martes, 13 de noviembre de 2018

Apogeo floral

Día nublado de noviembre, especial para los cerros porque el sol se esconde entre unas nubes de diferentes formas y tonos de grises, así la temperatura es muy agradable para caminar y subir cerros.

Soledad y Lavena
Esta descripción del día solo entusiasmó a Pancho Balart, a Layena y a mí, Soledad.
Les cuento que Layena es española, vive en Berlin y está por unas semanas en Santiago dando clases de curación por símbolos y agua, por lo que nos encantó y amplió nuestra mente contándonos de su estrategia de sanación. No solo eso, sino que a mí, personalmente, en la pausa de descanso, antes de bajar, me ayudó con mis dolores, gracias Layena!!

Pancho
Fuimos a Las Varas, los únicos caminantes y solo algunos ciclistas, yo creo que los pronósticos de lluvia, que por supuesto no llegó en domingo, solo ahuyentan a los caminantes.

Lavena
Estaba muy florido, fue una mañana de muchos cactus con sus flores blancas y chaguales por doquier, que al parecer es endémico y tan pocos chilenos conocen su maravillosa flor.


El sonido del agua de la canaleta que nos acompaña cerro arriba es un placer, junto a las aves que sobrevolaban silenciosas (cóndor y águila) y otras que parecían cortejar a sus parejas con cantos melodiosos (tenca, turca, codorniz, queltehue, chincol).

qué será eso ?
Esta vez los perros nos acompañaron hasta llegar a la canaleta y luego se devolvieron, deben haber recordado que estos caminantes no llevan nada parecido a alimento de perro.


Ya poh! si están leyendo, son subecerro y los cerros los extrañan, no dejemos de ir a la montaña, porque la montaña no irá a nosotros.

un juego ?
Layena mirando el Plomo, confirmaba que Santiago está en un lugar espectacular por su cercanía a cerros y montañas altas. Gracias Pedro de Valdivia!!

(texto de Soledad Tagle)

domingo, 4 de noviembre de 2018

Dos apariciones sorpresivas: Paula Christensen y Jorge Milla

Andaba en Santo Domingo, veníamos de caminar por el borde costero y entrando por la puerta del edificio, voces desde un auto nos saludan. Era la Paula Christensen y Francisco Balart II. Entraron, se estacionaron y subimos a conversar unos saldos de aperitivo que teníamos. Y de ahí salió, la posibilidad de que al día siguiente, ya en Santiago, la pasara a buscar para ir al cerro.

Víctor, Pancho y la Paula
Llegamos al punto de encuentro con la Paula, después de pasarla a buscar y vemos que solo está el auto de Pancho, sin él adentro. Nos bajamos y entramos a la cafetería, donde habría de estar. Estábamos en eso, esperándolo del baño, cuando aparece Víctor.
Saliendo ya del recinto, le doy la pasada a un marciano, vestido de profesional de las bicicletas y algo en mi reconoce, al mismo tiempo que él también reconoce, a Jorge Milla !! Abrazos, saludos, miradas. Hacía tiempo que no nos veíamos.
Sale con nosotros, en vez de entrar, para presentarnos a su Silvana. Y sus estupendas bicicletas. Se encaminaban los dos a Farellones. Los invitamos a Las varas, pero noo.

ese soy yo metiendo mis narices en una bella flor del cactus
Días de encuentros, de sorpresas.

Nos vamos los cuatro en el auto de Víctor, que es el más grande. Nos cruzamos con la cobradora ya lanzados por el camino de la derecha, ruta arriba.

ves ese increíble chagual ?!
La Paula, expresiva, reaccionaba al verdor del prado, a las hojas nuevas, al esplendor de una primavera en pleno. Y al día despejado, templado, por el que dejamos, esta vez, los polars en el auto.

