lunes, 28 de febrero de 2011

María Elena del Valle asciende los volcanes Pellado y San Pedro

Una expedición "encandungada".

De todas las definiciones que he escuchado del montañismo, hay una que debe ser la que mejor se ajusta a lo que vivimos en esta expedición: estar en contacto con la naturaleza, pero con dificultades. Las nuestras comenzaron con la elección del destino al que iríamos. Luego de planificar por aproximadamente 6 meses una excursión al Tinguiririca, los trabajos de una nueva central eléctrica nos obligaron a pensar en otro destino. Así es que considerando el tiempo del que disponíamos y buscando algo parecido al Tinguiririca nos decidimos por el valle del Melado y sus poco conocidos volcanes San Pedro, Pellado y si es que las condiciones lo permitían, el más difícil San Pablo.

las mujeres son Verónica Bornhardt y María Elena del Valle
Las dificultades continuaron cuando finalmente llegamos a la casa de la señora Margarita en el valle del Melado, donde nos encontraríamos con nuestros arrieros. Una fina lluvia nos había acompañado la mayor parte del día, por lo que tras saludar a la señora, lo primero que nos dijo es que los "chiquillos" no iban a salir ese día porque arriba estaba "tormenteando". Tras algunos tira y afloja, logramos convencer al hijo de la señora y a su acompañante para que partieran con nosotros. El objetivo del primer día era el "Corral de las Yeguas", el que debíamos alcanzar en unas 3 horas de marcha. Como estábamos partiendo como a las 3 de la tarde, parecía un buen objetivo para la primera jornada. Además tuvimos la suerte que nuestro contacto con los arrieros, el "Pollo" Contreras se ofreciera a traer de vuelta una camioneta desde el final del camino a la casa de la señora Margarita, con lo que nos ahorramos unas 2 horas de caminata.

Luego de ver partir al "Pollo" conduciendo de regreso la camioneta comenzamos nuestra marcha por el camino que conducía por el valle del río de la Puente o San Pedro al poco andar a un retén de carabineros donde nos tuvimos que registrar.

María Elena del Valle y Verónica Bornhardt
Poco a poco, a medida que íbamos avanzando la suave llovizna se iba transformando en lluvia, por lo que infructuosamente hicimos alguna pausa para esperar que esta amainara. Poco antes de llegar al corral, nos topamos con nuestro arriero, de quien todavía no lográbamos entender el nombre. Nos cruzamos con él justo en un lugar donde en una modesta cabaña vivía Joelito, un hombre que dedica su vida al cuidado de las cabras y que al parecer todavía no puede contar otra cosa que no sean estos animales.

Al llegar al corral, la lluvia había aumentado su intensidad y decidimos cruzar el río Sazo para acampar junto al puesto que tienen los arrieros al otro lado de este río. En caso de que se desatara una tormenta durante la noche, este puesto podía servirnos de refugio a todos. Justo durante el cruce del río, la lluvia nos cayó con toda su fuerza y se mezcló con algo de granizo. Los arrieros nos mostraron el lugar en que podíamos armar el campamento junto a su puesto, en otro corral, donde el piso estaba formado por una gruesa capa de excrementos de cabra. Al momento de armar el campamento ya era casi de noche y todos estábamos mojados por lo que nos metimos a nuestras carpas casi sin decirnos palabra.
cruce

martes, 22 de febrero de 2011

Mauricio Purto ensalza nuestros cerros de Santiago

Mauricio Purto
Los paseos a la cordillera son libertad, nos señala Mauricio Purto, en este posteo en su blog del Mercurio.

Cada vez me asombro más con la magnificencia de las montañas de Santiago.

Más adelante señala que debiéramos transformar nuestros cerros en el paseo más importante de la ciudad de Santiago.

Esta suerte de vivir tan cerca de estas montañas es un privilegio de muy pocas metrópolis a nivel mundial, como La Paz o Katmandú.

Nos invita a todos a salvaguardar este cercano paraíso, y desarrollar un magnífico y Gran Parque para Santiago.

Un aporte de María Elena del Valle, el posteo de Purto en El Mercurio.


