lunes, 29 de octubre de 2012

Elegimos Las Varas Norte en día de elecciones.

Llegamos 4 al punto de encuentro, la Consuelo, Pancho, la Isabel y yo que escribo (Eugenio).

Todos pensamos en una caminata relativamente corta para bajar temprano y poder votar los que quisieran hacerlo, así es que decidimos democráticamente explorar un nuevo sendero a partir del ya bien conocido sector de Las Varas, por su cercanía. Nos fuimos en el auto de Pancho y estacionamos donde siempre, nos sorprendió ver una construcción de madera grande, posiblemente una bodega para guardar esa colección  de fierros y quizá también para evitar el deterioro de esos magníficos modelos de autos viejos.

Consuelo, Eugenio y la Isabel
Desde ese mismo lugar nos metimos hacia la derecha, pasando frente a varias casas con muchos perros buenos para ladrar que nos metieron harta bulla. Admirados de la cantidad de plantas que están floreciendo y también del verdor del suelo, que seguramente se ha visto favorecido con la abundante lluvia y nieve que cayó en la cordillera del domingo pasado.

Mientras caminamos recordamos la falta que hacen varios subecerros que han dejado de ir últimamente, en especial a Lucho Latorre, Pancho Valdivieso, Manena Fontova, las hermanas Fuentealba, Marisol Rosas y tantos otros y otras que formaron parte este año de las caminatas.

La mañana estaba de agradable temperatura sin embargo se anunciaban 28° de máxima y eso ya empezaba a notarse.

Pancho y atrás las damas
La variedad de flores y el verde nos recordaban paisajes de mucho mas al sur, seguimos avanzando por el sendero que conduce a una que otra casa hasta que vimos el anfiteatro de piedra que varios habían oído mencionar fue construido para presentar obras de teatro al aire libre y en idioma alemán. Vimos una familia que estaba usando una parte de la escalinata supusimos que para un pic-nic y seguimos subiendo donde conseguimos una linda vista de Santiago.

Algo tiene el ser humano que le resulta tan atractivo mirar desde lo alto, ¿serán vestigios de nuestros antepasados nómades que seguro se encaramarían a los cerros a avizorar rutas, a descubrir valles o a trazar en sus mentes los recorridos que harían?, es posible.

Nos quedamos largo rato mirando la ciudad y haciendo recuerdos de hasta donde llegaba tal o cual barrio cuando los conocimos o, en algunos casos los habitamos. Nos sorprendieron unas casas muy blancas un poco al poniente del puente San Enrique y al norte del río, que ninguno de nosotros había visto antes al lado de un edificio color rojo que parecía ser un colegio. Varios comentamos impresionados lo que ha crecido la ciudad en un proceso que parece cada vez mas acelerado, se va metiendo primero por los valles y después ya como rebalsando, va subiendo por los cerros.

Seguimos subiendo hasta que nos topamos con el portón cerrado que accede a una casa grande orientada hacia la cordillera, nos maravillamos imaginándonos lo que sería vivir en ese lugar, rodeado de ese paisaje sobrecogedor y del silencio de estos lindos cerros. Nos dimos cuenta que la casa -de adobe- había sufrido algunos daños, con el terremoto seguramente, pero se nota que está habitada por el estado del jardín y el entorno llenos plantas de flores blancas.

Pancho, Eugenio y la Consuelo
Entonces retrocedimos un poco y encontramos un lugar para descansar y compartir la tradicional colación subecerrística: las naranjas de Pancho que no fallan, las almendras y frutos secos. Nos instalamos en una pequeña ladera con vista al norte tapizada de unas flores moradas que sentíamos pisar,  en que se nos mostraba en primer plano el elegante loteo y cancha de golf de Valle Escondido y hacia la izquierda el resto de la ciudad. Según el gps de Pancho estábamos a 1.170 msnm, varios pájaros grandes, posiblemente peucos o tiuques giraban sostenidos por las corrientes de viento ascendentes. El cielo estaba precioso, con algunas nubes que le dan mayor atractivo, y el smog, lamentablemente aumentaba en forma considerable respecto a lo que habíamos visto solo un rato atrás.