Nuevas instalaciones en las caballerizas de las casas al pasar, nos llaman la atención. Mucho caballo, obras, donde está el negocio, que no lo vemos ?

este es el close-up que le sacó la Paula al chagual
Conversamos de corrido. La Paula está en el centro de los temas. Después tomará la delantera del grupo que camina en fila india por el borde de la canaleta, que nos acompaña con su música rutilante. Los sentidos son atrapados por el entorno, por la bella ruta y esto de estar ahí, presentes, calma el alma y alegra el espíritu. Aparte, el cuerpo, que con el ejercicio se regocija.

la Paula
En la cumbre, que no es cumbre, preferimos la sombra de los arbustos más arriba. Ricas naranjas, de Pancho; mandarinas de Víctor y las almendras tostadas mías, que se las terminaron.
Líquidos, descanso, brisa del viento.

vaca dando leche plácidamente
De repente, voces. Y si, aparece un grupo de seis, con los que de inmediato entablamos intercambio, mientras ellos avanzaban aguas abajo. Tres mujeres en la delantera y luego tres hombres. Yo los hemos visto a ustedes, nos dicen. Dicen también, vemos que no estamos solos por estos cerros. Y siguen camino.

flor de cactus
Iniciamos el descenso. Vemos ciclistas que vienen más arriba; al poco rato nos alcanzan y pasan.
Otro grupo vendrá más atrás.

Pancho y Víctor en la primera parte
Pasamos el tranque, llegamos a la caseta de pago, pagamos (Pancho), y al auto. El placer de sentarnos en el auto es notable. Y a casa, cansaditos y contentos.

martes, 30 de octubre de 2018

Dos Bunster por las Varas

Llego al punto de encuentro y pasa un buen rato antes de que llegue alguien y ese alguien es Víctor Bunster, mi pariente.

Para donde vamos, le pregunto. A Las Varas, me dice; listo. Y para allá partimos en mi auto, pues él quería conocerlo.

Me propuso llegar a la cumbre del Guayacán, cosa que acepté sin muchas ganas. Pero le sugerí la ruta de los ciclistas, cosa que emprendimos.

Víctor
Conversamos sin parar, eso puedo asegurar. Muy pocos momentos de silencio. Tema tenemos los Bunstet, siempre, parece.

En el punto de salida de la canaleta, tomando el ascenso de los ciclistas, me detengo y le digo: bueno, aquí es donde se desata la decisión de ir al Guayacán; decidamos.
La verdad, me dice, es que estoy bastante resfriado y no se si será conveniente.
De eso me aprovecho y apoyo la moción de seguir por la canaleta y esa fue la decisión compartida.

Mucha flor en el camino, que atrapaba nuestra atención. Manchones de dedales de oro, flores moradas, chaguales en cantidades, una florcitas azules, preciosas, etc. Primavera en plenitud.

El cielo se fue tapando, pero sin tapar la resolana, que mantenía nuestros cuerpos con sombras en el suelo. Y un viento profundizó su presencia, haciéndonos sentir que mal tiempo podría venir.
De todas formas ese clima, con ese viento era ideal para caminar por los cerros.

dos chaguales, tienen absorto a Gabriel
Nos sentamos en lo que solemos llamar, cumbre, de esa ruta y nos comimos las viandas que llevábamos: frutos secos y mandarinas de Víctor; muy ricas. Aparte de líquidos, que en mi caso era esa agua azul que Dirk rechaza.

Mucho ciclistas pasaron hecho unos bólidos, mientras estábamos sentados y en otros momentos.

El primer tranque, nos llamó la atención, la poca agua que tenía. En cambio el segundo, tenía el nivel más alto que habíamos visto en hacía mucho tiempo.

Llegamos conversando al auto, pagamos, Víctor pagó y nos fuimos. Lo dejé en su auto y nos despedimos. Una buena mañana de ejercicio, contacto con la naturaleza y buenas conversaciones.
Esa tarde iría a ver la película "La esposa" e iría a almorzar al restaurante La tasca de Altamar, ambas recomendaciones de Víctor. A mi entera satisfacción.

domingo, 21 de octubre de 2018

Plena primavera por las Varas

Llego a la hora al punto de encuentro y ya estaba ahí la Soledad. Nos instalamos a conversar y al poco rato llega Mario Castillo. No llega nadie más. Para donde vamos ? A las Varas dice la Soledad y para allá partimos felices.

