domingo, 25 de diciembre de 2011

Navidad en las alturas ...

A las 8 MET (Meridiano ex Terpel), comenzaron a llegar los entusiastas y aperrados sube cerros: ya estaba antes de esa hora nuestra encantadora Claudia Villar; pronto lo hicimos Luis A. Latorre y EQE (“el que escribe”), Lucho Latorre. No pasó mucho rato y aparecieron Gabriel, Francisco y la Princesa (Isabel) cada uno en sus automóviles, por lo que decidimos reunirnos solamente en 2 y emprender el camino al Potrerito, por el desvío a la Disputada de Las Condes.

poco antes del Potrerito
Francisco lucía un magnífico sombrero y un bastón Doite, especialísimo para estas faenas, ambos, ciertamente, regalos del viejito pascuero. Aún en la carretera, debió detenerse la alegre caravana para permitir que EQE pasara adelante en el auto, por sus ya clásicos mareos (¿estará retornando a su segunda infancia?...).

nuestro cantautor, Francisco Valdivieso
Ya iniciado el ascenso, con un calor intenso, recibimos el llamado de Pancho Balart, quien se confundió con el cambio de horario y estaba algo atrasado, con ganas de desertar, empero más pudo la persuasión de sus amigos que lo convencimos de que nos alcanzara: ello nos permitió un temprano descanso a la sombra de un generoso árbol. Su más que probada excelente condición física hizo que a los pocos minutos nos diera alcance. Y nos permitió asimismo disfrutar de su inestimable compañía.

los varones del equipo
Y desde allá, los 6 reiniciamos la marcha por paisajes verdaderamente bellos: la última vez que hicimos este ascenso, fue con una tierra tapizada suavemente por la nieve. El segundo descanso, y el primero para Pancho, fue junto al murmullante sonido de un arroyo bajo una sombra magnífica: y a contar de ese momento, Francisco (Valdivieso) comenzó a deleitarnos con sus canciones, especialmente boleros y tonadas, ejecutadas sin acompañamiento de guitarra (mucho menos de piano … como es de suponer). Luego, algunos paso dobles de singular romanticismo, como el de aquel torero que pone su capote en el suelo, para que la bella que descendía de su calesa, camino del redondel, posara con garbo su “lindo pie”, capote desde el cual el lidiador cortaría un trocito para hacerse un relicario…, ¿qué tal?. Pancho, desde sus ibéricos ancestros, lo seguía con mucha atención y no exento de emoción: nada más y nada menos que los mismísimos Churumbeles de España en el Potrerito … ¡¡¡ quiúbo…!!!.


La conversa y los cantos fluían con la misma espontaneidad con que lo hacía el agua por el cauce del manantial aquel … cristalina y sin apuro …

En la cumbre nos aguardaba un roca inmensa que nos cobijó bajo su pétrea sombra: comenzaron a saltar desde las mochilas, unas ricas aceitunas españolas rellenas, que traía la Princesa; maní salado y pasas; algunas ricas galletas de cuáquer, las naranjas de Pancho que domingo a domingo nos regala.

en el potrerito mismo
Haciendo una excepción que ameritaba el día 25, rompiendo así la acostumbrada la ley seca que se promulga en la montaña, apareció una bota vasca que contenía un vino (Santa Agustina) cabernet sauvignon el que, según los más entendidos, se dejaba tomar. Sólo algunos intentaron beberlo desde la bota, Luis A. entre otros y con señalo éxito: otro(a)s optaron por el clásico vaso, esta vez, unos rambísticos vasos decorados con las princesas de Disney.


Cuando nos aprontábamos a bajar, aparecieron antiguos sube cerros: Pía Sartorius y Andrés Reutter, pero en otra dirección: ello no fue óbice para que Francisco, instados por nosotros, con bien templada voz le dedicara a ella el paso doble El Beso, que Pía supo apreciar y agradeció entusiasmada …

Por arte de birlibirloque, la ingesta moderada del vino hizo que la bajada fuera más solvente y firme, sin pochocazos.

nos alcanzan Andrés Reutter y la Pía Sartorius
En el grupo de bajada que integré, resonaron nuevamente algunos boleros y tangos con que Francisco amenizó el descenso.

