lunes, 3 de octubre de 2011

Día primaveral en el Manquehue

Se va reuniendo un grupo grande en el habitual lugar al lado de lo que una vez fue una YPF en la puerta del camino a Farellones. Grande digo, 10 personas: Pancho, la Isabel (no llegó la Rebeca), la Alejandra con tres amigas, las hermanas Verónica y Paulina Moggia y la hija de Paulina, la Caro; Francisco Valdivieso, Lucho Latorre, Paula Cristensen y yo, Gabriel.

Verónica Moggia en primer plano
La Alejandra traía el Pochoco como su opción en este día, pero como le había previsto, la oposición fue grande y hubo acuerdo al final con el Manquehue, que es adonde las emprendimos. El juego democrático es una interesante instancia de todos los domingos en esto de elegir destino.

Llegamos al punto de partida con los autos y por teléfono tuvimos que ayudar a la dupla Francisco y Lucho que se perdieron por un momento.
Partimos en animada conversa, apreciando este día despejado, primaveral a full, incluso veraniego por los calores que empiezan a hacer.

las Moggia
La ruta es por la izquierda, tomando apenas aparece el camino de tierra, hasta donde termina en una torre de alta tensión por debajo de la cual pasamos antes de arremeter cerro arriba en empinado ascenso, donde las zapatillas de las nuevas, más que nada temieron lo que sería la bajada.

ascenso de la recta final
Sostuve una animada conversa con la Verónica acerca de la época confusa en que estamos, que ya hace mucho tiempo partió con la crisis de las agencias de viaje, que colapsaron por las facilidades que Internet ofrecía de organizar uno mismo sus propios viajes y reservas. Hoy leía un artículo de la crisis del oficio de periodista, ayer coincidíamos de la crisis de los políticos, que ya no representan a sus electores y que las tecnologías los obligarán a posiciones más dialogantes de lo que sus actuales ADN les permiten, terminando con los profesores que si que están en crisis, tema tratado en mi charla del viernes.


El desafío es grande, de innovar, de inventar lo que viene, y lo que coincidíamos con la Verónica, era que esto debía hacerse en red, en grupos, en colectivos. Un tema apasionante, para el que ella se ha preparado, pero cuyo proceso conlleva mucha ansiedad y agitación.

Hicimos una parada en la cima de las niñas accidentadas del colegio Cumbres, donde algunos descansamos en la banqueta y nos conectamos con ese dolor ahí conmemorado.

Francisco contempla a las seis mujeres que inician el descenso
Y finalmente la arremetida a la cumbre, que fue "aparentemente" sin mucho dolor ni sufrimiento. Esto de tanta mujer atractiva pone a los hombres más choros que nunca y las mujeres no lo hacen nada de mal para disimular sus penurias.

En la cumbre disfrutamos de la vista de Santiago desde las alturas, adivinando lugares y disfrutando de obesrvar a los planeadores que hacían sus peripecías allá mucho más abajo.

solo falta la Paula que saca la foto
Comimos de todo, las naranjas de Pancho y de otros también esta vez, un sanguchito que pasó de mano en mano hasta que se extinguió, y unas galletas de Lucho.

La bajada fue más lenta que lo habitual, pues los resbalones de algunas nuevas con zapatillas, requirieron el apoyo solícito de los varones presentes.

Alejandra. Isabel, Francisco y Gabriel
Un paseo que fue un deleite, de una animada convivencia. Nos acompañó un estupendo día con sus vistas y aves majestuosas que nos sobrevolaron de vez en cuando. Un paseo excelente.

la mejor muestra del humor de esa mañana

Nota:
Carta de Lucho Latorre sobre "el sentido del adorno".

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