lunes, 28 de diciembre de 2015

Clapoteando por el canal de Las Varas

Llego al punto de encuentro y ya están ahí Pancho, Eugenio y la Isabel, Al poco rato llegan juntos la Anne Marie y Francisco Toyos; sorpresa la venida de Francisco.
Pasados los 10 minutos de la hora de encuentro, debatimos el destino, acogiéndose muy rápido, la ruta de Víctor por las Varas.

Pancho, Francisco, Eugenio y la Iasbel
Nos fuimos en dos autos. Arreglamos con la cajera, que en forma autoritaria, nos hizo volvernos a pagar, cuando íbamos en el sentido que ella venía, pues la reja estaba con llave.
Arreglamos una tarifa por el paquete, que esta vez pagó Eugenio, con algunos abonamientos.

Pancho, contemplando algún pájaro
Nos fuimos por la ruta larga por caminos de auto, hasta el tranque donde termina el canal y tomamos el sendero a contra corriente, orillando el canal.
No podía ser mejor elección, para los calores que hicieron ese día.

Gabriel, Anne Marie, Isabel, Pancho y Francisco
Destaco que dado el calor, la Isabel, cuando había que hacer piruetas para pasar algún tramo de la ruta, ella simplemente se metió al agua con zapatos y todo. Véanla:

Isabel por el agua
Destaco un tema que puso Pancho, en la forma de una pregunta, que todos contestaron, con la total atención e interés del resto de los integrantes del grupo: ¿cuáles fueron las tres mejores cosas que te pasaron este año que termina?
Buena; hubieron buenas y personales respuestas. Incluso sirvió para conocernos un poco más.

Anne Marie, Isabel, detrás Pancho y luego Francisco
En la cumbre, la declarada cumbre, porque no era cumbre; en una ventosa o medianamente con buena brisa, sombra. Ahí comimos naranjas, algunos mandarinas, frutos secos de la Anne Marie. Y, quizás por el cansancio, nos fuimos echando y alguno hasta se quedó dormido; adivina quien.
Después de un buen rato, nos paramos y emprendimos la marcha a los autos.

Gabriel, Anne Marie, Isabel, Francisco y Pancho
Fue ahí que Eugenio y la Isabel, optaron por volver por la misma ruta por la que habíamos venido, cosa que pienso que el grupo interpretó, la querían disfrutar solos. Y nos separamos.

la Anne Marie haciendo equilibrio y la Isabel chapoteando
Pasamos por el tranque con plástico, que nos pareció tenía un poco más de agua.
Eramos cuatro en esa parte y rápidamente llegamos al auto y de vuelta.

la sombra que me acompaña

lunes, 21 de diciembre de 2015

Chochando por la canaleta de Las Varas

Llego al punto de encuentro y conversan Dirk con la Consuelo. Al poco rato llega Víctor. Seremos esos cuatro.

Propongo Las Varas que le lleva canal, que para estos días de calores, nos puede refrescar. Hubo acogida inmediata.
Decidimos partir en la Van de Víctor.

Dirk, más atrás la Consuelo y Víctor
Víctor maniobró en la caseta, me pareció, de maneras aprendidas de Pancho. Un Pancho ausente, que se le echó de menos, con peguntas de qué será de él.

Tema inicial fue la huelga en los aeropuertos, que están impidiendo que mi hijo viaje a Santiago, a un matrimonio la noche anterior, y que un encuentro se pueda realizar, si no viajan otras personas. Notable como un simple escolló, una huelga, en un punto como el aeropuerto, repercute sistemáticamente tanto. Dependemos tanto unos de otros, es quizás la conclusión.

Víctor aplaudiéndole a las chicharras
Nos vamos por la ruta tradicional, a la cumbre, pasando por el tranque plástico, con poca agua en estos tiempos.
Los pastos han perdido su color verde y ya amarillean.
La ruta de Las Varas es suave al principio y se pone algo más pesada al final; pero ni tanto.