En fin, una mañana alegre y musical … una nueva jornada absolutamente inolvidable. Y junto a ello, la espera de siete días para que nuevamente describamos otra historia de cerros junto a este notable grupo que me acoge con singular simpatía y aprecio …

se nos adelantan Andrés y la Pía
EQE

Nota: este texto lo escribió Lucho Latorre

domingo, 18 de diciembre de 2011

Por la ruta de los Llanos y la variante de Pancho

Ojo: acordamos con María Elena cambiar el horario de nuestros encuentros los domingos a horario de verano, es decir, los próximos encuentros son a las 8:00 am y no a las 8:30.

Bueno, hoy llegaron a la cita 11 personas. Un buen número después que el domingo pasado fueron solo 2 (fin de semana largo). Me pregunto cuantos llegarán el próximo domingo 25 de diciembre.

foto del grupo
Llegaron Pancho Balart, Isabel Eguiguren, Lucho Latorre con su yerno Enrique Covarrubias e hijo del mismo nombre, María Elena del Valle, Claudia Villar, Marisol Rosas, Ana María Díaz, Martín Wielandt y yo, Gabriel Bunster. Un buen lote, con varias personas de primera vez.

Día soleado de verano, optamos por la ruta de los Llanos de Javier, con la variante de Pancho Balart, que consiste en poco más allá de la zona de los escaladores, arremeter hacia la izquierda cerro arriba.

descanso en la zona de los escaladores
La verdad es que esta ruta no está exenta de dificultades y tuve que ayudar a una de las nuevas, la Ana María que andaba con zapatillas de tenis, buena parte del ascenso y incluso después en la bajada.

La animada conversa en pequeños grupos o parejas abundaba, como siempre en estas caminatas. Los temas diversos, incluidos los negocios, los oficios y actividades entre los que venían conociéndose e incluso los temas más personales.

Claudia Villar y Ana María Díaz
Recordamos en la parte más escarpada, la primera subida que hizo con nosotros, Francisco Valdivieso, que vino con zapatos de vestir, osea lisos por debajo, cuando mostró su ADN competitivo, poniendo a los líderes tradicionales del grupo, en aprieto, pues él insistía en pasarnos e ir en la delantera.

María Elena, Marisol, Claudia, Isabel y Pancho
No tuve la oportunidad de conversar con más concentración con Martín Wielandt, que suele hacerme reír a carcajadas, aparte de las elucubraciones incluso filosóficas que solemos hacer. En todo caso amenazó con hacer una junta de este grupo, en su nuevo campo cerca de Santiago, en fecha no muy lejana.

la familia Latorre
La simpatía de rambo, Lucho Latorre, estuvo a la altura de su estilo tradicional, compartiendo sus tradicionales galletas de champaña, que generosamente distribuye entre todos los miembros del grupo. No lo vi muy dado a gestos de ternura hacia su heroico nieto, que subió sin chistar y sin disminuir el ritmo del grupo, que llegué a pensar no cuadraba con su imagen instalada de rambo.

feliz entre las mujeres
La María Elena, con su fuerte carácter y simpatía, nos dio sus consabidas clases instruccionales de materias tan diversas como la geología y paleontología, aparte de ponerme los puntos sobre las íes por mi excesiva cercanía con la dama a quien gentilmente ayudaba por sus zapatillas deslizantes.

en la cumbre
Descansamos todos en una declarada cumbre, bajo una exquisita sombra de un quillay y comimos los alimentos que se compartían a diestra y siniestra. La naranjas de Pancho, los notables damascos de la Isabel, las galletas de Lucho y otras cosas que no me acuerdo.
Todo esto en una cumbre, donde una agradable brisa nos refrescaba de a ratos y frente a una vista notable de montañas.

una cumbre intermedia
La bajada fue más bien rápida y resbalada, para después de una relativa espera en los autos, arrancar cada uno a sus particulares destinos, luego de un memorable día de paseo montañero, ejercicio y buena onda.

Astromélias naturales, en abundancia en el cerro

domingo, 11 de diciembre de 2011

El cerro de los tubos

Este domingo sólo llegamos Pancho Balart y quien escribe, Lucho Latorre. El destino, el cerro que llamamos como cerro de los tubos, pues llaman la atención 3 largos tubos metálicos que bajan desde una apreciable altura hasta una central hidroeléctrica de la Cía. Minera la Disputada de Las Condes, en desuso desde hace muchos años.
No es un ascenso fácil. Hicimos el primer descanso a una hora de marcha, en unas instalaciones fantasmales donde se inicia el circuito de los tubos de marras.

