
Amaneció lindo el domingo. Contrariamente a los agoreros que pronosticaban lluvia para el fin de semana, el sol nos iluminó desde temprano, radiante y magnífico. La fecha no podía ser más propicia y motivadora: la celebración de la Ascensión del Señor el séptimo domingo de Pascua. Que mejor para hacer ídem?

Nos reunimos puntuales Rebeca, Marcela, Pancho, Gabriel, Rodrigo y yo en la Terpel. Bueno, junto a la Terpel, para ser exactos, pues tal parece que el mentado negocio cerró, echando por tierra la perspectiva de un cafecito directo a la vena. Mala cosa.
Emprendimos rumbo hacia el Cerro de los Secretos, bautizado así por los
propios subecerros, pues el mismo ha albergado - en más de una ocasión - sustanciosas confesiones e íntimas confidencias. Lo mejor que tiene este cerro es que es como tumba. Se queda mutis. Los secretos no salen más, pues permanecen por siempre encapsulados en el alma de las rocas, ahogados en la espesura de los matorrales o eternamente aprisionados en las raíces de los árboles. O
simplemente, se diluyen en los cursos de agua y se van derechito al mar.


El ascenso comienza suavecito y relajado, pero a la altura de la torre de alta tensión, la cosa se empieza a poner más peliaguda. Gabriel nos recuerda la sugerencia de Jorge Milla de nombrar un líder en cada paseo. Así es que – por fallo unánime - decidimos pasar el bastón de mando al Pancho. Íbamos
de lo más bien: nuestro líder nos guiaba por el buen camino, cual pastor conduciendo a sus ovejas. Pero luego el rebaño se anduvo descarriando y terminó con la suscrita en la delantera. Rato después, lo hizo Gabriel quien incluso a la vuelta se autonominó para dirigir el descenso. Tengo toda la impresión que no entendimos a cabalidad la recomendación del Milla y que nos quedó como poncho esta complicada práctica de conducción de grupos. Sugiero sea el mismo quien venga a instruirnos la próxima vez.





¿Crees que descendemos de tres tíos que estaban en una cueva comiendo un búfalo? No. Descendemos del cuarto, que dijo: «¿Por qué no cojo este palo, machaco a esos tres imbéciles y así tendré más carne para mi?»
Pronto emprendemos el regreso. Durante el descenso, disfrutamos de las últimas vistas desde lo alto, con una cordillera bellísima de fondo y valles en todos los tonos de verde del Pantone. Absorbemos los paisajes, deseando de guardar en nuestras retinas las imágenes que esperamos nos acompañen el resto de la semana. Las fantásticas fotos de Rodrigo ayudarán, por cierto.
(Texto escrito por Carmen Gloria Fuentealba)
Carmen Gloria:
ResponderBorrarEstá genial el posteo super entretenido y con una buena cuota de humor. Te felicito niña!!!
Además las fotos de Rodrigo complementan este esquisito paseo del domingo...y? la novedad del vídeo que tomó Gabriel y la puso acá mismo sorprende y aplaudo el gesto.
Estuvo bueno el paseo!!!
Aclaro para los mal pensados que mis gritos a los que hace referencia la posteadora, son parte de los ejercicios del coach Gabriel, que de todos modos también son "secretos"
ResponderBorrarMuy buena, Carmen Gloria; aparte de ameno y con su buena dosis de humor.
ResponderBorrarLos gritos de la Rebeca eran el gusto de echar fuera la rabia a gritos, cosa que se puede hacer en estos cerros, sino donde?