lunes, 5 de diciembre de 2016

Niebla y llovizna en la ruta de Las Varas

Voy o no voy, es la pregunta que varios se hicieron este día. Nublado cerrado, mas llovizna en el aire.
Los que dijeron si fueron: Dirk, Arturo Kutscher y su mujer, la Coti, la Consuelo Fuenzalida, Pancho y yo, Gabriel. Seis, que llegaron a la Shell esa mañana.

Acordamos ir a las Varas, pues había unos almuerzos a los que llegar temprano. Nos fuimos en dos autos y al llegar a destino, casi no había donde estacionarse; estaba lleno.
Y el grupo de esos autos, figuraba reunido, pasado el portón, escuchando las instrucciones de un supuesto líder. Había una buena dispersión de edades, pues había unos pocos niños, jóvenes, otros de mediana edad y viejos también.

Pancho, Gabriel, Dirk, Coti, Consuelo
Los perdimos de vista de inmediato. Partimos un poco después y nos tomamos la ruta larga, sin tomar el atajo, quizás por el puro gusto de las conversaciones que iban en grupo de tres, que al pasar a fila india se entorpecerían.

Arturo, es el primero a la izquierda; Pancho es el que duerme
En el tranque, notamos la baja del nivel de las aguas y Pancho propuso seguir por el camino de las torres y hacer el circuito que si seguimos, nos lleva al Alto del Naranjo. Y seguimos, conversando.

grupo comiendo
Íbamos en medio de la nube, con visibilidad limitada, al punto que en un momento yo iba a la cola con Pancho y punteando iban Dirk y Arturo, los que de a ratos se perdían en la niebla.

Dirk y Gabriel, en animada conversación
Este grupo es un grupo que valora la conversación, sin duda. La ruta se fue empinando poco a poco, pero nunca se hizo demasiado pesado. Pasando de camino a ruta y de ruta a huella.
Hasta que llegamos a la que sería nuestra cumbre, donde se supone hay buena vista hacia el Plomo y ese frente, pero ese día la vista llegaba solo hasta unos metros mas allá.

Nos sentamos, comimos y conversamos, ya todo el grupo. Mandarinas, naranjas, frutos secos y jugos.

la Coti y detrás la Consuelo
De repente llegó el mismo grupo que habíamos visto al partir. Conversamos algunas cosas, salimos de dudas y les dimos indicaciones de como seguir y adonde los llevaba esta ruta. Y siguieron. Deben haber sido unas 25 personas.

Consuelo, Pancho y atrás Arturo
Como a las 11:30 emprendimos el retorno. Partí adelante y detrás mio venía pisándome los talones, la Coti. Como buena profesora de matemáticas que es, le dije que le enviaría después este video, que esperaba apreciara.

adelante, Pancho, la Coti y la Consuelo; atrás, Dirk y Arturo
Ah, y Dirk me pidió este dato, pues tiene problemas con su computador.

flor amarilla
Caminamos y caminamos, en animada conversación. El cielo se fue abriendo, nunca dándonos el sol, pero si vimos espacios claros y nítidos de cielo. El día fue abriendo y la vista se fue extendiendo.

Dirk, Coti, Consuelo, Pancho y Arturo
Llegamos a los autos, pagamos, nos despedimos de Arturo y la Coti y nos fuimos a los autos que habíamos dejado donde siempre, donde el grupo de mi auto terminó de despedirse.

Otro estupendo paseo, grato y con buena compañía.

domingo, 27 de noviembre de 2016

Al Manquehue con sendas visitas de Alemania

Llegan a mi casa la Rebeca con su hospedada Beatriz, de 18 años, alemana, de paso por Chile, a mejorar su español.
Eludo la última parte del trayecto hasta nuestro punto de encuentro, por los millares de ciclistas que inundan el espacio. Y llego por detrás, por el Arrayán.

