domingo, 3 de julio de 2016

Tres por una ruta alternativa de Las Varas

Llego puntualmente al punto de encuentro. No hay nadie. Me estaciono y espero.
El día está nublado con pronósticos de lluvia. Frío. Cerrado.
Espero y finalmente llega Pancho que se estaciona detrás. Me paso a su auto, para capear el frío.
Al poco rato aparece Marcos, caminando, y lo invitamos a sentarse en el asiento de atrás.
Esperamos hasta las 8:45 y la decisión estaba tomada. Iríamos a Las Varas, por una ruta alternativa que Pancho tenía en mente.

Pancho y Marcos en el tranque
Pancho hace su maniobra en la caja y nos vamos por el atajo que aprendimos la semana anterior con los Intrépidos.
Llegamos al tranque, donde la pesada neblina apenas nos dejaba ver el agua. Sacamos una foto para mostrar eso.

Ahí fue cuando cambiamos de nuestra ruta habitual. Seguimos por el camino, como yendo hacia Farellones.
Poco más allá tomamos un camino que se separa cerro arriba y empezamos a darle, con un poco más de esfuerzo.

puente de agua en el canal
Sube que te sube, en curvas. Finalmente llegamos a las ruinas de una que podría haber sido una casa y reconocí el lugar. Antes habíamos llegado hasta ahí, donde habíamos comido nuestras meriendas.
Pero seguimos. Y llegamos al canal. A un punto donde un puente de agua, en base a tambores, capeaba una bajada de aguas, ausentes en ese momento.

Allá conversan Pancho y Marcos
Y tomamos a la izquierda. Poco más allá tomamos un sendero que arrancaba cerro arriba. Una huella. La seguimos, en zigzag, hasta legar a una cumbre, donde veíamos todo el macizo cordillerano. Nos pareció que estábamos en una de nuestras rutas al Alto del Naranjo, donde una vez nos topamos con Valdivielso y su actual pareja, que andaban por su cuenta.

Marcos y Pancho
Y ahí nos instalamos como nuestra cumbre del día, mirando las canchas de ski de Farellones y la cordillera. El día había abierto, así que veíamos los cerros de más allá, cosa que al principio era imposible. Y comimos naranjas y mandarinas de Pancho.

Marcos Aburto
Ese día conversé mucho, mucho, con un conversador empedernido, Marcos. Los temas, todos los habidos y por haber. Partimos con Nietzsche y su idea del ser que no existe, siendo su creación una imperfección de nuestro lenguaje, que separa lo inseparable. Pero conversando, fuimos cayendo en cuenta que el Ser es tan omnipresente en nuestros discursos, que concluimos que sí existe, aunque el ponerlo en cuestión, nos provee un ejercicio igual valioso.

Marcos y Gabriel
En la ruta de vuelta, con la vista amplia del espectáculo del cielo y Santiago distante, fuimos sintiendo un frío creciente, que nos hizo pensar que más tarde la lluvia sería inminente.
Escribo esto a las 8 de la tarde y no me parece que haya llovido aún.

Marcos y cactus
Un día poco atractivo para salir por el frío y lo amenazante, donde tres hombres, fieles a su salida a los cerros, se encontraron y la volvieron a hacer, felices de estar atornillando a una mejor salud y esperamos, vejez.

Ah, al ir bajando recibimos un llamado de Rebeca Domínguez que nos informó que vuelve a los cerros. Fantástico !

1 comentario:

  1. ¡Qué buena noticia que vuelva la Rebe, prometo mejor asistencia en el futuro!!!

    ResponderEliminar