domingo, 30 de marzo de 2008

Vuelta por el otro acarreo

No se si fue buena idea, pues hubo riesgo, heridos y un poco de alta dosis de miedo.

Nos encontramos en la YPF justo después del cambio de horario esa misma noche anterior. Unos llamados telefónicos previos nos permitieron afinar la puntería y evitar desencuentros de instancias parecidas.

La YPF estaba llena de jóvenes, que indagamos iban a Vallecito a hacer ejercicio de escalada. Y ahí los encontramos mas tarde.

Tomamos la ruta Balart, siguiendo el sendero por la canaleta de abajo, aguas arriba. Punteando iba Alicia, amiga de Mabel, que resultó ser maratonista y por tanto, su estado físico impecable.

Arremetimos por la ruta empinada que bordea los acantilados que en invierno presentan piscinas inaccesibles, hasta llegar al sendero que de vueltas nos llevaría a Vallecito.
Sentados en un descanso, veíamos a las personas que subían la ruta normal al Alto del Naranjo, la cascada que sale de Vallecito y el acarreo al frente, que en partes se ve espectacular para bajarlo corriendo. Desde ahí vimos por donde tomarlo para bajar los riesgos de la entrada por la izquierda que es muy peligrosa.

Caminamos por el estero de la quebrada de Vallecito, ruta que fue apreciada por el grupo, por su belleza y frescura del agua cristalina que corre ladera abajo.
Saliendo de Vallecito nos encontramos con multitud de jóvenes que practicaban bajada con piolés, guiados por profesores.

Nos encaramamos hasta lo mas alto de la vuelta de Vallecito y un poco mas allá acordamos tomar la ruta de bajada, ruta que la verdad nunca habíamos hecho. Arriesgado igual.

No se dio fácil. Hubo partes de franco peligro de deslizarse hacia abajo, sin muchas posibilidades de parar. Cuando uno está ahí la mente solo busca la mejor ruta pero no considera devolverse, así que seguimos con los más avezados abriendo ruta.

De repente vimos que teníamos una baja, pues la Rebeca quedó paralizada, no se si por el miedo o por lo calambres, que el esfuerzo y el agotamiento le provocaron.
Mabel, que venía atrás se quedó con ella y en vista de la demora y estancamiento en su posición, Pancho y yo emprendimos camino de vuelta, al rescate.

Llegamos a ella, aunque ella también llegó a nosotros, desplazándose adelante, a nuestro encuentro. Estaba un poco magullada, aunque solo eran rasmillones.
Se agarró de mi cinturón y con cierta lentitud seguimos adelante, de vuelta por la ruta que ya había bajado y llegamos hasta abajo, sin mayores problemas. Uf.

Después comenté que no volvería por esa ruta por sus riesgos, pero Mabel contó que había disfrutado y que ella volvería feliz. Así que quedó como una alternativa, pero de mayor riesgo y adrenalina.

Bueno, de ahí en adelante no hubo nuevos problemas, salvo una cabeza de vaca muerta que hedía en el cauce del estero antes de tomar la canaleta de abajo.

Llegamos varios bien cansados, yo y Pancho en particular. Solo pensamos que la siesta sería especial este domingo, y la Rebeca esperaba una resaca mas fuerte el martes, que es cuando a ella le aparecen los dolores del domingo.

Buen paseo, buen grupo, bello día.

A la canaleta y a la bocatoma

Nos fuimos a un paseo corto, pues la Rebeca había trasnochado y no estaba muy enforma. Yo llegué con Raimundo y la Chofa, enojado porque no había logrado traer a mi hija que prefirió quedarse en la cama descansando.

Llegamos a la canaleta y seguimos caminando por el sendero que la bordea, primero hasta el eucalipto donde nos comimos un rico picnic de duraznos en conserva que traía la Mabel de parte de Sergio. Y fue ahí donde decidimos seguir a ver la cascada donde nace la canaleta. Y hasta allá llegamos.

Raimundo se bañó; la Chofa para que decir, venía bañándose por la canaleta, al punto que en ciertos tramos galopaba por dentro. Y la Rebeca se sacó los zapatos y se refrescó en el agua.

La cascada misma estaba estropeada, tapado el sendero de zarza y el pozón lleno de piedras.

A la vuelta bajamos por el acarreo.


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miércoles, 12 de marzo de 2008

Despedida a Don Hugo Ravera desde la India

Aquí, desde los pies del monte sagrado Arunachala, en Tamil Nadu, estado del sur de la India, monte venerado desde hace muchos siglos por ser la manifestación directa del dios Shiva, y, cuya forma es muy parecida a la del Pochoco, me acabo de enterar, a través de "subcerros", de la perdida irreparable de Hugo Ravera.

