Hoy en la mañana se abrió un claro de ausencia de lluvia, que solo yo y Pancho Balart aprovechamos para arrancarnos al cerro.
Nos fuimos al Pochoco, algo que Pancho no acogió 100% pero calló en el momento de la decisión. Al bajar, algún daño sintió en una de sus rodillas, en algún trastabilleo, producto de lo empinado y estropeada de la ruta. Ahí me dijo, "con razón que no me gusta venir al Pochoco".
Veremos como sigue, en los días que siguen,
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Pancho |
Y subimos un rato así. Hasta que nos pasó un tipo casi al trote en ascenso. Yo lo ubicaba, de los tiempos en que solo venía al Pochoco.
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Gabriel |
Cuando íbamos llegando al Mirador, del medio Pococho, pasó este tipo, todo mojado, bajando. Llueve arriba, que estás todo mojado, le pregunté. No, me dice; es el agua de las hojas que paso a llevar y la transpiración. Iba con pantalones cortos y una especie de corta viento.
En el Mirador, donde la vista y el aire eran privilegiados, me comí tres mandarinas aportadas por Pancho. Conversamos, como habíamos conversado todo el tiempo, incluso dentro del auto mientras esperábamos a ver si algún otro llegaba.
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Pancho |
El cerro no es un deporte para nosotros; es una necesidad del alma, a esta altura.
El aire estaba limpio como pocas veces. Incluso tenía esos aromas que tiene la naturaleza después de las lluvias. Y por el suelo, miles de pequeños brotes del pasto nuevo, que emerge, gracias a las lluvias, ansioso del sol para prosperar.
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el pasto que viene |
Saludos a los que no vinieron y especialmente a los que prometieron venir y arrugaron a último momento, como mi hija Andrea y la Alejandra Cambiaso, que anda por Santiago.
Eeyyyy y me llegó el palo! Te di mis explicaciones pero bueno, me lo perdí no más. Yo me alegro q hayas compartido y disfrutado con Pancho, quizás era momento de la dupla de amigos. Abrazos y hasta la próxima!
ResponderBorrarPancho y Gabriel, me come la nostalgia, volveré a subir con ustedes luego, luego!! Abrazos,
ResponderBorrarPaula