lunes, 27 de diciembre de 2010

Ágape de final de año en las Aguas de Ramón

Habíamos acordado y divulgado que nuestra cita con ágape de final de año sería en el Parque Aguas de Ramón, lugar al que yo nunca había ido antes.
Un buen descubrimiento, pues además queda bastante cerca de mi casa.

Llegaron varios adicionales a los habituales de todos los domingos.
Quiero señalar mi pesar por el accidente (resbaló y se rasguñó la cara) de la señora de Miguel Castro, bien al principio del paseo, que los dejó a los dos, más su entusiasmado hijo Francisco, fuera de combate.

camino de ascenso
Partimos, luego de pagar la luca quina (como dice mi hijo) con unas amables señoritas, en la partida, y recibir de una de ellas una clase de ruta frente a un mapa grande, en un lugar ad-hoc bien bonito.

El sendero está bien señalizado, bien marcado, por el alto tráfico, que de hecho nos tocó ver.
Asciende por una quebrada bien pronunciada, con un pequeño y caudaloso río que suena la mayor parte del recorrido. En algunos sectores el ruido es el de una cascada que se divisa intermitentemente por los vaivenes del camino.

Martín entre chaguales
Un bello paseo, en un día caluroso, que dejó sentir su impacto en el último tramo antes de llegar a los autos, por la hora, y por el ágape y vino que traíamos puesto a esa altura.

Llegamos en una ajetreada subida, pues prácticamente corrí tras Martín Wieland, que más quería andar a solas ese día en sus divagares propios personales, que algo me compartió en un descanso que nos dimos. Lo bueno de Martín, es que podemos hablar temas de la mayor profundidad y pasar a reirnos a carcajadas en un santiamen. Siempre la presencia de Martín es una fiesta.

en el Mirador: Pancho, Paty, Martín y Rebeca
Otra visita para celebrar, es la de Paty Lopetegui, que Andrés Reutter marcó en unos 4 años de ausencia por estas pistas. Computina de formación, dejó esas pistas por el yoga a 42 grados, del cual es instructora y su tema de devoción en la actualidad es su nueva Escuela, la de esta mujer norteamericana Ramtha. Vale la pena escucharla.

El núcleo central de este paseo fueron: Pancho, la Rebeca, Consuelo, la Vero, y Yo, Gabriel. Los visitantes al evento: Martín, la Paty, Andrés Reutter (a esta altura pasó a visitante), y la familia de Miguel Castro, que se accidentó al inicio.

Llegamos hasta el Mirador, a unas dos horas y media de la partida. Ahí nos encontramos con otro grupo donde resultó que iba una amiga y compañera de psicología de mi hija, La Tamara. Hay unas fotos de ella conmigo en el set.

en pleno ágape
Llegaron todos a este Mirador y después de descansar un rato, disfrutar de la vista que incluía cascada, decidimos devolvernos hasta un lugar sombreado, cerca de agua, donde efectuar el ágape, pues la mayoría habían acarreado su aporte.

Y ahí, junto al río, donde aparece Andrés Reutter, luego de "refrescarnos", nos dimos al festín del ágape: quesos, vino, jamón, galletitas, guindas, frutillas, pan de Pascua de la Consuelo (el clásico, exquisito), maní. Ah, las guindas de la Paty y las frutillas de la Vero, estaban exquisitas.

cruzando el río; donde está Reutter, al fondo, fue el ágape
Después de departir, comer y festejar, emprendimos vuelo, unos más rápido que otros, pues habíamos pasado los límites de riesgo de la hora de llegada a las casas. Adelante y muy rápido, arrancaron Martín y la Rebeca. Detrás iba mi grupo con la Paty, Pancho y Andrés. Y detrás la Verónica y la Consuelo.

