domingo, 7 de mayo de 2017

Ocho a Las Varas, antes de las lluvias

Había pronósticos de lluvia, para la tarde y amaneció despejado, con algunas nubes por aquí y por acá.
Llego y está Eugenio. Van llegando la Alejandra con la María Elena, oh sorpresa; luego Pancho, Víctor, la Soledad Tagle y cuando ya nos íbamos, llegó Dirk. Ocho partimos al final, en dos autos.

Alejandra y María Elena
A las Varas, fue el acuerdo, pues las chiquillas, Alejandra y María Elena, seguirían al Alto del Naranjo.

Pancho, María Elena, Víctor, Dirk, Soledad, Alejandra, Eugenio
Llegamos antes de las nueve y el portón estaba cerrado. Un tipo justo llegó en auto, abrió el portón para pasar y le prometí yo cerrar el portón con llave.

cerro arriba
Hicimos la ruta clásica, pasando por el tranque, al que ya le va quedando poca agua.

María Elena punteando; Eugenio la sigue de cerca
El grupo tenía tan animada conversa que de repente se quedaba parado, conversando en círculo y había que recordar que estábamos subiendo cerros.
Animada conversa; así fue toda la subida.

Dirk y la Alejandra
Pasamos la canaleta y seguimos de inmediato a la cumbre. Ahí nos sentamos en el suelo, con vista a la cordillera, a conversar y comer nuestros cocavies.

risas
Después de un rato la Alejandra y la María Elena se ponen de pie y se despiden. Siguen la ruta hacia el Alto del Naranjo.
Nosotros seguimos sentados y las vimos aparecer, en el cerro del frente, subiendo.

María Elena, Gabriel y Alejandra
Otro poco y comenzamos nuestro retorno. De repente, se nubló y el clima cambió. Ahí empezó a ser posible la lluvia de la tarde. Me puse el polar, que no me saqué más.

la María Elena se ha puesto de pie; la Alejandra se prepara
Pasado el tranque, divisamos a un par de tipos, con aviones a control remoto conversando.
Nos acercamos a ellos y nos hablaron en inglés. Rápidamente uno de ellos, tomó uno de los aviones, se alejó unos pasos y con la mano, lo tiró y empezó a controlarlo con el aparato de control remoto.
Ahí estuvimos, viendo como hacía piruetas en el aire, hasta que aterrizó.
Nos despedimos y seguimos camino.

las chiquillas se despiden y se van con el perro
En la recepción, pagamos. Como no cabíamos todos en el auto de la Soledad, Víctor, amablemente, se ofreció a irse sentado en la maleta.
Y así, conversando, llegamos a los autos, donde nos despedimos.

los aviones
Víctor en la maleta

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