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domingo, 20 de abril de 2008

Paseo a Rancagua


Me ha tocado ser parte de grupos y grupos, pero este está generando tanta entrega, que hace que me sienta regalado de pertenecer a él.

Aparece la Mabel y conecta con el grupo. Y, junto a su pareja Sergio, nos invitan a un día de cerro y asado en su casa en Rancagua. Todos se suman. De los invitados, seleccionados por ser conocidos de la Mabel, algo, no faltó nadie. Ah, bueno, la Marcela se bajó la noche anterior por fuerza mayor.

Viaje a Rancagua, temprano. Entre 7 y 7:30. Parada en la Pronto Copec pasado el peaje de Angostura. Reunión en rotonda y caravana al campo. Deliberación y arrancamos al mirador, establecido como punto de partida. Nos esperan caballos, 8, y un desayuno bajo una ramada. Un regalo de los dueños de casa. Gente colaborando; empleados, buena onda.

La excitación no pueden ser mayor. Tres tomamos caballos y arrancamos por una quebrada, habiendo acordado todos cual sería el objetivo y la ruta lógica. Este grupo de avanzada pretende seguir los senderos existentes por el costado y descolgarnos en algún punto y trepar hasta la cima por donde todos irían.

Mas no, que pasa? todo el grupo nos sigue, siguiendo nuestras huellas con la ayuda de los lugareños. Efectivamente, llegamos a un punto pasado un álamo que ya amarilleaba solitario en la quebrada; amarramos los caballos que quedan al cuidado del joven Ulises, que nos había alcanzado. Y arremetimos Andrés, la Consuelo y Yo, ladera arriba.

Nuestra energía era alta y las ganas de hacer cumbre nuestro motor. La ruta se fue poniendo más y más difícil. Tan difícil, que le gritamos a Ulises que si podía volver él con los caballos, pues no queríamos volver a pasar por esa misma ruta.

Desde cierta altura vemos que llega abajo todo el grupo y arremeten detrás de nosotros. Uf, la subida fue dura, por decir lo menos. Llena de obstáculos pero eso no era todo; lleno de arbustos espinosos. Logramos llegar arriba tras un real gran esfuerzo y llegamos rasguñados dolorosamente. Fue de a ratos un tormento. Rebeca nos diría mas tarde que esto había superado sus límites; llegó a pensar que este grupo la estaba superando. Estuvo incluso enojada.

Pancho en uno de los arañazos de los espinas, pierde el agua y no pide ayuda. Llega arriba colapsado, al borde la fatiga.

El grupo llega a la cima en grupos y en lanchadas. Después nos enteraríamos que el trío de Andrés, la Consuelo, Francisco Toyos y Carlos Valdivielso, arremeterían hacía la cumbre, nuestro objetivo original. Según Andrés no llegaron a ella, pero llegaron a un punto de una buena vista en 180 grados.

En la ruta de bajada nos esperaban los caballos, así que algunos privilegiados, hicimos el último tramo hasta los autos, montados.

En la casa de Sergio, nos esperaba un asado superior. Un lugar inmejorable, en un recinto en torno a una cancha de golf. La casa, de revista. El grupo, total.

Conversamos, comimos, tomamos; lo máximo. Los hijos de Sergio a cargo del asado; nos deleitaron. La carne, una exquisitez, wagyu; se pasó.

Y después, una sorpresita. La Rebeca había invitado a un par de amigos de la zona de Rancagua, uno, Rafael Mardones, connotado fabricante de guitarras, que al final será recordado por sus chistes que despertaron explosiones de risas, en muchos casos.

Pero la estrella de la noche fue en guitarrista, concertista de guitarra clásica, Marcelo Vidal. Eso fue una tremenda sorpresa, pues en una amena conversación nos fue tocando melodías antiguas, muy antiguas, europeas, latinas e incluso chilenas.
Mira las expresiones de las fotografías y tendrás una ideas de lo que fue eso.

Quiero agradecer especialmente a la Rebeca que sin mayor alarde, nos trajo este regalo que hizo del día un encuentro redondo y memorable.

