00 am y no a las 8:30.

Bueno, hoy llegaron a la cita 11 personas. Un buen número después que el domingo pasado fueron solo 2 (fin de semana largo). Me pregunto cuantos llegarán el próximo domingo 25 de diciembre.

foto del grupo
Llegaron Pancho Balart, Isabel Eguiguren, Lucho Latorre con su yerno Enrique Covarrubias e hijo del mismo nombre, María Elena del Valle, Claudia Villar, Marisol Rosas, Ana María Díaz, Martín Wielandt y yo, Gabriel Bunster. Un buen lote, con varias personas de primera vez.

Día soleado de verano, optamos por la ruta de los Llanos de Javier, con la variante de Pancho Balart, que consiste en poco más allá de la zona de los escaladores, arremeter hacia la izquierda cerro arriba.

descanso en la zona de los escaladores
La verdad es que esta ruta no está exenta de dificultades y tuve que ayudar a una de las nuevas, la Ana María que andaba con zapatillas de tenis, buena parte del ascenso y incluso después en la bajada.

La animada conversa en pequeños grupos o parejas abundaba, como siempre en estas caminatas. Los temas diversos, incluidos los negocios, los oficios y actividades entre los que venían conociéndose e incluso los temas más personales.

Claudia Villar y Ana María Díaz
Recordamos en la parte más escarpada, la primera subida que hizo con nosotros, Francisco Valdivieso, que vino con zapatos de vestir, osea lisos por debajo, cuando mostró su ADN competitivo, poniendo a los líderes tradicionales del grupo, en aprieto, pues él insistía en pasarnos e ir en la delantera.

María Elena, Marisol, Claudia, Isabel y Pancho
No tuve la oportunidad de conversar con más concentración con Martín Wielandt, que suele hacerme reír a carcajadas, aparte de las elucubraciones incluso filosóficas que solemos hacer. En todo caso amenazó con hacer una junta de este grupo, en su nuevo campo cerca de Santiago, en fecha no muy lejana.

la familia Latorre
La simpatía de rambo, Lucho Latorre, estuvo a la altura de su estilo tradicional, compartiendo sus tradicionales galletas de champaña, que generosamente distribuye entre todos los miembros del grupo. No lo vi muy dado a gestos de ternura hacia su heroico nieto, que subió sin chistar y sin disminuir el ritmo del grupo, que llegué a pensar no cuadraba con su imagen instalada de rambo.

feliz entre las mujeres
La María Elena, con su fuerte carácter y simpatía, nos dio sus consabidas clases instruccionales de materias tan diversas como la geología y paleontología, aparte de ponerme los puntos sobre las íes por mi excesiva cercanía con la dama a quien gentilmente ayudaba por sus zapatillas deslizantes.

en la cumbre
Descansamos todos en una declarada cumbre, bajo una exquisita sombra de un quillay y comimos los alimentos que se compartían a diestra y siniestra. La naranjas de Pancho, los notables damascos de la Isabel, las galletas de Lucho y otras cosas que no me acuerdo.
Todo esto en una cumbre, donde una agradable brisa nos refrescaba de a ratos y frente a una vista notable de montañas.

una cumbre intermedia
La bajada fue más bien rápida y resbalada, para después de una relativa espera en los autos, arrancar cada uno a sus particulares destinos, luego de un memorable día de paseo montañero, ejercicio y buena onda.

Astromélias naturales, en abundancia en el cerro

domingo, 11 de diciembre de 2011

El cerro de los tubos

Este domingo sólo llegamos Pancho Balart y quien escribe, Lucho Latorre. El destino, el cerro que llamamos como cerro de los tubos, pues llaman la atención 3 largos tubos metálicos que bajan desde una apreciable altura hasta una central hidroeléctrica de la Cía. Minera la Disputada de Las Condes, en desuso desde hace muchos años.
No es un ascenso fácil. Hicimos el primer descanso a una hora de marcha, en unas instalaciones fantasmales donde se inicia el circuito de los tubos de marras.

Pancho Balart
La subida, prácticamente en silencio, por el esfuerzo que demanda este cerro.

Al cabo de 2 horas, mientras hacíamos la segunda pausa, suena mi teléfono: mi hija Marcela desde su lugar de residencia, la lejana ciudad de Madrás, en la costa sur oriental de la India, para noticiarme que habían decidido su retorno definitivo a Chile, para marzo del 2012: no pude sino compartir esta inmensa alegría con mi amigo Pancho. Junto a ella retornan mi yerno y sus 4 pequeñas niñas, mis nietas.

A las 3 horas llegamos a la cumbre --en realidad, a escasos 50 metros de aquella-- pues era algo tarde.

El retorno, con la siempre ilustrada conversa de Pancho, sobre materias eminentemente científicas que él domina y explica muy bien: un lujo de interlocutor y maestro.

Desde la altura se dominaban, de un lado, aquellos vestigios de la central hidroeléctrica fantasma (¿una futura Sewell, una oficina salitrera, Humberstone ... ?); del otro lado, una bien tenida medialuna y plantaciones ordenadas; además, lo que fue un sanatorio para enfermos de TBC, hoy refugio de unos religiosos: Thomas Mann y su Montaña Mágica...