Pancho Balart
La subida, prácticamente en silencio, por el esfuerzo que demanda este cerro.

Al cabo de 2 horas, mientras hacíamos la segunda pausa, suena mi teléfono: mi hija Marcela desde su lugar de residencia, la lejana ciudad de Madrás, en la costa sur oriental de la India, para noticiarme que habían decidido su retorno definitivo a Chile, para marzo del 2012: no pude sino compartir esta inmensa alegría con mi amigo Pancho. Junto a ella retornan mi yerno y sus 4 pequeñas niñas, mis nietas.

A las 3 horas llegamos a la cumbre --en realidad, a escasos 50 metros de aquella-- pues era algo tarde.

El retorno, con la siempre ilustrada conversa de Pancho, sobre materias eminentemente científicas que él domina y explica muy bien: un lujo de interlocutor y maestro.

Desde la altura se dominaban, de un lado, aquellos vestigios de la central hidroeléctrica fantasma (¿una futura Sewell, una oficina salitrera, Humberstone ... ?); del otro lado, una bien tenida medialuna y plantaciones ordenadas; además, lo que fue un sanatorio para enfermos de TBC, hoy refugio de unos religiosos: Thomas Mann y su Montaña Mágica...

Lucho Latorre (el autor de este texto)
He de confesar que el descenso no fue exento de "pochocazos" (denomínanse así, las caídas y su natural consecuencia: algunas magulladuras menores) que corrieron especialmente por mi cuenta. En términos gardelianos, diríamos "cuesta abajo en mi rodada"...

Nuevamente un simpático perrito nos acompañó de ida y regreso; a intervalos prolongados se cobijaba a la sombra de algunos árboles y con su lengua completamente fuera de su hocico jadeante, nos miraba con cara suplicante como diciendo: ¿seguiremos subiendo?... El calor se hizo sentir, salvo en la cumbre, donde un fuerte viento lo aplacaba.

A las 14:00 estábamos en la Ex Terpel, donde dentro de 7 días la montaña nos habrá de regalar una nueva sorpresa.

(Texto de Lucho Latorre)
Gardel: Cuesta abajo

domingo, 4 de diciembre de 2011

Primer domingo de diciembre en la montaña

La lesión de algunos miembros del equipo, el trasnoche de otros, en fin, la libertad de todos, nos invitó a optar por el amable y conocido Guayacán, con sus suaves pendientes y bello paisaje: este cerro fiel nos acoge cada vez que lesiones o noches de juerga nos inclinan por elecciones más amables; el Guayacán es como aquellas fieles mujeres que luego de una larga desaparición de sus hombres, los reciben de regreso, pobres, maltrechos y enfermos, sin preguntar nada. El silencio … ese fiel y discreto compañero …

Verónica Tagle, Francisco, Pancho, Isabel y Lucho Latorre (el autor)
El punto de partida fue aquel “museo” de automóviles americanos de los años 40; esta vez cambiaré la voz “museo” por “hospicio”, pues sin duda que su dueño, por viejos, simplemente los abandonó.

Fuimos 8: Pancho Balart, Gabriel Bunster, Alfredo Lea-Plaza, Francisco Valdivieso e Isabel Eguiguren (la Princesa), más dos bellas y encantadoras amigas de Alfredo: Marisol Rozas y Verónica Tagle, a quienes se suma quien escribe, Lucho Latorre.

Lucho, Pancho, Verónica, Isabel, Francisco
Una buena mañana fue el marco de este magnífico paseo. La conversación de subida, con el vívido e ilustrado relato de Francisco (Valdivieso) acerca de su reciente incursión por el lejano oriente: Viet Nam (Hanoi y Saigón, hoy Ho Chi Min), Mianmar, Tailandia, Cambodia ... Las Mil y Una Noches en la narración de un sube cerros.

