miércoles, 23 de enero de 2013

Trepando hacia los Llanos de Javier

Al llegar a la Terpel divisé el auto de Pancho y me estacioné detrás, parece que estaba descansando. Fuimos los únicos que llegamos ese día que se venía medio brumoso.


Esperamos unos minutos y Pancho propuso ir a los Llanos de Javier, ruta desconocida para mi, así que acepté feliz y partimos en el auto de Pancho por calles de El Arrayán hasta camino El Cajón donde estacionamos para emprender la caminata.

Hay un portón metálico con candado pero una pasada para los caminantes por el lado. Nos internamos pasando primero por un par de casas que parecían producto de una toma, algunos autos abandonados y otros chocados en el camino, hasta que se encuentra el sendero que, con bastante sombra va subiendo pasando por una zona de grandes piedras lisas que están habilitadas con los elementos necesarios para hacer escalada en roca. A esa hora había solo un perro merodeando que nos siguió algunos metros.

La conversación con Pancho giraba en torno a temas de trabajo especialmente a los proyectos que entusiasmado me comentaba estaba implementando en su empresa. También pasamos revista a las actividades de los hijos y como se van dando ciertas influencias que no han sido explícitas y que derivan en caso de Pancho que dos de sus hijos hayan optado por la ingeniería y una por el mundo humanista estudiando derecho, y en el mío ya hayan cuatro en el ámbito del diseño y la arquitectura.

En un punto del sendero tomamos un desvío hacia la izquierda que nos llevó a subir en forma mas empinada, Pancho guiando por supuesto. Ese sendero resultó bastante rápido para subir y en un rato estuvimos en la cumbre de un cordón de cerros de laderas bastante empinadas. 

Desde esa altura veíamos como Santiago estaba tapado de smog, algo ayudaba la bruma pero indudablemente la mayor parte era contaminación por el color café de la mancha que cubría la ciudad, comentamos que mientras uno no lo ve no lo nota y ahora estábamos viéndolo en toda su magnitud.

Seguimos avanzando, creo que hacia el oriente, por las cumbres de ese cordón de cerros hasta que apareció una cumbre muy rocosa que, para llegar a ella tuvimos que rodearla por su cara norte lo que resultó un desafío bien complicado pero muy entretenido. Hicimos camino entre mucho matorral y maleza seca, de esas que dejan la ropa llena de semillas pegadas, nos topamos con acarreos de piedras y laderas bien empinadas que nos hicieron transpirar harto, pero finalmente llegamos a esa cumbre y seguimos avanzando hacia el oriente. Yo me dejaba guiar por Pancho que me aseguraba que en esa dirección nos encontraríamos con un camino para caballos que era el que podríamos seguir para bajar, parece que Pancho leía en mi cara ciertas dudas, porque me preguntó un par de veces si estaba de acuerdo.....

Después de harto caminar llegamos a un quillay grande con una rica sombra donde nos sentamos a descansar y a reponer energías por unos 20 minutos, desde ese lugar Pancho me indicó donde está el valle que le dá en nombre de Llanos de Javier, para llegar faltaba un buen trecho, que decidimos dejar para otra oportunidad. 
Luego del descanso emprendimos raudos la bajada por el camino de los caballos, para intentar llegar al auto a una hora razonable ya que a los dos nos esperaban para almorzar.

Eugenio
La bajada fue literalmente al trote, cuando pasamos por la zona de las rocas ya habían varios grupos armando sus cuerdas y una chiquilla encaramada a la que Pancho le sacó una foto.

escaladora
También encontramos una rara florcita, de pequeñas dimensiones, que me llamó mucho la atención por su forma, con un eje de simetría vertical, muy elegante y totalmente desconocida para mí. 

Llegamos al auto de Pancho como a la una y media, hora bien razonable para la difícil excursión que habíamos hecho, de la que daban cuenta el estado de nuestras ropas, llenas de polvo y semillas pegadas por todas partes.

(Texto escrito por Eugenio Lagos)


1 comentario:

  1. Anónimo9:18 p.m.

    Muy buen relato Eugeni. Lindo paseo. Que bueno que los subecerros siguen en actividad a pesar de la poca gente y las vacaciones.
    Saludos,

    Francisco

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