Víctor me contaba que vino todo febrero y en dos ocasiones no llegó nadie más y subió solo.
Bueno, hoy domingo 3 de marzo, eramos tres: Pancho, Víctor y yo, Gabriel. Contentos de volver a vernos después de un buen rato, la mayoría.
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Gabriel y Pancho, apoyándose uno en el otro, en la cumbre |
Al llegar, Pancho sugiere seguir subiendo y terminamos estacionando el auto, en la explanada poco antes del tranque, en un lugar cementado y cubierto con malla kiwi; genial.
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Víctor y Pancho |
Ahí hicimos un alto, descasamos y tomamos líquidos.
Seguimos subiendo ya guiados por Víctor. A medio camino hacia la cumbre, Víctor se desvía hacia la izquierda y sigue por un sendero que no llevará, dando ciertas vueltas, en forma suave, hasta la cumbre.
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Santiago detrás |
Comimos frutillas que llevó Pancho y mandarinas y nueces que llevó Víctor. Exquisitas las frutillas.
El día estuvo ideal para subir, pues nos cubrían, la mayor parte del tiempo, elevadas nubes, que hacía que pegara menos el sol y bajara la temperatura veraniega.
Cuando caminábamos por bordes de cumbre, disfrutábamos de una fresca brisa.
Echamos de menos a las mujeres de este grupo, que no saben como nos sacan trote, pues cuando están nuestro ritmo curiosamente, es mucho más ágil. Y esto no se nos ha ido pasando con los años.
Hay esperanzas de ver por aquí a la Alejandra y a la Jeanny; y que decir de la Soledad que la consideramos un miembro estable del grupo.
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Víctor y allá atrás, Pancho |
Nos topamos con un grupo grande de caminantes ya cerca de la cumbre a la que fuimos y un par de grupos de ciclistas que pasaron en rápido descenso.
El tranque con muy poca agua.
Llegamos al auto que disfrutamos sentarnos y reposar, ya camino a casa, habiendo cumplido nuestra tarea de subir cerros los domingos, santo remedio para muchos males.
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