Tengo un intenso dolor en mi corazon...

Aprendí a subir cerros con el. Allá por el ano 78 vivía yo en le Arrayán, y me lo presento la dueña de la casa que yo arrendaba y que era muy amiga de el. Cuando supe que su gran amor eran los cerros le pedí que me llevara. Así fue como se inicio una hermosísima amistad. Me enseñó desde a como respirar, que comer en las subidas largas (por 3 o 4 años subimos 3 veces por semana, dos el Pochoco y los Viernes una subida larga como el Provincia, el Infiernillo o el Pintor etc). Y siempre con entretenida conversa...cuando yo ya no daba mas, le pedía que me cantara, así el espacio se llenaba de su voz potente con canciones napolitanas, tangos; (mi preferido era "Uno", porque muchísimo tiempo antes, yo sin tener ni la sospecha que algún día lo conocería en tan distintas circunstancias, lo escuche cantar "Uno" en el restoran Waldorf en la calle Ahumada, que ninguno de los que leen Subecerro de seguro conoció, estoy hablando de muchas décadas atrás. Hugo es uno de los tesoros que he conocido en cuanto a generosidad y humor.

Tengo mucha pena.

Jean Rowe

martes, 11 de marzo de 2008

Homenaje a Don Hugo Ravera

Para mis amigos subecerros que mantienen muy vivo el recuerdo de Don Hugo Ravera comparto con ustedes este link que los llevarán a la publicación del blog de el mercurio del dia sábado 8 de marzo escrito en homenaje a Don Hugo.

Este otro link nos lleva a la web de montañismo Andeshandbook en que curiosamente ellos describen el cerro Pochoco donde incluyen a Don Hugo.

Por último un !Gracias!! a Don Hugo por haber dejado inborrables sus huellas no sólo en el cerro Pochoco sino en los corazones de muchas personas.

lunes, 10 de marzo de 2008

Hugo Ravera

Se ha ido. Murió de un infarto la noche del domingo pasado, a las 3 de la mañana, como nos contó al grupo en la YPF, Francisco Toyos.
Se fue a los 81. Mi padre se fue el año pasado a los 80 y yo le decía, apréndele a Hugo que sube cerros como una gacela a sus 80.

Hugo Ravera, el gestor de la cofradía del Pochoco, a partir de sus bastones que regalaba, siempre que la persona hubiera subido al menos 3 veces hasta la cumbre.
La verdad, yo iba en mi tercer Pochoquero, como les decimos, pues cada vez que se me gastaba mucho, él gentilmente me lo cambiaba por uno nuevo. Aunque quizás era uno viejo al que le cambiaba la punta y lo re pintaba.

Hugo fue un personaje memorable para todos los que subimos por años el Pochoco. Encontrarse con él era siempre una fiesta, por su alegría, cordialidad y buena onda. Cada vez que me encontraba con él además me contaba dos chistes; chistes que en los últimos años, yo le reclamaba.

Nunca olvidaré que una vez que yo había estado en una sesión de grof el día anterior, Hugo me contó un chiste con el que no paré de reírme desde la cumbre hasta la base del cerro. Verdaderamente pensé que los grof me dejaban medio volado.

Hugo era un gran conversador; iba los domingos al Pochoco siendo este su día social, pues durante la semana subía al menos tres veces distintos cerros. Normalmente estaba detenido conversando con alguien. Todo el mundo lo conocía.

Recuerdo muchas historias y recomendaciones del escalador. Como abrocharse los zapatos, como ponerse calcetines y de que tipo. Anécdotas de subidas; accidentes, la momia del Plomo, etc.

Hugo nos hará falta. Le daba un espíritu al cerro que espero perdure en toda la gente a la que él influyó.

Al Pochoco el domingo

Nos reunimos 7 el domingo a las 8 de la mañana, después de los meses de verano para varios. Francisco Toyos nos cuenta que Hugo Ravera ha muerto; ufff; so nos sorprendió y caló hondo.
Francisco propuso que fueramos al Pochoco en homenaje a Hugo; acogida cerrada; para allá partimos.

Iban Francisco Toyos, Gonzalo, M.Elene, Consuelo, Rebeca, Mabel y Yo, Gabriel.

Pasamos a ver la gruta que algunas vez había hecho Don Hugo y nos encontramos que tenía virgencita nueva y unas guirnaldas; una clara señal de homenaje a él por su partida.
Mas arriba en la primera cumbre, nos detuvimos frente a ese cartel que también había puesto don Hugo, luchando contra los destructores del cerro.