Ciertamente, aprendimos muchísimo de él: las costumbres, la geografía, algo de política (la cruel dictadura de Pol Pot). La belleza notable y singular de las vietnamitas (no confundir con “las camboyanas”, que no necesariamente provienen de Camboya, tampoco han de ser asiáticas). Los masajes personalizados de la Tailandesas, una cura para todos los males, en fin, una narración magnífica y matizadas con anécdotas sabrosas … empero, como telón de fondo, surgía --una y otra vez-- desde el alma, el comentario relacionado con la belleza de las vietnamitas y su don de grandes damas. Ante la probable posibilidad de que algún lejano amigo de esas remotas comarcas visite este blog, no puedo resistirme a la tentación de calificarlas, en su lengua vernácula, como las “hoa vàng” de nuestro criollo Manquehue.

Lucho y el descanso plácido de Pancho en la canaleta
Esta vez Francisco no vio a Rambo: sin embargo, entre los sube cerros, suele vérsele.

Pancho (Balart) nos regaló su personal y fundado punto de vista sobre la crisis en la Zona Euro, las prevenciones que debieran tomar otras economías occidentales, en fin, un robusto análisis de aquello.

descenso en fila india
En la cima del cerro y en el clímax del paseo, junto a la canaleta y el cautivante murmullo del agua, cobijados bajo una generosa sombra, hicimos un buen descanso, donde, escuchándolas, pudimos conocer mejor a nuestras amigas Marisol y Verónica mientras reparábamos fuerzas con los líquidos de rigor, más las naranjas de Pancho y las galletas de champagne que, rechazadas al principio, terminan finalmente siendo aceptadas con algo de recelo.

sesión de fotos
El retorno, luego de ¾ de hora de descanso, fue por la misma ruta de ascenso. No hubo queja de los lesionados, por lo que consideramos que la elección de esa fiel montaña fue la correcta. Alguien insinuó que la próxima subida podría ser el jueves en reemplazo o además, del domingo 11, pues algunos fallarán ese domingo a propósito de una semana con un feriado de por medio. Lamentablemente no se planteó, por lo que tal vez en esta instancia y por este medio podamos resolverlo.

Marisol, Gabriel y Verónica
A la bajada nos esperaba, esta vez como ciclista, Caco Salazar, con su amabilidad y caballerosidad clásicas.

Entretanto y a la espera de ese encuentro, seguiremos cada cual marchando por el sendero de la vida que cada cual tiene preparado.

Nota: el autor de este relato fue Lucho Latorre.

Francisco Valdivieso contando su viaje a Vietnam y países aledaños

domingo, 27 de noviembre de 2011

Sacando la rabia en la curva 32 camino a Farellones

Estoy afónico, algo, mientras escribo estas líneas. Ya sabrás porqué, pues su origen viene de un momento en el cerro, esta mañana.

Nos reunimos en nuestro punto de encuentro, Pancho, Lucho, la Rebeca y la Isabel, aparte de quien habla, Gabriel.
No se porqué se me ocurrió esto de la curva 32 del camino a Farellones, pero fue adonde las emprendimos los 5 que éramos, en el mercedes de Pancho, yo manejando.

Lucho Latorre con las últimas curvas a Ferellones detrás
El paisaje precioso, los cerros verdes, con manchones de flores por aquí y por allá. Quien diría que en esta época del año esta zona se pone tan hermosa. Aparte del aire traslúcido por la altura y las amplias vistas a cerros y fondos cordilleranos.

Estacionamos el auto después de un andar lento, tanto por la disposición general a contemplar el paisaje, por un par de mareados del grupo, como por la buena música y la buena conversación que queríamos prolongar.

Rebeca, detrás la Isabel y luego Pancho (más atrás venía Lucho)
Es una huella casi plana, subiendo y bajando suavemente; pero de repente Pancho y la Rebeca que iban adelante, las emprenden cerro arriba, que al percatarnos, arremetimos también el resto.
Se ve claramente que a estas alturas, unos 2.000 mts sobre el nivel del mar, el resople es mayor que más abajo donde solemos andar.


