lunes, 28 de septiembre de 2015

Por la ruta de Víctor de Las Varas

Recojo al bajar a la Maribel y después pasamos a buscar a la Alejandra. Al final llegamos como 15 minutos antes al punto de encuentro, así que nos fuimos a tomar un cafecito al UPA de la Shell.

la Isabel, Eugenio y Pancho
Desde la ventana veía como iban llegando. La Anne Marie, Eugenio y la Isabel primeros. Luego llegó Dirk y Pancho. Finalmente Víctor.
Nueve en total ? no se me estará quedando alguien en el tintero ?

Maribel
La Alejandra quería el Pochoco. La Isabel se opuso con su solidez sonriente. Y el Manquehue, propuse yo. Alguien dijo, porque no vamos a esa ruta de Las Varas por la que nos llevó Víctor la semana pasada, que fue tan bonita.
Yaaa ! Y para allá partimos.

Víctor, Alejandra y Anne Marie
Pagamos, después de llegar en dos autos. La verdad, pagó Pancho, que algún malabar hace.
La ruta es en general bastante suave, y de la canaleta en adelante, es hermosa además.

Dirk, adelante
El grupo mantuvo siempre, entre dos o tres grupos, donde siempre fui en el de avanzada. Debe haber sido por la Maribel, que cuando tomaba la delantera, había que gritarle para que no se perdiera de vista adelante.

Alejandra
La conversa animada, chispenate incluso. La Alejandra y la Maribel llevan la voz cantante; Dirk y yo, las segundas voces; animadas siempre.

Gabriel
Llegamos al tranque, que es donde termina el canal, que viene incluso de la ruta del Alto del Naranjo. Comentamos con la Alejandra, que mas de una vez habíamos estado en la bocatoma donde parte este canal. Un canal hecho y mantenido por los alemanes dueños de buena parte de estas tierras por las que andábamos.

un alto en el camino
En la primera etapa nos topamos con varios ciclistas, en grupos y solitarios; de ida y de vuelta. Pasado un punto, ya no más.

el grupo de atrás
Hicimos cumbre, donde el canal cruza la ruta habitual a la cumbre y donde mismo paramos la semana pasada. Es como una especie de apego al canal que nos acompañó todo el camino, y a la vista fantástica que se tiene desde ese punto.

una parte difcil
Comimos abundantes frutos secos, naranjas y mandarinas, bromeando por la evolución de la posición de la mujeres en la historia de la humanidad. A ahora que hasta presidentes de la república son, siendo que en la época de los griegos y de los indios Sioux, valían hongo.

Maribel explica las costumbres de los países árabes; en la cumbre
Tuvimos una sesión de Taichi dirigida por Dirk, que nos conectó con esa particular forma de ejercicio y mentalización. Uno o dos ejercicios simples, nos aportó Dirk, que repetimos un par de veces. Fue como una leve degustación de la actividad. Esperamos que para la próxima, la extienda un poco más; o será que me gustó la modalidad ?

sesión de Taichí
En la bajada la conversación en el grupo de avanzada, se animó sobremanera. El tema, el sexo después de la menopausia de las mujeres. De si se les apagaba la cosa o como alguna dijo, se mejoraba. Gran sorpresa, gran animación, bromas e intensidad. Hasta aquí nomas llego, pues entra en territorio privado. Pero los dejo metidos.

Llegamos animadamente, en una hora a los autos; cosa que Eugenio reportó en un nuevo software que trackea el andar. Me mandó esta imagen:

lunes, 21 de septiembre de 2015

Caminata por la canaleta de Las Varas

Hay una escena del día de ayer, que conservo indeleble. Es el grupo, de siete que éramos, sentados en lo que era nuestra cumbre del día, detrás de un árbol que nos protegía del viento, mirando la escena. Soplaba un viento bastante fuerte, a veces aún más fuerte; el cielo estaba nublado, pero revuelto; incluso a veces aparecían pedazos de cielo azul.
Bello, muy bello. Y nadie quería irse de ahí.

en la cumbre, contemplando la vista
Fuimos a las Varas. Pero tomamos un camino distinto, a instancias de Víctor. Nos fuimos a tomar la canaleta, allá donde se ve Santiago al otro lado.
Y caminamos por la canaleta aguas arriba, hasta llegar al cruce con la ruta más habitual, a una cima que hay poco mas allá.

todos en el auto de Víctor
La ruta por la canaleta, muy bonita. Aparte de ir acompañados por el ruido del agua que corre todo el trayecto.

la Isabel y detrás Eugenio
Algunas partes, donde la pendiente y el espacio era estrecho, había que hacer algunos malabares. Pero sin mayor riesgo.
Una ruta para repetir.

ese que va detrás es Pancho
Eramos Pancho, Víctor, en cuyo auto nos fuimos todos, Eugenio y la Isabel, la Soledad y su hijo Tomás, y yo Gabriel.

la Isabel haciendo malabares
Pancho me compartió que están dando un taller de felicidad a la gente comercial de su empresa y que le sorprendía la buena acogida, pero no tanto por las teorías que les pasaban, sino por los trabajos de a dos, en que se preguntaban por la situaciones que los hacían florecer. Me dijo que podrían haber seguido conversando por horas, siendo que a él más le llamaba la teoría.
Yo le dije que si quería teorías, que tomara este curso de la universidad de Berkeley.

tranque con poca agua
Santiago presentaba mucho más smog del que esperaríamos de un fin de semana largo, como el que estaba terminando. Lo que pasa es que en este fin de semana. la cantidad de fuegos que se han encendido y de seguro se seguían encendiendo, era enorme. Asados dieciocheros.

martes, 15 de septiembre de 2015

Día primaveral con los cerros verdes en el Huinganal

Escribo dos días después de la subida. El día estaba precioso; soleado, fresco, primaveral.
Llegan un lote: Pancho, Anne Marie (que se nos suma en la ruta), Víctor, Consuelo, José, Soledad y su hijo Tomás, y yo, Gabriel. Ocho en total.