Llegaremos a la canaleta, declaramos ese punto la cumbre, donde descansamos y comemos y nos devolvemos por la canaleta, en la dirección que corren las aguas.
Esto hasta el tranque terminal de este canal.

la Consuelo; detrás Víctor
Un hecho notable, de este grupo de viejos, algunos; es que en un momento a mi se me ocurre mostrarles a mi nieto y zas que salta Dirk mostrando el suyo. Algarabía de los demás y quedó como hecho memorable.

con mi nieto Beltrán
Dirk con su nieto
Otro hecho destacable, es que Víctor que venía llegando de un viaje por la carretera austral, anduvo navegando por el lago general Carrera, el mismo día y hora en que lo hacía Tompkins, con las consecuencias por todos conocidos.
Efectivamente el viento era fenomenal, pero Víctor iba en una barcaza, siendo que Douglas lo hacía en canoa.

caminando por la orilla de la canaleta aguas abajo
Acordamos celebrar el fin de año, el domingo subsiguiente, inmediatamente después de año nuevo. Así que prepárense y traigan algo especial para tomar o comer.

Consuelo
Se oían chicharras en forma intermitente. De repente pasamos por algunos árboles que rugían con el ruido de las chicharras. Víctor tenía un secreto: si te ponías a aplaudir, estas se te paraban en el hombro.
Dos veces lo hicieron; no pasó.

martes, 8 de diciembre de 2015

Dos medios Pochocos hacen un Pochoco

Domingo en medio de un sándwich, de martes feriado. Llego al punto de encuentro, pasada la hora; no hay nadie. Me bajo del auto y busco dentro de la tienda de la Shell.
Me siento a esperar; nadie llega.

Como a las 8:45 parto al Pochoco. Tiempo que no venía a esta ruta, que pocos de mi grupo aceptan cuando alguien lo sugiere.

primer tramo del Pochoco
La subida es empinada, especialmente la última parte de esta primera parte. Avanzo y me detengo; mi estado físico no está de lo mejor.
Gente va delante y otros vienen por detrás. Es un cerro concurrido.

Llego al mirador a medio camino a la cumbre y decido que hasta ahí nomas llegaré. Estoy un buen rato y cuando ya me pongo de pie para irme, llega quien sería mi compañero de bajada, Rolando Melo.
No lo conocía y de alguna forma nos instalamos a conversar. Hicimos buenas migas.

Rolando Melo
Tiene sobre 70, es abogado operativo y suele venir por esta ruta.
Antes del último descenso nos separamos, pues él tomaría una variante.

Abajo, me encontré con Erling Villalobos (erlingvillalobos@gmail.com), un conocido subecerros, que vendía un libro escrito por él; se trata de El señor del Pochoco, la historia de Ugo Ravera Martini.
Conversamos dos palabras y decido comprárselo. No tenía las 10 lucas que costaba y me ofreció llevármelo y que le pagara después por pago electrónico, cosa que hice.

libro El señor del Pochoco
Bueno, eso fue el domingo. Hoy martes, día feriado, partí nuevamente a hacer la misma ruta y llegar hasta el mismo punto, al que había llegado dos días antes, con su esfuerzo.

Bastantes autos; debe haber sido porque llegué como a las 9:30 a la base del Pochoco.
Subí, nuevamente con gente por delante y gente más atrás. Cerro concurrido, vuelvo a pensar.

letrero de Ugo Ravera; atrás la cumbre del Pochoco
Llego al mirador con su esfuerzo y me instalo a descansar y apreciar la vista de Santiago, despejado, ya entrando el verano.

Decido bajar y poco más allá, me encuentro con José Luis Rodriguez, viejo amigo, con el que nos saludamos con gran algarabía. Estuvimos un rato conversando hasta que me dijo que se estaba enfriando y optaba por continuar.

Poco mas allá, entre tres jóvenes distingo a Diego Carrasco, de los Viejóvenes. Breve saludo y continúo la marcha.

vista a Santiago y el Manquehue
Llego al auto y en la ruta, ya andando, decido pasar a comprar un par de empanadas donde la Rosalía. Pregunto por ella a sus hijas que atienden afanadamente el local y una de ellas parte a buscarla. Al llegar nos saludamos y la invito a sentarnos afuera y conversar un rato.

La Rosalía está muy bien. Su caída del lado derecho de la cara no le impide ver perfectamente por los dos ojos. Me dice que se siente más joven que la edad que tiene, que no reproduciré aquí pues fue cauta al soltarme su edad.
Comentamos de la forma afanada de atención de sus hijas y me entero que es prima hermana del marido de la Tina, el restaurante Doña Tina en el Arrayan. Igual se parecen le dije, por la calidez en el trato con los clientes.