Soledad. Alejandra, Victor, Pancho, Thomas, Dirk, Arturo, Beatriz y Rebeca
Ya están ahí la Soledad, la Alejandra, Thomas Walentowski, que nos visita desde Alemania, Dirk y Arturo Kutscher, que viene religiosamente una o dos veces al año.
Después llegarán Pancho y Víctor Bunster,
Francisco Toyos, con zapatos de vestir, viene solo a saludar a Thomas y se va.
Seremos seis hombres y cuatro mujeres.

Pancho, Dirk, Víctor y Arturo
Las bicicletas pasaban por millares rumbo a Farellones. Ninguna posibilidad de ir en esa dirección.
Por eso después de un breve debate, la mayoría optó por irnos al Manquehue. Y cada uno en su auto.

Al llegar, pocos autos. Claramente la juventud se mueve más tarde. Y eso que llegábamos allá. a los pies del Manquehue, como a las 9; o pasado.

la Rebeca, detrás la Beatriz, luego Victor y Dirk
En un momento observo que los hombres se han dividido en dos grupos en la delantera y más atrás vienen las cuatro mujeres, en animada conversación.
Es cuando armo la escena para una foto grupal. Esperamos a todos y en fila nos sacamos varias fotos.

Beatriz de Munich en Alemania y Rebeca, su hospedera
El día estaba soleado pero fresco. Nubes bajas se formaban en la vecindad de la cordillera. En algún momento la punta del Manquehue se tapó con nubes por sobre su cumbre. El día estaba exquisito para el esfuerzo subecerro.

Beatriz, Víctor y la Rebeca
Interrumpo este relato para compartir este artículo del Mercurio, donde nuestra amiga subecerros, Paula Christensen, ha sido honrado con el título de ser una de las 100 mujeres líderes de este año. Mírenla a caballo al final de esta pantalla.
Felicitaciones Paula !!

misma foto anterior donde Gabriel se enroca con Arturo
Me entero que Thomas, de paso por Santiago con su mujer e hija, siguen viaje este viernes. Tuvo un matrimonio la noche anterior, donde estuvo hasta las 4 de la mañana, e igual se las arregló para estar con nosotros y llegar hasta la punta del Manquehue, este domingo. Celebramos su presencia y lealtad al grupo y los mejores deseos en su ruta.

Dirk, la Alejandra y Pancho
En el ascenso nos pasan un par, uno de los cuales es un sobrino, Francisco Ruiztagle, nieto de mi tía Gaby, hermana de mi padre. Ocupa un alto cargo en la Papelera, en la parte Forestal. Conversamos brevemente y siguieron adelante.

Thomas. de frente
mejores poses
Llegamos a la cumbre, detrás del grupo, con la Rebeca. Nos encontramos con una banqueta empotrada en el piso y preferí nos sentáramos ahí un rato, apreciándola, antes de integrarnos al grupo.
El grupo estaba en el lado que mira a la ciudad de Santiago, hacia Santa María de Manquehue y compartía alimentos como siempre. Ahí nos instalamos con la Rebeca.

Víctor y Beatriz
Thomas se despidió, pues tenía compromisos y debía bajar rápido, Lo desafié a ver si podía despegarse de nosotros, pero la verdad lo logró rápidamente.

Gabriel
Bajamos bastante rápido, ruta que hice casi íntegramente con Arturo, conversando de un tutti-quanti.
Abajo, esperamos al resto del grupo, que no venían muy lejos. Partí con la Rebeca y la Beatriz, que disfrutó mucho del paseo.

Rebeca y nubes en la cumbre
Cansados quedamos y contentos del paseo y del ejercicio.

domingo, 20 de noviembre de 2016

Haciéndola corta por Las Varas

Llegamos con la Rebeca y ya estaba ahí, José Salinas, el de Blumos. Al poco rato llegó Pancho. Y esos cuatro seriamos.

Pancho pide hacerla corta, pues tiene la misa del funeral de la suegra de Francisco Toyos. Las Varas era una buena opción, a pesar de los muchísimos ciclistas que recién habían pasado hacia arriba. José había pedido una opción donde él pudiera seguir solo, pues pensaba quedarse en los cerros hasta como las cinco de la tarde.

