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jueves, 24 de septiembre de 2009

Subida solo al Alto del Naranjo en Diezyocho

Han pasado varios días desde el domingo 20 de septiembre, en que figuraba solo en la Terpel, tomándome mi café, que subieron a $ 550 los chicos, pasadas las 8:30 de la mañana. Nadie llegó así me las emprendí solo hacia la ruta tradicional del Alto del Naranjo.

Día soleado, aire fresco, subí con pantalones cortos y polera solamente. Un tipo como de mi edad partió poco antes, al que divisé todo el trayecto, incluso a la vuelta.

Paré en el mirador de las vacas, como escuché que le llamaban, el primer mirador ese, y traté de adivinar donde es que había sido la catástrofe del derrumbe con arrastre de casa incluido. Solo noté que en la bajada en mi auto, los bordes del camino y la casa de la esquina estaban creo que incluso abandonada. No creo que el desastre haya sido ahí mismo, pues entiendo que el puente Ñilhue está en el km 5 y la cosa fue en el 6.

Iba por supuesto en mis divagaciones propias, mirando de cuando en vez la flora y la fauna, que ya empieza a descollar con los aires primaverales.

Me senté a la altura de la canaleta, un poco apartado de la ruta y de repente veo hacia abajo que un cóndor inicia su planeo ascendente. Que deleite seguirlo con la mirada en total atención a sus movimientos, a su maniobra con los vientos, con la ruta de ascenso. Pasó muy cerca mio varias veces y más arriba empalmó con otro cóndor o cóndora, con la que empezaron a dar vueltas en un verdadero jugueteo. Terminé con el cuello resentido de tanto mirar para arriba, disfrutando del juego de esas aves magníficas de nuestros aires.

Sorpresa fue ver al llegar al naranjo, que no es naranjo, del Alto del Naranjo, que había allí un buitre, grandotote, que aguachado recibía alimento de los paseantes. Estuve absorto mucho rato, siguiéndole el tranco a esa ave, que iba y venía, con cierta cautela, pero no mucha a mi parecer, comiendo uno tras otro, las almendras que un tipo le iba tirando una tras otra; muchas. "Va a quedar gordo" le dije; "no se vaya a mal acostumbrar" me respondió él.

Bueno, a la bajada me encuentro con un atlético Gonzalo Reutter que subía, con el que pelamos a su padre que obviamente figuraba en su campo rodeado de nietos a esas horas.

Poco más abajo venía un tipo trotando y le dije "Oye, está prohibido subir trotando, no vez que todos los demás se deprimen"; se rió y siguió sin modificar su ritmo.

Cansado llegué abajo; sospecho que al ir solo le puse más pino, o simplemente mi estado físico, guata mediante, no está de los más a tono.

De ahí me fui donde la Rosalía a retirar las empanadas que la Andrea ya había pedido por teléfono.

Una agradable mañana de naturaleza, ejercicio y aire puro.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Buenos días señor Provincia




El olor y color de primavera atrajo a un gran número de subecerros este domingo; son las ocho y media y la Terpel se llena de caminantes y esquiadores buscando deporte y aventura con una agradable temperatura matinal. Sin mediar objeción María Elena dice "vamos al Alto"!! ella viene sorpresivamente acompañada por su hermano Manuel José y su hija.

Catorce (incluyendo a Sandro) partimos camino a Farellones para desviarnos por el camino antiguo al puente Ñilhué por problemas con el aluvión de la semana pasada. Pudimos observar los trabajos que aún realizaban a esa hora los bomberos en la zona del desastre. Es lamentable que sin medir los riesgos, lugareños construyan sus casas en la orilla del rio. Fuímos testigos el lluvioso domingo pasado de la fuerza incontrolable con que este venía.

La flora del lugar aparece muy atractiva e inspira a la Kuki a estrenar su cámara y fotografiar una y otra especie; espinas, flores, nubes, paisajes, pajaritos y pajarotes por todos lados completando una amplia colección de fotos que puedes ver en su albúm de facebook.