Nota: esta foto es de Turismochile.cl

domingo, 20 de febrero de 2011

Al Pochoco en domingo

Optamos por ir al Pochoco con la Rebeca, siendo esta subida la tercera a este cerro que yo hacía esta semana. Esto nos es frecuente en mi, para nada.

Rebeca recien pasado el socavón
El Pochoco, a mi al menos y en este tiempo, me conecta fuertemente con Ugo Ravera, un amigo ido ya, que si venía en día domingo era altamente probable que me encontrara con él y tuviera el gusto del encuentro y de los chistes que nunca faltaban.

Hoy volví a visitar su placa en su memoria, ubicada en la parte más alta de la cumbre del Pochoco. Recuerdo que me dijeron que habían incrustado junto a la placa uno de sus bastones rojos, que alguien ya desgarró, en ese hábito destructivo tan nuestro a veces.

gruta de Ugo Ravera
Subimos temprano en día despejado, pero que por la hora nunca tuvimos el sol en nuestras cabezas, sino hasta pasados los 2/3 del ascenso; un agrado.

Se nos ocurrió, por lo roto del cerro, virarnos por la ruta antigua de ascenso, lo que nos llevó a esa virgen que el mismo Ugo alguna vez puso ahí. Debo decir que esta ruta está poco concurrida, pero concluimos que era mejor que la habitual hoy, pues nos volvimos también por ella.

fue una hilera de gente que venía subiendo lo que motivó esta foto
Nuestra conversación corría más rápido de a ratos que la velocidad de ascenso, y una cosa que concluimos de este cerro es que no hay privacidad: es tanta la gente que sube, que estás hablando y siempre hay alguien cerca que escucha lo que dices, e incluso puede ocurrir que se tiente a sumarse a la conversación. Yo se que esto a algunos les puede gustar.

esferas en la naturaleza
Hablamos de Karadima, de los tiempos que corren con impactos de la Internet en las revoluciones de Egipto y Tunez, del desarrollo personal, del crecimiento, de la conexión de la materia y las personas, del individualismo que se ve craquelado y los organismos más amplios que empiezan a emerger; hablamos de muchas cosas y quedé con el compromiso interno de no dejar pasar la oportunidad de decir que me pasa a mi con lo de Karadima en mi blog.

la Rebeca se repone de un calambre
A la bajada la Rebeca se dio dos costalazos que aparte de herida, la dejaron enojada con este cerro y con el imperativo de juntar los pesos para renovar esos zapatos ya arcaicos.

Una agradable y veloz subida al clásico y algo destruido Pochoco.

viernes, 18 de febrero de 2011

Al Pochoco en día de semana

En estos días de febrero, de poca carga de trabajo, por la extensa ausencia de interlocutores de negocios, arrancarse un par de días de semana al Pochoco, bien acompañado, de madrugada, ha sido un fenomenal descubrimiento.

Les comparto unas fotos de recuerdo.

estrenando la polera que me regaló René para mi cumpleaños

Esta placa que está en la cumbre misma del Pochoco, es en memoria de Hugo Ravera, el hombre que nos regalaba bastones metálicos, hechos por él, a la medida de cada uno. Un gran hombre que se nos fue antes de tiempo.

placa en recuerdo de nuestro querido Hugo Ravera

En esta foto aparece la retornada Alejandra Cambiaso, haciendo unas inhalaciones luego de arribar a la cumbre, mientras yo sacaba la foto a la placa de don Hugo.

Alejandra Cambiaso

celebrando los colores de nuestras poleras con un amigo que pasaba

lunes, 7 de febrero de 2011

La ruta a Piedra Numerada

La vista al Plomo
Unas pocas horas antes del anochecer del sábado, recibo de la Consuelo y la María Elena la confirmación de un cupo disponible en la camioneta para partir a las 8am desde la Terpel rumbo a el andarivel de La Parva. La Consuelo me recoge y siento la emoción de compartir con ella, la Elenín y Germán, esta aventura que incorpora una ruta nueva, una caminata a las montañas donde la altura (3.000 metros) y el tiempo de caminata  (6 horas) es mucho mayor.