Rebeca adelante, la siguen Pancho y José
Pagamos la entrada de Las Varas, salvo dos que quedamos de pagar a la vuelta, pues la señora no tenía vuelto, para el billete con que andábamos.

Rebeca y José
Subimos al principio con mucha lentitud, disfrutando el día, soleado con nubes altas, que bajaban un poco la temperatura.
A la segunda curva Pancho propuso tirarnos a lo derecho hacia arriba, en la dirección de unas rocas que la Rebeca había visto parecidas a dedos de una mano. Y eso hicimos.

atrás la cumbre del Pochoco
Fue una fase de escaramuza. De buscarle el lado al cerro, a las pendientes, las rocas y los matorrales, algunos de ellos litres.
Fue entretenido y laborioso. Llegamos a la cumbre que nos habíamos propuesto, cansados y traspirados. Y nos encontramos con una ruta standard, por la que seguimos cerro arriba. La Rebeca adelante, esta vez.

José y la Rebeca
Al llegar a una cima, donde empalmamos con nuestra ruta más habitual a la cumbre, decidimos virar hacia abajo y establecer nuestra cumbre de ese día, por la hora.
José nos acompañó al ágape, pero después se despidió y se las emplumó solo cerro arriba.

Pancho
Comimos mandarinas, frutos secos y pasas de la Rebeca. Con vista cerro abajo.

Y bajamos tranquilamente, los tres, conversando. Incluso no tomamos el atajo al llegar abajo, para hacerla mas larga, quizás.

a la vuelta pasamos por el tranque;
aquí se aprecia la nubosidad del día
Pagamos, los que habíamos quedado pendiente, tomamos el auto de Pancho y nos fuimos. Pancho a su misa.

lunes, 14 de noviembre de 2016

Al Manquehue en día de bruma

Llegué al punto de encuentro (Eugenio) y estaba Gabriel en su auto, al poco rato llegaron Anne Marie con Francisco Toyos, luego Pancho y finalmente Dirk, que hacía tiempo no participaba.
Gratos saludos y conversa previa, pero pasaban los minutos, Gabriel propuso alternativas y se impuso ir al Manquehue, Pancho había propuesto repetir la ruta por cerca de los tubos que hicimos hace un par de semanas, pero tuvo que agachar el moño.

un día de bruma
Partimos cada uno en su auto y nos estacionamos donde siempre, habían muy pocos autos, nos llamó la atención ya que a esa hora, 9:10 suele haber mas.
La primera parte, que es camino de autos, es medio fome aunque uno vá entrando en calor y viene la habitual desabrigada.

subiendo; Eugenio adelante; atrás Pancho y Dirk
La conversa en parejas avanzaba junto con la subida.
Al llegar al final del sendero que avanza hacia el norte, Francisco Toyos sugirió mostrarnos unas cavernas que había descubierto hace algunas semanas subiendo desde el cerro El Carbón. Gabriel se había disparado hacia adelante así que al ver que nos desviamos prefirió no devolverse y siguió subiendo mas lento.

la Anne Marie y Dirk en animada conversa
Con Toyos a la cabeza llegamos por el faldeo nor poniente a unas formaciones de rocas bien curiosas, una de ellas, sin ser una cueva, conformaba una planicie cubierta por una roca de gran tamaño. Se notaba que ese lugar había sido utilizado mucho para acampar, la roca estaba completamente tiznada con el hollín de las fogatas y, como lamentablemente suele suceder en nuestro país, el entorno estaba lleno de basura que dejan los que acampan.
Vistas las rocas retomamos la subida.

visitando las cuevas
Gabriel nos cateaba de lejos y nos hacía señas.
En la subida nos separamos de nuevo, yo me fuí detrás de Gabriel y quedaron mas atrás Pancho, Dirk, Anne Marie y Francisco.
En la cumbre había mas gente, conversando a voz en cuello, algunos grupos de niños chicos revolviéndola, así que nos fuimos a hacer el descanso y compartir los comestibles mirando hacia el sur poniente.