Llegamos al Alto en grupos de a uno, dos y tres, pensamos que Manuel José llegaría sólo hasta la canaleta pero llega, alcanza la meta como también lo hace Rodolfo un poco más tarde. Una vez arriba todos, la Jeannie propone al grupo aprovechar esos momentos de descanso arriba para acordar el cerro de la próxima subida para así saber con anticipación el lugar de destino y no dejarnos llevar por la inercia del momento de la partida. El grupo acepta la moción y se propone para el domingo 27 de Septiembre subir a los Llanos de Javier.

Hacemos una lenta bajada con Rodolfo poniéndo mucho cuidado a las piedrecitas traicioneras que te hacen caer, tropezones de la vida que con mucha paciencia y perseverancia tanto en el cerro como en la vida diaria nos ocurren y de las que te levantas para volver a empezar una y otra vez. De tanta charla y charla, llegamos abajo cuando ya sólo nos esperaba Gonzalo entre ansioso y preocupado por la hora (3pm).

Buena caminata, en buena compañía...!buenos dias Señor Provincia!.

jueves, 10 de septiembre de 2009

Buscando a Mr. Hyde


Estimado Slipczuk, te escribe Milla (los montañeros nos tratamos por el apellido), he leído tus posteos acerca de tu experiencia primera en los cerros. Previo a todo quiero decirte que los Subecerro fueron especialmente considerados y deferentes contigo, como norma a los "primerizos", se les invita y luego se les abandona a su suerte en el cerro. Se hace esto para que experimenten a concho todos sus miedos, rabias y fragilidad. Todo con mucho cariño y amor por supuesto, también con algo de respeto, pero algo, no mucho, es necesario para "el proceso". Dile a Bunster que te comparta la nómina con los nombres de tres mil quinientas veintitrés personas que no pudieron con “el proceso”.

Estamos los montañeros, moldeados por esos mismos cerros que amamos, toscos, abrutados, primitivos, irregulares, caprichosos, a veces chatos, a veces filosos como navaja. De esa misma forma primitiva, hemos ido desarrollando nuestras propias formas de "trabajarnos" para descubrir poderes internos y otras cosas que no sirven para nada.

La idea básica que hay tras ese "abandonamiento" es permitir al novato una experiencia interna poderosa, transformadora, que pueda sentir como su ego cae rodando ladera abajo para después hacerse bolsa en las rocas. Sucedido esto que es casi místico, - en oriente han desarrollado otros métodos bastante más complejos -, el invitado pasa a un estadio de guiñapo humano, necesario también para experimentar la siguiente fase del proceso: sentir que si éramos algo allá abajo, acá arriba no somos nada de nada.


No somos nada de nada, o, lo que es lo mismo, menos que las vacas, como suele decir un muy buen amigo cuando ve a estos bovinos pastando tranquilos a cuatro mil metros de altura, mientras él echa los bofes, transpirado y cansado. Si las estúpidas vacas pueden, yo también, es otra de sus frases preferidas.

Sigamos describiendo “el proceso”. Si el novato tiene las potencias y los dones, surgirá de forma natural un demonio interno, - un Mr. Hyde -, esto es precisamente lo que se espera, y ojalá que surja rápido, es muy buen indicador. Si lamentablemente no surge, es mejor dejar que el novato decline y siga su camino de desarrollo en la comodidad de la gran ciudad.



Los montañeros amamos a ese Mr. Hyde, invocarlo nos permite acceder a la fuerza necesaria para alcanzar imposibles. Miedo y rabia, en su grado extremo, para superar el frío extremo y la puna inmisericorde. Al final del camino, éxtasis y felicidad desbordando el alma.

"Como cresta llegué a meterme en esto?", es una pregunta que debe surgir en el proceso del novato, si no surge fácil, hay peligro que el proceso se vaya a la misma mierda, y en este caso, los montañeros deben generar condiciones aún más extremas y degradantes. Si surge espontánea, es señal de que se está avanzando en el proceso.

Domínguez, Bunster y Balart, jamás te abandonaron, estaban muy cerca tuyo, más de lo que crees, a veces riendo un poco, - de ti por supuesto -, atentos a como se desarrollaba tu proceso. Estábas en buenas manos, se trata de maestros.