Vamos a lo de la afonía. Veníamos ya bajando cuando un comentario de la Isabel denota una cierta rabia con la tarifas que le dije cobraba Wilson Araya, el gran Wilson Araya, por sus sorprendentes consultas, desde un don suyo muy poco frecuente.
Y nos pusimos a hablar de la rabia, esa emoción que prácticamente todos incubamos, por una u otra razón en nuestro interior, y que nos puede hacer malas pasadas. Propuse hacer un ejercicio que ya habíamos hecho en otra ocasión en los cerros, que consistía en ponerse frente a un acatilado, estábamos frente a unos estupendos y gritar a todo pulmón nuestra rabia en el lenguaje que surgiera, cualquiera este fuera.
Y eso hicimos, dos veces, con consecuencia insospechadas como esta semi afonía en que ando y otros efectos indistinguibles a simple vista, salvo esa sensación de quedar como suavecitos después de la descarga desde la punta del acantilado.

sacando la rabia frente al acantilado
Corría una brisa fresca, nunca nos dio calor, que en un momento me sacó el gorro, el que se elevó por los aires y cayó poco más arriba de donde íbamos ascendiendo. Tuve que apretar una cuerda corredera que me lo aprieta a la cabeza para que esto no volviera a suceder.

Isabel, Pancho, Rebeca y Gabriel
Otra situación cómica de esta subida, que refleja la confianza instalada, fue que una persona del grupo sabía el origen de la frase "pegarse un polvo"  y nos la contó. Una de las preguntas fue acerca de la certeza que ella tuviera que ver con que antiguamente el tabaco venía en polvo, y los hombres en las minas salían a hacerse un cigarro y fumárselo afuera, cosa que derivó en salir con alguna mujer y lo que pasaba afuera no era solo el fumarse el susodicho cigarro.
Bueno, a continuación cada uno contó que pensaba que podría ser el origen de esta frase, "echarse un polvo", y la diversidad de las historias contadas nos sorprendió y vuelve a alegrarnos la belleza de la diversidad. (una búsqueda en Google del tema)

Nos instalamos en una cumbre desde donde teníamos a la vista un amplio espectro de la cuenca de Yerba Loca, mientras unos cóndores se elevaban a cierta altura, nos comíamos las naranjas de Pancho y los que no estaban a dieta, las galletas de Lucho.

vista de Yerba Loca desde lo alto
Otro tema que conservo en mi retina, pero este ya más en el auto a la vuelta, fue un caso de un colegio que estaba, producto de las tomas y paros de clases, literalmente quebrado. Los padres, al menos muchos de ellos habían pagado sus mensualidades, los alumnos no habían recibido el servicio educativo y el colegio junto a padres, habían optado por pedir ayuda a la municipalidad, sin muchos resultados.
La historia venía de una madre afligida por la catástrofe que todo esto estaba significando para ella y sus planes de educar a sus hijos y la no menor inversión que ello le significaba. Esta había pedido ayuda al MEO cuyas respuestas e inoperancia la habían dejado perpleja.

Pancho, Rebeca, Isabel y Lucho
Este problema no es solo de ese colegio, sino de muchos colegios. Y me quedé pensando en el manso tete que esta dimensión del problema educacional podría acarrar. Si incluso contaron que en los colegios que andan bien están apareciendo letreros que dice "no insista, no hay cupos", claro reflejo de padres desesperados que buscan resolver su problema, siendo que los que lo desencadenaron fueron sus mismos hijos, por las tan loables causas.
¿Qué lío, no?

Bueno, un paseo maravilloso, de no tanto esfuerzo físico, pero gran deleite estético y de relaciones humanas.

dedales de oro

Nota: Lucho Latorre nos contó este domingo que padece de alta presión, producto de lo cual tiene que tomarse una pastillita todos los días y que producto del efecto del ejercicio que le significa subir cerros todos los domingos, pudo baja la dosis a media pastillita diaria. Un dato relevante, no?

domingo, 20 de noviembre de 2011

En la playita de las rocas


 Esta vez llegamos a la ex Terpel  (¿será hora de que esta colombiana petrolera comience a reconocernos un copyright o royalty ?) Pancho; nuestras encantadoras amigas y partners  Isabel, Rebeca y Consuelo y yo (Lucho Latorre). 