Rosalía, de las empanadas del Arrayán
Celebramos la iniciativa de habernos sentado a conversar y nos despedimos alegremente.

lunes, 30 de noviembre de 2015

Dos son compañía

Se auguraba un día caluroso, lo que por mi parte hace temer cansancio extremo, llegué punteando la tradicional fila de autos al lado de la bomba de bencina, a los pocos minutos llegó Jean, a quien no conocía, pero rápidamente nos reconocimos como subecerros y me contó que ella era de las fundadoras del grupo y hoy era la primera vez que venía en este año que estaba terminando,

Fernando Saavedra y Jeanny
Esperamos hasta las 8.45 y no llegó nadie más por lo que partimos las dos al destino que Jean tenía decidido desde antes, La Hermita por el sendero de la izquierda del río Molina.

la Soledad
Al estacionarnos Jean reconoció el auto estacionado de Fernando Saavedra, comenzamos el sendero, estaba muy bonito, el sonido del agua corriendo veloz nos acompañó todo el camino y a poco andar Jean distinguió  a lo lejos la figura de un hombre de caminar pausado y sigiloso, esta vez silencioso,  atravesando el río por un puente colgante, al instante apuramos el paso para alcanzarlo, era Fernando, queríamos saludarlo y preguntarle algunas cosas del lugar.


Muy vigil y atento compartió su información de la existencia de dos campos,separados por el río Molina, el Toyo al lado derecho y el otro que olvidé el nombre a la izquierda, el que ha sufrido la instalación de muchas puertas y alambrados el último tiempo, también nos contó que su caminar se inicia los domingos a las 7 AM y que a esa hora ya estaba regresando.Nos despedimos pensando en acompañarlo alguna vez en su caminar.


Continuamos por el lado izquierdo del Molina, por el sendero florido "zapatitos de la virgen" astromerias, copihuitos, espinos, guindos con frutas aún verdes, intentamos subir por una quebrada pero el sendero se interrumpió y luego atravesamos potreros llenos de yuyos, mariposas y cuncunas,  hasta que el riego de los potreros nos hizo volver y descansar a orillas del río, conversando de nuestras vidas, de lo interesante que ha sido la inmigración a Chile de familias de otros países a las que nos ha tocado  conocer y apreciar por ejemplo la  mayor capacidad de expresión de los colombianos, intentamos deducir que a los chilenos nuestros genes, el clima hostil y el pasado de maltrato, nos han hecho ser más parcos, pesimistas e introvertidos, todo esta conversación  enriquecida por la cultura y visión de la psicología de Jean.

Jeanny y Soledad
Regresamos más temprano que lo habitual para aprovechar de llegar a preparar almuerzo y (nos afloró la desconfianza chilena) sospechamos que hubo un paso "alternativo" o quizás ha sido la época de fiestas de fin de año que hicieron que el grupo fuera solo de dos.

Jeanny
(texto de Soledad Tagle)

Jeanny

martes, 24 de noviembre de 2015

Plaga de cuncunas y mariposas en el Huinganal

Para llegar al punto de encuentro, hubo que pasar por entre medio de miles y miles de ciclistas que se aprestaban para correr por la ruta a Farellones. Los que nos encontramos ese día decidimos que el camino a Farellones no sería nuestro destino, así que nos fuimos a las caballerizas del Huinganal.

Víctor, Marisol, Soledad, Consuelo, Kiko y Dirk
Eramos ese día Dirk (el tío Dirk, pues llegó con su transporte escolar), Víctor, la Marisol, que apareció después de mucho tiempo, la Consuelo, la Soledad, Francisco (Kiko) Schmidt y yo, Gabriel.

flor blanca
Dirk pidió que hiciéramos primero la parte escarpada, pues prefería subirla que sufrir los resbalones de la bajada.

mirando la plaga de cuncunas
la Consuelo
Ya arriba, nos llamó tempranamente la atención, la cantidad de cuncunas que caminaban por el piso; plaga.
Poco más allá la plaga era de mariposas, lo que no era algo feo, sino al contrario, precioso. Muchas veces nos detuvimos a contemplarlas y varias veces pudimos acercarnos a ellas casi hasta tocarlas.

mariposas con esta, por miles
El día estaba exquisito, pues hasta medio nublado estaba. Eso lo hacía fresco, al punto que cuando paramos en la mesa con banquetas arriba, varios nos pusimos chalecos y polerones, por un poco de frío en la brisa.