Jekyll o Hyde, esa es la cuestión. Si anduvo en los cerros solo el primero, te deseo suerte, lo tuyo está en otra parte. Si te encontraste con Hyde, te doy la bienvenida al mundo de los cerros, te auguro montañas mayores.

domingo, 6 de septiembre de 2009

Buscando naranjas en lo alto

El grupo se dividió en dos equipos. Los que fueron a divertirse y Gabriel y Pancho que cargaron con el novato (quien escribe) decididos a evitar sus quejas lloronas de abandono.

Este argentino canchero, previendo el día lluvioso, se compró un traje plástico naranjo rabioso de obrero de la construcción, que sirvió para quitarle agilidad, sobrecargarlo de peso, mojarlo de adentro hacia fuera por la transpiración y hacer el ridículo frente a los otros senderistas que pasaban mirando con ojos piadosos a ese bicho raro disfrazado.

Como sea, la experiencia de senderismo comenzó en el puente Ñilhue, en el kilómetro 5 del camino a Farellones, con nubes muy bajas y amenaza de chaparrones.

Yo escuché algo de un naranjo, pero no me atreví a preguntar qué diablos puede hacer un naranjo en la precordillera a casi 1.900 metros de altura. Después averigüé que en realidad el árbol es un quillay, y parece que recibió el nombre de las cáscaras de naranja que los senderistas dejaban desparramadas bajo su sombra.

Yo comencé con el pie izquierdo. Es cierto que aquí había sendero, pero me faltaba el aire y mis esfuerzos por no demorar a Gabriel y Pancho eran un fracaso.

De todos modos, la experiencia de subir en un día lluvioso fue extraordinaria. Las plantas y las rocas brillaban su humedad, las nubes cubrían los cerros, las vistas a la distancia eran más intensas. Pudimos ver una caída de agua muy caudalosa donde mis compañeros me contaron que suele ser una ruta seca de ascenso.

Llovió en varios momentos. Es una sensación muy rica seguir el sendero bajo la lluvia. La comunión con el ambiente es más intensa, más natural, más íntima.

En un alto comenté que los cerros me ordenan de un modo que no puedo precisar. Pensé en la carga magnética que se acumula en la cordillera, pero decidí guardarme el comentario para conservar el aire y la paciencia de mis compañeros.

Gabriel y Pancho deben haber agradecido mi falta de aire porque eso me obligaba a subir en silencio. Faltando poco para llegar a la cumbre renuncié, estaba muy cansado y le pedí a mis compañeros que siguieran para no estropearles el paseo.

Pero cuando pude retomar mi ritmo respiratorio, el frío me decidió a seguir subiendo, ayudado por dos perros que se apiadaron de mi total falta de orientación para indicarme los lugares por donde debía subir.

Antes de llegar a la cima me reencontré con mis custodios y comenzamos a bajar los tres, seguidos por los perros. No logré ver el “naranjo”. En algún momento pudimos contemplar una cortina de agua acercándose, una cortina espesa quizás con algo de granizo, que nos cubrió completamente en un tramo de la bajada.

El descenso fue veloz. Cuando llegamos al puente observamos su caudal incrementado y esperamos al resto del grupo en el auto. Todos coincidieron en la potencia y el encanto de la experiencia de subir cerros bajo la lluvia.

Llegando a la ciudad nos cubrió un aguacero muy intenso. Muy poco después de nuestra salida de la zona, se provocó un aluvión cerca del puente Ñilhue y en otras dos partes de la ruta a Farellones, lo que demuestra la intensidad de la lluvia, aunque nuestro sendero siempre fue seguro.

Yo espero el momento en que mi participación en este maravilloso grupo no sea una carga para nadie.
Saludos a todos!

Sergio

domingo, 30 de agosto de 2009

Tiempo y espacio

Desde la segunda teoría de la relatividad de Eisntein, el tiempo y el espacio no pueden considerarse entidades absolutas. Es decir, existen diferentes tiempos en lugar de un único tiempo universal y existen diferentes tipos de espacio y no un único espacio para todo.


