lunes, 30 de noviembre de 2015

Dos son compañía

Se auguraba un día caluroso, lo que por mi parte hace temer cansancio extremo, llegué punteando la tradicional fila de autos al lado de la bomba de bencina, a los pocos minutos llegó Jean, a quien no conocía, pero rápidamente nos reconocimos como subecerros y me contó que ella era de las fundadoras del grupo y hoy era la primera vez que venía en este año que estaba terminando,

Fernando Saavedra y Jeanny
Esperamos hasta las 8.45 y no llegó nadie más por lo que partimos las dos al destino que Jean tenía decidido desde antes, La Hermita por el sendero de la izquierda del río Molina.

la Soledad
Al estacionarnos Jean reconoció el auto estacionado de Fernando Saavedra, comenzamos el sendero, estaba muy bonito, el sonido del agua corriendo veloz nos acompañó todo el camino y a poco andar Jean distinguió  a lo lejos la figura de un hombre de caminar pausado y sigiloso, esta vez silencioso,  atravesando el río por un puente colgante, al instante apuramos el paso para alcanzarlo, era Fernando, queríamos saludarlo y preguntarle algunas cosas del lugar.


Muy vigil y atento compartió su información de la existencia de dos campos,separados por el río Molina, el Toyo al lado derecho y el otro que olvidé el nombre a la izquierda, el que ha sufrido la instalación de muchas puertas y alambrados el último tiempo, también nos contó que su caminar se inicia los domingos a las 7 AM y que a esa hora ya estaba regresando.Nos despedimos pensando en acompañarlo alguna vez en su caminar.


Continuamos por el lado izquierdo del Molina, por el sendero florido "zapatitos de la virgen" astromerias, copihuitos, espinos, guindos con frutas aún verdes, intentamos subir por una quebrada pero el sendero se interrumpió y luego atravesamos potreros llenos de yuyos, mariposas y cuncunas,  hasta que el riego de los potreros nos hizo volver y descansar a orillas del río, conversando de nuestras vidas, de lo interesante que ha sido la inmigración a Chile de familias de otros países a las que nos ha tocado  conocer y apreciar por ejemplo la  mayor capacidad de expresión de los colombianos, intentamos deducir que a los chilenos nuestros genes, el clima hostil y el pasado de maltrato, nos han hecho ser más parcos, pesimistas e introvertidos, todo esta conversación  enriquecida por la cultura y visión de la psicología de Jean.

Jeanny y Soledad
Regresamos más temprano que lo habitual para aprovechar de llegar a preparar almuerzo y (nos afloró la desconfianza chilena) sospechamos que hubo un paso "alternativo" o quizás ha sido la época de fiestas de fin de año que hicieron que el grupo fuera solo de dos.

Jeanny
(texto de Soledad Tagle)

Jeanny

martes, 24 de noviembre de 2015

Plaga de cuncunas y mariposas en el Huinganal

Para llegar al punto de encuentro, hubo que pasar por entre medio de miles y miles de ciclistas que se aprestaban para correr por la ruta a Farellones. Los que nos encontramos ese día decidimos que el camino a Farellones no sería nuestro destino, así que nos fuimos a las caballerizas del Huinganal.

Víctor, Marisol, Soledad, Consuelo, Kiko y Dirk
Eramos ese día Dirk (el tío Dirk, pues llegó con su transporte escolar), Víctor, la Marisol, que apareció después de mucho tiempo, la Consuelo, la Soledad, Francisco (Kiko) Schmidt y yo, Gabriel.

flor blanca
Dirk pidió que hiciéramos primero la parte escarpada, pues prefería subirla que sufrir los resbalones de la bajada.

mirando la plaga de cuncunas
la Consuelo
Ya arriba, nos llamó tempranamente la atención, la cantidad de cuncunas que caminaban por el piso; plaga.
Poco más allá la plaga era de mariposas, lo que no era algo feo, sino al contrario, precioso. Muchas veces nos detuvimos a contemplarlas y varias veces pudimos acercarnos a ellas casi hasta tocarlas.

mariposas con esta, por miles
El día estaba exquisito, pues hasta medio nublado estaba. Eso lo hacía fresco, al punto que cuando paramos en la mesa con banquetas arriba, varios nos pusimos chalecos y polerones, por un poco de frío en la brisa.

