domingo, 23 de abril de 2017

Por la Católica a la cumbre del Morro las Papas

Llegamos al punto de encuentro, la Anne Marie, Víctor, Pancho y yo, Gabriel.
Un bautizo, a la hora de almuerzo y otro con compromisos, nos llevó a este destino, se supone más breve.

Cada uno se fue en su auto, adonde siempre vamos cuando vamos para allá.
Mucha gente en los estacionamientos de la Católica, me hizo pensar a mi, en cómo la gente hace deportes y a Víctor, de algún clásico de fútbol que se avecinaba.

Pagamos en la recepción, la luca de los tercera edad y seguimos adelante.

pasando el zanjón; adelante Pancho, detrás la Anne Marie
Conversando. De temas políticos, esta vez. Las elecciones que vienen y el temor, de alguno, a que no vaya a salir Piñera.
Bueno, de ahí para adelante, fue la dificultad del diálogo y el proclamar argumentos tipo, exagerados, contra enemigos no presentes, en la vista de otros.
Bottom line: qué difícil es conversar, dialogar de política. Incluso rápidamente varios se aburrieron y distanciaron; se notó.

Anne Marie, a contra luz
Después de una breve negociación, acordamos irnos a la cumbre a lo derecho, eludiendo la ruta tradicional, que como que rodea todo el cerro y lo ataca por detrás.
Pasamos un zanjón hondo que hay, donde se ve trabajo de maquina pesada, por un sendero que encontramos.

Anne Maire; detrás Pancho y Víctor
Llegamos a un camino, por donde acababa de pasar un auto, que figuraba estacionado más adelante. Y seguimos, fuera de todo sendero, cerro arriba, a lo derecho.
No fue difícil. Las lluvias recientes habían dejado el terreno firme, para no resbalarnos al subir, un terreno algo más empinado.

Pancho, Anne Marie y Víctor
Al principio pensamos que habíamos llegado a la cumbre, pero no; la verdadera cumbre estaba un poco más allá; no muy lejos.
Había ahí un par de ciclistas, que cuando nos instalamos, pronto se fueron.
Bella vista a la ciudad de Santiago. Eso si que yo me senté, de espaldas a la vista y de frente a una bandera chilena, desplegada ahí

Marco Zúñiga
Al poco rato llegan otros dos ciclistas. A pesar de la vestimenta, casco y anteojos, me parece reconocer a uno de ellos. Se lo digo y se saca sus aparatos y aparece el mismísimo Marco Zúñiga, viejo conocido.
Andaba con su amigo Claudio Mundi. Ambos buenos conversadores.
Compartimos con ellos nuestros alimentos y quedaron amarrados varios encuentros, uno por mi parte y otro por el lado de Pancho, pues Mundi es experto, expertísimo, en servicio a clientes; incluso hace clases en la universidad de ello.
Y Marco, a cargo de ChileAtiende.

Marco, Claudio Mundi y Víctor
Nosotros, volvimos por la ruta tradicional.
Mucha gente llegó a la cumbre y con mucha más, nos cruzamos a la bajada. Parecía una romería.
Bajamos bromeando de a ratos con los que subían; yo al menos.

Después se despejó.
En la boletería, registramos nuestro retorno y seguimos hacia los autos, pasando por la caballerizas, apreciando a los bellos caballos.


En los autos nos despedimos y para la casa. Otro buen día de cerros con los amigos de los subecerros.

miércoles, 12 de abril de 2017

Caminata por el valle de la Ermita

Seremos cinco: Eugenio y la Isabel, la Soledad, Víctor y yo, Gabriel.
La Isabel, pide un paseo suave, por la distancia de la última vez que vino; ha hecho poco ejercicio.

