lunes, 28 de septiembre de 2009

Sin dudar... a los "llanos de javier"




Cumbres nevadas y amplia gama de colores en el cielo: blancas y grises nubes dejaban la pasada a brillantes rayos del sol que anunciaban como trompetas la llegada de un nuevo dia domingo. Observando este escenario desde la ventana de mi dormitorio, mis dudas se esfumaron automáticamente saltando de la cama para partir a encontrarme con los amigos subecerros: destino que ya se había acordado "Los llanos de Javier".

Varios de nuestros amigos(as), quedaron enredados en programas y panoramas que dado los auspicios que pronósticaban mal del tiempo, les hicieron pensar anticipadamente que nuestro domingo de cerros se suspendería. Eso es lo incierto y cautivante de las montañas y de la naturaleza toda. No responde a orden ni estructura alguna que queramos darle nosotros las personas.
El principio de incertidumbre que rodea todo fenómeno natural, queda grabado en nuestra retina al comprobar el pésimo estado en que quedaron algunos pobladores que viven a los pies de los cerros camino a "los llanos". En segundos, el agua se había llevado dos casas completas, y... allí estaban, desde temprano los afectados y sus solidarios vecinos, con nuevos materiales y algunas herramientas, trabajando en la reconstrucción de nuevas mediaguas, casa básica que sobre suelos y cauces de rios o canales, ni media ni entera soporta un aluvión.

Algo parecido me sucede cuando parto de madrugada a recorrer estos bellos paisajes, salgo a buscar y a gozar de lo nuevo, entro en diálogo con la belleza de estos escenarios impredecibles y misteriosos, que conllevan a conversaciones internas con el ser propio que está dentro provocando profundos estados de paz. El reencuentro con los otros caminantes en sintonía en este ejercicio de comunión con la naturaleza, vuelve la conversación sincera al plano comunicativo más puro y amoroso. Pasamos de alguna manera a formar parte de este tejido armónico y transparente de espacio transitorio de vida intensa.


Mucho barro al comienzo, el color café del suelo de greda en pocos minutos de caminata se transforma en café con leche...el blanco de la nieve caída se toma paulatinamente el protagonismo de cada centímetro de paisaje, también se apodera de pisadas sonoras y crujientes que se deslizan junto a las gotas que caen como lluvia en algunos tramos boscosos del camino.


Buenas noticias nos trae la Marisol y sus terapias de sanación conocidas como "constelaciones familiares" que ella, junto a un equipo de profesionales desarrolla desde hace algún tiempo con excelentes resultados para todas las persona alivianándonos la mochila que traemos de nuestros antepasados. Emocionantes resultan también los relatos de Mabel que cuenta con entusiasmo anécdotas del último gran evento familiar participándonos de la alegría y los momentos de felicidad que el matrimonio de su hija le produce.


La Consuelo se hace presente en forma virtual gracias a las llamadas telefónicas que en reiteradas oportunidades nos hace detener el paso para responder sus llamadas. Ella se siente molesta por no estar de carne y hueso pisando con nosotros este blanco sendero...pero siempre vienen otros domingos de consuelo.


Sin parar por el frío y ante un escenario amenazante de nubarrones, emprendemos la bajada sin naranjas ni duraznos. Ágilmente gracias a la nieve, en poco tiempo alcanzamos el piso barroso y acuoso de los comienzos. Nos sorprende a medio camino la caída de finísimos y delicados copitos de nieve. Paisaje nevado silencioso aparentemente, un centener de sonidos se escuchan al detener el movimiento.


Sin duda que la incertidumbre nos asegura sólo nuevas experiencias:!!Maravilloso y sorprendente el encuentro de hoy!!

jueves, 24 de septiembre de 2009

Subida solo al Alto del Naranjo en Diezyocho

Han pasado varios días desde el domingo 20 de septiembre, en que figuraba solo en la Terpel, tomándome mi café, que subieron a $ 550 los chicos, pasadas las 8:30 de la mañana. Nadie llegó así me las emprendí solo hacia la ruta tradicional del Alto del Naranjo.