Lucho Latorre (el autor de este texto)
He de confesar que el descenso no fue exento de "pochocazos" (denomínanse así, las caídas y su natural consecuencia: algunas magulladuras menores) que corrieron especialmente por mi cuenta. En términos gardelianos, diríamos "cuesta abajo en mi rodada"...

Nuevamente un simpático perrito nos acompañó de ida y regreso; a intervalos prolongados se cobijaba a la sombra de algunos árboles y con su lengua completamente fuera de su hocico jadeante, nos miraba con cara suplicante como diciendo: ¿seguiremos subiendo?... El calor se hizo sentir, salvo en la cumbre, donde un fuerte viento lo aplacaba.

A las 14:00 estábamos en la Ex Terpel, donde dentro de 7 días la montaña nos habrá de regalar una nueva sorpresa.

(Texto de Lucho Latorre)
Gardel: Cuesta abajo

domingo, 4 de diciembre de 2011

Primer domingo de diciembre en la montaña

La lesión de algunos miembros del equipo, el trasnoche de otros, en fin, la libertad de todos, nos invitó a optar por el amable y conocido Guayacán, con sus suaves pendientes y bello paisaje: este cerro fiel nos acoge cada vez que lesiones o noches de juerga nos inclinan por elecciones más amables; el Guayacán es como aquellas fieles mujeres que luego de una larga desaparición de sus hombres, los reciben de regreso, pobres, maltrechos y enfermos, sin preguntar nada. El silencio … ese fiel y discreto compañero …

Verónica Tagle, Francisco, Pancho, Isabel y Lucho Latorre (el autor)
El punto de partida fue aquel “museo” de automóviles americanos de los años 40; esta vez cambiaré la voz “museo” por “hospicio”, pues sin duda que su dueño, por viejos, simplemente los abandonó.

Fuimos 8: Pancho Balart, Gabriel Bunster, Alfredo Lea-Plaza, Francisco Valdivieso e Isabel Eguiguren (la Princesa), más dos bellas y encantadoras amigas de Alfredo: Marisol Rozas y Verónica Tagle, a quienes se suma quien escribe, Lucho Latorre.

Lucho, Pancho, Verónica, Isabel, Francisco
Una buena mañana fue el marco de este magnífico paseo. La conversación de subida, con el vívido e ilustrado relato de Francisco (Valdivieso) acerca de su reciente incursión por el lejano oriente: Viet Nam (Hanoi y Saigón, hoy Ho Chi Min), Mianmar, Tailandia, Cambodia ... Las Mil y Una Noches en la narración de un sube cerros.

Ciertamente, aprendimos muchísimo de él: las costumbres, la geografía, algo de política (la cruel dictadura de Pol Pot). La belleza notable y singular de las vietnamitas (no confundir con “las camboyanas”, que no necesariamente provienen de Camboya, tampoco han de ser asiáticas). Los masajes personalizados de la Tailandesas, una cura para todos los males, en fin, una narración magnífica y matizadas con anécdotas sabrosas … empero, como telón de fondo, surgía --una y otra vez-- desde el alma, el comentario relacionado con la belleza de las vietnamitas y su don de grandes damas. Ante la probable posibilidad de que algún lejano amigo de esas remotas comarcas visite este blog, no puedo resistirme a la tentación de calificarlas, en su lengua vernácula, como las “hoa vàng” de nuestro criollo Manquehue.

Lucho y el descanso plácido de Pancho en la canaleta
Esta vez Francisco no vio a Rambo: sin embargo, entre los sube cerros, suele vérsele.

Pancho (Balart) nos regaló su personal y fundado punto de vista sobre la crisis en la Zona Euro, las prevenciones que debieran tomar otras economías occidentales, en fin, un robusto análisis de aquello.

descenso en fila india
En la cima del cerro y en el clímax del paseo, junto a la canaleta y el cautivante murmullo del agua, cobijados bajo una generosa sombra, hicimos un buen descanso, donde, escuchándolas, pudimos conocer mejor a nuestras amigas Marisol y Verónica mientras reparábamos fuerzas con los líquidos de rigor, más las naranjas de Pancho y las galletas de champagne que, rechazadas al principio, terminan finalmente siendo aceptadas con algo de recelo.

sesión de fotos
El retorno, luego de ¾ de hora de descanso, fue por la misma ruta de ascenso. No hubo queja de los lesionados, por lo que consideramos que la elección de esa fiel montaña fue la correcta. Alguien insinuó que la próxima subida podría ser el jueves en reemplazo o además, del domingo 11, pues algunos fallarán ese domingo a propósito de una semana con un feriado de por medio. Lamentablemente no se planteó, por lo que tal vez en esta instancia y por este medio podamos resolverlo.

Marisol, Gabriel y Verónica
A la bajada nos esperaba, esta vez como ciclista, Caco Salazar, con su amabilidad y caballerosidad clásicas.

Entretanto y a la espera de ese encuentro, seguiremos cada cual marchando por el sendero de la vida que cada cual tiene preparado.

Nota: el autor de este relato fue Lucho Latorre.

Francisco Valdivieso contando su viaje a Vietnam y países aledaños