Víctor, Isabel, Soledad y Gabriel
Al final, fue tan largo el paseo, la caminata, que volvimos bastante cansados, llegando de vuelta al auto de Víctor a las 14:20; muy tarde.

corrales y ganado
Hicimos un primer intento por la ruta de los tubos. Chocamos con un muro y cero posibilidad de seguir por la orilla del río.
Cruzar el puente, lleno de hoyos, tampoco nos tincó, pues la ruta que queríamos hacer, nos parecía muy empinada en la última parte.
De vuelta al origen, pero por una ruta alternativa, que nos permitió descubrir todo un caserío detrás del puesto de empanadas.

conversando con Javier Beas
Dejamos el auto en la Ermita, al costado del puesto de empanadas y caminamos al paso típico, poco más allá, hacia Santiago.
Bastó que pusiéramos un pie al otro lado de la alambre púa, para que salieran dos perros a ladrarnos con fiereza. Reculamos y decidimos seguir caminando en la misma dirección que traíamos.

allá van los cuatro
Llegamos a un torniquete que nos habló diciéndonos: por aquí, pasen.
Un poco más abajo, corrales, llenos de vacas, terneros y novillos. Y gente manipulándolos.
Fuimos donde Javier Beas, sentado en su silla de ruedas, abocado a cobrar entrada a todos los que por ahí pasaran.
Nos cobró luca por nuca, conversamos un rato con él y seguimos.

disfrutando de la vista y ruido del agua
Belleza se ve en las vueltas del río que bordeamos y lo mismo los enormes álamos y arboleda por el sendero por el que íbamos.
Poco más allá, pasamos unas puertas de alambradas y nos internamos cerro arriba por unos potreros de verdes y abundantes pastos.

Eugenio, Soledad, Víctor e Isabel
Nos metimos en una zona boscosa, de arbustos relativamente bajos, luego de saltar un canal, cuya agua se desviaba íntegra hacia los potreros que acabábamos de atravesar.
De hecho, era tal la correntada de las aguas por uno de los canales, que iba por la mitad del potrero, que nos detuvimos un rato a disfrutar de su canto y vista.

una pequeña subida
Después de un buen rato caminando, llegamos a la orilla del río, donde instalamos nuestra "cumbre" y abrimos nuestros alimentos para compartir.
El río traía poca agua y unos perros, tres, que se nos habían adherido, empezaron sus movimientos de dame.
Comimos, bebimos, cominos mandarinas, conversamos, la verdad harto rato y nos devolvimos por el mismo camino.

por el camino en el bosque
Esta vez nos fuimos por el borde de la canaleta, hasta que ese sendero se enmarañó de zarza mora.
Como yo iba adelante con la tijera de podar, pasé una barrera que los demás no quisieron tomar, en cambio optaron por tomar un desvío hacia abajo, hacia los potreros.

Yo seguí solo, re tomando el mismo camino de ida y llegué adonde primero habíamos pasado esas puertas de alambre. Y ahí me quedé esperándolos, hasta que poco rato después, llegaron por la misma calle en la que yo estaba.

los perros
De ahí al auto, donde nos percatamos lo tarde que era y tomamos conciencia de lo cansados que estábamos.

Ya en mi auto, descubrí que la pila de mi control automático del auto, se había agotado. Tuve que abrir el auto con la llave e irme con el auto bramando. En la bomba de bencina me ayudaron a hacer las desconexiones y seguir a una venta de pilas en el Jumbo, donde en definitiva resolví el problema.
Llegué bastante pasadas las 3 a mis casa, donde el almuerzo estaba en pleno.

lunes, 3 de abril de 2017

Caballerizas en abril

Llego a la Terpel (Eugenio) y veo el auto de Pancho, me cuenta que se acostó hace poco rato ya que hubo fiesta en su casa. Admiro el entusiasmo de Pancho, yo no habría hecho ni el intento de levantarme.
En la bomba veo a Gabriel que está haciendo un chequeo completo a los niveles de su auto, le revisan y agregan líquidos variados.
En unos minutos llega Víctor con auto nuevo, y más atrás Anne Marie con Francisco Toyos. Completamos seis.

Francisco, José Luis Ibañez y Gabriel
Una rápida conversa con los saludos y decidimos partir a las caballerizas. Como es habitual, Víctor ofrece su auto de tres corridas de asientos y dejamos los demás en el Líder.

