martes, 27 de octubre de 2009

¡ Al Manquehue por La Dehesa !



Madrugada de domingo primaveral...! al fín!, aunque lo inestable del tiempo nos tiene algo confundidos y  nos hace llevar mucho abrigo, pero ya en el trayecto a la Terpel en el auto con Gabriel, se comienza a sentir el calorcito que esta tibia mañana desde la partida nos libraría de chaquetas para quedar en polera manga corta y mucho bloqueador en crema para la cara . Al grupo se une Claudio y detracito llega Pancho con la Mabel.

A la clásica pregunta ¿adonde vamos? mirando a Pancho...él responde con la lucidez de un transnochado subecerros que de tanto festejo hasta se había olvidado poner el despertador...con voz cansada responde:

!vamos al Manquehue! Nos miramos todos como extrañados¿? y sin mediar objeción partimos sin condición al cerro que rodea la zona oriente de Santiago. ¡Al Manquehue por La Dehesa!



Tocando suelo manquehuino de suaves lomajes verdes y floridos, tanto jardín nos entusiasma desde el principio, mucho más todavía cuando al bajarnos del auto nos reciben y saludan en fila y coro el canto de los gallos en contrapunto con dos preciosos pavos reales que plácidos lucen encaramados en los techos de una humilde granja ubicada en las faldas del cerro...toda esta orquestación improvisada nos sorprende con nuevos tonos de gallinas y pollitos, caballos y perros...Qué bienvenida animal más sonora!!!


Nos anunciaron tener cuidado con los ladrones que atacan a los paseantes domingueros, lo que agregó fantasía y humor a la caminata. Por más que quisimos encontrarnos con maleantes, sólo vimos grupos de alegres y amistosos visitantes de shorts, poleras y gorros igual que nosotros.

La subida se hace en dirección a la torre, buscando senderos nuevos y observando de tanto en tanto el lindo paisaje que desde esta perspectiva la cordillera, que se vé más lejana que lo habitual, no pierde hermosura ni altura. Imposible perder el norte en ningún momento gracias a las reiteradas preguntas de Claudio, que con brújula en mano, nos pone a prueba, lo que no resulta tan díficil para la mayoría de los ubicados subecerros. Más arriba nos enteramos de algunas otras curiosidades y herramientas que completan la carga de este hombre precavido.


Los recuerdos de experiencias montando a caballo de algunos fueron el tema de nuestra parada en la torre, algunas de ellas no muy afortunadas caídas que pudieron ser tragedia y otras  que sonaron hasta simpáticas y divertidas, porque el tiempo se encarga de hacernos olvidar los machucones y dolores que estos apreciados animales que a patadas aveces, responden a sus cariñosos jinetes.

Pero no todo fué conversar, ya que la segunda patita a la cumbre se hizo cuesta arriba y sin aliento y la lengua afuera la escalada final hasta la cumbre, tal como se vé desde la ciudad, y como la veo diariamente desde mi ventana., totalmente aplanada. Nos sentamos un momento a descansar, cuando a los pocos minutos comenzó a caer uno y otro caminante de todas las estaturas: grandes, medianos, pequeños y hasta muy pequeños también. En minutos la aplanada cumbre parecía un hormiguero humano.


Las vistas a la ciudad por delante y por detrás son una novedad pero hay que buscar asiento ya que la multitud se siente y acostumbrados a las silenciosas y  solitarias cumbres, la imaginación se desborda al límite de pensar en que nada raro sería llegar a este mismo lugar en poco tiempo más y encontrarse hasta con negocios de bebidas y juegos infantiles en esta concurrida planicie.

Las naranjas de Pancho no llegaron, pero los duraznos al jugo de la Mabel resultaron reconfortantes y mezclados con maní , galletas y chocolate completaron el menú abundante que nos hizo recuperar fuerzas y seguir camino abajo después de amena charla con la Consuelo que nuevamente llama para saludarnos.

Dejamos atrás el bullicio de la ciudad, ruido ensordecedor con el que convivimos a diario y bajamos nuevamente por la ruta más campestre que se muestra colorida y radiante de luz. Este cerro tiene su gracia, por sobretodo variedad, porque hay muchos tipo de superficies: lomas suaves, bosquecitos, caminos de piedras, encumbradas rocas, muchos animales, olores por mil, perdices, caballos.