Un dato adicional importante, es que “tiempo y espacio” son las coordenadas subjetivas por las que los seres humanos organizamos nuestra conciencia. Cuando alguien atraviesa una situación de “fuera de sí” o “enajenación”, es porque pierde sus propias coordenadas de tiempo y espacio.


Pero esos sesudos temas estaban muy lejos de mí cuando el amigo Gabriel Bunster me invitó a “caminar” según yo, y “a los cerros” según él.


Para un nativo de Buenos Aires como yo, que vive en Chile hace algunos años, el verbo “caminar” lleva a una imagen de bípedos desplazándose en espacios planos. Aún la frase “a los cerros”, suponiendo que hubiera existido, lleva a una imagen de caminata por caminos algo menos horizontales, pero siempre anchos y acondicionados como los del Parque Mahuida de La Reina.

Aceptando la invitación de Gabriel, compré mi bastón, lustré mis bototos cuyo único destino parecía ser ocupar espacio en el zapatero de mi dormitorio, preparé mi mochila con los adminículos recomendados y partí un domingo que parecía calmo al encuentro de mis nuevos compañeros de salida.

Me encontré con un grupo de personas agradables y educadas, “gente como uno” diría mi tía la dueña de fundo que dividía a toda la humanidad en sólo dos categorías: Los “como uno” y “los otros”, siendo fácil deducir cuál era la categoría valorada por mi tía.


Compartimos un café y subimos a los autos para llegar cerca de un puesto de “su amigo en el camino” donde desembarcamos, preparamos los bastones e iniciamos la marcha.

A poco de recorrer y mientras yo ejercía el natural ejercicio argentino de hablar hasta por los codos, el grupo se detuvo para unas fotos y luego alguien pronunció la frase que transformaría mi percepción del mundo.
Vamos. Escuché. Yo pensé, ¿vamos a dónde? si ya estamos yendo. Pero como novato obediente sólo atiné a seguir hablando, como si las palabras formaran una cadena que me sujetara a la gravedad del globo terrestre.

¿A dónde? Pregunté para ligar idea y acción. Ahí. Contestaron varios naturalmente, como si indicaran la esquina de Moneda con Estado. “Ahí” era una formación montañosa que me recordó las Rocallosas o las laderas verticales del Yosemite Park.
Tuve que inclinar mi cabeza más de 45º para tratar de ver dónde era “ahí” pero ni aún así podía descubrir dónde terminaba la empinada cuesta llena de matorrales sin senderos que la diosa naturaleza (dama potente y caprichosa), había instalado en ese lugar del planeta, seguramente para una observación a la distancia pero jamás para un alegre recorrido dominguero.

Serrat dice de los intelectuales que son “los que siempre llegan tarde donde nunca pasa nada”. Ese soy yo. Hombre de reflexión ex ante o ex post, nunca ex during, diseñador de eventos colectivos que otros operan, estratega que piensa las batallas desde lejos. Soy de esas personas que cambian un foco de luz y le sobran tres tornillos. Vale poco aclarar que los focos no tienen tornillos. A mí siempre me sobran.


Pero todos arremetieron la cuesta alegremente como si pasearan por el parque Padre Hurtado y desaparecieron en menos tiempo que se tarda en gritar ¡Socorro!


Rodolfo, un paternal testigo de mi desesperación, se quedó conmigo aunque no aliviaba mi desconsuelo. Para bajarme en camilla se necesitan dos. Pensé mientras intentaba subir impulsado por el miedo a quedarme solo más que por las ganas de hacerme el Jordán.

¿Cómo se sube una cuesta de 45º sin sendero, en tierra resbalosa, con ramas quebradizas y algunas piedras fijas pero otras que se desprenden?

La respuesta es: No sé. Ahí entra Eisntein. En realidad no vino, no hubo sesión espiritista. Pero “mi” tiempo tratando de no deslizarme hacia abajo entró en una dimensión desconocida, lo que a 45º es, les prometo, todo un desafío.

Por suerte podía conversar con Rodolfo aunque no siempre lo veía. Finalmente, llegamos a lo que parecía la cima de ese Aconcagua sin nieve y pudimos sentarnos a conversar de las cosas realmente importantes de la vida.


