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martes, 16 de agosto de 2016

De lo bueno, poco

El domingo pasado –por ser fin de semana largo seguramente - hubo varias ausencias. Partiendo por los dos ilustres próceres del grupo, Francisco y Gabriel, quienes al parecer prefirieron los aires costeros a los cordilleranos.

Víctor, José. Carmen Gloria, Rebeca y la Alejandra
Aun así, llegamos 6 esforzados subecerros a la Shell: Alejandra, Rebeca, Paulina, José, Victor y yo. Paulina es una amiga mía de hace muchos años (no diré cuántos) que quiso unirse al grupo y la que esperamos nos siga acompañando en futuros paseos.

vista panorámica
Varias queríamos un paseo relajado ya que, o aun no estamos en el 100% de nuestra capacidad física (como la Rebeca y yo), o tenían compromiso para almorzar (como la Alejandra). Siendo así, decidimos ir al cerro de Las Varas por la canaleta. Al parecer, este es uno de los paseos “top trending” del grupo, ya que lo he visto en varios posteos anteriores.

Víctor y la Rebeca en la delantera
Y como Gabriel no vino, me toca oficiar de bloguera suplente. Eso sí, con el inconmensurable apoyo de mis reporteras gráficas Paulina y Alejandra, a quienes corresponde el crédito fotográfico de este posteo.

junto al traqnue
Llegamos a la puerta y estaba con candado, lo mismo que la caseta donde cobran la entrada. No se veía un alma. Así es que decidimos encaramarnos por una lomita y entrar sin más, en flagrante delito de violación a la propiedad privada.

alguien ca allá, arriba a la derecha
Gran parte de la ruta hasta la canaleta es un camino rural como Dios manda. Nada de senderos estrechos ni de andar haciéndole el quite a las ramas. Un camino por donde aparentemente transitan autos, tal como lo evidenciaron los restos momificados de un desdichado sapo, atropellado seguramente por algún conductor inmisericorde o distraído. Un camino, además, con poca pendiente. No de esos empinados que dejan a uno jadeando, teniendo que decidir entre respirar o hablar, y que inhiben todo intento de elocuencia. Este camino ancho y el hecho de que fuéramos pocos contertulios, permitió que avanzáramos en un solo bloque y que la conversación fluyera entre todos los miembros del grupo.

este es víctor,  en fila india por la canaleta
José – como experto en ingredientes alimentarios - nos contó de los múltiples beneficios del colágeno hidrolizado, no solo para las articulaciones sino que también para piel (léase, para las arrugas). En ese punto, varias pararon paila y mostraron sumo interés, ante lo cual José se comprometió a traer muestras gratis la próxima vez. En lo personal, debo decir que llevo 3 meses tomando colágeno y que las arrugas siguen sin novedad y donde mismo. Pero lo sigo tomando cada día, con profunda fe de que los milagros existen.

allá van !
Buena parte de la conversación se desarrolló en francés. Alejandra, al ver que habíamos dos que lo hablábamos, no perdió ocasión de practicar el idioma (ella lo habla bastante bien, por lo demás).
Nos mencionó el poema “Dejeuner du matin” de Jacques Prévert, que personalmente no conocía.
Lo acabo de leer gracias a san Google y es realmente precioso. Aquí va, tanto el francés como traducido al español (link)

bellas flores rojas
El camino a lo largo de la canaleta es muy lindo, con preciosas vistas y vegetación abundante.
Bastante fácil y plano por lo demás, salvo por un par de tramos que requirieron de complejos estudios geológicos para decidir por qué lado pasar. Llama la atención y tranquiliza el espíritu la cantidad de agua que tienen tanto la canaleta como los dos tranques del sector, luego de varios años de sequía en nuestra zona central.

en flor
Llegados a cierto punto, decidimos hacer la habitual detención para consumir los tentempiés que llevábamos. Esta vez hubo mandarinas, naranjas y chocolate. Mención aparte merecen unos ricos brownies hechos por la hacendosa Paulina, los cuales pedían a gritos un cafecito para acompañar.

verdor, mucho verdor
Habrá algún subecerro que -en algún paseo futuro - pudiera traer un termo con café, desafiando el mayor peso en la mochila que esto implica? Dejo planteado esta solicitud, esperando toque el corazón de algún alma noble y solidaria.

