lunes, 4 de septiembre de 2017

Caminando entre brumas

Seguramente muchos dudaron si levantarse un día en que se anunciaba chubascos, fuimos 4 los que confiamos en poder respirar aire limpio. Al llegar al punto de encuentro nos refugiamos de la garuga mojadora en el auto.

Antonia, que no iba hace tiempo, llegó con Mario, quien iba por primera vez al cerro, Víctor Bunster y yo, Soledad, partimos decididos a Las Varas, para hacer esta vez la ruta inversa, de modo de volver por el tranque grande.

Antonia y Mario
Estaba tan cerrada la niebla que apenas se veía a 5 metros, Mario tuvo que confiar en lo que le contábamos se veía en un día despejado, allá al fondo cerros nevados, en cada cima las casas de Las Varas, el camino al alto del naranjo, allá el tranque, tan cerrado que hasta nos costó ubicar la canaleta, nos topamos con un par de ciclistas, uno de ellos nos indicó el camino, era argentino y con su buen humor, nos dijo, “che, no estamos ya en Argentina?”

Antonia, Mario, Víctor y Soledad
Por la ladera de la canaleta, influido por las condiciones del tiempo, las conversaciones fueron la
sobrevivencia en situaciones de riesgo, la necesidad de seguir a un líder, que en este caso sería Victor; otro tema fue uno de los casos emblemáticos de fraude nacional, dilucidado por un mail que equivocó el destinatario y mostraba que el amor para ella y la codicia para él, eran el
en la canaleta
fundamento de esa relación, que traspasaba información privilegiada.

Por el frío, el tiempo para la colación compartida fue corta, pero suficiente para que Mario, se desahogara de una situación, nos dijo lo tenía hace años atragantado. Bajando una empinada
escalera de estación de metro, iba soñando y saltando escalones de 2 en 2, hasta que súbitamente perdió el ritmo y en una milésima de segundo, decidió que, en vez de caer indigno de espalda o de cabeza, se iba a transformar en un torbellino, y así fue, se enrolló sobre si mismo y comenzó la loca carrera (se me olvidaba contar que es maratonista) de una figura humana como bola de nieve. Lo que no sospechaba era que iba a adquirir tal velocidad y arrastrar a cuanto distraído bajaba por la escalera, solo recuerda que iba escuchando, ay! ay! mis zapatos!! Mis medias!! Así llegó abajo, indemne, rodeado de zapatos de taco, miró hacia arriba y vio varias personas tratando de armar sus cuerpos y encontrar sus zapatos. Sus palabras fueron solamente: “¿qué pasó?” y una vez en el metro comprobó que apenas tenía un piquete en el pantalón. Desde esa fecha dice llevar consigo siempre un par de medias de mujer por si tropieza nuevamente y causa tal bochorno en una transeúnte.

Para nosotros la frase del bronce fue “Qué pasó?”

(texto de Soledad Tagle)

lunes, 28 de agosto de 2017

Un día nublado cerrado que se abre camino a la cumbre del Pochoco

El día amanece frío, nublado cerrado; nube baja. Miro para afuera y salgo, para sentir el día; decido vestirme y partir.

Al llegar ya estaban ahí Eugenio Lagos y José Salinas, mi consuegro.
Un rato después, llegan la Anne Marie y Francisco Toyos.
Antes que llegaran, los que estaban habíamos acordado ir al Pochoco. Francisco traía en mente los Llanos de Javier, pero aceptó el plan del Pochoco. Este es un destino que varios de los subecerros siempre rechazan; hoy no estaban.

Anne Marie, Eugenio y Francisco
Yo me fui en mi auto y el resto se subió al de José.

Gabriel. Eugenio y Francisco
Nos encaramamos rápido la primera fase, notando lo destrozado de la ruta, con socavones que han aumentado desde la última vez que anduve por aquí.
Hay más gente que viene a este cerro. Temprano no había tanta. Cuando bajábamos, nos cruzamos con un par de grupos grandes; uno de ellos de mujeres norteamericanas, con las que nos detuvimos algunos a conversar y a denostar juntos a su presidente, el tal Trump, que les avergüenza.