Llegó la noche y tuvimos también la posibilidad de escuchar las melodías de Sergio, el dueño de casa, que canta y toca, con una emoción que no deja a nadie sin que al menos le rasguñe el corazón.

Bravo a todos por este regalo que somos como grupo. Nos pasamos.
Links motivados por esta provocación:
Narciso Yepes - Recuerdos de la Alhambra
Paco de Lucia - Entre dos aguas (1976) full video
Liona Boyd
John Williams & Julian Bream:Albeniz-Castilla(Seguidillas)
John Williams n' Julian Bream - spanish dance no.1
BWV - 1006 - Prelude from lute suite 4 - John Williams

domingo, 13 de abril de 2008

Caminata por los bordes del Molina en La Hermita

Estacionamos los autos en La Hermita y bajamos hasta llegar al puente donde nace el Mapocho. Si, Francisco Toyos nos informa que esos dos rios que ahí se unen, el San Francisco y el Molina, cuyo cauce seguiremos aguas arriba, constituyen el nacimiento del río Mapocho. Guau.

Rápidamente llegamos a la entrada de una edificación llamada ahora Preventorio Marcial Rivera, que en alguna época fue casa de reposo de enfermos de tuberculosis y hoy parece ser un lugar, bastante bien conservado e incluso modernizado, de iglesia, pues Manuel, el cuidador, nos nombra al cura Joannon como uno de los mandamás del espacio.
El cuidador, del que no retuve su nombre, nos invitó gentilmente a una visita turística. Fuimos hasta la estupenda piscina y luego pasamos por el barbique. Como para hablar con Jannon y organizarnos un asado de los Subecerros.

Poco mas allá nos encontramos con un baqueano que dijo reconocernos, que venía bastante activado, puesto, diría después alguno, que hasta pidió que la foto que empezaba a sacarle, fuera con las señoritas que iban con nosotros. Marco parece que se llamaba. Bien achorado el huaso.

Seguimos por el camino y pasado el puente, del rio Covarrubias, decidimos devolvernos por el cauce de este. Poco mas allá hicimos nuestra habitual detención de cumbre, donde nos comimos los comistrajos que llevábamos, compartiéndolos como siempre. Esto lo hicimos frente a un pozoncito, que fue nombrado "el jacuzzi" y marcado por baños mas veraniegos o cuando alguno de nosotros requiriera un electro shock.

Fuimos bordeando el río que se juntó con el Molina, saltando de una vereda a la otra según como se iba viendo la cosa. En un punto, ya en el Molina, la cruzada se hizo mas difícil y las fotos que ven son de los avatares de esta operación. La Rebeca requirió tratamiento especial, pues no quería pasar; Andrés nos sorprendió a todos metiéndose al agua y cargando a la Rebeca a lapa como se dice. Se ganó un aplauso del grupo, por su ocurrencia y decisión.

Mas adelante entramos a caminar por los potreros de un hermoso campo, donde vimos ganado de diverso tipo. Conversamos un rato con un regadista, que nos contó de los dueños de estas tierras, los Maira y mas allá los Campos que tuvieron que vender sus derechos de agua y se quedaron con las tierras resecas y peladas, como las vimos.

Vimos gente pescando en el río, por lo que nos enteramos que esta actividad es posible, El sendero que trajimos de vuelta, siempre por la vereda oriente, es una verdadera carretera, donde se note que debe haber buena concurrencia en época de verano, pues las orillas y los posones así lo señalan.

Llegué medio rengueando por un dolor en la ingle, que a estas alturas de la tarde, ya desapareció completamente.

Fue un bello paseo, con un grupo estupendo.

domingo, 30 de marzo de 2008

Vuelta por el otro acarreo

No se si fue buena idea, pues hubo riesgo, heridos y un poco de alta dosis de miedo.

Nos encontramos en la YPF justo después del cambio de horario esa misma noche anterior. Unos llamados telefónicos previos nos permitieron afinar la puntería y evitar desencuentros de instancias parecidas.