Sentados, descubrimos que ni Rodolfo (foto) ni yo teníamos celulares ni ninguna manera de conectarnos con el grupo, que yo estaba plenamente convencido que había sido devorado por el chupacabras del cerro. Pero todo lo que sube en algún momento debe bajar. El grupo apareció para volver a desaparecer, ahora hacia abajo.


Y ahí llegó mi dimensión de la enajenación, bajando mirando la pendiente, preguntándome cómo cresta me metí en eso, mientras Rodolfo desaparecía por sus propios problemas con la atracción de la gravedad terrestre.


Si subir a 45º es complicado para un bípedo que siempre ha caminado en lugares planos, bajar es una cuestión fuera de toda razonabilidad. Teóricamente, el problema consistía en pasar de la situación A a la situación B, creando un ángulo de freno con la ayuda del bastón.

Pero mi problema no era teórico, era más bien práctico. No soy andinista. Lo que la mente comprende en un tablero de dibujo, no necesariamente opera de la misma manera cuando hay que actuar sobre la marcha, en este caso, marcha hacia abajo.


El terreno era resbaladizo y para quien nunca en su vida hizo ese tipo de malabares, frenar la bajada sin puntos de sostén seguros era algo totalmente imprevisible, que amenazaba con caída libre en mi fértil fantasía de soñador empedernido. Y cobarde, como buen intelectual.

No hay nada amenazante en los lugares oscuros. La amenaza la construye uno en su mente. Tampoco hay nada amenazante en un descenso que el resto del grupo resolvió a la velocidad del rayo. La amenaza estaba en mi propia fantasía sobre las diversas maneras de desnucarme.

Aterricé después de todo en espacio plano. Me reencontré con mis propias nociones de espacio (y tiempo). Luego de varios incestuosos revolcones sobre la madre tierra, sin otro daño que mi dignidad empequeñecida ante una experiencia iniciática absolutamente asombrosa.

Al final llegué a la base y me reencontré con el grupo, que escuchaba mis quejas como si yo fuera un marciano preguntando porqué estos humanos viven en una ciudad con aire contaminado.

Volví feliz pensando que si vivir es tomar riesgos, yo había vivido intensamente esa mañana.

Gracias Gabriel. Gracias grupo.

Sergio

Prohibido prohibir





Prohibido prohibir es "la máxima" de esta subida a los cerros de La Hermita...Si la vida nos ha dado tanto, ¿¿Con qué derecho nosotros podemos prohibir a otros??


Nos reunimos siete subecerros hoy frente a los pacos en el sector de la Hermita(Pancho, la Consuelo, Gonzalo, Rodolfo y Rebeca). Gabriel viene acompañado de su locuaz amigo argentino Sergio quién hizo su estreno de subecerros muy bien acompañado gran parte del camino por Rodolfo, porque... aunque no los vimos mucho, se escuchaban sus voces y risas gracias a la acústica natural de este hermoso paraje.


Quisimos repetir el cerrito del domingo anterior porque nos dejó con ganas de llegar a la cima, además pensamos que reune ciertas condiciones muy ventajosas para nosotros:
1) buen ejercicio porque la subida es dura y no tregua.
2) llegas arriba con la lengua afuera y te asombras porque te ofrece una panorámica espectacular.
3) a pesar de la gran altura que alcanzas en la cumbre...se hace en poco tiempo.

En resumen: buen cerro para domingo en la mañana.

Al comenzar entramos en terreno prohibido como muchas otras veces., lo hacemos así sin intención de invadir territorios privados, sino que con el tiempo adquieres cierta familiaridad con estos cerritos por años visitándolos semanalmente, que de alguna manera piensas que son parte nuestra QUE NOS PERTENECE A TODOS.


A pesar de lo encumbrado del camino, las conversaciones brotan sin pausa alguna, sombras de ellas quedan en mi memoria dando vueltas ...la brutalidad cometida por nuestros vecinos militares en la guerra de Las Malvinas (nos relata Sergio) me deja un sabor amargo en el estómago por un rato, luego les cuento de mi experiencia de asistir a un concierto masivo ayer realizado en el Teatro Arena donde tuve la oportunidad de escuchar música clásica por una de las mejores orquestas del mundo dirigida por el famoso director Zubin Mehta.