Una vez levantado el picnic, el grupo se separó por diferentes caminos. José, el más valiente, siguió subiendo solo, mientras que Alejandra y Rebeca prefirieron devolverse por el camino de ida, por ser menos empinado.

bellas flores naranjas
Paulina, Victor y yo preferimos el sendero más corto, pero más cascajoso y por ende, más favorable a los costalazos. Desde el cielo, un jote nos acechó buena parte del camino, sospechando tal vez que podíamos ser presa fácil. Tal vez no estaba tan errado. Victor se dio un buen suelazo quedando en posición casi horizontal, mientras que Paulina y yo estuvimos a punto varias veces.

Fue un paseo corto pero muy lindo y entretenido. Con gusto a poco, pero eso es lo bueno porque deja con ganas para la próxima vez.

(texto de Carmen Gloria Fuentealba)

domingo, 7 de agosto de 2016

Con dos retornados, por donde Bernabé en la Ermita

Día frío. Llego a la Shell y solo está la Soledad. Muy rápidamente van llegando, muchos. Fuimos 12 este día.
Cuando llega Dirk le pregunto por Fernando Saavedra. Está en el auto. Dudo y me arriesgo y voy a ver. Ahí estaba. Lo saludo y finalmente se baja y va a saludar al grupo. 84 años tiene el hombre.
Él impondrá el destino de ese día. Será por la casa de Bernabé, en la Ermita. Y para allá partimos en cuatro autos.

cruzando el puente colgante
Ojo que en este día llegaron, desde mi perspectiva dos retornados, la Carmen Gloria Fuentealba y Tito López. La Carmen Gloria ya había venido, yo no había estado. Tito era primera vez en años.

José y la Soledad adelante
Aparte de los ya nombrados, están la Consuelo, Pancho, José Salinas, José Manuel Salinas con la Lily, Eugenio y yo, Gabriel. Doce; buen número.

Fernando Saavedra
Llegamos en auto hasta el costado de la media luna al lado del río, en la Ermita. Cruzamos el puente colgante y llegamos hasta la casa de Bernabé, un poco más arriba. No estaba, nos metimos y atravesamos a los potreros de atrás.
Fernando nos guió cerro o potrero arriba, hasta meternos al bosque, cruzar un canal y dar con un sendero que seguía hacia la derecha, paralelo al canal, pero más arriba.

Carmen Gloria, José Manuel, Lily, Consuelo y Pancho
La conversación era animada, de a parejas o pequeños grupos. Fernando se cansó y pidió siguiéramos nosotros y que a la vuelta, por ese mismo camino, lo encontraríamos. No nos gustó mucho la idea, pero su lentitud y su insistencia nos convencieron.

Tito sacando la foto
El camino emboscado, hermoso. Veíamos el canal, que corría poco más abajo, en sentido contrario al que llevábamos. Caminamos un buen rato hasta que se produjo una bifurcación, en que un camino iba para abajo y otro para arriba. Opté por el de bajada, que rápidamente me llevaba a cruzar el canal y torcía a la derecha. No, paré y les dije a los demás que retrocedieran, que tomáramos el de subida.

Tito, arriba a la derecha
Tampoco era y nos llevó cerro arriba en empinado ascenso. Llegamos a una cumbre y ahí establecimos nuestra cumbre, donde nos sentamos, comimos y conversamos.
Intentamos pedirle a Pancho que pusiera un tema de conversación, pero al final el tema fue si los celulares estaban deteriorando la calidad de la comunicación; especialmente entre los jóvenes.
No hubo consenso, pero si varios puntos de vista.

algo les explica Fernando
Sin muchas ganas, disfrutando de una maravillosa vista a la parte de atrás del Provincia, nos pusimos de pie e iniciamos el retorno.
Mucho más abajo, ya cerca del punto de cruce del canal, por donde habíamos ingresado, encontramos a Fernando, feliz de la vida y cantando.

