lunes, 11 de mayo de 2015

Al portezuelo Saavedra en la liebre escolar del "tío Dirk"

Llegamos juntos Gabriel y yo (Eugenio) y al poco rato apareció Soledad, luego Pancho, que creíamos andaba de viaje, y finalmente Dirk en la liebre escolar de su mujer, que sería nuestro transporte en esta oportunidad.

Eugenio, Soledad, Pancho, Dirk
Gabriel propuso volver al que hemos denominado Portezuelo Saavedra, en honor a nuestro amigo Fernando Saavedra, quien nos hizo saber de esta ruta, reparada recientemente por don Melchor, habitante del sector y conocedor de esos lares.

Gabriel, Soledad, Pancho, Dirk
Estacionamos el transporte escolar de tío Dirk en el puesto de empanadas al lado de La Ermita y emprendimos la caminata acompañados de dos perros, una perrita Weimaraner  que ya nos había acompañado antes y su amigo de raza incierta.

Soledad y Eugenio
El día estaba despejado pero la temperatura bastante baja, así que partimos bien abrigados. Tomamos el camino por el costado de una canaleta de desagüe del camino, donde pudimos pasar entre los alambres y deslizarnos hacia abajo.

Pancho y Dirk
El camino recorre algunas casas hasta llegar al río que cruzamos por el conocido puente de madera, a la izquierda veíamos los tubos de la antigua central hidroeléctrica. El agua muestra un colorido calipso bastante intenso que incluso mancha algunas de las piedras, quizá que minerales o químicos vienen disueltos en sus aguas que muy probablemente han pasado por la minera Disputada de Las Condes.

portezuelo Saavedra
El sendero, que tomamos poco después de pasar por frente a la casa de Melchor, tiene abundante vegetación, mucho boyén, guayacán, litre, boldo, quillay, colliguay, se escuchan muchos pájaros, es un sendero muy agradable que nos hizo entrar en calor rápidamente con la subida.

Dirk y Soledad en la cumbre
Gabriel nos comentó de un curso de neurociencia que está siguiendo on line desde Harvard y la tremenda delicadeza con que ocurren cambios químicos a nivel neuronal que son los que posibilitan impulsos eléctricos que posibilitan la transmisión de información a través de ellas, entonces empezamos a disparar teorías de como se encuentra ordenado el universo, la complejidad de la genética, que sin embargo compartimos en gran proporción todos los seres vivos, al menos los que vivimos en este planeta, del cual perdemos conciencia rápidamente ya que nos dejamos atrapar por lo inmediato y lo que tenemos "a mano". ¿Hay una inteligencia superior, Dios, que ordenó todo de manera tan perfecta? al menos para mi no es posible pensar que esa perfección es fruto del azar o de la mera evolución.

en la roca de la Isabel, Soledad, Pancho, Dirk y Gabriel
Con estas ideas dándonos vueltas en la cabeza, cruzamos la "piedra de la Isabel" (donde Isabel se había quedado esperándonos en una caminata anterior) y seguimos subiendo con la opción de bajar por Los Secretos, que ya evaluaríamos.

Pancho descansando en la cumbre
Como a las 11 llegamos a lo que definimos como la cima por esta vez, posibilidades de seguir subiendo siempre hay y en este caso una cumbre cercana que nos tincó arremeter en otra oportunidad.
La conversa rozó el tema del cambio de gabinete pero dado lo fome del tema, rápidamente derivó en lo que nos pasa con los viajes, algunos estábamos por la posición de que los viajes abren la mente, de alguna manera uno vuelve a tomar conciencia de que habita un planeta, que está compuesto por diversidad de culturas, idiomas, costumbres, paisajes, ambientes.

Gabriel
Pancho se durmió gran parte de la conversa....cuando decidimos bajar, por el mismo camino por el que habíamos subido, tuvimos que despertarlo....

el perro de Dirk
En la bajada no faltaron los resbalones y los costalazos, creo que todos terminamos en el suelo alguna vez. El cerro está sumamente seco y eso hace que sea muy resbaladizo.

Soledad, Eugenio, Pancho, Dirk
Llegamos a la liebre de tío Dirk y emprendimos el regreso a los autos, sin embargo faltó la música del grupo Mazapán, que quedó para la próxima vez. Nos despedimos y varios se dirigieron apurados a las celebraciones del día de la madre con sus respectivas familias.

(texto de Eugenio Lagos)

Nora: la Alejandra y la María Elena nos hicieron filo; se fueron solas al Alto del Naranjo:

Alejandra y María Elena, en el Alto del Naranjo

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