Como a las 11 decidimos empezar a bajar pensando en la votación que se desarrollaba hoy y en la que algunos pensaban participar.

Pasando por el anfiteatro de piedra vimos que había otro auto, una Kleinbus Westfalia inconfundiblemente de familia alemana, y  dos hombres estaban ensayando unos parlamentos en alemán, con una pequeña escenografía y todo.

Bajando hablamos de las elecciones, de como ha cambiado también tan rápidamente todo lo relacionado con la participación ciudadana, que ahora con los cambios recientes de inscripción automática y voto voluntario las mesas son mixtas, cuestión que no se entiende por que no siempre fue así,  lo increíblemente reciente del derecho a voto de las mujeres y de ahí derivamos en que fue lo que gatilló la "liberación femenina" y concluimos que fue la aparición de "la  píldora" lo que marcó el cambio.

Sin darnos mucho cuenta llegamos al auto que nos esperaba bien caluroso pues ya el sol picaba fuerte. Nos fuimos conversando de que haría cada uno en fin de semana que viene que es de 4 días, casi todos tenían mas de una alternativa.

(Texto de Eugenio Lagos)

domingo, 21 de octubre de 2012

Al Pochoco

Llego al punto de encuentro a la hora. El pronóstico para el día es de lluvia, pero no llueve; está nublado, cerrado, frío.
Espero, y pasados 15 minutos asumo que no viene nadie, sabiendo que Pancho, un infaltable, está en Isla Negra y aprovecho de ir al Pochoco, un destino eludido por el grupo.

Pocos autos a esa hora en el estacionamiento del Pochoco. El cuidador habitual, no está y tampoco estará cuando llegue de vueltas. Será el día? me pregunto.

Parto detrás de tres tipos que pasado el paso por el túnel vegetal, donde está esta esa banqueta, sacó mi primera foto:


Poco más arriba saco esta foto, para mostrar el nivel de deterioro de la ruta, por el desgaste del paso de la gente:


Poco más arriba saco mi primera foto de flores, que serán un personaje presente todo el trayecto; el cerro en estos días está lleno de flores, de todos los colores.


Hay una parte que es como la peor parte del Pochoco; cuando termino de pasarla, me doy media vuelta y saco esta foto:


Llego a la primera cima y le saco esta foto al cartel que alguna vez puso aquí Ugo Ravera, que me parece está re-compuesto, ahora que ya él se fue, murió:


Sigo subiendo y de repente, en una apertura, se divisan entre la nube, el Mirador y la cumbre del Pochoco:


Luego, más flores:


Llego al Mirador, me tomo un descanso y al partir saco esta foto que ilustra el nivel en que la nube impide toda vista:


Al mismo tiempo, saco una foto de la vista cerro arriba:


Cuando llego al pasadizo que da vueltas al cerro, le saco una foto al sendero, que en esta parte es un descanso:


Y llegamos al .. como era que le llaman a este paso?


Más flores:


Paso el paso estrecho entre rocas y saco esta foto, ya en la carrera final a la cumbre:


Más flores:


Ya cerca de la cumbre, se abre una vista por sobre de la nube baja y puedo divisar las cumbres del Pochocón y Lomo de la Vaca:


Y más hacia el oriente, esta es la vista:


Y llego a la cumbre del Pochoco y esta es la vista; me cruzo con tres jóvenes, pero en la cumbre no habrá nadie todo el tiempo que estuve y me tomé para descansar:


Le saco una foto de la placa en homenaje a Ugo Ravera que hay en la cumbre:


Estoy sentado en la cumbre y vuelve a cerrarse toda la vista:


Bajo y en la bajada me topo con alguna cantidad de gente, no tanta, grupos, incluso algún conocido.

Faltó sacarme una foto a la cara, pues ya en el auto vi que estaba colorado por el esfuerzo. Parace que el hecho de ir solo, me puso en la dispsición de un mayor esfuerzo por lo que el ejercicio estuvo bueno, desde mi puntode vista.

Bien con haber ido solo, es otra experiencia, que valoro.

La última foto fue cuando ya llegaba a los autos de vuelta. Nunca llovió.