Marisol, Dirk y Víctor
La primavera está a todo dar. El pasto verde y crecido. Temo los incendios cuando todo esto se seque. Flores por todos lados y los animales que pastaban gordos.

ya parándonos de la mesa
En la mesa donde descansamos y comimos, el humor estuvo chispeante. Le ofrecíamos churrascos tomate mayo a los ciclistas que pasaban y bromeábamos en la conversación sobre la alimentación vegana, que no comen de nada que tenga ojos, si se podían comer huevos de gallinas ciegas.
No se, me da la impresión que el que contagia con este humor es el Kiko. Bienvenido pues, él.

Víctor, Kiko y Soledad
arbusto con flores amarillas

jueves, 19 de noviembre de 2015

Potrerito con muchas flores

Llegamos cinco a la bomba Shell en el nuevo horario de las 8:30, José, la Soledad, la Anne Marie, Dirk y yo (Eugenio). Igual esperamos un tiempo prudente por si venía algún retrasado.
Propuse irnos al Potrerito que intuíamos estaría muy verde dada la época del año y lo variable de la primavera.

José, Dirk, la Anne Marie y la Soledad
El "tío" Dirk ofreció generosamente la liebre Toyota amarilla así que nos subimos a ella y, cual escolares partimos, dejando los autos estacionados donde siempre.
Se nos hizo largo el camino, en un momento Dirk pensó que nos habíamos pasado, pero finalmente reconocimos la casa de piedra y el ensanche del camino donde estacionamos siempre, frente a la subida.

en plena danza de paneuritmia
Una gran cantidad de flores en el sendero nos llamó la atención, también la gran cantidad y variedad de tipos de mariposas, algunas típicas de alas anaranjadas, otras amarillas, blancas, algunas mas chicas de color café claro, en fin, se ve que esta primavera con las lluvias intermitentes que hemos tenido en estos meses han hecho brotar muchas plantas que quizá otros años florecían con menos intensidad.

José, la Anne Marie y la Soledad; Potrerito detrás
Algunos problemas con la orientación nos hicieron dudar de cual sendero seguir en determinados lugares, sin embargo después de una rica caminata llegamos a la planicie superior: "el Potrerito".
Un piño de vacas con algunas crías nos vieron llegar y sigilosamente se desaparecieron.

Añadir leyenda
Anne Marie nos propuso hacer una danza de paneuritmia (había llevado su parlante) así que, luego de una breve explicación del significado de cada uno de los movimientos, nos pusimos en círculo y comenzamos la danza en ese paisaje precioso con algunas nubes bajas que se enredaban en los cerros y otros sectores bien despejados.

Potrerito
Terminamos con una segunda danza mas breve en que después de una especie de reverencia, se salta y aplaude. Muy rica la experiencia, el lugar, el silencio, el paisaje, el cielo, los cerros colaboraron en lo rico que fue.


La Soledad no conocía el lugar y estaba impresionada por su belleza. El suelo del Potrerito estaba tapizado de una flores blancas y moradas muy chicas y casi planas que formaban manchones grandes entremedio de las galerías que excavan los "cururos" y de una maleza que le llaman  "correhuela".
A lo lejos distinguimos el pueblo de Farellones así que calculamos que estaríamos mas o menos a la misma altura.


Nuestro objetivo ahora era un roquerío que se ubica al norte de la planicie, así que para allá partimos.
Subimos por la izquierda, lado poniente, entre medio de un pequeño bosque y mucho matorral bajo, hasta que llegamos a un pequeño plano, justo al lado del roquerío, donde hacia el poniente hay una quebrada casi vertical.


Dirk recordó que estando en ese mismo lugar nos encontramos por primera vez con Fernando Saavedra, gran personaje de avanzada edad, que recorre solitario los cerros cantando a voz en cuello tonadas mejicanas y otras por el estilo.


Nos pusimos a la sombra y compartimos lo tradicional: unas naranjas y algunos frutos secos.
Como a las 12 empezamos el regreso.
Entremedio de unos árboles nos topamos con el piño de vacas que se habían escondido de nosotros al vernos llegar.
Nuevamente en la bajada gran cantidad de mariposas gozando con las flores silvestres.


