domingo, 24 de noviembre de 2013

Palo del agua, a los pies del Manquehue

Llegan la Consuelo, Dirk y yo, Gabriel. Pancho me llama cuando ya íbamos por la senda del Carbón y me dice que acababa de despertar, después de irse del matrimonio de la hija de la Isabel anoche, a las 4 de la mañana; con razón no llegó.

Consuelo y Dirk
No supimos enganchar por la ruta de la vez anterior, así que seguimos y seguimos bordeando el canal, hasta prácticamente las primeras casas de Lo Curro. Nos encontramos con un ancho camino que salía hacia la izquierdo y por ahí seguimos.

en la zona de bosque
Nos topamos con un tipo que venia bajando y nos dijo que unos 20 minutos más arriba estaba la gruta del Palo del agua.
La ruta se iba emboscando en un panorama y un paisaje precioso, de bosque sureño, nativo. Un pequeño paraíso a un paso de la ciudad.

Consuelo contempla el paisaje
Llegamos a la gruta y al agua, pues hay como una vertiente y hay agua para tomar, con una pareja y sus dos hijos chicos. El se llama Juan Andrés Camus y ella Teresita Covarrubias.
La conversa galopó. Él, un economista con postgrados en EEUU embarcado en un emprendimiento energético con energías sustentables; súper interesante.

Dirk, Juan Andrés Camus, Consuelo y el chicoco detrás de la mochila
Y ella, psicóloga, trabajando en temas de liderazgo en colegios. Con ella enganchamos en temas de educación en que nos volamos por un buen rato. Aparte de que era un tema que veníamos conversando de antes con Dirk.

Teresita Covarrubias con su hija, Dirk y la Consuelo
Nos despedimos y emprendimos nuestro retorno. La llegada al canal fue rápido, de descenso.
La caminata por la orilla del canal se nos hizo más larga, pues creo que era un largo trayecto además.
Pero la maravilla de la vista que teníamos a nuestros pies, aparte de la belleza de la ruta misma, transformo esta caminata en un muy grato ejercicio compartido.

la familia en pleno
la súper mochila

sábado, 23 de noviembre de 2013

Ascenso a la playa de la Ermita

Isabel y Consuelo; atrás Eugenio y Pancho
este perro nos acompañó todo el tiempo

las mujeres aperrando
llegando a la playa, nuestra cumbre
Eugenio y la Isabel
Consuelo, Eugenio, Isabel, Gabriel
Pancho, Consuelo, Gabriel, Eugenio
Isabel, Pancho, Consuelo, Eugenio y el perro

miércoles, 13 de noviembre de 2013

A las Varas entre ciclistas

En el punto de encuentro miramos hacia la costa y está despejado. Miamos hacia la cordillera y el pronóstico de lluvia, nos hace sentido. Uno de nosotros ve pasar una camioneta, con nieve.

Estamos: Pancho, Francisco Toyos que llegó con la Anne Marie, Isabel y Eugenio, y yo, Gabriel.

Toyos, Eugenio, Isabel, Gabriel y Pancho
Después de una estirada deliberación acogemos la propuesta de Pancho por irnos a Las Varas.

Llegamos en dos autos, y el portón está cerrado con llave y los cobradores, ausentes.
Partimos entonces hacia la derecha donde al poco andar nos recibe una puerta negra y robusta que nos invita a llegar hasta ahí nomás.
Pero Pancho conoce un derrotero bypasseándonos el obstáculo; lo seguimos.

ciclistas en la cumbre
Pasamos frente a esa casa en la punta de una colina y seguimos a otra casa con varios corrales con caballos en cada uno.

Seguiremos una huella de bajada de bicicletas, siguiendo un ascenso duro, hasta la cumbre, donde nos encontraremos con una buena bandada de ciclistas.

Anne Marie, Pancho, Eugenio, Toyos e Isabel
Esa será nuestra cumbre del día.
Naranjas de Pancho, frutos secos de Eugenio y manjar en bolitas de Anne Marie.
Seguimos las conversas de los ciclistas; un poco metemos la cuchara; poco.

Toyos, Eugenio, Pancho, Anne Marie e Isabel
Vemos como varios se cambian de casco, por uno que les proteja mejor la cara. Ajustan sus rodilleras y coderas. Parece que van preparados para alguna posible sacada de cresta. Bajan echos una zumba hacía el estadio de la Católica.

Descendemos por la misma ruta por la que subimos prácticamente. Voy adelante con Pancho, conversando. No había dormido mucho la noche anterior, por una fiesta ruidosa en la casa de su vecino.

se van los ciclistas
Al llegar abajo, saludamos al tipo en la caja y pasamos de largo con Pancho. Escucho a una señora que aparece y logra cazar a los que venían atrás y logran hacerle la extracción de dinero del peaje; a nosotros no.