Eugenio
En el Mirador nos detuvimos a descansar, apreciando que incluso, más abajo, había una zona iluminada por el sol. De repente nos dimos cuenta que sobre nosotros, teníamos cielo azul y que el sol no nos llegaba, porque el cerro lo impedía.
De repente, sin movernos aún del Mirador, vemos los cerros hacia el norte, nevados, preciosos.
Y de repente, como de golpe, se abre todo y quedamos bajo cielo despejado. Una maravilla. No lo esperábamos.

José y Eugenio en la cumbre
Seguimos subiendo, ahora en un día despejado, apreciando las vistas y el paisaje, todo iluminado por el sol.
Subimos por la garganta de rocas, para luego tomar la ruta directa a la cumbre.
Llegamos dándole la espalda a Santiago, por la ruta más empinada.

Francisco, Eugenio, Anne Marie y José, descansando en la cumbre
Nos fuimos a tirar al suelo, donde solíamos estacionarnos antes en la cumbre, con vista hacia el Plomo.
Ahí comimos un surtido menú, que incluía almendras tostadas (no quedó ninguna), frutos deshidratados, manjar duro y chocolate con coco.
Llegaron unos pajaritos que se nos acercaron mucho, caminando y les dimos manjar y otras cosas, que comieron con avidez y nerviosismo, siendo nuestros acompañantes, buena parte de nuestro largo descanso.

cóndores a la vista en la cima del Pochoco
Ya cerca del las 12, decidimos iniciar el descenso, esta vez, hacia la derecha, por la bajada mas suave.
Llegamos abajo justo a las 13:30. Cansaditos, varios.

El descenso hay que hacerlo sin mucha conversación, atentos adonde ponemos cada paso, pues las caídas son un riesgo. El suelo está muy roto, en muchas partes del camino.

cambiaron la imagen por una carita sonriente
Antes de partir, ya de pie, vimos a tres cóndores en la cumbre, sobrevolarnos. Fue un espectáculo hermoso, que toda la gente que estaba en ese momento en la cumbre, compartió.

domingo, 20 de agosto de 2017

El verdor de una llovida primavera en el Huinganal

Día precioso. Despejado, aire limpio. Salimos de casa casi oscuro con el cambio de horario. Hace frío en el punto de encuentro; algunos van a sus autos y traen ropa adicional a la que tienen puesta.
Están la Soledad Tagle, José Salinas, Eugenio y la Isabel, y yo, Gabriel.
Destino las Caballerizas. Dejamos los autos en el Lider y seguimos en el auto de José.

Soledad, Isabel, Eugenio y José
La Isabel pide partir por la parte más empinada, cosa poco frecuente para nosotros; y eso hacemos.
El suelo está barroso y las posas de agua, con una capa de hielo. En las zonas sombrías, se ve el blanco de la escarcha.

La conversa es animada. A medida que vamos subiendo, cambia la temperatura, el sol va saliendo entre los cerros vecinos. Y nos vamos desvistiendo.

vista a la ciudad
Nos pasa un grupo de jóvenes; unas ocho personas. Después nos pasa un padre con un hijo, adulto ya.
Nosotros vamos sin apuro, sin presión, firme adelante.

Finalmente llegamos a la cima; donde los grupos se separan entre los que siguen hacia el Carpa y los que van a darle la vuelta al cerro a la izquierda; nosotros.

José, Soledad, Eugenio y la Isabel
Seguimos de inmediato para hacer nuestra parada de descanso en la mesa con banquetas. José y Eugenio van adelante. Yo me quedó atrás, un poco por delante de las mujeres, escuchando sus temas de conversación. Me gustan. Hablan de personas, de pacientes, de sexualidad, que hoy día se ha puesto muy promiscua entre los jóvenes. Además se separan muy pronto. Algo les preocupa de todo eso. A mi me intriga.