Día soleado, aire fresco, subí con pantalones cortos y polera solamente. Un tipo como de mi edad partió poco antes, al que divisé todo el trayecto, incluso a la vuelta.

Paré en el mirador de las vacas, como escuché que le llamaban, el primer mirador ese, y traté de adivinar donde es que había sido la catástrofe del derrumbe con arrastre de casa incluido. Solo noté que en la bajada en mi auto, los bordes del camino y la casa de la esquina estaban creo que incluso abandonada. No creo que el desastre haya sido ahí mismo, pues entiendo que el puente Ñilhue está en el km 5 y la cosa fue en el 6.

Iba por supuesto en mis divagaciones propias, mirando de cuando en vez la flora y la fauna, que ya empieza a descollar con los aires primaverales.

Me senté a la altura de la canaleta, un poco apartado de la ruta y de repente veo hacia abajo que un cóndor inicia su planeo ascendente. Que deleite seguirlo con la mirada en total atención a sus movimientos, a su maniobra con los vientos, con la ruta de ascenso. Pasó muy cerca mio varias veces y más arriba empalmó con otro cóndor o cóndora, con la que empezaron a dar vueltas en un verdadero jugueteo. Terminé con el cuello resentido de tanto mirar para arriba, disfrutando del juego de esas aves magníficas de nuestros aires.

Sorpresa fue ver al llegar al naranjo, que no es naranjo, del Alto del Naranjo, que había allí un buitre, grandotote, que aguachado recibía alimento de los paseantes. Estuve absorto mucho rato, siguiéndole el tranco a esa ave, que iba y venía, con cierta cautela, pero no mucha a mi parecer, comiendo uno tras otro, las almendras que un tipo le iba tirando una tras otra; muchas. "Va a quedar gordo" le dije; "no se vaya a mal acostumbrar" me respondió él.

Bueno, a la bajada me encuentro con un atlético Gonzalo Reutter que subía, con el que pelamos a su padre que obviamente figuraba en su campo rodeado de nietos a esas horas.

Poco más abajo venía un tipo trotando y le dije "Oye, está prohibido subir trotando, no vez que todos los demás se deprimen"; se rió y siguió sin modificar su ritmo.

Cansado llegué abajo; sospecho que al ir solo le puse más pino, o simplemente mi estado físico, guata mediante, no está de los más a tono.

De ahí me fui donde la Rosalía a retirar las empanadas que la Andrea ya había pedido por teléfono.

Una agradable mañana de naturaleza, ejercicio y aire puro.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Buenos días señor Provincia




El olor y color de primavera atrajo a un gran número de subecerros este domingo; son las ocho y media y la Terpel se llena de caminantes y esquiadores buscando deporte y aventura con una agradable temperatura matinal. Sin mediar objeción María Elena dice "vamos al Alto"!! ella viene sorpresivamente acompañada por su hermano Manuel José y su hija.

Catorce (incluyendo a Sandro) partimos camino a Farellones para desviarnos por el camino antiguo al puente Ñilhué por problemas con el aluvión de la semana pasada. Pudimos observar los trabajos que aún realizaban a esa hora los bomberos en la zona del desastre. Es lamentable que sin medir los riesgos, lugareños construyan sus casas en la orilla del rio. Fuímos testigos el lluvioso domingo pasado de la fuerza incontrolable con que este venía.

La flora del lugar aparece muy atractiva e inspira a la Kuki a estrenar su cámara y fotografiar una y otra especie; espinas, flores, nubes, paisajes, pajaritos y pajarotes por todos lados completando una amplia colección de fotos que puedes ver en su albúm de facebook.


