domingo, 1 de noviembre de 2015

Con grupo dividido por la ruta de los Llanos de Javier

Eché koyacs en mi mochila, de esos que mi mujer compró por lo de Hallowing y estando arriba del cerro, se me olvidó.

en el transporte escolar
Llego al punto de encuentro con Maribel y mi hija Andrea. Ahí estaban Eugenio, Micky Hirsch y Dirk. Después llegan la Paula por un lado, Pancho por otro y José por otro; los tres al mismo tiempo.

el transporte escolar de Dirk
Se habla del paseo del domingo anterior, en el que la Paula quedó destrozada y no se porqué, ese terminó siendo nuestro destino definitivo: los Llanos de Javier.

saliendo de la zona de las escaladas en roca
Nos vamos todos en el transporte escolar del tío Dirk. eso ya nos pone en un son de una manga de cabros chicos revolviéndola arriba; pero no tanto.
Me voy conversando con Micky, al que no me pareció conocer y me entero de la interesante historia que lleva. Hoy un empresario, antes fotógrafo y con una carrera completa de biología, intentando entender nuestro cerebro y sustancia fundamental. Le pasé el dato a Dirk que hablara con él, pero no se dio.

en estricta fila india; Micky de frente siguiendo a Maribel
Dejamos el auto estacionado afuera y entramos a pie. En el camino nos abordó una señora, queriendo indagar de donde veníamos, quienes eramos y como sabíamos de esta ruta. Que veníamos desde hace 40 años no le hizo mella. Nos dijo que este era un recinto privado, de una Inmobiliaria de nombre La Haciendo. Parece que se trata de un árabe con pozos petroleros.
Bueno, igual nos dejó pasar sin cobros, aunque pensamos en voz baja que ya vendría, de seguro.

solo falta Eugenio, el fotógrafo, del grupo del camino difícil
Dirk, Gabriel, Andrea y Eugenio
Llegamos a la zona de escalamiento en pared de piedra, con una pareja de jóvenes que iban delante de nosotros y ahí se quedaron. Mas allá había un par de carpas de gente acampando.
A la vuelta esto sería una pequeña multitud de escaladores, a los que varios nos quedamos a mirar un buen rato. Todo un cuento desplegándose ahí. Una moda aparentemente. No parecía algo de mucho riesgo, pero si de superar vértigos y buscar rutas por la pared.

cartel en la zona de las escaladas
escalada en roca
Poco más allá, un desvío. La ruta difícil por la izquierda y la clásica por la derecha. Y el grupo se divide en dos. La Paula, Micky y José, se van por la clásica. El resto por la difícil.

mi hija, la Andrea Bunster
Dirk y Maribel
De ahí en adelante fue darle en permanente ascenso, duro. La cosa empeoró en la última parte, que medio parece un acarreo, entre dos promontorios de rocas, que me recordó los columnas de Hércules,en la época de los romanos.
La Maribel pasó susto y después supe, un tute se dio. Yo por mi parte, conversando con mi hija, llegué a la cumbre, detrás de Eugenio, bastante cansado. Nos tiramos en una sombra con pastito y nos repusimos esperando a Pancho, y a la Maribel que venía con  Dirk.

allá atrás viene Pancho
Maribel
De ahí al encuentro con el resto del grupo, en lo que sería nuestra cumbre del día, faltaba un tanto, pero sin mucha dificultad.
Micky no había logrado llegar hasta ahí y por las personas que fueron pasando recibimos sus mensajes de que estaba bajando.
Estábamos sentados, unos tirados, comiendo naranjas, mandarinas y frutos secos, cuando llegó, en solitario Gonzalo Reutter, hijo de Andrés Reutter. Y se instaló con nosotros, un rato. Después seguiría por la ruta de los Llanos, tras otros horizontes.

campo florido
esferas amarillas
Bajamos tarde, bastante rápido, con esa detención de algunos, en la zona de escalada en roca, donde había mucha gente.

en la cumbre
Gabriel, Paula y Pancho
Micky había dejado su mensaje en el vidrio delantero de nuestro vehículo. Así que tranquilos y alegres viajamos a nuestros autos donde nos despedimos, luego de este estupendo paseo con día soleado primaveral, con un cerro lleno de flores.

este tipo está muy cansado
padre (chocho) e hija

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