José Manuel y la Lily
Llegamos hasta la casa de Bernabé, que esta vez si estaba y con invitado, disponiéndose a una parrillada bien equipada con carnes y pollo. Nos detuvimos a departir con él un rato, mientras la Carmen Gloria le dio comida a un perro que había ahí. Ella acarrea comida para perros, como parte de su indumentaria habitual. Para que vean como ama a esos animales.

la Carmen Gloria alimentando a los pollos
Nos despedimos, cruzamos el puente colgante y a los autos, de vuelta.
Con Fernando, paramos en la casa del Charol, que nos contó de sus dificultades para dejar entrar gente por su entrada, pero prometió que a nosotros, muy probablemente por nuestra relación con Fernando, nos dejaría pasar.

anduvimos por esos bosques de la izquierda
Y eso fue. Un tremendo y alegre grupo.

domingo, 31 de julio de 2016

Una apertura en el clima nos llevó al Potrerito

Me asomo temprano a la terraza del piso 14 donde vivo y veo que el clima está regular. Salgo y hay ventiscas y llovizna en el aire.
Decide ir al baño y vestirme y según como esté el clima después, voy o no.
Al final decido partir, con alguna resistencia ambiental, por la ventolera de afuera.

Eugenio, Pancho y Alejandra
Si no llega nadie, voy pensando, me voy al Pochoco, e incluso bajo la lluvia me subo medio Pochoco.
Llego justo detrás de la Alejandra, que se pasa a mi auto.
Después llega Eugenio y finalmente, el mismo Pancho.
Después de conversar y esperar un rato, decidimos irnos al Potrerito, en el auto de Pancho.

las piedras del piso
Manejará la Alejandra. Llegamos y el día está espectacular; incluso apunta a abrirse por algunos flancos. Al poco de subir, en un aire de paladearlo, sale el sol y nos ilumina y calienta; glorioso.

Pancho
Oh sorpresa; al poco subir vemos que están haciendo un camino de ascenso, por la misma ladera por donde va el sendero que siempre tomamos. Avanzamos por ese camino, viendo que rocas se han desprendido, lo que impediría subir en auto. Incluso, el desmenuzamiento de las rocas produce un piso de colores muy lindos, que nos detenemos a apreciar.

Alejandra
Poco mas adelante, las obras se acaban y el sendero sigue, como lo conocemos. Eso si que la lluvia, el salpiqueteo de las gotas, nos esconden de a ratos la ruta.
El día está bellísimo, las vistas, los cerros del frente, con nieve hasta muy abajo. Nos detenemos y volvemos a detenernos, solo para contemplar las vistas.

Eugenio y Pancho
Hay partes donde el barro abunda. Pero no es problema; seguimos. Llegamos al potrerito y hacemos un alto en esa roca donde siempre paramos. Hay temas que redondear. Algo comemos. Tomamos líquidos.

Eugenio, Alejandra y Pancho
Conversábamos del sistema económico, el capitalismo, sus injusticias e inequidades. El poder otorgado al mercado amerita una modificación; pero a nadie se le ocurre cual. De momento campea. La crisis se desborda. Falta creatividad.

potrerito atrás y nieve en el piso
La Alejandra tiene ideas de Apps para el ciudadano de a pie y su transporte solidario. Le sugerimos se dirija a Innova UC. Veníamos conversando de lo malo del Transantiago y de lo bueno de Uber, con sus riesgos, por la persecución de los arcaicos a esta altura, los taxistas.

Alejandra
Decidimos seguir adelante por el borde izquierdo; se ve más seco que el otro, que se ve bastante cubierto de nieve.
Subimos, subimos y llegamos hasta un punto, poco antes de nuestra habitual parada con vista hacia atrás, donde nos instalamos mirando hacia el potrerito y los cerros del frente, por esa vista gloriosa, de paisajes y cielo, con aperturas frecuentes de cielo.

Alejandra
Comimos naranjas, frutos secos y el chocolate que la Alejandra le había traído a José Salinas, que le ayudó a cambiar un neumático, algunas semanas atrás.