Marisol, Dirk y Víctor
La primavera está a todo dar. El pasto verde y crecido. Temo los incendios cuando todo esto se seque. Flores por todos lados y los animales que pastaban gordos.

ya parándonos de la mesa
En la mesa donde descansamos y comimos, el humor estuvo chispeante. Le ofrecíamos churrascos tomate mayo a los ciclistas que pasaban y bromeábamos en la conversación sobre la alimentación vegana, que no comen de nada que tenga ojos, si se podían comer huevos de gallinas ciegas.
No se, me da la impresión que el que contagia con este humor es el Kiko. Bienvenido pues, él.

Víctor, Kiko y Soledad
arbusto con flores amarillas

jueves, 19 de noviembre de 2015

Potrerito con muchas flores

Llegamos cinco a la bomba Shell en el nuevo horario de las 8:30, José, la Soledad, la Anne Marie, Dirk y yo (Eugenio). Igual esperamos un tiempo prudente por si venía algún retrasado.
Propuse irnos al Potrerito que intuíamos estaría muy verde dada la época del año y lo variable de la primavera.

José, Dirk, la Anne Marie y la Soledad
El "tío" Dirk ofreció generosamente la liebre Toyota amarilla así que nos subimos a ella y, cual escolares partimos, dejando los autos estacionados donde siempre.
Se nos hizo largo el camino, en un momento Dirk pensó que nos habíamos pasado, pero finalmente reconocimos la casa de piedra y el ensanche del camino donde estacionamos siempre, frente a la subida.

en plena danza de paneuritmia
Una gran cantidad de flores en el sendero nos llamó la atención, también la gran cantidad y variedad de tipos de mariposas, algunas típicas de alas anaranjadas, otras amarillas, blancas, algunas mas chicas de color café claro, en fin, se ve que esta primavera con las lluvias intermitentes que hemos tenido en estos meses han hecho brotar muchas plantas que quizá otros años florecían con menos intensidad.

José, la Anne Marie y la Soledad; Potrerito detrás
Algunos problemas con la orientación nos hicieron dudar de cual sendero seguir en determinados lugares, sin embargo después de una rica caminata llegamos a la planicie superior: "el Potrerito".
Un piño de vacas con algunas crías nos vieron llegar y sigilosamente se desaparecieron.

Añadir leyenda
Anne Marie nos propuso hacer una danza de paneuritmia (había llevado su parlante) así que, luego de una breve explicación del significado de cada uno de los movimientos, nos pusimos en círculo y comenzamos la danza en ese paisaje precioso con algunas nubes bajas que se enredaban en los cerros y otros sectores bien despejados.

Potrerito
Terminamos con una segunda danza mas breve en que después de una especie de reverencia, se salta y aplaude. Muy rica la experiencia, el lugar, el silencio, el paisaje, el cielo, los cerros colaboraron en lo rico que fue.


La Soledad no conocía el lugar y estaba impresionada por su belleza. El suelo del Potrerito estaba tapizado de una flores blancas y moradas muy chicas y casi planas que formaban manchones grandes entremedio de las galerías que excavan los "cururos" y de una maleza que le llaman  "correhuela".
A lo lejos distinguimos el pueblo de Farellones así que calculamos que estaríamos mas o menos a la misma altura.


Nuestro objetivo ahora era un roquerío que se ubica al norte de la planicie, así que para allá partimos.
Subimos por la izquierda, lado poniente, entre medio de un pequeño bosque y mucho matorral bajo, hasta que llegamos a un pequeño plano, justo al lado del roquerío, donde hacia el poniente hay una quebrada casi vertical.


Dirk recordó que estando en ese mismo lugar nos encontramos por primera vez con Fernando Saavedra, gran personaje de avanzada edad, que recorre solitario los cerros cantando a voz en cuello tonadas mejicanas y otras por el estilo.


Nos pusimos a la sombra y compartimos lo tradicional: unas naranjas y algunos frutos secos.
Como a las 12 empezamos el regreso.
Entremedio de unos árboles nos topamos con el piño de vacas que se habían escondido de nosotros al vernos llegar.
Nuevamente en la bajada gran cantidad de mariposas gozando con las flores silvestres.