Pancho, Francisco, Eugenio y Dirk
Se veía por todos lados el humo de los incendios que han rodeado Santiago los últimos días, se olía también levemente el humo.
Nuestra posición nos permitía ver la cancha de golf del Club de Polo y casi todo Santa María de Manquehue con sus casas, jardines y ahora algunos edificios.
Las mandarinas de Pancho muy buenas y los frutos secos sobreabundaron.

Pancho. Anne Marie, Eugenio y Dirk
La bajada la emprendimos Gabriel y yo mas rápido que el resto y le dimos a la conversa.
En parte, el tema anduvo por el lado de las relaciones familiares y los ritos de juntarse a almorzar los fines de semana, que en el caso de Gabriel sigue vigente gracias al entusiasmo de su mamá y que el tiempo probablemente hará que se traslade a las ramas cuando el tronco ya no esté.
En mi caso, mi padre también mantiene invitación permanente los días domingo a la hora de almuerzo, como yo voy al cerro, no participo y mis hijos tampoco, salvo situaciones excepcionales, entonces me preocupo de almorzar con él en la semana, para mí resulta mas agradable y podemos conversar tranquilos ya que en los tumultos dominicales normalmente no hay espacio para eso.

vista interior de la cueva
Llegamos muy anticipados abajo así que despedida y para la casa.
Como siempre, una rica caminata en compañía de buenos amigos nos deja energizados para la semana.

(texto escrito por Eugenio Lagos)

lunes, 7 de noviembre de 2016

Buscando la sombra por los la ruta de los Llanos de Javier

Ayer domingo, dudaba de si ir al cerro o no. Había amanecido resfriado y algo congestionado. Y ocurre que me llama la Rebeca, preguntando si iba al cerro, para irse conmigo. Vente para acá, le dije. Con ello los dados estaban tirados: iba.

Soledad, Rebeca y Nancy
Llegamos y había dos mujeres. El sol era fuerte, así que nos movimos más arriba por la vereda, buscando la sombra. Parecía que iba a ser yo solo con tres mujeres. Estaban además la Nancy y la Soledad Tagle.
Pero llega José, en su jeep rojo.

Nancy
Vamos por una ruta con sombra. Y qué mejor que los Llanos de Javier. Íbamos saliendo y me llama Pancho, aun en su casa; se había quedado dormido. Le dije adonde íbamos y que trataría de hacerla lenta, para que nos alcanzara.
Fuimos seis al final de cuentas, tres hombres y tres mujeres.

zona de escalada en roca
Llegamos a la zona de las escaladas en pared de piedra y había ya gente subiendo y otros más allá saliendo de sus carpas, donde habían dormido.
Seguimos adelante y en un punto donde hay una vista de mirador, paramos y llamamos a viva voz a Pancho. Y contestó. Nos venía pisando los talones. Lo esperamos ahí hasta que nos alcanzó.

subiendo, tres mujeres adelante, José atrás
Estuvimos comentando del grupo de los Malayos, con los que Nancy nos ponía el gorro. Un grupo numeroso, más organizado, en que varios tienen radios para la intercomunicación en los cerros. Y siempre va uno adelante y otro atrás, por si alguien capota, para asistirlo.
Ellos serían más pro y nosotros, un grupo más social.

Nancy y José
No estaba en mi mejor día, con esto del resfrío. Mucho jugo salió de mis narices. Pero, si mi hijo Diego, acababa de hacer la vuelta del Llanquihue en bicicleta, que son 168 kms, medio enfermo; cómo yo iba a flaquear aquí ?!
Así que seguí dándole y llegamos a nuestra cumbre, desde donde ya avistamos los Llanos, adonde José seguiría más tarde, después del descanso nutricio.