La YPF estaba llena de jóvenes, que indagamos iban a Vallecito a hacer ejercicio de escalada. Y ahí los encontramos mas tarde.

Tomamos la ruta Balart, siguiendo el sendero por la canaleta de abajo, aguas arriba. Punteando iba Alicia, amiga de Mabel, que resultó ser maratonista y por tanto, su estado físico impecable.

Arremetimos por la ruta empinada que bordea los acantilados que en invierno presentan piscinas inaccesibles, hasta llegar al sendero que de vueltas nos llevaría a Vallecito.
Sentados en un descanso, veíamos a las personas que subían la ruta normal al Alto del Naranjo, la cascada que sale de Vallecito y el acarreo al frente, que en partes se ve espectacular para bajarlo corriendo. Desde ahí vimos por donde tomarlo para bajar los riesgos de la entrada por la izquierda que es muy peligrosa.

Caminamos por el estero de la quebrada de Vallecito, ruta que fue apreciada por el grupo, por su belleza y frescura del agua cristalina que corre ladera abajo.
Saliendo de Vallecito nos encontramos con multitud de jóvenes que practicaban bajada con piolés, guiados por profesores.

Nos encaramamos hasta lo mas alto de la vuelta de Vallecito y un poco mas allá acordamos tomar la ruta de bajada, ruta que la verdad nunca habíamos hecho. Arriesgado igual.

No se dio fácil. Hubo partes de franco peligro de deslizarse hacia abajo, sin muchas posibilidades de parar. Cuando uno está ahí la mente solo busca la mejor ruta pero no considera devolverse, así que seguimos con los más avezados abriendo ruta.

De repente vimos que teníamos una baja, pues la Rebeca quedó paralizada, no se si por el miedo o por lo calambres, que el esfuerzo y el agotamiento le provocaron.
Mabel, que venía atrás se quedó con ella y en vista de la demora y estancamiento en su posición, Pancho y yo emprendimos camino de vuelta, al rescate.

Llegamos a ella, aunque ella también llegó a nosotros, desplazándose adelante, a nuestro encuentro. Estaba un poco magullada, aunque solo eran rasmillones.
Se agarró de mi cinturón y con cierta lentitud seguimos adelante, de vuelta por la ruta que ya había bajado y llegamos hasta abajo, sin mayores problemas. Uf.

Después comenté que no volvería por esa ruta por sus riesgos, pero Mabel contó que había disfrutado y que ella volvería feliz. Así que quedó como una alternativa, pero de mayor riesgo y adrenalina.

Bueno, de ahí en adelante no hubo nuevos problemas, salvo una cabeza de vaca muerta que hedía en el cauce del estero antes de tomar la canaleta de abajo.

Llegamos varios bien cansados, yo y Pancho en particular. Solo pensamos que la siesta sería especial este domingo, y la Rebeca esperaba una resaca mas fuerte el martes, que es cuando a ella le aparecen los dolores del domingo.

Buen paseo, buen grupo, bello día.

A la canaleta y a la bocatoma

Nos fuimos a un paseo corto, pues la Rebeca había trasnochado y no estaba muy enforma. Yo llegué con Raimundo y la Chofa, enojado porque no había logrado traer a mi hija que prefirió quedarse en la cama descansando.

Llegamos a la canaleta y seguimos caminando por el sendero que la bordea, primero hasta el eucalipto donde nos comimos un rico picnic de duraznos en conserva que traía la Mabel de parte de Sergio. Y fue ahí donde decidimos seguir a ver la cascada donde nace la canaleta. Y hasta allá llegamos.

Raimundo se bañó; la Chofa para que decir, venía bañándose por la canaleta, al punto que en ciertos tramos galopaba por dentro. Y la Rebeca se sacó los zapatos y se refrescó en el agua.

La cascada misma estaba estropeada, tapado el sendero de zarza y el pozón lleno de piedras.

A la vuelta bajamos por el acarreo.


