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domingo, 28 de febrero de 2016

Dos al Potrerito

Último domingo del periodo vacacional del verano; día soleado, caluroso promete ser.
Solo llegamos Pancho Balart y yo, Gabriel.
Animados ya por la conversa, decidimos tomar un largo trayecto en auto e ir al Potrerito, que al final resultó bastante fresco.

Pancho
Mucha bicicleta en la ruta de subida. Hay que manejar con extremo cuidado, pues muchos de ellos se van casi por la mitad de la autopista.
Algo me parecía distinto, ya fuera de la ruta de los centros de esquí. El asfalto gastado y en un par de puntos absolutamente roto, con hoyos no menores.

Llegamos al punto de estacionamiento, donde me subí en el desnivel a la orilla del camino y pude recabar de un veraneante, que temprano meditaba en una roca, cerca de la zona de carpas de su familia muy probablemente, donde pasaba algunos días de asueto.

Pancho llegando al potrerito
Subimos animadamente, yo disfrutando del menor peso producto de mi régimen, que Pancho interpretó  de mayor capacidad respiratoria, producto de haber bajado el abdomen significativamente.

potrerito desde las alturas
No paramos de hablar de temas diversos, tanto de su giro laboral, como del mio. Un buen amigo, compañero de caminata por parajes como estos, siempre es un regalo del universo (o del cielo?).
Tener con quien tener buenas conversaciones, suele ser parte de los regalos de que disponemos en este grupo de los subecerros; no es cierto ?

Pancho ya cerca de la cumbre
Llegamos al Potrerito donde hicimos un alto en la roca donde siempre lo hacemos. Tomamos agua, precisamos algunos puntos de nuestra conversación y descansamos.
Decidimos seguir a las rocas de la derecha, para solo pasar por el agua y sentir su frescura.

cerca de la cumbre
Siempre perdemos la huella, la volvemos a encontrar y la volvemos a perder, en la última parte. Igual llegamos a nuestra cumbre, tantas veces alcanzada, con tantas distintas personas y ahí nos sentamos a comer naranjas de Pancho y maní mio.

autos y al otro lado del río, carpas
Seguimos conversando, apreciando la estupenda vista con aire impecable.
A 10 para las 12 decidimos bajar y a las 12:40 llegamos al auto.
En el camino vimos desde la altura, que había muchos autos y campings con gente a la orilla del río que baja desde la Disputada; con bastantes tóxicos, pensábamos nosotros.

el auto de Pancho que nos espera
Pancho me dejó (aunque yo manejaba su auto) en mi auto y cada uno para su casa, después de una agradable mañana de ejercicio, naturaleza y buenas conversaciones.

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