En pocos minutos estamos ya con María Elena y Germán; Celso Molina nuestro compañero de trekking, nos llevará en su camioneta 4x4  hasta La Parva. La subida y las curvas nos ponen a prueba sobretodo a nosotras las que nos fuimos en la parte de atrás (María Elena  y yo),  que entre salto y curva, nos mantenemos distraídas con una cálida y amena conversación para ponemos al día en los sucesos pasados de cada una.

LLegada al andarivel, últimos preparativos y abrigarse para el camino, de acuerdo a lo recomendado, llevaba una mochila + grande para llevar algunas prendas de abrigo y mucha agua, algunas nubes nos favorecen para hacer este camino con menos calor, el tiempo esta ideal.
lugar de descanso orilla del río

Lo más impactante de esta aventura es el paisaje; cadena de montañas sin vegetación alguna, sus colores pintados como con pincel que pintan muros azulados, verdosos, ocres, grises  y amarillos, colores que contrastan con uno que otro verde de las vegas conformando un espectáculo digno de admirar y registrar una y otra vez. Me invade la sensación de ser un diminuto cuerpo viviente moviéndose entre fenomenales montañas, la emoción me mantiene con la vista al frente casi dialogando sostenidamente con el cuerpo gigante del cerro el Plomo que se nos acerca con cada paso y cada mirada.

Rebeca en descanso
El aire pesa, la respiración se agita y me obliga a abrir la boca y resoplar en las subidas, se siente la presión atmosférica y tengo un leve malestar en el lado izquierdo de la cabeza que me toma el cuello. Pero el ánimo de seguir camino por senderos amplios sin dificultad alguna y con buena compañía, no me falta. Mientras conversamos, vamos contemplando las pocas flores y plantas que la Consuelo deja registradas en su celular.
flor entre las piedras

llaretas
jardín en miniatura
Cerca de la 1pm, llegamos a nuestro destino final que es una gran planicie  rodeada de vegas y agua del río que baja desde la cordillera hacia nuestro urbano rio mapocho. Cada uno saca su colación: sandwich, frutas, maníes, pasas, fruta seca....y nos disponemos a comer y descansar. Vemos a lo lejos una gran caída de agua que la Consuelo se anima a observar y sin rastros de cansancio se pone en marcha por la huella, mientras el resto nos dormimos una siesta de mediahora.

Ya reanimados, nos ponemos de pie para volver antes de las cinco para tomar el andarivel. Estamos en fila india por el sendero el grupo de siete que diviso de cuando en cuando para sentir su cercanía, curiosamente cuando miro atrás y diviso sus caras, un efecto extraño me hace verlos con cara de platillo volador. Después Germán me explica que es un efecto de la presión atmosferica.Ya me siento recuperada y aprovecho las bajadas para deslizarme más rápido ya que las subidas son pesadas y lentas. 
piedra numerada que usaban losarrieros para contar el ganado

 Ahora, bajando por el andarivel con Celso, siento el peso del cuerpo no sólo por el ejercicio realizado, sino también porque el frío que  penetra y cala hasta los huesos. Me faltó ponerme los guantes (pensé), mientras él me cuenta de sus otras caminatas por estos lugares y compartimos la idea del "bicho que te pica" cuando comienzas a hacer este fascinante deporte que  se transforma en un vicio. Vemos además unos cuantos ciclistas que suben y bajan una y otra vez, tal como lo hacen los esquiadores en temporada de invierno.

María Elena, Consuelo y Rebeca
Una larga travesía, mi primera vez a tanta altura, la novedad  y lo desafiante vienen juntos y quieren quedarse conmigo un tiempo. Agradezco la invitación a esta gran aventura que manteniendo la compostura, logré salir sin mancha (menos mal!)...la amistad nos guarde y provea de otros lugares  para compartir estos privilegios que nos regala la naturaleza.

martes, 1 de febrero de 2011

Ascenso al cerro Mayo en Ranco

En días previos habíamos llegado con Diego hasta el portón en ánimo exploratorio. Esta vez íbamos resueltos a buscar esa ruta que habíamos escuchado, con escaleras, empinadas, a un hermosa cumbre.

atrás el cerro Mayo
Salieron de sus camas temprano, con buena disposición y ánimo, Diego, la Andrea, la Emilia y el Negro.
Todos bien equipados, zapatillas, agua, no mucho más; crema para la cara.