Antes de abordar la liebre escolar de "tío" Dirk, en pleno camino, Anne Marie nos guió unos ejercicios para elongar la musculatura, los operarios de la mina que pasaban a esa hora en buses, de bajada, nos quedaban mirando mientras elongábamos concentrados.


En el camino de vuelta, nos quedamos  maravillados por los enormes manchones de dedales de otro que tiñen de naranja los cerros.
Muy rica caminata.

(texto y fotos de Eugenio Lagos)

lunes, 9 de noviembre de 2015

Anuncio: cambiamos el horario de los encuetros para las 8:30 !! 7 al Covarrubias

Amaneció nublado, pero con reflejos de sol en los bordes cordilleranos. Así, en el punto de encuentro estaba completamente despejado. Sería un delicioso día despejado con una permanente brisa fresca, que lo hizo inmejorable.

Anuncio ! : acordamos cambiar el horario del encuentro de las 9 a las 8:30 !!

Siete nos encontramos para subir: la Soledad, que llegó con Francisco (Kiko) Schmidt, Pancho, Dirk, Victor, José y yo, Gabriel.

apeándonos
Decidimos irnos a la Ermita, entrar en auto, llegar al río Covarrubias y subir por el borde izquierdo del río, aguas arriba.
Nos fuimos todos juntos en el transporte escolar del tío Dirk.
Buena onda genera, esta conexión con ser un poco niños ya pasados, algo chacoteros con el tío Dirk al volante.

Cruzamos el río, que parece mojó algo en la cablería del motor, cosa que después aparecería.

Pancho saltándo; Dirk ayudando
El afluente del Covarrubias traía su resto de agua, por lo que su cruce, fue una maniobra. Algunos requirieron ayuda.

cactus en flor
La ruta es relativamente suave, subiendo y bajando. El paisaje lleno de flores, con todo el pasto verde y crecido, como en los mejores tiempos primaverales.
Varias detenciones para contemplar y apreciar el río allá abajo, con sus atractivos posones para más adelante en el verano.

la Soledad salta, ayudada por Dirk
Hay un punto habitual hasta donde llegamos y donde bajamos al río. Bueno, nos pasamos; su resto.
Cuando quisimos bajar al río, consideramos que lo mejor era retroceder y buscar nuestro habitual punto de descenso.
Lo hicimos pero la bajada no estaba muy fácil. Bajé yo primero y detrás siguió Víctor, que en una parte lo vi deslizándose peligrosamente literalmente de espaldas. Los demás vieron esto y nadie más quiso bajar.

flor roja
En el río fuimos solo dos y el resto figuraba literalmente vertical sobre nuestras cabezas. Pancho nos tiró dos naranjas, una de las cuales dio bote en la espalda de Víctor.
Bueno, disfrutamos del descanso, sentir y ver el río a nuestros pies y comer algunas cosas.

Subimos con alguna dificultad y nos reunimos con el grupo, para tomar nuestro camino de vueltas.

Soledad, Quico y Dirk
De repente vi que nuestro nuevo integrante, Francisco, no se veía atrás. Le dije al grupo que siguiera y me quedé esperándolo.
Apareció y nos fuimos juntos una buena parte del camino, con el resto bastante mas adelante, en animada conversación. Si hasta un proyecto elucubramos.

Víctor, Dirk y José
En el afluente nos esperaban algunos del grupo, que nos observaron saltar las aguas.
Llegamos juntos al auto, pero antes unos niños nos dijeron que habíamos dejado las luces prendidas.
Estaba Dirk al volante y Pancho al lado y le dijimos a Dirk que hicieran andar el motor. Y efectivamente, estaba totalmente muerto; ninguna luz se prendía al dar contacto. Dirk palideció.

a empujar se ha dicho
A empujar se ha dicho, con comentarios e intervenciones a nivel de batería y motor, de los mas avezados.
Primer intento; segundo intento. Nada.
Plan B. Un par salió a pedir ayuda a unas personas que estaban al otro lado del río, sin éxito.
Fue José, que se metió en los cables e interruptores, el que logró que la corriente circulara mejor, y en el siguiente intento de empujar, partió !
Aleluya ! Todos arriba y nos fuimos muy contentos.

flores amarillas
Ya en la carretera, avisamos a nuestras casas del atraso, pues llegaríamos cerca de las 3 a nuestras casas. En los autos nos despedimos rápidamente y salimos soplados, cada uno para su lado.