viernes, 19 de junio de 2015

Frío en la ruta del Alto del Naranjo por la Católica

Domingo 14 de junio; han pasado algunos días de ese paseo.
Después de un ascenso con Pancho de los dos solos, al domingo siguiente partimos a la ruta elegida en perfecta democracia, 15 personas.
Destino, la ruta al Alto del Naranjo, pero desde la Católica.

el grupo
Hacía un frío que se las pelaba. Y la ruta es sombría, a esa hora del día.
Pagamos las tarifas recientemente subidas de la entrada y registramos nuestros nombres.

Andrea y Gabriel (con los anteojos de Pablo)
Al poco andar, dos parejas de extranjeros, que se nos habían acoplado para llegar desde la bomba a alguna ruta, holandeses y alemanes, algunos estudiantes de leyes en Santiago, siguieron su propia ruta y ritmo.

Bárbara, Anne Maire y Soledad
Quedamos 11, que fuimos en definitiva: Pancho Balart (que hoy ya debe estar por las Europas), Francisco Toyos, Soledad Tagle, que trajo a su amiga Bárbara, que además trajo a su hija con su pololo, Víctor Bunster, mi hija Andrea, con su pareja Pablo Macarte, La Anne Marie y yo, Gabriel.

con cambio de fotógrafo
Anduvimos a tranco más bien rápido; por el frío. Pasamos el punto adonde habíamos llegado no ha mucho, donde hicimos una meditación.
Llegamos a un punto donde vimos perfectamente la ruta para llegar al Alto del Naranjo, a la que no faltaba tanto.
Pero, eran las 11:30, así que buscamos una cumbre cercana, con vista y espacio para acomodarnos todos.

la Soledad, la hija de Bárbara y su pololo
Ahí, aparte de abundantes alimentos, tuvimos animada conversación. Puntos de vista diversos, apasionados. La realidad de Chile, corrupta, en baja económicamente, alarmante para varios, enojos con la presidenta, los políticos, los empresarios, sometidos al Dios dinero, trafican esclavos, compran políticos e incluso a sus madres si es necesario.
Quedé con una sensación desagradable, de situación de crisis sin salida. Si hasta de golpe militar hablamos, anticipado por Jocelyn-Holt, el historiador. Mal.

Bajamos apuraditos, pues estos nuevos horarios, nos estaban haciendo llegar más tarde en definitiva a nuestros almuerzos en las casas.

Al pasar por la recepción, registramos nuestra vuelta y seguimos a los autos. Ahí esperé mucho rato a mi hija que venía en lenta y animada conversación con la Bárbara.

Un estupendo paseo, animado, de buen ejercicio, en un día despejado, reseco de sequía persistente, y frío a cagarse.

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