
Nos sorprenden estas apariciones de personas que emergen de la Internet, pues fue por ahí que nos observó un rato Cecilia y después se comunicó conmigo para pedir ir con nosotros. Ella, fina y recatada, digna, bella e inteligente. Brota una conversación natural acerca de su vida y las vueltas de su profesión de fotógrafa y ahora pintora sin fines de lucro.

La Rebeca estaba coja y Cecilia no tenía mucha práctica, así que Andrés Reutter propuso un circuito fácil, prácticamente caminando hacia Farellones

Llegamos al estero y ahí se quedaron Rebeca y Cecilia.
Pancho, Andrés y yo, subimos por esa ruta que pasa por donde aun exudan los cadáveres de dos vacas, muertas en una planicie ya hace un tiempo, que nos hacen pensar de cuatreros que se internan de noche por estos parajes y carnean a los

Andrés contó historias que pensó darían antecedentes útiles a un Pancho más silencioso que otras veces, donde a él también le había tocado el incendio de la fábrica de su padre. Muchas historias para un día más bien tenso por el terremoto que a Pancho le había tocado vivir en días pasados, y que lo tenían en estado medio aturdido aun.

Nos bañamos a la bajada, donde las mujeres nos esperaban, lo que en esta época del año es gran cosa y deleite de frescor. Pondré en una entrada aparte, el poema que la hija de Pancho escribió acerca del incendio.

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