Nos vamos, pausadamente, percatándonos que la habíamos echo bastante corta, pues eran como las 12:30 cuando íbamos ya en los autos.

domingo, 3 de noviembre de 2013

Al club ecuestre en fin de semana largo

Llegué (Eugenio) a la Terpel más temprano de lo habitual, temiendo que no llegara nadie más por el fin de semana largo, pero a los pocos minutos llegó Pancho, y luego Gabriel seguido de Víctor Bunster y un minutos después Ane Marie.

Gabriel nos contó que estuvo en Santo Domingo pero volvió para la caminata porque sentía que le hacía mucha falta, lo mismo Pancho que estuvo en Isla Negra pero se volvió en bus el sábado.
Decidiendo a donde partir propuse ir a las caballerizas, Pancho propuso ir a los tubos, optamos por la primera opción.

Pancho, Eugenio y Victor Bunster
Dejamos los autos en el estacionamiento del Líder de Las Condes con Camino San Antonio y seguimos todos en la van de Víctor hasta el club ecuestre.

La caminata se inició dejando algo de ropa en el auto ya que el día amenazaba con ponerse caluroso.

Ane Marie
Partimos a buen ritmo conversando y caminando. Hicimos un aro a la sombra de un quillay y brotó el tema de las candidaturas presidenciales, la propaganda, los recientes debates tanto en radio como en televisión y estuvimos comentando lo que le parecía a cada uno. En general las opiniones del grupo eran críticas hacia el tipo de debate que presentó la televisión y lo poco que podían exponer los candidatos, como también los ofertones con que éstos trataban de entusiasmar a los votantes.

Eugenio adelante, lo sigue Pancho
Mientras conversábamos de todo esto se acercó un grupo de unas ocho personas, parecían una familia, cabalgando en la misma dirección en que teníamos que seguir, así que aprovechamos el impulso y nos pusimos en movimiento. Al poco andar el grupo de jinetes se devolvió y tomó otro camino.

grupo en paseo a caballo
El grupo iba conversando acerca de los posibles cambios que se visualiza se producirán en el país, como la sindicalización obligatoria de los trabajadores, y otros de ese tipo que es muy probable desincentiven a algunos pequeños y medianos empresarios a seguir con sus actividades.

Decidimos innovar en la ruta así que por iniciativa de Pancho nos desviamos hacia un cerro a la izquierda del sendero habitual, encontramos una huella que nos llevó por el filo hasta la cumbre del cerrito donde paramos a la sombra a compartir el tentempié y darle a la conversa.

Eugenio salva
Donde paramos teníamos una vista panorámica de las canchas de golf de Santa Martina, club del que es socia Ane Marie, quien nos contó que se integró cuando recién comenzó a construirse y que participa mucho especialmente jugando golf y bañándose en sus piscinas y jacuzzis.

Hacia Santiago se apreciaba bastante nítido el sector de La Dehesa y Los Trapenses, el tranque, algunos colegios, las canchas de golf del colegio médico, pero mas hacia abajo el smog acumulado ya a esa hora impedía ver con claridad.    

en la cumbre
Como a las 11:30 empezamos el regreso, el sol ya pegaba bastante fuerte y nuevamente hicimos un aro a la sombra del quillay. Quizá sería por la hora pero empezamos a hablar de tragos, de lo que se ha perdido la tradición de la vaina, de algunas recetas de pisco sour, se comentó que el secreto de una buen pisco sour preparado por Dirk consiste en usar limón de pica el que, habiéndolo "despepado" se mete entero a la juguera, y se utiliza goma en vez de azúcar. Pancho y Gabriel afirman haberlo catado con gran entusiasmo. Por su parte, Víctor contó que por hacerse el bacán pidió hace poco un martini seco como debe ser, esto es puro gin con un poco de martini mezclado en la correspondiente coctelera y la clásica aceituna verde en la copa ad hoc....parece que hace estragos rápidamente según nos aseguró el propio afectado.

bajando
Desde donde estábamos comentando temas alcohólicos veíamos algunos caballos, Gabriel nos hizo ver lo desafortunados que son ya que a la mayoría los capan, lo mismo que a los toros que pasan a ser bueyes, estábamos en eso cuando un par de caballos se puso a relinchar (quizá escucharon nuestra conversación) y partieron corriendo para acercarse a un par de jinetes que traían otros pingos amarrados, con los relinchos de lado y lado parecían saludarse o preguntarse algo entre ellos.

los caballos árabes
Seguimos bajando y nos topamos con uno de los jinetes a quien dejaron a cargo de los caballos que habían pillado, mientras el otro, con la ayuda de sus perros pillaba otro par de yeguas. Pancho y yo seguimos bajando y el resto del grupo se detuvo a conversar  algo más con el jinete, alcanzamos a escuchar que los pingos amarrados que llevaba eran caballos árabes, de patas muy largas y buena pinta.

Llegamos de vuelta al auto de Víctor con la rica sensación de haber hecho una agradable caminata en compañía de buenos amigos.

(Texto de Eugenio Lagos)