Un estupendo paseo, bien caminado, con un exquisito ágape a la orilla de un refrescante río. Memorable.



miércoles, 22 de diciembre de 2010

Santiago en pleno desde el Manquehue

 
El cerro Manquehue fué la opción escogida de esta cálida mañana de diciembre, el camino a farellones estaba ocupado con una carrera de bicicletas que se tomó la avenida Las Condes desde el Cantagallo., vengo con Gabriel en auto, semáforo rojo nos retrasa unos minutos la llegada al punto de reunion. Nos esperaban Pancho y la Consuelo, ella viene  a sumarse al grupo después de cuatro semanas de recuperación una lesión en su pierna producida por un accidente en su casa.

Mientras nos ponemos de acuerdo adonde ir, tomamos la decisión de retomar el horario de verano, entonces desde el próximo domingo nos juntaremos a las 8 de la mañana . Vamos en dos autos camino a la Dehesa para hacer la subida por la cara de atrás del manquehue, este cerro que es parte importante del paisaje urbano de la zona oriente de Santiago. Aparece imponente en medio de una enloquecida ciudad que en época navideña lo compra todo.
 Gran cosa es escaparse este mediodía de tal bullicioso ruido contaminante que incluye la epidemia de compras de regalos. En otras oportunidades que vinimos a este cerro, nos encontramos con multitudes de personas en la cumbre, era impresionante hoy en cambio, nadie a la izquierda ni a la derecha, NADIE en ningún lado. Al parecer la epidemia es más grave de lo que me imaginaba. 

El tema de conversación gira en torno a las relaciones humanas: el hecho de estar en pareja versus el estar sólo. Y esto viene de la reflexión que traje a colación por la presión que ponen los emparejados a los que no lo están por el motivo que sea. El punto es que me pregunto ¿porqué tanta presión? ¿Existe un estado ideal de convivencia?, ¿es lo mismo para la mujer que para un hombre?. Finalmente las dudas no desaparecen y es más, sigo pensando que cada uno defiende su situación tanto de soltería como de pareja ya que hay que defender lo que se tiene y contentarse con los logros personales que cada cual prioriza en sus relaciones. Al final las parejas se relacionan con otras parejas y los solteros con otros solteros por cosa de afinidad y comprensión mutua.
 Subimos con la vista en la torre que nos muestra Pancho desde el comienzo, flores y arbustos aún muestran restos de primavera algo madura, casi verano. Terreno arenoso que favorece el pisar y avanzar hasta llegar al plano donde se encuentra la torre. De ahí para arriba la subida se hace más fuerte y sin pausas llegamos escalando en terreno de grandes rocas y mucha piedra chica algo resbaladiza.

Llegada a la cumbre donde la panorámica es de 360 grados; Santiago por todos lados. Este imponente señor manquehue nos vigila de todos lados, es como un faro que avisa cuando viene lluvia si está nublada su cumbre, nos guarda de grandes vientos y ofrece su manto blanco de nieve después de la tormenta. Imposible pasar desapercibido don manquehue.

 La bajada la hacemos en dos grupos: los hombres por una lado y las mujeres por el otro. La Consuelo viene algo cansada después de su convalecencia y prefiere bajada suave y segura para no correr riesgos de un nuevo traspié y yo decido acompañarla. Mientras Pancho y Gabriel encuentran una bajada más directa por la derecha.
Un grato paseo de domingo, con calor que esperabamos llegara que  por momentos venía acompañada de una brisa fresca, nos dejó ese sabor exquisito de recibir de la natura toda su hermosura, nada mejor regalo para cada uno en estos dias de festejo.

Un regalito musical para ver y escuchar en este vídeo,  viene desde la ciudad de Dresden  !!Felíz navidad a todos!! (+ fotos).



domingo, 12 de diciembre de 2010

Cóndores en la curva 32 del camino a Farellones

vista desde la altura de la curva 32
Tres somnolientos nos encontramos en lo que fuera la YPF a la entrada de Arrayán. Figurábamos cómodamente sentados en el auto de Pancho, conversando, donde ante la pregunta de adonde partíamos, surgió de Pancho la idea de la curva 32 llegando a Farellones, a ver los cóndores. Queríamos, la verdad, estar mucho sentado en ese auto; y así fue.