Es largo ese tramo hasta la mesa. Al llegar, ya está instalado José y al frente suyo, Eugenio. Me siento al lado de José y saco dos mandarinas, una barra de chocolates y un tarro con mas que nada almendras. Hay muchas más cosas sobre la mesa. La Isabel pone sus productos que valoramos varios y nos enteramos valen $  500 cada bolsita.

grupo de a caballo
En el camino a la mesa, nos pasa un grupo de a caballo. Van padres con sus hijos, uno de ellos de 6 años. A uno de los padres, se le ha caído su celular, nos enteramos más adelante por los gritos de Eugenio o José. De repente vemos que un adulto viene de vuelta tras su celular. Eugenio camina de vuelta con el celular en su mano y se lo pasa. Agradece, media vuelta y nos volvemos a separar.

Soledad e Isabel
Pasadas las 12, levantamos campamento y continuamos la caminata, ya de vuelta. Nos hemos abrigado y la primera parte, sombría, es helada.
A medida que bajamos, nos va pegando el sol y el suelo se va poniendo barroso; mucho. Veo en las suelas de varios, rumas de barro, que los alzan del suelo.

Eugenio, Soledad, José y Gabriel
Llegamos al cruce de calles, donde hay distintos grupos de ciclistas. Cruzamos saludos con algunos y seguimos. Vamos conversando, buscando las partes menos barrosas.
La vista de la ciudad es gloriosa. La conversación sigue animada.

José adelante y ese grupo de tres son Eugenio, la Isabel y la Soledad
Llegamos a los autos. Nos damos de patadas contra las piedras buscando desprender el máximo de barro posible. Nos subimos al auto que es un placer, sentarnos. Estamos cansados, más que otras veces, quizás por lo barroso del camino en muchas partes.

Y pa la casa, satisfechos, de un nuevo paseo, ejercicio y la conversa de un grupo bien sintonizado.

domingo, 6 de agosto de 2017

Seis hasta la canaleta de Las Varas y una al Alto del Naranjo

Detrás mio, llega al punto de encuentro, la Alejandra. Se sube a mi auto y al poco rato detecta a Pancho y Dirk parados más atrás en la vereda. Nos bajamos y muy luego llegan la Anne Marie y Francisco Toyos. Esos seriamos, seis. Y la Alejandra se desprendería de nosotros en la canaleta de Las Varas, para seguir sola, nuevamente, al Alto del Naranjo, cosa que me consta logró.

El día estaba nublado, más bien frío, pero con cielo despejado hacia la costa. Nubes altas.

al fondo Francisco, sentados Gabriel, Alejandra, Pancho y Dirk
El tranque de Las Varas, tiene muy poca agua. Y eso que estamos terminando el invierno y empezando la primavera. Mucho aromo en flor y frutales de flores blancas.

Fue tema el accidente de los Malayos, de los cuales nos acompañó una de sus miembros el domingo pasado. Nos contó detalles del suceso, donde ella participó. Pero lo que se me quedó ahora, son los procesos internos del cuerpo, en esas condiciones de extremo frío, que sufrió en particular la mujer que murió, tema del que Francisco mucho sabía. Pensé lo importante que es saber estas cosas, si uno va a estar expuesto a circunstancias así.
Él y la Alejandra mostraron equipamiento habitual de los Malayos, como pitos y espejos para hacer señas.

Francisco, Anne Marie y Alejandra
Llegamos a la canaleta, nos sentamos y hasta ahí nomás llegamos. Pancho tenía un almuerzo a la una y media.
La Alejandra nos recomendó a Boris Cyrulnik, cuando nos contaba que aun no se ganaba el Quino que compraba todas las semanas y qué haría con esa plata. Una media obra social en una población de las más pobres. Guau.

Dirk y Pancho
Comimos abundantes naranjas, mandarinas y tangerinas, más frutos secos.
Escuchamos la tenue música del agua que corría a nuestras espaldas.
Y bajamos, despidiéndonos de la Alejandra, que no logró arrastrarnos más arriba.

Francisco, Alejandra. Pancho, Dirk y la Anne Marie
Dirk recomienda la película de Michael Moore, Invadiendo el mundo, que además está en Netflix.

Bajamos tranquilamente, disfrutando del paisaje y de a ratos conversando.

En la Boletería pagamos, nos subimos al auto de Dirk y a casa.

lunes, 31 de julio de 2017

A las Caballerizas sintiendo el comienzo de la primavera

Después de varias semanas sin participar (Eugenio), llego justo a las 8:30 a la Terpel y estaban Gabriel y Magdalena Pinto, quien va por primera vez,. Al poco rato llega, José Manuel Salinas, Víctor y la Anne Marie, seríamos seis y nos dirigimos a las Caballerizas o Huinganal.

