domingo, 5 de agosto de 2012

Descubrimiento de la caballerizas del Huinganal

Nos fuimos juntando en el punto de encuentro mientras los autos cargados de esquíes pasaban raudos hacia Farellones. Algo nos impulsaba a partir en el sentido contrario. Pancho propuso un destino nuevo, incierto, dateado por Francisco Toyos.

Yo estaba medio reacio y le dije: véndeselo al grupo. Se puso a hablarlo y vendió altiro, al punto que la Paula le pidió que vendiera también su Lodge Mallín Colorado (cosa que no hizo, por supuesto).

Isabel punteando, con Francisco Valdivieso detrás
El destino se llama Huinganal y queda por la Dehesa, pasando frente al Portal (donde dejamos los autos y muy probablemente será el punto de reunión el próximo domingo) y siguiendo derecho, siempre derecho, incluso entrando por un camino de tierra donde dice "Prohibido entrar, recinto privado".

Llegamos a un lugar con pesebreras, caballos y canchas de ejercicios. Dejamos los autos afuera y seguimos por un camino detrás de una puerta, bordeando una quebrada.
Llegamos a unas casas y hablando con unos ciclistas que encontramos nos recomendaron seguir por el mismo camino, siguiendo la misma quebrada.

la de rojo no es la Rebeca, sino la Paty Bustos
De repente, la cosa se transformó en sendero y la vegetación nos tenía maravillados. Parecía que anduvieramos por bosques del sur de Chile.
Día soleado, pero frío.

Cruzamos el estero, donde Francisco Valdivieso resbaló y metió una pata entera en el agua. La Paula se puso luego en posición para sacar fotos de cualquier otro tropiezo, que no lo hubo.

la  Jeannie
Este grupo, de cinco hombres y seis mujeres, se caracterizó por la conversación intensa, en pares o grupos mayores. Era tan potente esta dimensión del grupo, que de repente había que llamar al orden a algunos que o se iban adelante y se desconectaban del grupo absortos en sus pláticas, o se quedaban rezagados.

Los temas, infinitos. De las cosas de unos y de otros. También de terceros del grupo, ausentes.

Jeannie y Gabriel
Mucha buena onda, de esa que el paisaje puchas que facilita.

Ejercicio por un lugar nuevo, con subidas y bajadas, ni tan difíciles, pero en un lugar hermoso; donde incluso corría agua por el estero, por lo que sentíamos a veces más, a veces menos, su sonido tan atractivo.

Nos detuvimos en un claro soleado, sobre un verde pasto húmedo, con algunas piedras donde sentarnos a descansar y comernos las viandas que cada uno aportaba. Bundante, como siempre está siendo. Y rico.

buena parte del grupo
Ya en la vuelta, tomamos unos senderos bien marcados que nos llevaron por otros rumbos, donde nos encontramos con un circuito de ciclistas, con los que nos encontramos en abundancia. Francisco Valdivieso, yo y Javier, reconocimos a varios amigos y parientes, entre ellos.
En la bajada, había que tener cuidado, pues aparecían por detrás a cierta velocidad. No hubo accidentes, pero hay que ir atento a lo que viene por detrás.

la Isabel cruzando el estero donde Pancho metió la pata al agua
En el último tramo yo me tiré a lo derecho hacia los autos que veía más abajo y llegué justo a un cruce del estero, tapado de zarzamoras, y llegué rápidamente a destino.
El resto recorrió mucho tramo del estero sin encontrar la pasada hasta que lo lograron, llegando unos buenos minutos más tarde.

Un estupendo destino, que repetiremos más de una vez en el próximo futuro. Así que propongo que la próxima junta sea en los estacionamientos de superficie de Mall Portal de la Dehesa, para irnos a explorar nuevamente esta zona.

close-up a la vegetación del lugar
Nota: las fotos son de la Paula Christensen

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