Al poco rato, sorpresa, se estacionan detrás mio, Eugenio Lagos y la Isabel Eguiguren. Después llega Pancho y pienso que en vista de las notables visitas, invita cafés en el UPA.
Desde dentro vimos que afuera, miraban a uno y otro lado, Miguel y la Andrea, nuestros amigos alemanes. Salimos a llamarlos y se nos sumaron a la mesa.
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subiendo una parte empinada a la orilla de la canaleta |
Ruta, la de siempre, por la canaleta, caminando aguas arriba.
Figurábamos en animada conversación Pancho y yo, poniéndonos al día con Eugenio y la Isabel, que nos dimos cuenta que nuestros amigos alemanes se quedaban más atrás, quizás sintiendose out de tanta agitación y amistosidad. Yo los animé a incorporarse, cosa que hicieron.
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Andrea, entumida, Eugenio y la Isabel |
Bueno igual pasearon y vieron esos parajes maravillosos.
Con Eugenio hablamos un buen rato de biología, salud, genética y enfermedades que requerían trasplantes de médula para producir todos los tipos de glóbulos blancos para el sistema integral de defensa, pues si algo falla, los riesgos vitales son grandes.
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Eugenio y la Isabel |
La vista hacia la cordillera, que tanto apreciamos desde ese punto, se veía empañada por una alta dosis de smog.
Al llegar abajo, le ofrecí a Andrea y Miguel, llevarlos hasta su casa. Nos despedimos de los demás que se iban en el otro auto y partimos.
Al poco andar me acordé que tenía que pasar a buscar a mi suegra, así que les dije a mis pasajeros que tendríamos que desviarnos un rato de la ruta directa a su casa, a buscar a mi suegra.
Ella estaba lista, señora de edad de 86 años. Los saludó en alemán y no pararon de hablar con ella, hasta que se bajaron en la puerta de su edificio, en el barrio frente al club de golf.
Día soleado, más bien frío, pero muy rico para estas nuestras caminatas sociales domingueras.
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