Francisco, José Luis y su amigo
La mañana está fría así que partimos caminando abrigados, optamos por subir por la suave y bajar por la empinada. La conversación surge espontánea, yo hacía varias semanas que no aparecía así que traté de ponerme al día con algunos, también la falta de ejercicio me pasa la cuenta.
A medida que avanza la caminata nos empieza a llegar más sol y sube la temperatura, comienza el desabrigue y sigue la caminata que sube gradualmente.
La tierra se ve reseca, polvillo abundante al pisar, ojalá no tengamos año seco, cuanta vegetación no aguantaría. Se advierte una bruma en el aire, pensamos que se trata de humedad ambiente.

José Luis Ibañez,  Anne Marie, Francisco (de espaldas), Víctor, Eugenio, amigo de José Luis y Pancho de espaldas
La caravana se separa en parejas, Pancho va a su ritmo, sube a velocidad constante, es como un tractor que toma su ritmo y lo mantiene.
Llegamos al quillay grande, donde nos reagrupamos y tomamos algo de líquido. Nos damos cuenta que lo que creímos era bruma es en realidad una capa densa y café de smog que avanza visiblemente hacia el oriente. La vista de la ciudad no deja de sorprender por el rápido avance que ha tenido hacia el oriente.

Pancho, Eugenio y atrás la Anne Marie
Retomamos la subida y en la puerta que se ubica cuando ya se llega arriba, vemos que Gabriel y Fco. Toyos están en animada conversa con unos conocidos (José Luis Ibañez con un amigo), mencionan a varios personajes habituales en los cerros, intercambian celulares y se comprometen a tomar contacto.

se aprecia lo seco del terreno
Llegamos a la mesita del pic nic y compartimos lo habitual, Anne Marie aporta unos kiwis y cáscaras de pomelo confitadas que tienen muy buena aceptación, Francisco Toyos nos convida unas frutas liofilizadas y otras deshidratadas, notables diferencias.

Anne Marie adelante y detrás Pancho y Francisco
Terminada la pausa retomamos el camino hacia la bajada, me voy adelante con Gabriel, quien me comenta de sus grupos de conversación y algunos otros temas relacionados con su trabajo como coach. Conversamos de los integrantes de los subecerros que se han alejado y hace tanto que no sabemos de ellos. Gabriel me cuenta de los que iniciaron el grupo, y de los que se han integrado después.

Eugenio en la delantera y detrás Víctor y Anne Marie
El terreno está seco pero no resbaloso así que le damos a la bajada a buen ritmo.
Nos llama la atención tanto cerco nuevo, polines y varias hebras de alambres de púas, se ve que están preparándose para poner controles y trabas al ingreso, vemos puertas de fierro sólidas, con cerraduras y púas listas para ser instaladas. Ya veremos en que termina esto.

Llegamos al auto de Víctor y de vuelta al estacionamiento del Líder donde nos despedimos hasta el próximo domingo con la rica sensación de haber cargado las pilas con una mañana de ejercicio, conversa y disfrute de la naturaleza.

(texto de Eugenio Lagos)

lunes, 27 de marzo de 2017

Con empanadas y pan amasado por los tubos de la Ermita

Finalizando el verano, aún un domingo veraniego con las mañanas más frías, solo llegamos Pancho B, Victor Bunster y yo Soledad, esperamos por si algún atrapado entre las sábanas lograba llegar, solo fuimos tres que queríamos recorrer alguna ruta nueva, por lo que Pancho que es el que habitualmente incentiva por nuevos senderos, nos guió por la Ermita. Cruzando el puente muy pronto comenzamos a subir un cerro “sin nombre” hasta llegar a una fantástica vista hacia el Plomo por un lado y hacia el Manquehue y la bruma santiaguina por el otro. Era un sendero amable, zigzagueante, detuvimos el paso para el tradicional picnic compartido, cuando un cóndor hizo un vuelo casi rasante por el lado nuestro, escuchándose incluso el planear de sus alas, aún no sabíamos lo que nos deparaba al regreso.

Pancho y Víctor

Nos entusiasmamos con volver por otro camino, por los tubos, por lo que caminamos por las cimas hasta llegar a la antena abandonada, aún todo bien, llegamos a la turbina y comienzo de los tubos, podríamos habernos tirado como por un tobogán por dentro de los tubos, pero no se vislumbra si el lumen está despejado. Mirando hacia abajo, Pancho adivinaba senderos mirando y olfateando, senderos que desaparecían mágicamente al poco andar. Yo iba adelante, pero el guía era Pancho, todos nos caímos y rodamos algunos metros, nada grave por suerte, hasta llegar al puente abandonado de los tubos, por suerte construido con fierros invencibles.