Antes de abordar la liebre escolar de "tío" Dirk, en pleno camino, Anne Marie nos guió unos ejercicios para elongar la musculatura, los operarios de la mina que pasaban a esa hora en buses, de bajada, nos quedaban mirando mientras elongábamos concentrados.


En el camino de vuelta, nos quedamos  maravillados por los enormes manchones de dedales de otro que tiñen de naranja los cerros.
Muy rica caminata.

(texto y fotos de Eugenio Lagos)

lunes, 9 de noviembre de 2015

Anuncio: cambiamos el horario de los encuetros para las 8:30 !! 7 al Covarrubias

Amaneció nublado, pero con reflejos de sol en los bordes cordilleranos. Así, en el punto de encuentro estaba completamente despejado. Sería un delicioso día despejado con una permanente brisa fresca, que lo hizo inmejorable.

Anuncio ! : acordamos cambiar el horario del encuentro de las 9 a las 8:30 !!

Siete nos encontramos para subir: la Soledad, que llegó con Francisco (Kiko) Schmidt, Pancho, Dirk, Victor, José y yo, Gabriel.

apeándonos
Decidimos irnos a la Ermita, entrar en auto, llegar al río Covarrubias y subir por el borde izquierdo del río, aguas arriba.
Nos fuimos todos juntos en el transporte escolar del tío Dirk.
Buena onda genera, esta conexión con ser un poco niños ya pasados, algo chacoteros con el tío Dirk al volante.

Cruzamos el río, que parece mojó algo en la cablería del motor, cosa que después aparecería.

Pancho saltándo; Dirk ayudando
El afluente del Covarrubias traía su resto de agua, por lo que su cruce, fue una maniobra. Algunos requirieron ayuda.

cactus en flor
La ruta es relativamente suave, subiendo y bajando. El paisaje lleno de flores, con todo el pasto verde y crecido, como en los mejores tiempos primaverales.
Varias detenciones para contemplar y apreciar el río allá abajo, con sus atractivos posones para más adelante en el verano.

la Soledad salta, ayudada por Dirk
Hay un punto habitual hasta donde llegamos y donde bajamos al río. Bueno, nos pasamos; su resto.
Cuando quisimos bajar al río, consideramos que lo mejor era retroceder y buscar nuestro habitual punto de descenso.
Lo hicimos pero la bajada no estaba muy fácil. Bajé yo primero y detrás siguió Víctor, que en una parte lo vi deslizándose peligrosamente literalmente de espaldas. Los demás vieron esto y nadie más quiso bajar.

flor roja
En el río fuimos solo dos y el resto figuraba literalmente vertical sobre nuestras cabezas. Pancho nos tiró dos naranjas, una de las cuales dio bote en la espalda de Víctor.
Bueno, disfrutamos del descanso, sentir y ver el río a nuestros pies y comer algunas cosas.

Subimos con alguna dificultad y nos reunimos con el grupo, para tomar nuestro camino de vueltas.

Soledad, Quico y Dirk
De repente vi que nuestro nuevo integrante, Francisco, no se veía atrás. Le dije al grupo que siguiera y me quedé esperándolo.
Apareció y nos fuimos juntos una buena parte del camino, con el resto bastante mas adelante, en animada conversación. Si hasta un proyecto elucubramos.

Víctor, Dirk y José
En el afluente nos esperaban algunos del grupo, que nos observaron saltar las aguas.
Llegamos juntos al auto, pero antes unos niños nos dijeron que habíamos dejado las luces prendidas.
Estaba Dirk al volante y Pancho al lado y le dijimos a Dirk que hicieran andar el motor. Y efectivamente, estaba totalmente muerto; ninguna luz se prendía al dar contacto. Dirk palideció.

a empujar se ha dicho
A empujar se ha dicho, con comentarios e intervenciones a nivel de batería y motor, de los mas avezados.
Primer intento; segundo intento. Nada.
Plan B. Un par salió a pedir ayuda a unas personas que estaban al otro lado del río, sin éxito.
Fue José, que se metió en los cables e interruptores, el que logró que la corriente circulara mejor, y en el siguiente intento de empujar, partió !
Aleluya ! Todos arriba y nos fuimos muy contentos.

flores amarillas
Ya en la carretera, avisamos a nuestras casas del atraso, pues llegaríamos cerca de las 3 a nuestras casas. En los autos nos despedimos rápidamente y salimos soplados, cada uno para su lado.