El día estaba despejado, con algunas nubes por aquí y por allá que generaban sombras en la ciudad y un aire fresco en algunas partes, que nos recordaban la tormenta de truenos, relámpagos y granizo de unos días atrás.

En la cumbre el tema fue Hugo Ravera, con gente que se nos acercó pues oyeron de lo que hablabamos y quisieron enterarse sorprendidos por la noticia. La verdad nadie pensaba que un hombre como Hugo Ravera se fuera a morir ya que estaba, de antes que lo mordiera ese perro en la casa que arrendaba, prácticamente mejor que todos nosotros.

Supimos que había ido al hospital por malestares y le dijeron que tenía problemas al corazón y que considerara la posibilidad de un by pass, cosa a la que él declinó.
Bueno, se fue a temprana edad pero se fue de la mejor manera según la idea de muchos; sin mayor alboroto.

María Elena hizo un pequeño discurso y soltó una lágrimas sinceras, que nos conectó con lo pasajera de esta vida y lo importante que es vivir y disfrutar y que mejor manera que esta de subir cerros a la que Don Hugo Ravera nos influyó en instalar como práctica estable y anhelada cada fin de semana.

Hasta un chiste contamos, también en su memoria.

Bajamos rápidamente y nos fuimos adonde la Rosalia a comernos unas ricas empanadas y motes con huesillo. Y aprovechamos de sacarnos una foto con la Rosalia para el recuerdo. Ella pidió salir con sus empanadas (la pueden ver en la foto).

sábado, 8 de marzo de 2008

Subida a los tres laguitos, arriba del Tinquilco

free music

El lunes 25 de febrero partimos desde el Caburgua al Tinquilco para subir a los tres laguitos, nuestro panorama infaltable de todos los años. Iba con mi hija Andrea y su pareja, Raimundo, en su auto.

La ruta que orilla el Caburgua tenía un desvío a raíz de un derrumbe, con una pendiente pronunciada en un sector, que logramos escalar dificultosamente. Ese camino está malito, salvo que se tenga un auto alto y tracción.

Bueno, llegamos al Tinquilco y al parque Huerquehue. Ahí nos enteramos que la Chofa, el perro cocker de mi hija, no podría entrar al parque por reglamentación general para todos los parques nacionales de Chile. Y, no quedó otra que separarnos, partir solos con la Andrea, mientras Raimundo volvía al Caburgua a dejar a la Chofa. Una molestia.

Ah, $ 2.500 por persona los adultos chilenos y $ 4.000 por persona los extranjeros. ¿Por que esa diferencia? Contesté, que ¿querís pagar $ 4.000? No. Mira, parece que en todas partes (países), existe esta práctica segregacionista.

Y, la ruta habitual para llegar al fondo del Caburgua la están arreglando, así que no se puede pasar y tenemos que caminar desde el estacionamiento que está poco mas allá del punto de control del parque.

La cosa es que al partir nos encontramos con una señalización que nos invitaba a entrar por un sendero por dentro del bosque, llamado Ñirrico, que nos llevaría hasta nuestro destino, por la orilla del lago, prácticamente, con vistas y panoramas preciosos. Un gran descubrimiento y muy recomendable.

Al final del lago, en la entrada del camping, la Andrea se compró una bebida. Eso me permitió descubrir una piscina llena de salmones.

Y nos fuimos para arriba. Las fotos ilustran la belleza del paisaje; realmente maravilloso.

Nos topamos con bastante gente que subía y bajaba. Arriba, pasamos directo a la laguna verde, que es “el balneario”. Allá nos bañamos, descansamos, nos comimos el picnic, nos asoleamos, conversamos y disfrutamos del paisaje.

Llegó toda una familia con el papá pescador. Obvio, ni una sola picada. Le dije, “ándate a la Chica” que allá pica. Eso me pareció que hacía y yo sin ponerme los zapatos de escalar partí al poco rato a ver si participaba de la pesca … y no lo encontré.
Allá esperé un largo rato a que apareciera mi hija con Raimundo y así iniciar el retorno.

Abajo, cansados y hambrientos, entramos al Refugio Tinquilco a comernos algo. Pero, la porción de kuchen costaba $ 2.200 y las bebidas $ 1.000 … chao; nos fuimos.
Poco mas allá, una señora en un puesto vendía la misma porción de kuchen en $ 800 y la bebida en $ 700. Ahí nos instalamos.

Bueno, fue un excelente paseo, hecho con calma y desplegando las horas del día a nuestro deleite.