Llegamos al portón de la ruta a la propiedad de Gabriel Ruiztagle, por donde se accedía. Saltamos la puerta y emprendimos la caminata, luego de estacionar el auto a la orilla del camino.

Al poco andar nos cruzamos con un tipo que venía en sentido contrario y muy relajadamente nos dio las indicaciones de como dar con el sendero de ascenso y ahí por primera vez nos enteramos que se llamaba, cerro Mayo.

La ruta, con suelo ripiado, se ponía cada vez más hermosa. Con hojas gigantes de nalcas a ambos lados del camino, y árboles muy altos, aparte de la vista a los cerros del frente.
Pasamos por el lado de una enorme piedra, medio desprendida de la montaña de donde debía ser parte, que me hizo imaginar el momento en que diera media vuelta más y ese camino quedaba definitivamente bloqueado.

Negro, Diego, Andrea y Emilia Bunster
Primero vimos una casa después de algún rato caminando; entramos a ver su indagábamos más o simplemente a pedir los permisos. Igual el hombre anterior nos dio la impresión que no había problemas con lo que estábamos haciendo y que el dueño efectivamente estaba adentro.

Lugar vacío así que seguimos y un poco más allá llegamos al puente que nos habían dicho y el cartel al cerro Mayo.
el bosque
Tuvimos ahí una conversación a ver si seguíamos a las cascadas o a la cima, teniendo en cuenta que teníamos horario restringido, por el almuerzo a casa de Gastón Silva a que íbamos algunos. Posiciones divididas y al final optamos por seguir hasta donde pudiéramos, en la ruta a la cumbre. Ello nos imprimió un ritmo apurado, sin parar.

Gabriel en el cartel demarcatorio
La ruta era un sendero perfectamente habilitado, mejor incluso que la ruta a los laguitos arriba del Tinquilco. Incluso, había letreros y de buena calidad, señalando el tipo de árbol.
Puentes excelentes, y una escalera impecable que empieza ya a cierta altura.

Diego en puente
Había un cartel indicando la altura sobre el nivel del mar, siendo el primero de 650 mts y el último al que al menos yo llegué, fue a 1.000 mts sobre el nivel del mar. Diego y Negro volvieron de un poco más alto, cuando a gritos señalamos que ya era suficiente e íbamos a llegar demasiado tarde donde Gastón.

Negro y Gabriel
El paisaje, precioso. Árboles enormes. Una vista tan hermosa, que muchas veces, en muchos momentos lanzábamos exclamaciones de júbilo.

Decidimos partir y partieron por delante la Emilia y detrás la Andrea, por problemas de la Emilia a la rodilla; esto mientras hacíamos un merecido descanso, tomábamos agua, pues habíamos subido rápido y de un solo pique todo el ascenso.

Gabriel al lado de Ulmo
La vuelta también fue apurada, aunque igual nos detuvimos a fotografiar flores, formas, árboles, carteles; no era posible irse tan apurado del paraíso.

Abajo ya, en el camping que estaba donde el cartel y el puente, encontramos al resto; yo iba detrás con Diego.

Diego en el puente
Disfrutando del deleite del paisaje, hicimos el trayecto del camino ripiado y finalmente llegamos al portón donde nos esperaba el auto.

Nos infiltramos en territorio privado, donde encontramos el ascenso más hermoso que he visto de una ruta grata, sureña, bien cuidada. Un dato a divulgar y ojalá que este apreciado Gabriel Ruiztagle no se enoje de esta transgresión.

en el portón, punto de partida
Otra cosa, después nos enteramos que ese cerro, al que llegamos a la cota de los 1.000 mts., tiene su cumbre a los 1.285 más menos, y que nos faltó muy poco para llegar a la cumbre.
Bueno, quedó pendiente para la próxima.