lunes, 11 de enero de 2016

Por Antawaya adentro los boletos

Segundo domingo de enero. Llegan al punto de encuentro, cuatro varones: Pancho, Víctor, Eugenio y yo, Gabriel.

Víctor y Pancho
Decidimos meternos por la ruta de la Ermita, pensando en un camino que incluyera la posibilidad del baño. El día prometía calores.

en la ruta
Nos vamos en mi auto, que parecía ser el más alto para caminos de tierra. Cuando nos desviamos por el camino de tierra, venía un piño de animales subiendo y tomando el camino pavimentado en la misma dirección que traíamos. Muchos baqueanos manejaban la escena. Esperamos un rato y pasamos.

Pancho empezando a cruzar estero inicial
El portón estaba abierto y el porteto, en su silla de ruedas, conversaba en la calle con un par de personas.
Tiramos a pasar y nos hizo un gesto, Paramos y negociamos a la tarifa estándar de $ 1.500 por persona. Pagamos y seguimos.

Víctor adelante; Pancho en la roca del medio; atrás Eugenio
estero hasta donde llegamos
Cerca de Antawaya decidimos dejar el auto en ese lugar e internarnos por ese cajón orillando el río ahí existente.
Cruzamos el río, que lleva poca agua en este tiempo y seguimos por el camino observando las instalaciones desocupadas del centro de eventos Antawaya.

potrero con caballos hasta donde llegamos
Ah, poco antes de llegar a la puerta de Antawaya, nos topamos con Fernando Saavedra que caminaba en sentido contrario, con esos dos perros grises, bellos perros, que hemos visto otras veces.
Paramos a saludarlo y cruzamos algunas cariñosas palabras. Lo invitamos a subirse con nosotros y acompañaros, pero desistió. Ya había caminado suficiente.

Pancho conectado
No se, yo me enfrasqué en una conversación histórica con Pancho, al punto que llegamos al lugar de la mesa y banquetas demasiado rápido, aunque ya eran las once.
Decidimos seguir adelante.
La ruta tiene algunos menores obstáculos de agua, pero aparte de ello, es grata, con una leve brisa, sombras por aquí y por allá, y el ruido del río allá abajo, con sus bellas vistas desde la altura.

Víctor y Eugenio, punto de descanso y ágape
Ah, pasado el primer río que cruzamos había un vehículo blanco, donde adentro figuraba una pareja, ella sentada y él aún en la cama que ahí dentro había. Nos saludamos y detuvimos a conversar, atraído quizás por la forma en que habían transformado este clásico vehículo en una motor home completa, en poco espacio. Lo alabamos, la mujer nos contó que su padre lo había fabricado y estaba  en venta. Ninguno se interesó, en saber el precio. Nos despedimos y seguimos.

punto de descanso, desde donde yo me bañaba
Más allá, en una zona de potreros con caballos, buscamos el río para nuestra parada. Demasiados bichos, tábanos, molestos. Volvimos atrás.
Llegamos al lugar donde cruza un estero y por ahí volvimos al río, esta vez justo donde desemboca el estero.
Nos instalamos, Víctor sacó un jarro con pisco sour y le dimos junto a unas papas fritas. Era su aporte para el ágape del fin de semana pasado, al que él no pudo venir.

Pancho duerme, mientras Víctor toma pisco sour con papa frita
Yo personalmente, un poco más arriba por las aguas del afluente, en un posón, me saqué la ropa y me di un par de chapuzones de cuerpo completo. Un buen electroshock, siempre útil y refrescante.

nos devolvemos
Nos volvimos mas bien rápido e igual se nos hizo largo. Hacía calor,
Nos cruzamos con otro lote semejante al grupo nuestro, de un poco más gente, con los que cruzamos algunas palabras.

cruzando estero
Un agrado llegar al auto, sentarnos, a la sombra y emprenderlas a la casa, cansados y satisfechos.

el guatón de la izquierda soy yo
Referencias:

1 comentario:

  1. Anónimo12:46 a.m.

    Por favor Gabriel...

    Que panza en esa foto.

    Saludos,

    Francisco

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