Flores de variados colores enbellecen estos parajes

Iniciamos el ascenso a nuestro destino, La Playita, a las 9 en punto. Se accede a este bellísimo paraje luego de dejar el auto donde los Carabineros, en las inmediaciones de La Ermita, avanzando a pie por el camino a Farellones unos 300 metros, para luego atravesar la calzada y comenzar de inmediato la subida. Se pasa lindando una pequeña estación eléctrica de aquella disputada mina, de homónimo nombre, en cuyo terreno sendos mástiles enarbolan dos banderas con el nombre de Anglo American, precedidos de una suerte de @ (arroba).
Estación eléctrica 
 Comenzó a soplar un fuerte viento norte, presagio de mal tiempo, lo que se confirmó cuando al llegar a la cima se nubló y siguió el frío. El exquisito viento no amainó en ningún momento.
subiéndo con viento norte
 En la cumbre, teníamos a nuestra derecha unos farellones impresionantes, roca desnuda en ángulo de 90º y a nuestros pies un lindísimo valle profundo, mirando hacia el oriente. Una fugaz águila surcó el cielo, pero la amena conversación y encantadora compañía hizo que pasara desapercibida…
el descanso en la playita
 Esta vez uno de los varones concurrentes (un mínimo sentido de discreción me obliga a silenciar su nombre) ofreció fruta, ¡pero trozada y ensartada con unos caprichosos “pinchos” de madera ennegrecida,  para así  sacarla pulcramente  --quizá en exceso--  desde un tupperware! … . Hubo unanimidad en estimar que  ese singular episodio permite engrosar el Fletómetro, en las siguientes alternativas: (a) se come la fruta a mordiscos y escupe las cáscaras y pepas: mercenario; (b) se come hasta las sandías con cáscara: Rambo; (c) lava la fruta previamente y la seca: mmm… raro; (d) la pela y le habla: marica; (e) la sirve ensartada en pinchos y la lleva picada: loca de patio.
Isabel, Rebeca y Consuelo en plena conversa
Luego de una gratísima conversa, con relatos  muy entretenidos e ilustrativos de la Isabel y la Rebeca sobre sus conocimientos de Quilimarí en la IV Región,  sumados a algunas reflexiones sobre el uso y abuso del agua; luego, una experiencia magnífica de la Consuelo vinculada con la visita al mundo del arte, esta vez artesanal … iniciamos el descenso, no exento de algunas caídas menores, completando un itinerario de aproximadamente 3 horas y algo más.
Isabel y Lucho bajando velozmente
 Así, nos despedimos hasta el próximo domingo 27 a las 8:30, para decidir en la ex Terpel un nuevo destino, conscientes una vez más de haber compartido momentos simplemente inolvidables, recordando  a nuestros amigos ausentes circunstancialmente ...
Vuelta a la calle...hasta la próxima!!!

domingo, 13 de noviembre de 2011

De la Ermita al cerro de los Secretos

Un buen lote se reunió hoy en la ex YPF. Era la despedida de la Alejandra Cambiaso que migra a la zona sur, a trabajar con la Paula Christensen en el lodge Mallín Colorado. La había organizado la Rebeca que finalmente no apareció.

en el primer descanso
Con Pancho, sin mayor debate, decidimos el destino del cerro de los Secretos, dejando autos en la Ermita. Nos subimos en dos autos, dejando el resto en la calle lateral, los nueve que éramos: Alejandra, Isabel, Verónica Moggia, José Manuel Salinas, su mujer Lily y la hermana de José Manuel, la Anita; Pancho, Lucho y yo, Gabriel.

El día amenazaba con nublarse, especialmente sobre la cordillera y cerro plomo, por lo que nos acompañó una leve brisa fresca que no nos dejó estirar nuestros descansos más allá de unos pocos minutos, simplemente por el frío. En la cumbre de los Secretos la cosa fue distinta, quizás por lo abrigado del lugar, un poco por detrás de la cumbre misma del cerro.

Lucho en la cumbre contando su secreto
Esos espacios son inmejorables para la conversación especulativa e íntima incluso. Esta vez yo conversé animadamente con la Verónica de visiones de mundo y las posibilidades comerciales de monetizar ello. Una mujer especializada en emprendimiento e innovación, que no puede ser mejor interlocutor para un hombre.

Las mujeres han cambiado y hablan de negocios y temas de platas e inversión como hacía tiempo no escuchaba. Hoy son autónomas, preocupadas de las leyes de todo tipo, partiendo por las matrimoniales, especialmente ahora que tenemos un abogado en el grupo.

el grupo escucha atenta y animadamente
Este cerro no tiene una ruta obvia, por lo que uno suele perder la ruta óptima y termina en zonas escarpadas y resbalosas por las piedras sueltas. Igual llegamos a la cumbre, en que la ruta en la última parte se suaviza bastante.