Abajo la despedida a una linda jornada, lugar campestre, conversaciones interesantes, cuerpo cansado pidiendo siesta. Infinita gratitud se siente al tener acceso a esta maravillosa experiencia de venir a buscar vida a terrenos fértiles y luminosos: fuente de energía para la semana entera.

lunes, 19 de octubre de 2009

En la Ermita a la cumbre de Los Secretos

Paso a buscar a la Rebeca como ya está siendo habitual, camino a la bomba a la entrada de Arrayán. Está nublado, con una neblina apretada, al punto que voy intermitentemente con el limpiaparabrisas en funcionamiento.

Sentados ya con nuestros cafés en la cafetería de la bomba, llega Claudio Zamorano y más tarde Pancho.

Con la Rebeca hablábamos de como la tecnología afectará al aula, tema de una charla que daremos en su universidad en los próximos días.
Mas tarde leeré en mi casa un cuento de Umberto Eco, en donde un alumno le pregunta al profesor: "Disculpe, pero en la época de Internet, usted,
¿para que sirve?". Provocativo, sin duda.

Después de un breve debate optamos por irnos a la Ermita, todos en el auto de Pancho, y subir el cerro que llamaríamos más tarde el de Los Secretos, por las confidencias que en su cumbre se han ventilado. Los cerros tienen esa característica, que la conversación se torna franca, sincera. Será que todos nos igualamos, a todos se nos caen las máscaras y nos vamos pareciendo más a quienes de
verdad somos y desde ahí la conversación se desliza casi por gravedad a veces a infidencias, incluso algunas que la persona nunca le había dicho a nadie.

Cosas de los cerros.

Caminamos en animada conversa hasta la torre que será hito a la bajada. Desde ahí la subida fue y es escarpada, esta vez dentro de una espesa nube, todos bien abrigados, con parcas incluso.
Para, descansemos, que Claudio está agotado, escuché de la Rebeca más arriba. Si, subimos animádamente, suspendidas las conversaciones, por lo pesado y escarpado del ascenso.

Teníamos una ilusión, que era de al ir subiendo, llegaríamos a un punto en que la nube se abriría y el sol nos regalaría su luz y su tibieza. Pero eso no pasó. Llegamos a la cumbre, y nos sentamos debajo de un quillay, más
pequeño que el del Alto, opero quillay al fin.

Comimos naranjas de Pancho y galletas de Claudio. Claudio sacaba fotos con una excelente máquina; veremos.

Suena el teléfono de la Rebeca; es la Consuelo que saluda desde algún lugar del plano, abajo, en Santiago.

Cuento que Reutter también amenazó con aparecer, si era capi después de
una celebración de un aniversario de matrimonio, del día anterior.

La bajada fue otra cosa. La Rebeca punteaba. De repente se abre un boquete y podemos ver el cerro del frente, al otro lado del camino y el retén de pacos de la Ermita. Incluso se ve sol en el cerro del frente.

Y así, se fue abriendo poco a poco, hasta tener al frente y arriba un glorioso día soleado. No saben las emociones que esta maravilla movilizó en nosotros. Incluso un par de cóndores salieron a disfrutar de las posibilidades de la buena vista y a transformar la escena en prácticamente voluptuosa.

Cuando el cielo se abre, ah, es una revelación. De la belleza, de la luz, de nuestra presencia en esos parajes; de conciencia de nuestro privilegio, del estar vivos, viendo y sintiendo.

Nos deteníamos, contemplábamos, y seguíamos. La bajada era abrupta. Riesgoza en ciertas partes. Ciertas rutas, optábamos por virarnos, pues la pendiente era excesiva y alguien podía caerse y rodar más de la cuenta.
Finalmente, llegamos a la torre y de ahí en adelante, nuevamente caminata plácida en el contexto de animada conversa.

Llegamos al auto con un día encima, totalmente despejado; con un Plomo glorioso.

Arriba del auto, música y a la casa. Una excelente mañana.

martes, 13 de octubre de 2009

Otra vez primavera



Se me pidió escribir este posteo y me pareció una gran oportunidad para expresarme en palabras.

Bueno, se decidió por tiempo que nos juntáramos el  lunes 12 de octubre, veníamos todos relajados de un fin de semana largo y un Chile con los pasajes comprados para el mundial 2010. Por este motivo el día se presentó desde sus inicios plácido.