Soledad y Víctor


Después de ese desafío Pancho nos invitó empanadas y pan amasado, para recomponer la energía

Víctor y Pancho


Buen domingo!!

Pancho y la Soledad

(texto de Soledad Tagle)

domingo, 19 de marzo de 2017

A las Varas sorprendiéndonos con los marsupiales

Víctor trajo a su nuera, Jenny Hetz. Llegaron además Pancho, que venía llegando de una semana en Frankfurt, Dirk, la Anne Marie, la Alejandra y yo Gabriel.

Dirk, Víctor, Pancho, Alejandra, Jenny y Anne Marie
Día despejado, de fines de verano; con temperaturas en baja. Yo era el único sin chaleco o polar, en el punto de encuentro. Lo tendré presente para la próxima.
A las Varas fue la decisión. Todos en el auto nuevo de Víctor, de tres corridas de asientos.

Pancho y Víctor
Negociamos con el cobrador de la entrada, luca por nuca, sin Boleta. La Jenny comentaba porqué cobraban, si hacían alguna obra de mejora o algo ? No nada, le respondimos. Es la tónica del día en Chile: cobrar por donde se pueda, lo más que se pueda. Eso es todo.

Pancho y su querida Coca cola
Victor pauteó la ruta, de manera de hacer su ruta, la de Víctor, que es por la canaleta, pero en ascenso. Así que nos fuimos hasta el tranque que está al final de la canaleta y de ahí, bordeando la canaleta, hasta el cruce a la cumbre frecuente que hacemos.

Jenny
Me fui adelante, conversando con la Jenny, de biología, su tema, ya que es especialista, a nivel de estar sacando post doctorado, en su especialidad, los marsupiales.
Me contó que los críos de un canguro, salen del útero muy chiquititos y a la salida se agarran con fuerza de los pelos y se encaraman poco a poco, hasta entrar a la bolsa marsupial. Ahí se enganchan, quedan medio fijos, a una tetita.
Me cuenta que las hembras pueden tener hijos en la bolsa en distintas fases de desarrollo, en que cada uno mama de un pezón específico, de donde recibe leches de consistencias y materias distintas, según su grado de desarrollo.
Yo, fascinado, le preguntaba cómo sabe la madre, su biología, de proceder de esa manera. La naturaleza es asombrosa y nosotros los humanos, dañados por la arrogancia de nuestros éxitos, que no son tantos, erramos el rumbo, al no cachar la potente sabiduría de la naturaleza de la que somos parte y tratamos de controlar; y a veces pareciera que lo lográramos.

Alejandra y Anne Marie
Esta conversación duró hasta el tranque. Después, la fila india, me dejó con Dirk de vecino y con él seguí la conversa. Otros temas, otras afinidades.

allá adelante va Víctor y detrás Dirk
La ruta por el canal, es bella. Túneles verdes, agua que corre, su ruido musical, pájaros que cantan, brisa, pasos con alguna dificultad. Y el ejercicio, persistente, nutritivo.

Pancho, Víctor y Jenny, en la cumbre
Llegamos a la cumbre, la que sería nuestra cumbre de ese día y nos instalamos a descansar, tomar líquidos, naranjas de Pancho, frutos secos varios. Y la conversa. Bastante negativa, me pareció a mi. Reflejo quizás del mundo que nos toca vivir.

frutillas y arándanos de Dirk y almendras con maní míos
La Alejandra, consideró que esta cumbre era demasiado poco, para el nivel de ejercicio que requería. Cuando nos dispusimos a iniciar nuestro descenso, ella señaló que seguiría al Alto del Naranjo, sola. Traté de disuadirla, poco en realidad y nos despedimos, sin antes sacarle una foto de ella caminando sola y despidiéndose. (mientas escribo esto, la llamé y llegó bien al Alto del Naranjo y bajó bien, con encuentros entretenidos)

en la cumbre
Bajamos por la ruta clásica de ascenso, con cierta velocidad. Llegamos al auto y partimos al punto de los autos, donde nos despedimos y cada uno partió a su destino y afanes.

la Alejandra que se despide

domingo, 12 de marzo de 2017

A las caballerizas al fin del verano

Llegué el último de los seis que seriamos: Dirk, la Consuelo, la Nancy, Arturo Kutscher y la Coty su mujer, y yo, Gabriel,
Que habrá pasado con Pancho, me pregunto. Lo llamo ahora mientras escribo y me contesta la grabadora.