En cuanto a los secretos, bueno, estos no se pueden contar. Pero siempre tienen que ver con parejas, líos de parejas, y las consabidas diferencias de género, en como vemos la cosa. Un tema del que algo avanzamos, pero que pienso aun queda mucha tecnología por descubrir. En este sentido recomendé a algunos el libro Soul Mates (parejas del alma) de Thomas Moore.

otra vista de las confesiones de Lucho
El grupo fue muy animado por activas mujeres que concentraron la dinámica conversante. Los hombres de a ratos tomábamos palco para escuchar desde cierta distancia sus discurrimientos, desde recomendar donde comprar damascos secos de calidad, a como proceder con juicios para sacar a arrendatarios de sus departamentos.

iniciando el descenso
No se como se verán desde estar cultas miradas femeninas, nuestras discurrimientos acerca de un no tan sabido fletómetro, que mide nuestra varonilidad en distintos contextos. Hoy agregamos a ese manual la categoría de los que recomiendan cosas tan de mujeres como higos secos o manteles de cocina.

Bueno, una animada despedida para la Alejandra de un nutrido grupo heterogeneo, que pienso nadie quedó excluido ni olvidado.

en pleno descenso

La conversación en las cumbres

foto de ceca67

martes, 1 de noviembre de 2011

Martes 1º de noviembre en el Guayacán

A la hora señalada (cito a hollywoodense Gary Cooper), en la ex Terpel llegamos Gabriel Bunster, Caco (Carlos) Salazar y yo (Luis Latorre). He de confesar que ejercí una prudente presión para que esta vez el cerro que eligiéramos, nos ofreciera una bajada algo más amable que la del Pochoco, que experimentamos el sábado inmediatamente anterior. Cordialmente mis amigos aceptaron y fuimos al Guayacán, pero por un camino de rápido acceso.

Yo (Lucho Latorre) y Caco Salazar
Ya en "nuestro" estacionamiento, comenzó la conversa entretenida y plena de reminiscencias, cuando exploramos en el interior, los automóviles allí estacionados/abandonados: para los + entendidos, un Buick Eight, un Chevrolet Power Glide y un Ford 49. Caco hizo una afirmación inmediatamente compartida por sus contertulios: aquellos blindados americanos aún conservan el olor característico, algo de metal y de su añoso tapiz.

el ascenso
Y de ahí en adelante, transcurrió el andar y la conversa en cómo los recuerdos quedan grabados en nuestro inconsciente, para reflotar cuando acudimos a ellos: Caco, como pintor y desde su óptica plástica aludió a las combinaciones de colores, que quedan a veces almacenadas en nuestras mentes, desde niños y para siempre: aquí surgió Gabriel con una reflexión que nos dejó perplejos y meditabundos, la que inmediatamente la hicimos nuestra: los niños, no viven con las aprensiones del futuro y no guardan nostalgia de su breve pasado, ergo, viven intensamente y de manera casi abolsuta el PRESENTE, origen tal vez de su felicidad y transparencia.

Gabriel y Caco
Luego, una limpia y fresca niebla comenzó a abrazar los cerros del entorno; nuestro permanente faro y compañero visual, el Manquehue, fue súbitamente cubierto por esta sábana natural desde su base y hasta un tercio de altura, dejando a la vista su majestuosa cima, de suerte que pareció un islote simétrico en medio de ese mar albo.

primer descanso
El retormo, asimismo rápido, de manera que en 2 y media horas subimos, conversamos, descansamos y bajamos. Nuestros sempiternos dedales de oro se levantaron tarde esta vez, y lucían soñolientos, cerrados, quizá engañados por este asomo de otoño: claro está que nunca más vimos y nadie verá, unos dedales de oro albinos, como lo que descubrió e inmortalizó Gabriel.

en la canaleta, nuestro cima para ese día
Y como consuelo para quienes trabajamos mañana, pensemos que "el miércoles sólo dura un día".

Lucho Latorre en la cumbre
ya en la bajada
flor del cactus

Texto de Lucho Latorre.

Nota: poesía de Lucho Latorre