domingo, 13 de marzo de 2016

Por la ruta del Cóndor

Pancho quiso innovar. Está bien ir hasta el río Covarrubias, cruzarlo, pero en vez de seguir por la orilla del Covarrubias aguas arriba, porque no seguimos en auto a ver con qué nos encontramos más arriba ?
Eso sedujo al grupo y para allá nos encaminamos, en la liebre para escolares de Dirk.

María Elena punteando; la sigue Marie Claude
Aparte de Pancho y Dirk íbamos en ese vehículo, Marie Claude (nueva, abogado, canadiense, trabaja en el Laboratorio Abbott), enganchada por Javier Cox; la Anne Marie, Víctor, la María Elena del Valle, Francisco Toyos, la Soledad y yo, Gabriel. Nueve en total.

Pasamos sin pagar por la portería a la entrada. Simplemente no estaban los guarda puerta.

zona torres de alta tensión
El Covarrubias trae bien poca agua. Nos despedimos de esa agua, con la ilusión quizás, de bañarnos ahí a la vuelta, en un pozón que se insinuaba, aguas arriba. No sería.

El auto, bien cargado, subía con dificultades. En una vuelta, a mitad de camino de lo que sería la parte más alta, Dirk echa marcha atrás y estaciona la liebre en una curva, en un espacio que había. Y a caminar se ha dicho.

Marie Claude
Lo que más pasa en estos eventos, es la conversación. Con la María Elena presente y varias otras voces, la conversación es multidimensional. No había visto a la Natalia Valdebenito ! así que ese ramal de conversación quedó trunco.
Pablo Longueira, obvio. Que paremos el juzgamiento apresurado, dijo alguien; no parecía defenderlo a él específicamente.
El grupo, este, su historia, a modo de introducción para la Marie Claude. Se nombraron a personajes como la Alejandra Cambiaso, Andrés Reutter, la Jeannie, que ya bien poco vienen.

Anne Marie
Nos aburrimos de seguir la huella del camino de autos y tomamos una rutas que acortaban hacia arriba (y después hacia abajo). Ahí empezamos a hacer un poco más de ejercicio. Llegamos a una torre de alta tensión y a una especie de zona más plana.
Nos pusimos como meta llegar a la cumbre, donde reinaba otra torre de alta tensión. No fue.

Anne Marie, Francisco y Víctor; descansando en la cumbre de ese día
Caminábamos a la altura de Farellones, lo que producía un cansancio temprano; por la falta de aire.
Seguimos un buen tramo más, ya más cerca de unos acantilados, que buscábamos con la vista por donde tendríamos que encaramarnos para subirlos y nos arrimamos a una buena sombra y ahí nos echamos a descansar. Y a comer.

la María Elena
Buena cantidad trajeron varios; las que circularon por todos los presentes. Comimos bien y rico.

Marie Claude; atrás Pancho
De repente brota la iniciativa de movernos con las danzas de la Anne Marie. Y a eso le hicimos con dos de sus melodías con sentido. En círculo, en el sentido contrario del reloj.
El cuerpo y sus avatares, un territorio bastante desconocido. Estuvo bueno.

la Soledad
Después de eso todos lisa y llanamente se echaron a dormir, parecía. Dirk ofreció guiar una relajación, que parece a más de uno llevó hasta el dormir. Francisco me dijo que me había sentido roncar. Gran descanso.

las danzas de la Anne Marie
Se nos pasó un poco la hora, por lo que emprendimos la vuelta en tono algo apurado. Con bastante rapidez sentí llegamos al auto. El trayecto hasta los autos se hizo largo; era largo.
Pasamos el portón, piola. No nos cobraron, a pesar que la señora nos abrió la puerta. Tanto viejo macuco quizás la amedrentó.

relajación y siesta para algunos
En los autos, afectuosa despedida y a casa. Habíamos comentado lo bien que nos hacía a cada uno, estos paseos, incluso con efecto para toda la semana. Escribo al anochecer del mismo día y estoy de acuerdo.

Víctor y Pancho en el descenso
Hasta la próxima. Y bienvenida Marie Claude, cuando quieras.

la María Elena con una torre detrás

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