lunes, 21 de junio de 2010

Con Chopin en los cerros


Nuevo día domingo para gozar del  espléndido paisaje  de montaña nevada y luminosa, somos cinco los afortunados subecerros que nos encontramos esta mañana fria en la aún clausurada Terpel que nos tiene sin el acostumbrado cafecito que algo de calorcito daba al comenzar la subida. Estamos presentes Pancho, la Consuelo, Gabriel, Alfonso Concha y yo (Rebeca).

La ruta que tomamos nos lleva al puente Ñilhué y desde allí comenzamos la subida para desviarnos un poco más arriba y tomar el sendero de la derecha para innovar un nuevo camino hacia la canaleta que será la meta, con Pancho a la cabeza la cosa se pone seria porque cuando lleva la delantera, su marcha obliga a llevar un ritmo exigente y acelerado, porque no hay quién pare a nuestro amigo cuando ha visualizado su objetivo al final del camino.
Mientras el resto del grupo trata de seguir al lider, lo social y contemplativo nos retrasa y más de alguna parada hacemos, entre motivados por el paisaje espectacular que nos rodea y la sorpresa que nos depara nuestro nuevo amigo Alfonso que de su gran mochila saca unos super anteojos de larga vista para observar de cerca los detalles precisos de unos cuantos esquiadores que han subido de madrugada a estrenar las inmaculadas canchas recién planchadas de Farellones y sus alrededores. Mientras Gabriel toma amplia posición para mirar, aprovecho de fotografiar su peculiar postura y hago el click para registrarla.

Escarpada subida final me deja sin aliento y con alguna preocupación por las piedras que hacen resbalar, pero que al final agregan emoción y tensión  a la situación que me recuerda la precuación y cuidado que exige cada paso para llegar a feliz destino. Usualmente estos pensamientos vuelven a mi en la semana en momentos puntuales cuando enfrento dificultades o problemas que están conectados o " anunciados" de alguna manera acá en los cerros. Este aprendizaje práctico y en plena naturaleza me enseña a dirigir mis pasos con mayor preparación en la vida diaria, cosa que por ahora me tiene cautivada a permanecer en este fascinante entrenamiento de conexión vital.
Arriba ya en la canaleta,  un acalorado Pancho nos espera sentado y sin polera (¿qué dirá su termostato?) nos sonríe desde lo alto.Ya arriba tomamos ubicación, frente a una panorámica extraordinaria que incluye la nevada  cordillera de la costa, Santiago y  las encumbradas montañas de Los Andes. Gozando de esta impactante visión, las conversaciones con sabor a naranjas de "día del padre" que nos regala Pancho, dia que aunque inventado por la cámara de comercio y publicitado ampliamente por los medios para fomentar el consumismo; lo positivo se rescata  que tienen los gestos de cariño y preocupación de hijos e hijas para con sus papis.

La celebración apura la vuelta a casa, de pie retomamos el sendero horizontal orillando la canaleta que harta agua lleva, se suma un sonido armonioso de piano que sale de la mochila de Alfonso, este pasa a ser parte del paisaje sonoro y acústico que nos acompañará durante toda la bajada.
Tanta modernidad conmueve como también el descubrimiento de una hermosa nueva ruta a la canaleta. El reloj pulsera de Pancho en contraste con el Ipod de Gabriel y el minúsculo equipo de radio con parlantes de de Alfonso convierten este paseo en algo entre original y novedoso, mezcla de lo antiguo y lo nuevo tan caracteristico de los tiempos que estamos viviendo.
Lo increíble fué compartir una mañana espléndida de nieve y sol, junto a la armonia de Chopin y la grata conversación de buenos amigos que se agradece. !Inolvidables registros que quedan en estos posteos para compartir la experiencia con todos los que no pudieron venir.

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