En el camino nos topamos con un piño de ganado que iba tomándose toda la ruta a Farellones, antes de las curvas, con varios huasos en la tarea e incluso una cuca de pacos adelante, guiando la faena. Vimos potrillos y mucho ternero chico. Hermoso y campestre encuentro. Pensé, siempre algo atractivo nos pasa en estos paseos.

Vero y Pancho con el destino de las Torres atrás
El día estaba hermoso. La noche anterior había llovido en Santiago, en este mes de diciembre. Las nubes se venían abriendo y había en esta mañana mucho más sol que nubes.
El aire traslúcido, la vegetación lavada, todo brillaba, bellísimo.

Llegamos a la curva 32 después de un plácido y bien conversado trayecto. Nos estacionamos y al bajarnos el frío me dio la bienvenida; y yo con mis pantalones cortos. Por suerte traje polar, pues sino me entumo.

Tomamos la ruta que bordea hacia las torres de celulares, han de ser, hacia el sur-este; en la dirección a Santiago. Pasamos sin dificultad un cerco y seguimos un sendero bien marcado. Poca vegetación; baja.



Caminamos en travesía casi todo el tiempo. Subidas y bajadas suaves. De repente llegamos a un punto en que apareció el risco y la vista hacia el norte. Nubes en movimiento estaban a nuestra altura y hacia abajo. El espectáculo era notable; ahí nos quedamos extasiados contemplando. Filme un corto de lo que veíamos.

hielo en las hojas
Mucha flor en el camino. Muchas veces nos detuvimos a mirarlas más de cerca y en algunos casos hasta fotos les sacamos. Tanto les gustaron a la Verónica, que quedó de volver con su Carlos y máquina fotográfica, a puro sacarle fotos a las flores silvestres.

Las vueltas del camino eran hermosas. La ruta fácil, cómoda. Surgieron iniciativas de invitar a nuestras parejas; incluso de hacer por estos lados el ágape de cierre de año. El lugar bello; el aire traslúcido. Surge la primera ave que podía ser cóndor, pero no.

flor de unos cactus a rás de piso
Llegamos a las torres. Recorrimos sus instalaciones, los escombros por aquí y por allá. Estas son las telefónicas que han invertido en todo esto, para que nuestros celulares funcionen en todas partes. Un motor a bencina andando; un cubo de 1 m3 de bencina ahí, tirado. Cables de electricidad que llegaban a este punto, pero igual el generador a bencina.

Nos instalamos en una roca, un hermoso mirador hacia la zona de Yerba Loca y la mina Disputada. Ahí nos comimos las naranjas de Pancho y unos duraznos de la Verónica.
Las nubes parecieron de repente que nos cubrirían, así que rápidamente nos las emplumamos. Nunca llegaron esas nubes a hacernos mella.

vista a Farellones desde las Torres
Desde esa roca divisamos a cierta distancia una pareja de cóndores que con sus alas extendidas remontaban las corrientes ascendentes. Otro espectáculo.

En la ruta de vuelta paramos en un punto a hacer un instante de meditación, meditación contemplativa podría decirse. Pues después de un buen rato de silencio del grupo, emerge desde la izquierda el silbido del aire roto por un enorme cóndor que pasó a unos cinco metros de nuestras narices, deslizándose con su lomo blanco, majestuoso. Guau, que maravilla ! Fue el regalo magnífico del día. El cóndor siguió en línea recta a encontrar a su pareja que había pasado antes a más altura y que solo Pancho había divisado, pues él en vez de meditar se había recostado de espaldas a descansar.

Pancho y Verónica en la contemplación del paisaje
Llegamos al auto y a Santiago, en una viaje cuidando de no atropellar a la gran cantidad de ciclistas que transitan por esta ruta, escuchando una curiosa y grata música de Pancho, en una placidez y deleite que señalamos ya al llegar al lugar donde nos esperaban el resto de nuestros autos.

(+ fotos)