domingo, 4 de enero de 2015

Paseo con chapuzón por Antawaya

Éramos cuatro hombres en el punto de encuentro. Ya pensábamos que seriamos solo nosotros y llegó la Anne Marie y equilibró las energías.
Dirk, Victor, José y yo, Gabriel; más la Anne Marie.

en el punto de partida, Dirk, Victor y la Anne Marie
Nos fuimos a la ruta de Antawaya, entrando por la Ermita. Pagamos luca por persona, que intentaron fueran dos lucas.
Dejamos el auto a la entrada; la puerta del desvío a Antawaya estaba con candado.

Anne Marie, Dirk, José y Víctor
El estero traía menos agua que la vez anterior; poca agua. El río que empezamos a bordear, desde cierta altura, traía un buen caudal, En la ruta empecé a soñar con un baño en ese río.

José en la delantera, Víctor y Dirk
Anduvimos rápido. Iba en la delantera con José, conversando de los tejes y manejes de la industria farmacéutica.
Parábamos cada cierto tiempo a esperar a los demás, que venían un poco más lento.
Las vistas al río allá abajo, eran hermosas.

Dirk en lagua
Dirk me mostró como este sendero nos acercaba a la cumbre del Colorado. Excelente opción en esta época del año, especialmente por lo que haríamos después.
Llegamos al punto donde la vez anterior nos habíamos sentado y comido nuestras viandas. Y en vez de sentarnos, nos fuimos a buscar una ruta al río.


Con la ayuda de mis tijeras de podar, cortando por aquí y por allá, las zarzas que bloqueaban o dificultaban el camino, logramos finalmente llegar al río.
Caudal abundante, como para darnos un chapuzón.

La Anne Marie se fue aguas abajo y los cuatro varones, nos fuimos a buscar un buen lugar para bañarnos, aguas arriba. Lo encontramos y procedimos con los preparativos desnudatorios.

dinner room
El primer ingreso al agua fue doloroso incluso, por lo heladas de las aguas. El método fue entrar y salir. Recuperar el calor y volver a entrar. Desde la segunda en adelante, sumíamos completamente el cuerpo en las aguas, cabeza incluida.
Fue un deleite; un refresco impagable.

José Salinas, Víctor Bunster, Anne Marie y Dirk Holz
Buena parte del tiempo figurábamos sentados a la orilla, en piedras o simplemente de pie, observando el agua y conversando, bromeando.

Subimos a las mesa donde comimos un delicioso menú, que incluyó un exquisito melón que llevé yo, que repartí en delgadas lonjas.
Comimos además guindas de Víctor, frutos secos de la Anne Marie, naranjas de Dirk.

Como a las 12:05 emprendimos la vuelta. Si no fuera por la brisa que nos acompañó, habría sido un día abrazador, con sus 33 grados pronosticados.

estos dos pasaron a pata pelada el estero, poco antes del auto
Llegamos al auto y agradecimos los avances tecnológicos. Fue un verdadero deleite snetarnos en los mullidos asientos y a la sombra. Rápidamente José hizo funcionar el aire acondicionado y ya estábamos totalmente de vuelta en la civilización.

José, entero, después del largo paseo
Finalmente llegué como a las 3 de la tarde a mi casa con las 8 empanadas que me habían encargado.
Qué te pasó? me preguntó mi hija al entrar.
Nada le dije y me fui a duchar.

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