Consuelo, Coty, Gabriel, Dirk y Nancy
Yo había visualizado en la mañana una ruta, que comparto, pero finalmente decidimos irnos a las Caballerizas. Arturo y señora, tendrían que apurar la vuelta por compromisos de almuerzo temprano.

Dejamos los autos en el Lider y seguimos en dos autos; uno es el de Dirk, en el que voy yo.

Consuelo, Coty, Nancy, Dirk y Gabriel
Nos enteramos que la Nancy toma clases de canto, pero no hubo caso de hacerla cantar. Espero lo logremos más adelante.

Consuelo, Nancy, Dirk, Gabriel y Arturo
No se porqué partimos hablando de dietas, comidas sanas e insanas. Lo que pasa es que la pareja Kutscher andan en esa y con una dieta que me tincó mucho, de un tal Pedro Grez.
Partir el día con huevos revueltos con tocino o jamón. Nada de pan, ni arroz, ni papas, salvo después de las 6 de la tarde. Alcohol al mínimo. Mucha carne y verduras. Fuera las frutas.

Coty, Consuelo y Nancy
Todo vale al parecer en este mundo de la alimentación, que se ha transformado en zona de batallas fundamentalistas. Por alguna razón las personas esgrimen sus puntos de vista como verdades sacrosánticas. Será esto la falta de religión, en los tiempos que corren, que hace que busquemos otras creencias donde apuntalarnos.

Igual miraré lo de Grez, porque el exceso de peso se me nota y me molesta. El problema es que dejar de comer también me molesta. Veremos.

con Carlos Bravo
Subimos por la parte más suave y bajamos por la más parada. La hicimos en la dirección de los punteros del reloj, se podría decir.
Íbamos subiendo y nos cruzamos con quien me entero era Carlos Bravo, viejo conocido de Dirk, a quien Carlos saluda por su nombre. La memoria de Dirk no fue tan sólida como la de Carlos.
Conversando con él, nos enteramos que le dábamos la vuelta a la cumbre Oreganillo, de la cual nos quedó de enviar estos mapas:



Pasan ciclistas raudos por nuestro costado, haciendo un rápido, amistoso saludo.

Llegamos a la cumbre, a la mesa y sus banquetas, donde comeríamos lo que todos traíamos.
Los cerros están secos, yermos, desertificados por la sequía del verano. Llama la atención los manchones verdes, al fondo, en las cancha s de golf de Santa Martina.
Dos de a caballo se detienen donde estábamos, para rezarle a la virgen, dicen. Intercambiamos unas palabras con ellos.

cactus
En algún momento, conversando con Arturo, sale Harari y el planta a David Hawkins y todo un nuevo set de niveles de consciencia, partiendo de la apatía, siguiendo por el miedo, luego el orgullo y más adelante el coraje, Ahí ya uno esta en plena acción en el mundo. Antes anda medio paralizado.
Me interesó.

Dirk
Voy adelante con Arturo y la Coty. Vamos rápido, casi corriendo. Veo que nos distanciamos del resto y me detengo. Arturo y la Coty se despiden y quedo solo esperando al resto, que llegan al poco rato. Adelante viene la Consuelo. Seguimos los cuatro hasta el auto.

El día partió frío. Yo llegué en polera y el resto figuraba con polerones, abrigados. Hacemos un comentario al respecto. Miro al cielo y se que el día estaría caluroso. Y así fue en el último tramo; caluroso.

piño de caballos
En la ruta hay nuevas construcciones y al llegar a término, vimos un piño de caballos subiendo, que fotografío. Un rico paseo, de buen ejercicio, buenas conversas y significativos encuentros.Que más se puede pedir ?