Anne Marie, José y Pancho
Las caballerizas fue la opción. "Vámonos cada uno en su auto", propuse yo. Listo; todos partieron y Pancho me dice, pero si son las 9:04 Ya, esperemos un poco le digo. Y dos minutos o tres después, me insiste Pancho que nos vayamos juntos; ante la insistencia acepté.
Obviamente al llegar, me abucharon, por la incongruencia. Merecido, el abucheo.

Víctor, Consuelo y Anne Marie
Tomamos la ruta a la izquierda y nos fuimos caminando y disfrutando del paisaje, del aire traslúcido, muy conscientes del verdor del suelo, con el pasto nuevo, ya crecido en todas partes. Un espectáculo que pocas veces se ve en el año.

Tomás y la Soledad
La verdad, con José nos alejamos una buena distancia del resto del grupo, con la explicación después, de que yo estaba entrenando, pues con un grupo habíamos acordado subir El Plomo en el verano.

siguiendo a los tres caballos
Descanso y breve conversación en el cruce pata de gallo y después en el árbol. Conversé un rato con Tomás, de profesión Ingeniero Agrónomo, igual que el papá, que trabaja en el Ministerio de Agricultura. 25 años, con planes de viajar a principios del próximo año, como todos los jóvenes acostumbran hoy en día.

Pancho, detrás la Anne Maire y luego Tomás
Nos instalamos en la mesa de la gruta y las conversaciones, la verdad, no estuvieron muy agradables. O los temas están bastante antipáticos, dado que la dispersión e incluso la radicalidad de algunas posiciones era fuerte.
Anduvimos por el tema de los araucanos que unos defendían y otros atacaban. De ahí pasamos a la iglesia, que ahí la cosa se encabritó un poco mas. Y de la política y el gobierno de la Bachelet, parece que hubo mas consenso en contra; parece.
Me acordaba de esta conversación después, en la noche, cuando veía a Cruz en Tolerancia Cero. En el cumpleaños de mi madre, al día siguiente, el tema de la iglesia simplemente se eludió.

Víctor es el de más atrás ?
Partimos del descanso siguiendo a un grupo de a caballo, que iban lentamente, pues llevaban a un niño arriba, bastante chico.
Bello espectáculo, pues la escena de caballos caminando, ensillados con gente arriba, me trae enormes recuerdos de mi infancia.

los a caballo, se detienen y se bajan a estirar los pies
José decidió seguir e intentar en cerro grande que sigue antes de empezar en descenso de la vuelta que dábamos. Me gustaría saber su logró alcanzar la meta.

El descenso lo hice adelante, conversando con Pancho, de temas más personales, más relajados.

Llegamos abajo, nos despedimos, después de un bello paseo y ejercicio, y nos fuimos; yo manejando el auto de Pancho.

Las Vizcachas con llovizna

Llegamos con la Isabel al punto de encuentro sospechando que seríamos los únicos ya que el día estaba con llovizna y amenazando con empezar a llover. Nos estacionamos y esperamos un rato hasta que vimos que llegaba Pancho. Nos bajamos y en ese momento nos dimos cuenta que la Soledad Tagle estaba en un auto delante de nosotros sin que nos hubiéramos dado cuenta.

Grandes saludos pues hacía tiempo que no participábamos de las salidas de subecerros por distintos motivos.

Eugenio, Soledad e Isabel
Decidimos ir a San Carlos de Apoquindo y hacerle empeño al cerro Las Vizcachas y para allá partimos.

Cuando nos bajamos de los autos la neblina estaba bastante baja, nos registramos, pagamos la entrada y emprendimos la caminata conversando animados. La temperatura estaba muy agradable, no hacía frío pero lloviznaba bastante y no había visibilidad mas que unos pocos metros.

Isabel, Pancho y Soledad
Los árboles y arbustos agradecían el agua, la tierra también.

La subida fue con harta detención y conversas. No nos cundía mucho.

Pancho nos contó que a pesar de no haber venido a los cerros se ha mantenido entrenando gracias a que está yendo diariamente a un gimnasio, y se notaba su buen estado físico.

Pancho
La meta era llegar mas arriba que la última vez, así que a punta de fuerza de voluntad seguimos caminando después de que reconocimos el lugar en que nos habíamos detenido la vez anterior, hasta que llegamos a un lugar donde paramos.

Pancho, Soledad y la Isabel
La llovizna había amainado y las nubes se habían abierto en parte, durante un rato tuvimos lindas vistas de Santiago.

Bajamos conversando de varios temas, felices de haber compartido una caminata muy agradable.



(texto de Eugenio Lagos)