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miércoles, 12 de marzo de 2008

Despedida a Don Hugo Ravera desde la India

Aquí, desde los pies del monte sagrado Arunachala, en Tamil Nadu, estado del sur de la India, monte venerado desde hace muchos siglos por ser la manifestación directa del dios Shiva, y, cuya forma es muy parecida a la del Pochoco, me acabo de enterar, a través de "subcerros", de la perdida irreparable de Hugo Ravera.

Tengo un intenso dolor en mi corazon...

Aprendí a subir cerros con el. Allá por el ano 78 vivía yo en le Arrayán, y me lo presento la dueña de la casa que yo arrendaba y que era muy amiga de el. Cuando supe que su gran amor eran los cerros le pedí que me llevara. Así fue como se inicio una hermosísima amistad. Me enseñó desde a como respirar, que comer en las subidas largas (por 3 o 4 años subimos 3 veces por semana, dos el Pochoco y los Viernes una subida larga como el Provincia, el Infiernillo o el Pintor etc). Y siempre con entretenida conversa...cuando yo ya no daba mas, le pedía que me cantara, así el espacio se llenaba de su voz potente con canciones napolitanas, tangos; (mi preferido era "Uno", porque muchísimo tiempo antes, yo sin tener ni la sospecha que algún día lo conocería en tan distintas circunstancias, lo escuche cantar "Uno" en el restoran Waldorf en la calle Ahumada, que ninguno de los que leen Subecerro de seguro conoció, estoy hablando de muchas décadas atrás. Hugo es uno de los tesoros que he conocido en cuanto a generosidad y humor.

Tengo mucha pena.

Jean Rowe

martes, 11 de marzo de 2008

Homenaje a Don Hugo Ravera

Para mis amigos subecerros que mantienen muy vivo el recuerdo de Don Hugo Ravera comparto con ustedes este link que los llevarán a la publicación del blog de el mercurio del dia sábado 8 de marzo escrito en homenaje a Don Hugo.

Este otro link nos lleva a la web de montañismo Andeshandbook en que curiosamente ellos describen el cerro Pochoco donde incluyen a Don Hugo.

Por último un !Gracias!! a Don Hugo por haber dejado inborrables sus huellas no sólo en el cerro Pochoco sino en los corazones de muchas personas.

lunes, 10 de marzo de 2008

Hugo Ravera

Se ha ido. Murió de un infarto la noche del domingo pasado, a las 3 de la mañana, como nos contó al grupo en la YPF, Francisco Toyos.
Se fue a los 81. Mi padre se fue el año pasado a los 80 y yo le decía, apréndele a Hugo que sube cerros como una gacela a sus 80.

Hugo Ravera, el gestor de la cofradía del Pochoco, a partir de sus bastones que regalaba, siempre que la persona hubiera subido al menos 3 veces hasta la cumbre.
La verdad, yo iba en mi tercer Pochoquero, como les decimos, pues cada vez que se me gastaba mucho, él gentilmente me lo cambiaba por uno nuevo. Aunque quizás era uno viejo al que le cambiaba la punta y lo re pintaba.

Hugo fue un personaje memorable para todos los que subimos por años el Pochoco. Encontrarse con él era siempre una fiesta, por su alegría, cordialidad y buena onda. Cada vez que me encontraba con él además me contaba dos chistes; chistes que en los últimos años, yo le reclamaba.

Nunca olvidaré que una vez que yo había estado en una sesión de grof el día anterior, Hugo me contó un chiste con el que no paré de reírme desde la cumbre hasta la base del cerro. Verdaderamente pensé que los grof me dejaban medio volado.

Hugo era un gran conversador; iba los domingos al Pochoco siendo este su día social, pues durante la semana subía al menos tres veces distintos cerros. Normalmente estaba detenido conversando con alguien. Todo el mundo lo conocía.

Recuerdo muchas historias y recomendaciones del escalador. Como abrocharse los zapatos, como ponerse calcetines y de que tipo. Anécdotas de subidas; accidentes, la momia del Plomo, etc.

Hugo nos hará falta. Le daba un espíritu al cerro que espero perdure en toda la gente a la que él influyó.