Alejandra y Gabriel
A las 11:40 mas menos, partimos. La bajada fue rápida. El suelo óptimo para agarrarse los pies.
Al final seguimos el camino nuevo, hasta la calle y de ahí bajamos al auto.
Arriba, la Alejandra manejando y a casa.

qué estará diciendo Gabriel ?
Que bueno haber salido hoy de la casa, con ventiscas y llovizna. El cielo se abrió para nosotros.

panorámica

lunes, 25 de julio de 2016

Caracol caracol saca tus cachitos al sol

Hace por lo menos 4 años que no subía con el Grupo de los Subecerros. Un “cambio de giro” hacia otros deportes de fin de semana - que no terminaron de entusiasmarme – seguido de una pertinaz tendinitis a la altura de mi cadera – mejor dicho, de mi cachete izquierdo - me tuvieron harto tiempo alejada de las sendas cordilleranas.

Alejandra, Eugenio, Soledad, Pancho, Dirk
Seguía, en todo caso, recibiendo de Gabriel las entradas al blog del grupo, describiendo los lindos paseos que hacían. Decidí entonces contactarlo por WhatsApp, con la esperanza de que aún se acordara de mí. La respuesta fue inmediata dándome una cálida bienvenida digital e invitándome a volver nuevamente al redil.

Dirk y Carmen Gloria
Desempolvé mis botas y mi pantalón de trekking y me agencié un bastón y una mochilita. Y el domingo pasado - puntualmente a las 8:30 horas - me apersoné en la Shell (que en mis tiempos se llamaba Terpel). Gabriel me había dicho que no iría, pues se iba a la costa, pero no me costó mucho identificar a los demás del grupo por sus tenidas ad-hoc y sus caras entusiasmadas. Al que sí reconocí de mis tiempos pasados es al Pancho, tan amoroso como siempre.

Fernando Saavedra
Fueron llegando entonces los demás del grupo, el que quedó conformado por Soledad, Alejandra, Dirk, Eugenio, Pancho y el increíble Fernando Saavedra. Decidieron tomar una ruta nueva que sugirió este último: el Cerro Caracol, al cual se llega pasando por los Altos de Carlos en el fundo Piedras Blancas.

Carmen Gloria y las quiltritas
Llegados al lugar, se nos unen dos lindas quiltritas flacuchas pertenecientes al cuidador del lugar, las que, además, eran viejas amigas de Fernando. Y así, en tan buena compañía iniciamos el ascenso.

Carmen Gloria, Alejandra, Dirk, Fernando y Soledad
Respiré aliviada. La pendiente se veía suave y el camino era ancho y parejo. Me inquietaba que mi período de inactividad física hubiera causado estragos en mi capacidad aeróbica y que mis piernas no respondieran a la exigencia de llegar dignamente a la cumbre.

cumbre y comistrajos
El día estaba ideal para la caminata. Nublado y algo frío, impecable para no traspirar como caballo ni quedar como apancora. La tierra estaba húmeda pero sin barro, lo que hacía muy fácil y agradable la marcha. A medida que subíamos, el paisaje de iba tornando cada vez más magnífico; todo verde, rezumando olor a tierra, olor a aire limpio. Los macizos y colinas aledaños y, más lejos, las montañas nevadas eran el marco perfecto, coronados por un cielo gris y algo amenazante. Una preciosura. Se me había olvidado lo tan re lindos que eran los cerros.


Pasamos por un plano donde al parecer hacen motocross y que está bastante bien implementado para esos efectos. A partir de ahí, la senda se volvió un poco más empinada y requirió un poco más de esfuerzo. En un recodo del camino, apareció uno de esos regalos soberbios que a veces nos ofrecen los cerros; una inmensa pared de roca rodeada de vegetación y bañada por un pequeño salto de agua.

vista y algunos a lo lejos
Finalmente, llegamos a nuestro objetivo, la cumbre del Caracol. Este cerro es un pequeño cono que asoma tímido entre otros cerros más altos y que tiene en su cima un mástil, con una bandera chilena arrugada, desteñida y deshilachada en su base. Vaya uno a saber quién la puso ahí y por qué motivo.


A esas alturas, el apetito era monumental, así es que dimos rápida cuenta de las frutas, chocolate y frutos secos que habíamos traído para compartir.