Llegamos al Alto en grupos de a uno, dos y tres, pensamos que Manuel José llegaría sólo hasta la canaleta pero llega, alcanza la meta como también lo hace Rodolfo un poco más tarde. Una vez arriba todos, la Jeannie propone al grupo aprovechar esos momentos de descanso arriba para acordar el cerro de la próxima subida para así saber con anticipación el lugar de destino y no dejarnos llevar por la inercia del momento de la partida. El grupo acepta la moción y se propone para el domingo 27 de Septiembre subir a los Llanos de Javier.

Hacemos una lenta bajada con Rodolfo poniéndo mucho cuidado a las piedrecitas traicioneras que te hacen caer, tropezones de la vida que con mucha paciencia y perseverancia tanto en el cerro como en la vida diaria nos ocurren y de las que te levantas para volver a empezar una y otra vez. De tanta charla y charla, llegamos abajo cuando ya sólo nos esperaba Gonzalo entre ansioso y preocupado por la hora (3pm).

Buena caminata, en buena compañía...!buenos dias Señor Provincia!.

jueves, 10 de septiembre de 2009

Buscando a Mr. Hyde


Estimado Slipczuk, te escribe Milla (los montañeros nos tratamos por el apellido), he leído tus posteos acerca de tu experiencia primera en los cerros. Previo a todo quiero decirte que los Subecerro fueron especialmente considerados y deferentes contigo, como norma a los "primerizos", se les invita y luego se les abandona a su suerte en el cerro. Se hace esto para que experimenten a concho todos sus miedos, rabias y fragilidad. Todo con mucho cariño y amor por supuesto, también con algo de respeto, pero algo, no mucho, es necesario para "el proceso". Dile a Bunster que te comparta la nómina con los nombres de tres mil quinientas veintitrés personas que no pudieron con “el proceso”.

Estamos los montañeros, moldeados por esos mismos cerros que amamos, toscos, abrutados, primitivos, irregulares, caprichosos, a veces chatos, a veces filosos como navaja. De esa misma forma primitiva, hemos ido desarrollando nuestras propias formas de "trabajarnos" para descubrir poderes internos y otras cosas que no sirven para nada.

La idea básica que hay tras ese "abandonamiento" es permitir al novato una experiencia interna poderosa, transformadora, que pueda sentir como su ego cae rodando ladera abajo para después hacerse bolsa en las rocas. Sucedido esto que es casi místico, - en oriente han desarrollado otros métodos bastante más complejos -, el invitado pasa a un estadio de guiñapo humano, necesario también para experimentar la siguiente fase del proceso: sentir que si éramos algo allá abajo, acá arriba no somos nada de nada.


No somos nada de nada, o, lo que es lo mismo, menos que las vacas, como suele decir un muy buen amigo cuando ve a estos bovinos pastando tranquilos a cuatro mil metros de altura, mientras él echa los bofes, transpirado y cansado. Si las estúpidas vacas pueden, yo también, es otra de sus frases preferidas.

Sigamos describiendo “el proceso”. Si el novato tiene las potencias y los dones, surgirá de forma natural un demonio interno, - un Mr. Hyde -, esto es precisamente lo que se espera, y ojalá que surja rápido, es muy buen indicador. Si lamentablemente no surge, es mejor dejar que el novato decline y siga su camino de desarrollo en la comodidad de la gran ciudad.



Los montañeros amamos a ese Mr. Hyde, invocarlo nos permite acceder a la fuerza necesaria para alcanzar imposibles. Miedo y rabia, en su grado extremo, para superar el frío extremo y la puna inmisericorde. Al final del camino, éxtasis y felicidad desbordando el alma.

"Como cresta llegué a meterme en esto?", es una pregunta que debe surgir en el proceso del novato, si no surge fácil, hay peligro que el proceso se vaya a la misma mierda, y en este caso, los montañeros deben generar condiciones aún más extremas y degradantes. Si surge espontánea, es señal de que se está avanzando en el proceso.