Cuando llegamos a la cumbre a disfrutar de la panóramica fabulosa, entre naranjas y manies, escuchamos el relato de Gabriel que había sido invitado por un académico a dar una charla sobre conectividad y redes sociales a laUniversidad Adolfo Ibañez. Estando allá se dá cuenta que dicha institución tiene bloquedas a la comunidad la conexión a google y otras redes sociales importantes de internet. !Plop!. Lean su post del diario que ya ha provocado 107 comentarios.




La bajada se hace difícil por lo encumbrado y resbaloso del sendero que no existe, sin embargo inesperadamente Gonzalo recibe un telefonázo de la Quena De Amesti para saludarnos desde la distancia. Hecho que nos remonta al domingo pasado cuando ella nos acompañó y esperamos no tenga alguna prohibición para tenerla con nosotros nuevamente.

Más abajo nos reencontramos con Sergio y Rodolfo y volvemos a sentir sus risas hasta abajo. Después supimos que ché argentino no lo había pasado tan bien y había pagado su noviciado absolutamente abandonado por el grupo de expertos subecerros. Como buen "caballero", no dijo ni pidió nada hasta llegar abajo, se tomó la libertad de derramar algunas lágrimas.

Llegando abajo, nos esperaban un par de jóvenes dueños de la propiedad por la que habíamos pasado para increparnos agresivamente por no respetar el letrero que prohibe la entrada. Sin ánimo de discutir ni dar curso a la violencia, pedimos disculpas y nos retiramos pacificamente del lugar.


El balance de este paseo empinado y peludo me deja la sensación agradable de haber hecho lo que tenía que hacer, con las personas exactas en el momento oportuno. Fluir en la vida y con la vida es lo que vinimos a hacer, estos momentos plenos de amistad y disfrute son de desbordante libertad...y deseando profundamente eliminar del vocabulario el verbo PROHIBIR.

lunes, 24 de agosto de 2009

Por la Ermita con Quena Damesti

La exploración de una nueva ruta por el km 8 no resultó y terminamos en el estacionamiento de la Ermita, este grupo que aparece en la foto, más el fotógrafo que soy yo.

Cruzamos al otro lado de la calle y buscamos un ascenso por el flanco izquierdo.
En la primera parte, descubrimos instalaciones nuevas propias de entrenamiento de coaches, que reconozco luego de haber pasado por Cholqui, del grupo Newfield Network de Julio Olalla.
Aparte una nueva instalación de benji; no, no es benji, es ... donde se deslizan largos tramos por un cable.

Llegamos a ese punto donde hay una torre y hasta donde llegamos cuando vino Sebastian Demanyel. Miramos hacia el frente y decidimos nuestra ruta de ascenso. Empinada y algo emboscada en la primera parte, se mantuvo bastante empinada, pero hacible sin problemas.

La conversación fluyó como siempre. Este grupo es un grupo netamente social, no tengo dudas. Nuestras cumbres no tienen la ambición de los Malayos, creo que porque somos mucho más sociales que escaladores. Bien por ello.

Conocemos a los nuevos que nos acompañan y establecemos vínculos, la mayoría de las veces, que tanto nosotros como los visitantes valoran. Nuestro grupo produce encuentro humano entre los que nos visitan y para que decir entre los permanentes.

Llegamos hasta una hermosa sub-cumbre, donde nos detuvimos a tomar agua y unas naranjas. Unos siguieron y otros se devolvieron, yo en particular porque tenía un compromiso deportivo esa misma tarde y no quería gastar todo mi combustible energético.

Quedé de mandarle a la Rebeca este video musical para su blog Ventana Musical de música de niños, que conecta con movimiento y colores al ritmo de la melodía.

Bueno, fue un exigente ejercicio en el ascenso; breve eso si, para mi; y con el adicional gusto de conocer a nuevos posibles miembros del equipo.