lunes, 17 de junio de 2013

Amplia vuelta por el Guayacán el día del padre

El día estaba gris, nublado. La noche anterior me asomé por la ventana de mi depto en el piso 14 y la neblina era espesa; no prometía nada bueno para el día siguiente.

Llegamos dos hombres, Pancho y yo, y tres atractivas mujeres: Marisol, Antonia y Clara López Solar (nueva).
Pochoco? por lo nublado. No, muy pesado para la Clara; vamos mejor al Guayacán, que es más liviano. Y nos vamos a la derecha, para cambiar lo típico, dirá Pancho. Y eso hicimos.

Marisol, Antonia, Clara y Pancho
Dejamos los autos en la calle aledaña y nos fuimos los cinco en el auto de Pancho.

Ah, era día del padre; así que hagámosla corta, por los compromisos en tierra firme de la ciudad.
Resultó justo el contrario.

Tomamos siempre a la derecha, siguiendo un hermoso camino, que cuando empezamos a bordear las casas, rabiosos perros ladraban y nos amenazaban insistentemente. Avanzamos un poco más rápido.

el cielo y la neblina abajo
Nos desviamos a ver el anfiteatro, que hoy miraba hacia una neblina cerrada.
Ahí salió a colación, los talleres de teatro de Ian Contreras, de los que hablé de mi experiencia en ellos (link a mi posteo al respecto) y algunas mostraron interés en asistir.

Seguimos hasta el punto donde termina la canaleta y donde esta se desvía a un gran estanque. Poco más allá arremetimos cerro arriba, siguiendo las huellas más bien de ciclistas.
Un grupo de tres pasaron cerro abajo, en sentido contrario al que íbamos nosotros, a velocidades que nos dejaron perplejos por los riesgos inminentes que corrían.

en la cumbre del día
Finalmente llegamos a una cumbre, donde hicimos el alto y comimos de las cosas que traíamos: Pancho naranjas y Antonia, almendras y pasas.
Varios ciclistas que venían de San Carlos de Apoquindo, pararon ahí mismo y algo conversamos con ellos.

Después de un rato, en conversación dividida, tomamos la ruta que supuestamente daría la vuelta por detrás del cerro alto que teníamos al frente y llegaríamos a la canaleta y a la ruta de bajada tradicional nuestra.

Todos - foto tomada por un ciclista
Seguimos andando con la sensación que la ruta se alejaba más y más de nuestras suposiciones. Dudamos de seguir y casi dividimos al grupo en dos, pero optamos por seguir adelante todos.
La vuelta fue bastante larga. Nos elevamos muchísimo en relación a las alturas habituales por las que andábamos por ese circuito y finalmente, al llegar a una cumbre, vimos el camino de vuelta y la mansa vuelta que habíamos dado.

la llegada a la cumbre
Me preocupaba la Clara, nueva en estas lides, que más bien parecía, tenía un bastante buen estado físico.
Mas dañada quedó la Marisol, que iba más silenciosa que lo habitual. Sus rodillas se resintieron.
Yo llegué bastante cansado a casa, así que sospecho que todos quedaron mas bien molidos. Ya sabremos.

El día desde cierta altura se abrió y Santiago se veía sobre un mar de nubes, con la punta del Manquehue a la vista. El resto eran nubes altas hacia la cordillera, las que nos cubrían. Y despejado hacia la costa.
Un día templado para frío, pero que el movimiento nos mantuvo bien temperados.

retorno
Buena conversa, diversa, graciosa, íntima de a ratos, con la oportunidad de escuchar como las mujeres hablan entre ellas, para algún nivel de sorpresa mía.

Un bello, largo y aventurado paseo. Espero se repita.

Nos cobraron a la vuelta, con alguna trifulca y la aclaración que la hora de entrada es a las 9:00 aquí.

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