Llegaron Pancho, Gabriel, Rebeca y Carmen Gloria , que venia llegando de estar tres semanas en Viena.

Partimos en nuestro Panchomóvil escuchando música andina boliviana, rumbo a la Disputada, para caminar hacia los llanos de don Tito.

Mientras caminaba, meditaba con respecto a la primavera tan distinta que hemos tenido, como que la naturaleza estuviera rebelde y sentía los primeros calores de la temporada veraniega  de los subecerro, por cierto tiempo que en lo personal no es el más rico para subir, solo lo mejora insuperablemente las metidas al agua que solemos tener en estas épocas.

En nuestra primera parada, ya empezamos con nuestros temas filosóficos y mencioné lo impactada que había quedado el domingo pasado con el amigo de Gabriel que me introdujo a los Cínicos. Ahí pude explicar a grandes rasgos sobre esta secta griega y lo representada que me sentía, había llegado a la fuente de mi estilo de vida.

La caminata siguió, pasamos el potrero grande y subimos algo, para quedar nuevamente instalados y para siempre en esta subida. Surgió el segundo tema de la jornada y era porque los hombres se iban con otras mujeres y dejaban familias. Según Gabriel esto se debía a que eso era una enfermedad, según un estudio de esas gringas que se la pasan la vida investigando la mortalidad del cangrejo. Aquí las opiniones se dividieron absolutamente, los hombres por un lado, las mujeres por otro y mi opinión absolutamente complementaria de ambos lados.

Después de bastante rato bajamos  y en el potrero nos topamos con esas familias casi extinguidas que pescan la parrilla, la tetera y la pelota y se van con los cabros chicos a pasar un día de campo. El padre era Marco Antonio y cuidaba el lugar y era pura simpleza y felicidad.

Diría que fue una subida bien conversada, bien relajada y dando la bienvenida al cambio de estacione, que también nos traía cambios a nosotros.



(Primera publicación de María Elena del Valle !!)


Este es el video de la Helen Fisher que habla acerca del enamoramiento

miércoles, 7 de octubre de 2009

Por la ruta de los llanos de Javier esta vez con sol

Por que se demoraba tanto Pancho en llegar al punto de partida? pues, porque Gonzalo y Rodolfo habían aparecido y Pancho volvió a buscarlos.

Fuimos nuevamente por la ruta de los Llanos de Javier, al que habíamos ido el domingo pasado con todo el terreno nevado. Esta vez nos tocó un día prácticamente soleado, sin ninguna gota de nieve en el terreno; un día primaveral de lujo.

Recordamos nuevamente a la Jeannie, que había sido la causante de que hubiéramos enfilado a estos destinos.

Un nuevo integrante al grupo, es Claudio Zamorano, que se incorpora rápida y cortésmente.

La Rebeca comenta un video que había visto en la red y acordamos ponerlo aquí:



La música y su magia, me pone en movimiento mientras escribo y vuelvo a escuchar esta producción maravillosa.

La vegetación, el bosque es una compañía impagable mientras subimos. Lo mismo la conversación y el buen humor.

Llegamos a la cima y echamos de menos a la Mabel y sus potes de fruta y jugo exquisito. Las naranjas de Pancho no se porque pero estaban especialmente buenas.

Pancho se saca la camisa y lo fotografiamos cual gurú con su séquito.

Claudio echó mano de un bidón de agua que encontró por ahí y le sacamos un poco para lavarnos las manos y darle de beber al perro, que nos miraba sediento mientras tomábamos de nuestra botellas individuales.

Al bajar nuevamente nos encontramos con las averías causadas por el temporal de días pasados y me fotografiaron con un arbolito que había quedado absolutamente pelado de tierra a nivel de sus raíces y en medio del nuevo zurco del estero seco ahora; las posibilidades de su sobrevivencia, escasas.

Más abajo, una pequeña multitud de jóvenes practicaba la escalada en roca y ahí nos detuvimos un minuto a mirar sus ida y venidas.

Un muy grato paseo de día domingo, con un Rodolfo al que Claudio tuvo que quedarse a esperar con María Elena, no se por cuanto rato.

Y de amores mejor ni hablar, aunque ese influjo contamino algo al grupo.