Domínguez, Bunster y Balart, jamás te abandonaron, estaban muy cerca tuyo, más de lo que crees, a veces riendo un poco, - de ti por supuesto -, atentos a como se desarrollaba tu proceso. Estábas en buenas manos, se trata de maestros.



Jekyll o Hyde, esa es la cuestión. Si anduvo en los cerros solo el primero, te deseo suerte, lo tuyo está en otra parte. Si te encontraste con Hyde, te doy la bienvenida al mundo de los cerros, te auguro montañas mayores.

domingo, 6 de septiembre de 2009

Buscando naranjas en lo alto

El grupo se dividió en dos equipos. Los que fueron a divertirse y Gabriel y Pancho que cargaron con el novato (quien escribe) decididos a evitar sus quejas lloronas de abandono.

Este argentino canchero, previendo el día lluvioso, se compró un traje plástico naranjo rabioso de obrero de la construcción, que sirvió para quitarle agilidad, sobrecargarlo de peso, mojarlo de adentro hacia fuera por la transpiración y hacer el ridículo frente a los otros senderistas que pasaban mirando con ojos piadosos a ese bicho raro disfrazado.

Como sea, la experiencia de senderismo comenzó en el puente Ñilhue, en el kilómetro 5 del camino a Farellones, con nubes muy bajas y amenaza de chaparrones.

Yo escuché algo de un naranjo, pero no me atreví a preguntar qué diablos puede hacer un naranjo en la precordillera a casi 1.900 metros de altura. Después averigüé que en realidad el árbol es un quillay, y parece que recibió el nombre de las cáscaras de naranja que los senderistas dejaban desparramadas bajo su sombra.

Yo comencé con el pie izquierdo. Es cierto que aquí había sendero, pero me faltaba el aire y mis esfuerzos por no demorar a Gabriel y Pancho eran un fracaso.

De todos modos, la experiencia de subir en un día lluvioso fue extraordinaria. Las plantas y las rocas brillaban su humedad, las nubes cubrían los cerros, las vistas a la distancia eran más intensas. Pudimos ver una caída de agua muy caudalosa donde mis compañeros me contaron que suele ser una ruta seca de ascenso.

Llovió en varios momentos. Es una sensación muy rica seguir el sendero bajo la lluvia. La comunión con el ambiente es más intensa, más natural, más íntima.

En un alto comenté que los cerros me ordenan de un modo que no puedo precisar. Pensé en la carga magnética que se acumula en la cordillera, pero decidí guardarme el comentario para conservar el aire y la paciencia de mis compañeros.

Gabriel y Pancho deben haber agradecido mi falta de aire porque eso me obligaba a subir en silencio. Faltando poco para llegar a la cumbre renuncié, estaba muy cansado y le pedí a mis compañeros que siguieran para no estropearles el paseo.

Pero cuando pude retomar mi ritmo respiratorio, el frío me decidió a seguir subiendo, ayudado por dos perros que se apiadaron de mi total falta de orientación para indicarme los lugares por donde debía subir.

Antes de llegar a la cima me reencontré con mis custodios y comenzamos a bajar los tres, seguidos por los perros. No logré ver el “naranjo”. En algún momento pudimos contemplar una cortina de agua acercándose, una cortina espesa quizás con algo de granizo, que nos cubrió completamente en un tramo de la bajada.

El descenso fue veloz. Cuando llegamos al puente observamos su caudal incrementado y esperamos al resto del grupo en el auto. Todos coincidieron en la potencia y el encanto de la experiencia de subir cerros bajo la lluvia.

Llegando a la ciudad nos cubrió un aguacero muy intenso. Muy poco después de nuestra salida de la zona, se provocó un aluvión cerca del puente Ñilhue y en otras dos partes de la ruta a Farellones, lo que demuestra la intensidad de la lluvia, aunque nuestro sendero siempre fue seguro.

Yo espero el momento en que mi participación en este maravilloso grupo no sea una carga para nadie.
Saludos a todos!

Sergio