domingo, 10 de junio de 2012

Una incursión al Alto del Naranjo

el grupo en El Alto
Fiesta, eso es lo que tengo la noche anterior. Con orquesta en vivo, de las buenas, intensa. La cumpleañera cumple 50 años, así que la música es la mía, que tengo 60. Bailamos, nos transportamos, nos dejamos llevar por las sensaciones; disfrutamos. Esto hasta las 1:30 de la mañana.

Al día siguiente despierto a las 8:33. Suena el teléfono. Es Andrés Reutter que reclama mi presencia, ahí donde ya hay 8 personas de "mi grupo", dice. Esa conversación me activa. Está Andrés, que no va nunca, así que acelero y más tarde lo llamaré para saber adonde arrancaron.

Reutter, LL, Eugenio, Isabel y Consuelo
Estamos en la base del Alto del Naranjo, pagando los $1.500 por persona. Lucho te dejará anotado y pagado (gracias Lucho). Para allá voy echo una zumba por Kennedy.

Llego, aviso que llegué en la guardia y arranco cerro arriba, más rápido quizás de lo recomendable, después de un último mes con fiebres extrañas, que me han botado a la cama unas tres veces por un día.

todos en el Alto
Cuando llego a la primera canaleta, los veo. Chiflo dos veces. No escucho nada de vuelta. Pero se quedan en ese mirador que está en la parte alta de esa vista y es ahí donde los alcanzo, cuando retoman la caminata.

Están Andrés, Lucho, la Isabel, la Consuelo, la Francisca, Javier, la Marisol y Eugenio Lagos. Saludo y me estaciono el último de la fila de ascenso.

Lucho va contando de sus clases en la universidad, de un tipo de empresas llamadas SPA, que son una mezcla de cosas, que para explicar a sus alumnos las compara con el ornitorrinco. Un animal que no es ave pero pone huevos, da pecho, no se, una serie de rarezas.

La Marisol me pondrá consciente de cuanto voy ahí, subiendo el cerro, y cuanto voy en la chicharra. Esto con la pregunta que recomienda hacerse con frecuencia "¿qué te saca del aquí y ahora?".
Me gusta este ejercicio, de traer la consciencia al momento presente. Se lo saludable que es.

Hacemos un alto en la canaleta, donde nos sentamos y conversamos. Javier va a la canaleta a llenar una botella con agua.
Andrés me ofrece de su termo un té chai que disfruto y que siento me energiza.
Partimos. Sigo atrás.

cuando los logro alcanzar
Nos cruzamos con un tipo bastante especial. Se llama Patricio Mella. Lleva un gorro con un cacho amarrado en la parte delantera. Aparte, unos collares de piedras, seguro hechos por él. Y en la mano llevaba dos piedras del tamaño justo para tomarlas con las manos bien abiertas. Son para decorar, incluso astronaves.

Muy especial el tipo, compartiremos con Lucho.Pero llano al diálogo y buena onda.

Pato Mella con sus piedras
A un tercio de la ruta entre el Alto y la canaleta, decido llegar hasta ahí. Me despido de Lucho y la Consuelo que iban atrás conmigo y me instalo a descansar y comerme una galletas que me dejó Lucho. No había tomado desayuno en el apuro.

qué estarán mirando?
Después inicio mi camino de retorno.
Pasada la canaleta, me encuentro nuevamente con Pato Mella. Me instalo a conversar y esta vez le saco un par de fotos.Había trabajado en LanChile y en Cristalerías Chile. Casado con tres hijos. Ama a su mujer. Me cayó bien.

Isabel, Lucho y Consuelo
Decidimos seguir juntos el descenso. Pero va lento y se detiene a recoger cosas. Le pregunto porque lleva ese raquet de tenis en la espalda. Me dice que es para practicar haciendo swings, para ejercitar la muñeca.

Me despido pues iré más rápido. Un afectuoso saludo de despedida.

en la ruta
Llego abajo como a la una. Registro mi retorno y sigo mi viaje a casa, después de comentar con el guarda parques, acerca de una increíble moto que estaba ahí estacionada.

Feliz de haber ido al cerro, cosa que al despertar y ver el reloj, había decidido no hacerlo.

llegando de vuelta, Lucho y la Consuelo
Más fotos.

2 comentarios:

  1. Anónimo2:03 p.m.

    Solo comentar que estuvo extraordinaria la salida, fue notorio como traspasamos la capa de aire frío en que nos encontrábamos al partir y llegamos a una capa de aire mucho mas cálida, esto lo hizo notar Andrés que subió muy motivado (y rápido), llegó acompañado de Javier y la Francisca un buen rato antes a la cumbre, luego fuimos llegando los demás. Todos quedamos maravillados de la tranquilidad y la estupenda vista arriba (1.868 msnm). Un grupo de personas que habían alojado arriba estaban desarmando un par de carpas. Nos topamos también con un grupo de 5 españoles, profesionales jóvenes que se habían venido a Chile buscando mejores horizontes a raíz de la crisis europea, estaban trabajando en empresas chilenas y a la vez estudiando para convalidar sus títulos profesionales en nuestro país.
    Después de compartir lo que cada uno llevaba incluido el enigmático té de Andrés, muy celebrado por los que lo probamos, emprendimos el descenso. Javier y la Francisca tomaron la delantera seguidos no tan de cerca por Andrés, Marisol y yo, mas atrás venían Isabel, Consuelo y Lucho...de pañuelo tipo "don Fermín" (el personaje de Ronco Retes)en la cabeza.....y en ese orden mas o menos llegamos abajo.
    Un cerro muy entretenido, para cargar las pilas para toda la semana, muy buena elección. Una lástima que Gabriel, después del tremendo esfuerzo de alcanzarnos no haya podido seguir, y también echamos de menos a Pancho, que sigue cuidándose su tobillo, saludos!
    Eugenio Lagos

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  2. Anónimo7:34 p.m.

    Gran coraje de Gabriel: levantarse temprano sin haberlo tenido previsto, pese a la convalecencia; tomar el auto y luego dar alcance a pie al grupo que había iniciado su marcha a las 09:10 ... notable todo aquello, y ... "más sólo que Rambo". Voluntad casi heroica, a no dudarlo: se contagió rambísticamente con otro sube cerro, cuyo nombre la modestia me obliga a silenciar...

    La excursión al Alto del Naranjo me pareció espléndida, la belleza del paisaje, la mantención del entorno, el esfuerzo físico significativo, en fin, una mañana redonda. Una ruta para repetir ... que justifica con creces "la luca y media".

    Creo que es uno de los cerros que ofrecen una mayor variedad de parajes, según se va ascendiendo, pues se pasa de cierta aridez inicial, a una vegetación más generosa que va in crescendo, para culminar con el quillay que señala la cumbre: ciertamente que lo hace mucho más entretenido.

    En la cumbre, la narración de las "adrenalínicas" experiencias deportivas de Javier, extraordinarias.

    Al bajar y a falta de sombrero, hube de recurrir a un pañuelo para improvisar aquel gorro tipo Don Fermín que describe Eugenio, a fin de evitar la fuerte irritación en los ojos, por causa de la crema poco "mercenaria" que escurría desde mi despoblada testa. La nutrida caravana de españoles que nos seguían, habrá pensado que las cosas en la Madre Patria no han de estar peor que en nuestro querido Chile, a juzgar por la calidad de mi "indumentaria de montaña" ...

    LL

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