Rebeca y Soledad
(recorté a Pancho por impresentable)
Nos sentamos a la sombra de unos quillayes y comimos, mandarinas, frutos secos y tomamos agua. Conversamos y sacamos algunas fotos.
Figurábamos en un momento, Pancho la Rebeca y yo, echados de espaldas, casi durmiendo; al menos yo. Estaba exquisito y se me olvidó que tenía que volver temprano a un almuerzo al que estábamos invitados (retos hubieron después).

cactus en flor
José se despidió y siguió adelante, en la dirección de los Llanos.
Nosotros iniciamos nuestro descenso, con el apuro mio, con la Rebeca pisándome los talones, pues iba conmigo en el auto.
Llegamos abajo los primeros y nos fuimos sin esperar a los demás.

foto de los Llanos, enviada por José
Notable fue la pasada por la zona de escaladas, que hervía de gente y no había espacio por donde los que venían llegando pudieran trepar.
Lleno. Mucha mujer escalando, me llamó la atención.
Lugar hermoso. Todo pasando ahí, sombreado, en medio del bosque.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

A la Ermita en fin de semana largo

Llegamos 8 en un fin de semana largo, todo un récord.  Estaba José 1 y la Lily con la Alejandra cuando llegamos la Isabel y yo (Eugenio), en eso llegó Pancho seguido de José 2 y luego Víctor.
No hubo mucho debate Pancho propuso la Ermita y tomar una subida diferente que nos mostraría.
Partimos 4 en el auto de José y 4 en el mío.
La subida se inició cruzando los alambres de púas y tirándonos cerro abajo, hasta un camino que conduce a un puente de madera que cruza el río. El sector por donde nos metíamos antes, que tenía una canaleta de fierro corrugado ha cambiado, ahora hay una reja y perros.

en una cumbre
La subida un poco fría pues íbamos por ladera sin sol. La conversa saltó desde los autos híbridos hasta los avatares de la cancillería y la delicada situación de las relaciones de nuestro país con sus vecinos y como muchas veces, por miradas de corto plazo, se descuidan aspectos de este asunto.

cruzando puente
Un perro de por ahí nos siguió, era curioso porque se mantenía siempre detrás de una persona, no era el típico perro que se adelanta y se cruza por delante.

Pancho
El grupo se distanció en una avanzada compuesta por Pancho, José 2, la Alejandra y la Lily. Un poco más atrás Víctor, José 1, la Isabel y yo.

Víctor y Pancho más perro
En un momento alcancé al primer grupo y la Lily se quedó atrás. Al esperar al resto supimos que la Lily había decidido quedarse en un lugar donde la recogeríamos a la vuelta.
Nos estuvimos en un plano a descansar un rato y comer algo.
Ricas mandarinas de Pancho esta vez y frutos secos.
José 1 preocupado se decidió a bajar para encontrarse con la Lily. El resto lo hicimos unos pocos  minutos después.  José 2 estaba complicado pues le avisaron de su trabajo que tendría que ir a solucionar un problema con posible viaje a San Antonio.

Isabel
No nos encontramos con Jose 1 y la Lily al bajar.
Bajamos por la ruta de los tubos, pasando por la caseta de la antena abandonada.

Eugenio
El cielo sobre Santiago mostraba nubes muy oscuras  pensamos que no tardarían mucho en llegar los anunciados chubascos.

A la vista José Manuel, Víctor y la Isabel
Llegamos al estacionamiento pensando que José 1 y la Lily ya habrían llegado pero no era así.
Esperamos, conseguimos sus teléfonos y Pancho los llamó varias veces. José 2 y la Alejandra se ofrecieron a esperarlos así q el resto partimos de vuelta.

detención de cumbre
Ya en Santiago recibimos llamada de la Alejandra contándonos que José 1 y la Lily habían llegado sin problemas.

la de atrás es la Isabel
Un rico paseo de domingo en fin de semana largo ya que lunes y martes son feriados.

cactus
(texto de Eugenio Lagos)