Vamos en mi auto esta vez. La señora de la portería aun no llegaba.

Soledad en la delantera
Tomamos la ruta habitual, aguas arriba de la canaleta. No creo que haya más bella ruta que esta, orillando la canaleta, entre luces y sombras de los arboles y vegetación que rodea este surco de agua.

Chagual
Lideró la Soledad, deteniéndose aquí y allá, apreciando chaguales en formación y algunos por aquí y allá, ya florecidos.
Nos mostró incluso chaguales ya florecidos y otros en completa combustión, negros. Nos dijo que el chagual después de florecer muere.

Mario y Gabriel
Los cerros están verdes en todo su esplendor, llenos de flores propias de estar en plena primavera. Día soleado, brisa fresca, calor a medida que avanzaba el día.

Algunos ciclistas nos pasaron en la primera etapa.

Gabriel y Soledad
Llegamos a lo que llamamos la cumbre del día y en una sombra nos instalamos. Sacamos sendos frutos secos (yo llevé almendras tostadas) y algunas mandarinas de la Soledad. Mario ofreció además manzanas.

bellas flores (dedales de oro)
Al poco rato alguien pidió una meditación y yo propuse hacerlo, sentados, con los ojos abiertos, atentos, centrados en la respiración, con los ojos abiertos, muy conscientes de lo que veíamos, oíamos y sentíamos en el completo presente. Produjo buenos resultados.

Partimos cerro abajo, después que unos ciclistas pasaron soplados cerro abajo.

ven a uno de los perros ?
Ah, nos acompañaron un par de perros, que parecen hermanos por el colorido, a pesar de ser de razas muy distintas.

meditando con los ojos abiertos
El tranque estaba con más agua que otras veces, para lo que sacamos esta foto como registro de ello.

tranque
Ojo, están apareciendo nuevos cercos y puertas. Algo se viene para este territorio, parece que quieren arrendar espacio para casas rodantes, picnic, asados y para ello trabajos en la ruta.

nuevo cerco con puerta
Llegamos a la caseta, pagamos, al auto y a casa, felices de otro día de caminatas por los cerros.

nido de canastero (Soledad)

domingo, 7 de octubre de 2018

Relaxation en Las Varas

Después de una bronquitis que me dejó fuera de los cerros por dos domingos, vuelvo a las pistas con todo.
Paso a echar bencina y sigo al punto de encuentro.
Llegue segundo; ahí estaba ya, la Soledad.

Al poco rato, llega Mario Castillo, que se supone había venido unas tres veces, en tiempos pasados. Nunca se topó conmigo.
Luego Pancho, Dirk y José Manuel Salinas.

Pancho. Mario, Dirk, Gabriel y la Soledad
Las Varas, exclamo. No hay oposición y para allá partimos, todos en el auto, con tres hileras de asientos, de José Manuel.

Día semi despejado, con nubes altas. Prontamente nos sacamos polerones y quedamos en poleras.
Tomamos la ruta a la derecha, de inmediato bajados del auto.

Pancho. Mario, Dirk. José Manuel y la Soledad
En animada conversa, en grupos de dos y tres, llegamos a la canaleta, antes al tranque, donde hicimos un pequeño alto para tomar un poco de líquido.
Recuerdo haber estado conversando acerca de las bajas de presión, o zonas de puna, camino al Pintor. Hay una zona baja, donde la puna es máxima. Porqué será ?
Y surgió de la nada el principio de Bernoullí, que pienso, ninguno de los presentes recordaba en plenitud. Pero igual le hacíamos empeño.

