lunes, 15 de marzo de 2010

Las sorpresas del potrero de la Disputada

Hoy fue un día de sorpresas. Aparece Alfredo Lea-Plaza con una amiga que nos la deja, presentada, y se va. Está lesionado para subir cerros, pero no para trotar. ¿Que tal?

La nueva integrante es Verónica Tagle.

Llega Pancho, No llegan ni la Rebeca ni la Consuelo. Llega la Marcela Molina. Dinamita. Y llegan, Andrés y la Marisol. Un grupo impensado; sorpresa. Un grupo potente, como comentamos con Pancho más tarde.

Y nos fuimos al potrero, allá en la ruta a la Disputada. Dos autos; Andres y la Marisol se fueron por su cuenta.
Había trabajos en el camino, con banderilleros. Tuvimos que esperar muucho rato en un punto, pasado el desvío hacia las curvas de Farellones.

Al iniciar nuestra caminata se nos sumo Cachupín (nunca lo nombramos así); un perro que feliz arranco cerro arriba y poco más allá perseguía a grito limpio un conejo que era casi de su porte.

El día estaba precioso y el grupo iba en animada conversación. Muchos de los presentes no se conocían y la primeras fintas fueron al estilo potente de los presentes. Mujeres emprendedoras, dos de ellas, poderosas. Mujeres del presente o más bien, adelantadas.

Este video de la Helen Fisher salió a colación,así que dejo el link aquí. Siempre en tema de las relaciones de pareja aparece en algún momento. Parece ser que la felicidad o infelicidad de las personas descansa mucho en la calidad de esta dimensión de la vida humana. Y putas que sufrimos también por ello.

Llegamos al potrero y Andrés había dejado su chaleco rojo en una roca al centro del plano y arrancado en avanzada hacia la derecha. Le dimos unos chiflos y después de algunas dubitaciones, arrancamos hacia la izquierda, hacia una zona donde había una zona incendiada.

Llegamos a un mirador, donde nos encontramos con Andrés que siguiéndonos desde lo alto, se desvió hacia nuestro encuentro. Ahí hicimos nuestra parada de cumbre, nos comimos las naranjas de Pancho, exquisitas, y comentamos nuestra altura en relación a un Farellones que se asomaba por sobre las cumbres de los cerros de enfrente. Tres cientos metros más abajo, dictaminó Andrés, altímetro-reloj en mano.

A esa altura el alma de los presentes ya estaba bastante expuesta y las interacciones por lo tanto eran en más de una capa, viéndonos, unos a otros en más profundidad. El cerro tiene esa magia de abrir espacios humanos que abajo en la ciudad simplemente no pasan. Oh maravilla de cerros.

Bajamos mas silenciosos o en conversaciones de a pares, que nos distanciamos, quizás para ir más a fondo; quizás no.

Mi pie, bastante bien. El perro, fiel compañero de toda la ruta, lo despedimos ya cuando íbamos andando en el auto y el caminaba por el borde del camino, de vuelta a su casa.

Un día hermoso, de un grupo memorable.

Ah, y este otro video de la Helen Fisher también es imperdible.

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