Eugenio, Anne Marie, Víctor y José
Fuimos, como siempre en todos los autos hasta el Lider y desde ahí en la station de José Manuel hasta el Club de Equitación en La Dehesa.

vista de Santiago
El día estaba exquisito, el sol calentaba algo, pero al inicio de la caminata partimos todos bien abrigados. Subimos por el camino de autos para bajar por los caracoles.

La subida bien conversada, con varias paradas breves.

Eugenio, Anne Marie, Víctor, José, Magdalena y Gabriel
Magdalena trabaja en el ámbito de la computación y tiene carrete en esto de los cerros porque ha subido mucho con Los Malayos. Ubicó a los subecerros por el blog y contaba que se leyó todos los posteos....que paciencia!

la Magdalena nos pide más expresividad
En el camino conversábamos Víctor, José Manuel y yo, acerca del problema del basural de Til Til, que ha hecho noticia últimamente. JM proponía tener una mirada de mayor perspectiva y no dejarse atrapar por la polémica de turno, que por lo demás es bastante alimentada por el periodismo, que levanta temas para vender y luego los abandona porque aparece otro que capta mejor la atención de la gente y así, el tema en boga es siempre nuevo y está siendo reporteado con todo el morbo posible.

María Magdalena Pinto
Llegamos al Quillay e hicimos una parada más larga que la habitual, incluso algunos sacaron comestibles de sus mochilas.

cerro arriba
El panorama hacia Santiago nos ofrecía una vista palpable del smog que cubre la ciudad y que, con el aumento de la temperatura (creo) empieza a desplazarse hacia el nor-oriente.
Retomamos la subida un poco más desabrigados.

contemplando la vista a Santa Martina
El terreno está bien húmedo, con algo de barro en algunas zonas, los cerros con pastito verde recién salido y algunas florcitas apareciendo. Este cerro tiene muchas flores más entrada la primavera, ojalá este año se repita.

en el árbol en que siempre paramos a descansar
Llegamos a la tradicional mesa del pic nic, donde salieron los aportes de cada uno, yo compartí unos snacks que está vendiendo la Isabel (link) que tuvieron muy buena aceptación.

comiendo en la mesa cumbre
Después del tentempié emprendimos la bajada, yo me adelanté varios metros, así que bajé solo, me topé con varios grupos de caminantes que venían subiendo, uno bastante numeroso y compuesto por varias familias completas premunidos de poleras todas iguales.

Magdalena
Esperé en el auto y al poco rato apareció el resto del grupo, partimos al estacionamiento del Líder y calabaza.
Buena caminata, conversaciones entretenidas y el día muy rico.

polera con Logo (todos las llevaban)
Armando Hamel
(texto de Eugenio Lagos)

domingo, 23 de julio de 2017

A las Varas antes de que llueva

Había pronósticos de lluvia para este día, aunque localizada más bien en la tarde.
Día nublado, más bien frío.

Llegan Víctor, Pancho, Francisco y la Anne Marie, y yo, Gabriel.
Sentados todos adentro de mi auto, por el frío, decidimos ir a las Varas, por la posibilidad de lluvias.

Francisco, Anne Marie, Pancho y Victor
Nos vamos en el auto de Víctor. Llegamos y pagamos y hacemos el circuito más clásico hasta la canaleta.

en la canaleta
Nada de nieve quedaba de lo que vimos el fin de semana anterior. Se veía nieve, al frente, en los costados del Pochoco, a la altura de su cumbre y más abajo también. Pero como manchones en las zonas sombreadas del cerro.

Pancho y Víctor
La conversación animada como siempre. El tranque con bastante poca agua.

Invitamos a Pancho a ir en la delantera, porque sabemos que cuando va ahí, emerge su mejor versión escaladora; de hecho, de repente, se aleja hacia adelante.

Pancho
En un momento, en una breve detención por algo que conversábamos, vimos un zorro que iba poco más abajo. Nos pareció bello y colorido.
Detrás, lejos eso si, aullaban unos perros, que temí iban tras él.