José Manuel y Mario Castillo
Luego caminamos aguas arriba en pares. Escuchar y ver el agua, coincidimos es un deleite.
Una parada a tomar bebestibles y llegamos al punto de cima, que es donde empezamos a bajar.
Esta vez optamos por sentarnos a la sombra.

post relax - ese perro nos acompañó todo el camino
Comimos naranjas de varios proveedores y mandarinas, Y algunos frutos secos.
Satisfechas las hambres, Dirk dirigió un ejercicio de relajación, donde al menos Pancho, parece que se quedó dormido. Al final, nadie quería salir de ese estado de relax.

Siendo más o menos las 12:30 decidimos retomar, ya el descenso.

los ahora consuegros, ya que sus hijos están casados en unión-civil
En ese tranque atrás de la foto, nadaban unos patos, que más parecían gaviotas, pero al parecer no lo eran.

Llegamos al auto, pagamos y nos fuimos.

José Manuel tiene en venta estos artículos que se han ido quedando en su auto:






























Salvo que alguien los reclame antes.

martes, 2 de octubre de 2018

Los angelitos y los cerros

El pronostico del tiempo hablaba de lluvias el domingo en la mañana. Lluvias leves, pero lluvias...

Me levanto, miro hacia afuera. Se ve un día lluvioso. De hecho cae agua.
El angelito malo me tiraba a volver a la cama, pero gano el angelito bueno.

Llego a la estación de servicio, que a estas alturas no recuerdo si es Esso, Petrobras, Shell, ....(no es Copec), y veo estacionado el auto de Pancho.
Pongo mi auto en paralelo al suyo y le hago señas. Pero el esta absorto en el celular.
Me estaciono detrás de él, en una importante maniobra, ya que había espacio justo para un auto. Pero el sigue sin detectar mi presencia.

Pancho
Le mando un WhatsApp:
 - Hola Pancho. Hay Subecerros hoy ???
 - Aquí esperando pero nadie aparece
 - Pobrecito, te dejaron solito (jajaja)

Se define el destino.... La Varas.

terreno embarrado
Esta vez vamos por la ruta directa al tranque y de allí hacia arriba. Llegamos muy temprano a la canaleta y decidimos seguir hacia el Morro Guayacán, cosa que finalmente no hicimos porque el camino estaba con mucho barro. En algún punto de la travesía nos devolvemos y paramos en la canaleta a comer las tradicionales naranjas y frutos secos.

trabajos de urbanización
De vuelta al auto, temprano, a una hora compatible con nuestro compromiso de llegar a almorzar a las 13:30 con nuestros nietos.
Un esquisto día entre nubes y rocío, sin lluvia.

Gracias!!! al angelito bueno.

(texto de Francisco Toyos)

miércoles, 26 de septiembre de 2018

Conversando del cambio climático

Ser el último día de los feriados de fiestas patrias, que instó a muchos a salir de Santiago y a otros a aprovechar de descansar, debe haber influido para que llegáramos solo Víctor y yo. Ya eran pocos los que subían a esquiar y pocos ciclistas tempraneros, nos impulsó a ir a nuestra ruta frecuente, Las Varas, que siempre nos muestra nuevos senderos o lindos cambios en su paisaje.

Soledad
Hubo dos novedades: nos siguieron dos perros durante todo el trayecto y conocimos  la ladera poniente de los cerros de las Varas, esa que mira hacia la ciudad. Fue una ruta de ascenso hasta un nuevo (para nosotros) acumulador de agua y de ahí bajamos por una ruta de ciclistas casi hasta llegar a San Carlos, pero decidimos subir nuevamente por el cerro hasta llegar a la cima y a la canaleta.

Con el sonido del agua que llenaba el pequeño tranque al lado de los eucaliptus intentamos compartir con los perros nuestras mandarinas y almendras, pero parece que esperaban asado y no aceptaron.

Víctor
Desde nuestro descanso, vimos una ave rapaz, gris, posada en un eucaliptus, que nos acercamos a reconocer, parecía águila, silenciosa buscando presas.

Regresamos conversando y a las 12 ya estábamos en el auto, con gusto para encontrarnos otro domingo nutriendo nuestro espíritu cuerpo y amistad.

(texto de Soledad Tagle)

ave rapaz