martes, 8 de diciembre de 2015

Dos medios Pochocos hacen un Pochoco

Domingo en medio de un sándwich, de martes feriado. Llego al punto de encuentro, pasada la hora; no hay nadie. Me bajo del auto y busco dentro de la tienda de la Shell.
Me siento a esperar; nadie llega.

Como a las 8:45 parto al Pochoco. Tiempo que no venía a esta ruta, que pocos de mi grupo aceptan cuando alguien lo sugiere.

primer tramo del Pochoco
La subida es empinada, especialmente la última parte de esta primera parte. Avanzo y me detengo; mi estado físico no está de lo mejor.
Gente va delante y otros vienen por detrás. Es un cerro concurrido.

Llego al mirador a medio camino a la cumbre y decido que hasta ahí nomas llegaré. Estoy un buen rato y cuando ya me pongo de pie para irme, llega quien sería mi compañero de bajada, Rolando Melo.
No lo conocía y de alguna forma nos instalamos a conversar. Hicimos buenas migas.

Rolando Melo
Tiene sobre 70, es abogado operativo y suele venir por esta ruta.
Antes del último descenso nos separamos, pues él tomaría una variante.

Abajo, me encontré con Erling Villalobos (erlingvillalobos@gmail.com), un conocido subecerros, que vendía un libro escrito por él; se trata de El señor del Pochoco, la historia de Ugo Ravera Martini.
Conversamos dos palabras y decido comprárselo. No tenía las 10 lucas que costaba y me ofreció llevármelo y que le pagara después por pago electrónico, cosa que hice.

libro El señor del Pochoco
Bueno, eso fue el domingo. Hoy martes, día feriado, partí nuevamente a hacer la misma ruta y llegar hasta el mismo punto, al que había llegado dos días antes, con su esfuerzo.

Bastantes autos; debe haber sido porque llegué como a las 9:30 a la base del Pochoco.
Subí, nuevamente con gente por delante y gente más atrás. Cerro concurrido, vuelvo a pensar.

letrero de Ugo Ravera; atrás la cumbre del Pochoco
Llego al mirador con su esfuerzo y me instalo a descansar y apreciar la vista de Santiago, despejado, ya entrando el verano.

Decido bajar y poco más allá, me encuentro con José Luis Rodriguez, viejo amigo, con el que nos saludamos con gran algarabía. Estuvimos un rato conversando hasta que me dijo que se estaba enfriando y optaba por continuar.

Poco mas allá, entre tres jóvenes distingo a Diego Carrasco, de los Viejóvenes. Breve saludo y continúo la marcha.

vista a Santiago y el Manquehue
Llego al auto y en la ruta, ya andando, decido pasar a comprar un par de empanadas donde la Rosalía. Pregunto por ella a sus hijas que atienden afanadamente el local y una de ellas parte a buscarla. Al llegar nos saludamos y la invito a sentarnos afuera y conversar un rato.

La Rosalía está muy bien. Su caída del lado derecho de la cara no le impide ver perfectamente por los dos ojos. Me dice que se siente más joven que la edad que tiene, que no reproduciré aquí pues fue cauta al soltarme su edad.
Comentamos de la forma afanada de atención de sus hijas y me entero que es prima hermana del marido de la Tina, el restaurante Doña Tina en el Arrayan. Igual se parecen le dije, por la calidez en el trato con los clientes.

Rosalía, de las empanadas del Arrayán
Celebramos la iniciativa de habernos sentado a conversar y nos despedimos alegremente.

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