domingo, 1 de noviembre de 2015

Con grupo dividido por la ruta de los Llanos de Javier

Eché koyacs en mi mochila, de esos que mi mujer compró por lo de Hallowing y estando arriba del cerro, se me olvidó.

en el transporte escolar
Llego al punto de encuentro con Maribel y mi hija Andrea. Ahí estaban Eugenio, Micky Hirsch y Dirk. Después llegan la Paula por un lado, Pancho por otro y José por otro; los tres al mismo tiempo.

el transporte escolar de Dirk
Se habla del paseo del domingo anterior, en el que la Paula quedó destrozada y no se porqué, ese terminó siendo nuestro destino definitivo: los Llanos de Javier.

saliendo de la zona de las escaladas en roca
Nos vamos todos en el transporte escolar del tío Dirk. eso ya nos pone en un son de una manga de cabros chicos revolviéndola arriba; pero no tanto.
Me voy conversando con Micky, al que no me pareció conocer y me entero de la interesante historia que lleva. Hoy un empresario, antes fotógrafo y con una carrera completa de biología, intentando entender nuestro cerebro y sustancia fundamental. Le pasé el dato a Dirk que hablara con él, pero no se dio.

en estricta fila india; Micky de frente siguiendo a Maribel
Dejamos el auto estacionado afuera y entramos a pie. En el camino nos abordó una señora, queriendo indagar de donde veníamos, quienes eramos y como sabíamos de esta ruta. Que veníamos desde hace 40 años no le hizo mella. Nos dijo que este era un recinto privado, de una Inmobiliaria de nombre La Haciendo. Parece que se trata de un árabe con pozos petroleros.
Bueno, igual nos dejó pasar sin cobros, aunque pensamos en voz baja que ya vendría, de seguro.

solo falta Eugenio, el fotógrafo, del grupo del camino difícil
Dirk, Gabriel, Andrea y Eugenio
Llegamos a la zona de escalamiento en pared de piedra, con una pareja de jóvenes que iban delante de nosotros y ahí se quedaron. Mas allá había un par de carpas de gente acampando.
A la vuelta esto sería una pequeña multitud de escaladores, a los que varios nos quedamos a mirar un buen rato. Todo un cuento desplegándose ahí. Una moda aparentemente. No parecía algo de mucho riesgo, pero si de superar vértigos y buscar rutas por la pared.

cartel en la zona de las escaladas
escalada en roca
Poco más allá, un desvío. La ruta difícil por la izquierda y la clásica por la derecha. Y el grupo se divide en dos. La Paula, Micky y José, se van por la clásica. El resto por la difícil.

mi hija, la Andrea Bunster
Dirk y Maribel
De ahí en adelante fue darle en permanente ascenso, duro. La cosa empeoró en la última parte, que medio parece un acarreo, entre dos promontorios de rocas, que me recordó los columnas de Hércules,en la época de los romanos.
La Maribel pasó susto y después supe, un tute se dio. Yo por mi parte, conversando con mi hija, llegué a la cumbre, detrás de Eugenio, bastante cansado. Nos tiramos en una sombra con pastito y nos repusimos esperando a Pancho, y a la Maribel que venía con  Dirk.

allá atrás viene Pancho
Maribel
De ahí al encuentro con el resto del grupo, en lo que sería nuestra cumbre del día, faltaba un tanto, pero sin mucha dificultad.
Micky no había logrado llegar hasta ahí y por las personas que fueron pasando recibimos sus mensajes de que estaba bajando.
Estábamos sentados, unos tirados, comiendo naranjas, mandarinas y frutos secos, cuando llegó, en solitario Gonzalo Reutter, hijo de Andrés Reutter. Y se instaló con nosotros, un rato. Después seguiría por la ruta de los Llanos, tras otros horizontes.

campo florido
esferas amarillas
Bajamos tarde, bastante rápido, con esa detención de algunos, en la zona de escalada en roca, donde había mucha gente.

en la cumbre
Gabriel, Paula y Pancho
Micky había dejado su mensaje en el vidrio delantero de nuestro vehículo. Así que tranquilos y alegres viajamos a nuestros autos donde nos despedimos, luego de este estupendo paseo con día soleado primaveral, con un cerro lleno de flores.

este tipo está muy cansado
padre (chocho) e hija