Llegamos a la canaleta, donde estaba el dueño de los perros que escuchábamos, a los cuales llamaba con gritos y una corneta. Francisco se instaló a conversar con él. Estaba unos pasos más arriba.

descenso
Comí una mandarina de la Anne Marie y una naranja de Pancho. Aparte de frutos secos de varios, incluidas una almendras que yo llevé.

Contemplamos la cordillera, que se iba nublando más y más, con nubes cargadas de agua que iban tapando la cordillera.
Al sentarnos, nos abrigamos más, pues el frío aumentaba.
Por esta misma razón, más temprano que tarde, decidimos bajar, por la posibilidad que agarrara la lluvia.

Y de hecho, llegamos a los autos ya chispeando.

domingo, 16 de julio de 2017

Un blanco día de cerros por Las Varas

Hacía 46 años que no nevaba tanto en Santiago. Santiago amaneció completamente cubierto de nieve. En mi casa, se veía nieve en los techos y en el pasto abajo.

Al llegar al punto de encuentro, entre el auto y la vereda, rumas de nieve.
Caminaríamos sobre nieve todo nuestro trayecto de subecerros, lo sabíamos.

Soledad, José y Pancho
Llegamos al punto de encuentro cuatro: José Manuel Salinas, Pancho, la Soledad y yo, Gabriel.
Destino consensuado, Las Varas.
Transporte, el auto de José.

huellas
Hubo un evento en el punto de encuentro, causado por una mujer joven, que se instaló en la mitad de la calle, siendo que el tráfico a la nieve era intenso.
Se metieron un par de guardias Municipales a sacarla de ahí, a lo que ella se resistía y después llegó un carabinero.
Ella discutía y se resistía y fuimos con la Soledad a ver si podíamos aportar algo. Ella figuraba en manga corta sin más vestimenta que una polera. Trajeron dos polerones, que se supone eran de ella y ayudamos a ponérselos, cosa que no era tan fácil
Le pregunté que había tomado, pues parecía borracha. me dijo "de todo" y que era drogadicta.
Bueno, ayudamos un poco y nos fuimos, recomendándole que aceptara el ofrecimiento del carabinero de llevarla a casa.

José, la Soledad y Pancho
Optamos por llegar al tranque y de ahí seguir por el camino de las torres, lo que haría nuestro paseo, bastante horizontal. La razón de ello es que la nieve le ponía al caminar una dificultad adicional, aparte de las distracciones frecuentes, por las huellas de los animalitos y aves del cerro, que nos deteníamos a dilucidar.

Pancho
Un video de la articulación del hombro que yo había mandado en mis envíos semanales, dio para hablar de anatomía y su maravillosa ingeniería, que esconde un arquitecto pensante y una capacidad de reproducir el diseño en forma casi idéntica en 7 billones de humanos. Qué capacidad hace eso ?
Me resistía a aceptar la respuesta de Dios que uno de nosotros propuso, pues con ello me tranquilizaba y dejaba de tener la pregunta en la mente.
Conté que el asombro que yo experimentaba en un curso como ese, no lo veía en la profesora que se reducía a pasar nombres y funciones, con frialdad.

Soledad
Bueno, de ahí pasamos a hablar de Dios, religión y espiritualidad. Tema que me resisto a reproducir aquí. Hay diferencias importantes en nuestros grupos, cosa que maravillosamente, no produce fricciones ni divisiones. La diversidad se acoge aquí, está claro.

José Manuel
Llegamos a un punto, donde se presentó la alternativa de bajar por unas casas y devolvernos por la carretera, cosa que propuso Pancho, pero no fue acogida.
Hicimos nuestro alto de cumbre ahí, donde nos comimos los alimentos que llevábamos y descansamos un buen rato, algunos sentados en algunas rocas que emergían de la nieve.

todo nevado
Y de vuelta por la misma ruta. Con Pancho nos alejamos adelante y detrás venían la Soledad y José en animada conversación.

Pancho
Llegamos al auto, pagamos y de vuelta a casa, apreciando la comodidad del vehículo, su buena música y temperatura.

Un día blanco memorable, despejado, de caminata en animado grupo.