Pancho, Eugenio y Alejandra
Durante todo el camino de ida y vuelta, picoteamos por diferentes temas de conversación; la alimentación natural, Jodorowsky, películas, los desafíos laborales de cada uno, etc. No llegamos a altos niveles de profundidad, pero eso no es ningún pecado, creo yo. Hay veces en que la mente y los sentidos solo necesitan alimentarse de naturaleza pura y dura, refrescarse de viento y aire y reencontrarse en tierra, barro, árboles y pasto.

vista
El regreso fue amenizado por las canciones de otra época de Fernando, a quien recogimos a la vuelta, ya que decidió quedarse en la mitad. Increíble hombre éste, que destila por los poros la sabiduría de los años y el amor por la naturaleza. Merecería un capítulo aparte.

(texto de Carmen Gloria Fuentealba)

domingo, 17 de julio de 2016

Al Alto del Naranjo desde Las Varas

Llego directo a echar bencina, con mi auto seco después de su uso por mi hija. Ahí diviso a mi grupo que conversa en círculo. Le chiflo y nada; hasta que la Soledad Tagle, me ve. Saludos de todos.

Decidimos hacer el recorrido que habíamos hecho hace un par de semanas con Pancho y seguir otro poco. Ese otro poco significaría llegar, si, hasta el Alto del Naranjo, desde Las Varas. Por eso llegué a mi casa como a las tres de la tarde, con mi familia ya a medio camino en el almuerzo.

Soledad, Consuelo, Pancho, Alejandra, Víctor y José
No estaba la señora que cobra, así que pasamos directo hacia el tranque, tomando el atajo que ya se nos está haciendo familiar.

Van tres mujeres, la Alejandra Cambiaso, la Consuelo y la Soledad. Hombres, son Pancho Balart, Francisco Toyos, que no llegaría con nosotros hasta la cumbre; José Sainas (el de Blumos), Victor Bunster y yo, Gabriel

mirando al peuco
peuco
Cuando Francisco decidió virarse, sacó un saco de barras alimenticias dietéticos y nos convidó. Después de eso se fue; quería llegar temprano a su casa.

Soledad, Francisco, Consuelo, Pancho, Alejandro, Víctor y José
mismo orden
Nosotros seguimos, después de llegar a ese alto donde se veía la ruta tradicional al Alto del Naranjo.
Pancho partió adelante, empujando cerro arriba, en manga corta, eso que hacía un frío para pelarse.
Con la Soledad, casi nos viramos y abandonamos al grupo. Pero no lo hicimos; seguimos. Los otros ya iban más adelante.

nieve el el Alto del Naranjo
Cuando empalmamos con la ruta al Alto del Naranjo, iban unos tipos en una animada conversa, sobre temas extraños, como de evolución. Nos acercamos para escucharlos y después simplemente les preguntamos de que conversaban y nos amistosamos rápidamente, siguiendo con ellos hasta el mismo Alto.

José, Rodrigo De La Noi y Víctor Bunster
la Alejandra hablando con el hermano de Rodrigo de la Noi
Rodrigo de la Noi, se llamaba uno de ellos. El otro, su hermano y dos niños, uno de ellos hijo de uno de ellos. La conversación que seguimos fue extraordinaria. Hablamos de evolución, de cambio de nivel de conciencia de la humanidad, algo que según De La Noi, es un hecho, que el animal profundo que somos, ya lo cachó. Hicimos buenas migas y me llevé su mail

bajando, la Consuelo en la delantera
Nos cruzamos con un solitario Jorge Correa Sutil, casado con la Sol Serrano, con el que intercambiamos unas pocas palabras.

en fila india
Al llegar a la cumbre, nuestro equipo ya comía, mandarinas, frutos secos y la Alejandra un rico sándwich. Hicimos algunos intercambios sociales con el grupo que habíamos enganchado, y conscientes de la hora, tarde, nos despedimos de ellos y nos las emplumamos.

Soledad y Alejandra le sacan fotos al chahual
foto enviada por la Alejandra
close up de la Alejandra
La bajada fue larga. Hacia frío, así que en la primera parte agregué la capa del corta vientos.

foto de Francisco Toyos
close up por Francisco Toyos